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Antes de situarnos en el origen de lo que hoy entendemos por universidad, no podemos obviar los antecedentes de Alejandría entre el siglo III a. de C. y el siglo IV d. de C., y de Bihar en la India en el que se funda la Universidad de Nalanda entre los siglos V y XII d. de C. (Banerjee, 1992). Alejandría con el surgimiento de su Biblioteca se convierte en una ciudad universitaria que se caracteriza por el pluralismo desde el que se ejercita la discrepancia. Por su parte, la Universidad de Nalanda busca como objetivo fundamental el conocimiento intuitivo de la verdad mediante la lectura de textos sagrados budistas; en esta universidad, en su mejor época, participan unos 9.000 estudiantes que provienen de diversos lugares de Asia y la educación es gratuita financiada por monjes y reyes.

Esas diferentes formas de transmitir el conocimiento –Grecia, Alejandría, Nalanda– ya nos sugieren que puede haber diversas formas de organizar la educación superior. En la Edad Media, la universidad se agrupa en torno al medio monástico como uno de los recursos para consolidar un nuevo orden; se forma a la nobleza en una educación para la convivencia, cuyo objetivo final es la enseñanza del derecho y la teología. La llegada del Renacimiento significa el abandono de la cultura monástica, al tiempo que se vuelve al humanismo clásico y se avanza hacia la modernidad. Bolonia, París o Nápoles son de las primeras universidades que definen modelos diferentes; mientras Bolonia se caracteriza por la influencia de los estudiantes, París lo hace por ser el profesorado el estamento con mayor peso, y en cambio Nápoles surge por iniciativa del propio Estado. En cualquiera de los casos, en los inicios, las enseñanza se centra en el estudiante y la institución se organiza básicamente a su alrededor mediante estructuras flexibles; posteriormente la organización

queda determinada por las personas que tienen la facultad de administrar determinadas enseñanzas (Tünnermann, 1999).

A partir del siglo XVI, la universidad medieval da paso a diferentes modelos que ya en el siglo XIX se articulan alrededor de tres enfoques como respuesta a la sociedad emergente en aquella época, y que definen las bases de las universidades modernas: el modelo anglosajón, el modelo francés o napoleónico y el modelo alemán o humboldtiano (Tabla 2.1.).

Tabla 2.1.: Modelos universitarios tradicionales. Principales características

Anglosajón Francés Alemán Las personas bien formadas son

capaces de servir a las necesidades de un contexto; sentido pragmático del saber

Formación de cuadros para el Estado

El saber para poder. Influencia del despotismo ilustrado. Formación científica

Vinculada con la sociedad Vinculada al Estado No necesariamente vinculada a las demandas del contexto Institución privada. Estructurada

por departamentos Sometida a la tutela del Estado. Organizada por facultades

Organizada en instituciones públicas y con profesorado funcionario

Fuente: Elaboración propia

A mediados del siglo XX surgen modelos mixtos, como el norteamericano, del que se pueden destacar las siguientes características: sentido pragmático del saber vinculado con los actores sociales bajo la afirmación de valores democráticos; organización departamental en la que se preserva la libertad del investigador y del docente; es una universidad compleja, puesto que surge de la iniciativa de una gran diversidad de actores y toma formas diferentes. Las universidades de hoy en día se parecen a estos modelos o son el resultado de la combinación de algunos de ellos; pero en cualquiera de los casos, son los profesores los que definen el eje sobre el que gira la estructura universitaria, con independencia de que ésta esté estructurada por facultades, o por departamentos, secciones, etc.; y además son los que de una manera u otra, de forma individual o colectiva, deciden los currículos de las titulaciones que se imparten; es decir, la formación básicamente se centra en el sujeto que la imparte (Neave, 2001), pero sin perder de vista que la última razón de ser de la universidad es la transformación de la sociedad y para ello tiene que alzarse como agente de soluciones de problemas locales o universales. Ahora bien, esto sucederá cuando la universidad reconozca los problemas sociales como académicos, y entonces sí se dará el verdadero vínculo entre la universidad y la sociedad en la que actúa.

En definitiva ¿qué es la universidad?: “un ente romántico, una oportunidad de negocio, un motor de cambio social, un aliado para el tejido productivo, un espacio de aprendizaje, un edificio para la construcción del conocimiento, un escaparate de prestigio, una plataforma de poder […]” (Manzano-Arrondo y Torrego, 2009; pp. 1-2 ). ¿Mantiene la preocupación de sus inicios por la búsqueda de la verdad por encima del interés utilitario o

se ha olvidado de ella? Como advertía Guardini13 (Cit. por Sánchez-Migallón, 2012), “olvido

que acaba transformando a la universidad en una pieza del engranaje mercantil o estatal” (prefacio) y añade: “Si la universidad renuncia a esa tarea, pierde entonces su sentido y se transforma en una escuela profesional, la cual es ciertamente importante, pero en última instancia no esencial” (p. 19).

Basta mostrar la opinión de diversos autores para reflejar la diversidad de respuestas que nos podríamos encontrar:

 “La Universidad es o debería ser una institución preocupada por la creación y transmisión de saberes, para que esa transmisión y esa creación afecten integralmente a la existencia y para que forme íntegramente a las personas implicadas en ella” (Gallego, 2003; p. 122).

 “El avance del conocimiento a través de la investigación, la extensión del conocimiento a través de la enseñanza a nivel de licenciatura y de postgrado; el entrenamiento que comprende tanto conocimiento como habilidades en las escuelas profesionales de la universidad, la preservación del conocimiento en bibliotecas, galerías y museos; y la difusión del conocimiento a través de publicaciones académicas. […] una Universidad puede hacer muchas otras cosas, y puede hacer todas ellas simultáneamente. También hay cosas adicionales que una Universidad debe hacer como parte de sus obligaciones con la sociedad, las cuales cambiarán de una sociedad a otra, o de un momento histórico a otro, y de una universidad a otra, pero las enunciadas anteriormente son las cosas que debe estar haciendo, si quiere ser una Universidad” (Pelikan 1992; p. 76).

 “La Universidad tiene un fin social, que consiste en conseguir una sociedad mejor, una sociedad más justa y más humana, más libre, más democrática, más respetuosa con la dignidad de la persona, más sociable, más solidaria” (Ponce, 2003; p. 158).

 “La universidad ya no es un lugar tranquilo para enseñar, realizar trabajo académico a un ritmo pausado y contemplar el universo, como ocurría en siglos pasados. Es ahora un potente negocio, complejo, demandante y competitivo, que requiere inversiones continuas y de gran escala” (Skilbeck 2002; p. 7).

 Nos encontramos en “una sociedad globalizada y competitiva en la que se introduce un nuevo concepto que se va difundiendo: el de la universidad de mercado, siempre atenta y respondiendo a las demandas del sector productivo” (Plaza, 2003; p. 76).

 La universidad debe ser “configuradora de mundos posibles; debe dejar espacio, en fin, para el futuro” (Llopis, 2009; p. 15).

Esta breve selección de citas ilustra bien el enfrentamiento entre los valores utilitaristas y una concepción más humanista de la universidad, o desde nuestra línea de argumentación, refleja la dualidad en el espacio evaluativo que se exija para las políticas que se implanten en las universidades: o responde al mercado o responde a la creación y ampliación de las capacidades de un individuo para optar por la vida que desea tener; desde nuestra opinión, el espacio que impera, en estos momentos, queda delimitado por los valores mercantilistas, y como consecuencia de dicha tendencia la formación profesional o

13Romano Guardini (1885-1968) sacerdote y profesor de filosofía de las universidades de Berlín, Tubinga y

Munich. Posee varios escritos, recogidos y traducidos por Sánchez-Migallón (2012) en los que reflexiona sobre los peligros para la universidad de renunciar a la búsqueda de la verdad.

tecnócrata se impone en detrimento de una formación más holística y más orientada a la transformación de las sociedades. Aportamos la Tabla 2.2. para una mejor comprensión de lo que acabamos de comentar:

Tabla 2.2.: Comparación entre la formación profesional y la holística

Formación profesional respuesta al

mercado Formación holística, respuesta a las capacidades

 Interdisciplinaria  Transdiciplinaria

 Reduccionista  Integral

 Centrada en enseñar  Centrada en aprender

 Currículo estático, centrado en

disciplinas, científico-técnico  el conocimiento humano Currículo dinámico, centrado en preguntas, en

 Cambios superficiales en la conducta  Cambios profundos en la conciencia

 Basada en organizaciones verticales,

burocráticas  comunidades de aprendizaje Basada en organizaciones horizontales,

 Paradigma de la simplificación  Paradigma de la complejidad

Fuente: Elaboración propia

La dirección que traza la transición de la sociedad industrial y de la información hacia la sociedad del conocimiento, es la que exige a la educación superior que se desenvuelva en una dinámica de cambio y transformación; la que está estructurando las sociedades en un escenario de recursos limitados en el que predomina la lógica del mercado. En cómo lograr un cambio radical de las formas de transmisión de conocimiento, cómo imaginar una universidad responsable de la sociedad del siglo XXI, en donde la interdependencia y la diversidad se han convertido en rasgos indispensables, es sobre lo que intentaremos reflexionar en este capítulo.

La propia concepción de la universidad es la que se ve afectada por las transformaciones de hoy en día; esas transformaciones hacen que convivan instituciones distintas que mezclan en proporciones y grados diferentes la orientación al mercado o a un contexto más amplío; universidades con una adscripción ideológica bien definida y universidades que intencionadamente rehúsan a ello; universidades públicas y privadas; universidades con vocación docente o investigadora; etc. Está claro que no existe un único modelo de universidad en la actualidad.

Aun así, nuestra intención la universidad se presente como espacio capaz de transformar al individuo desde sus propias potencialidades. Corresponde a la universidad articular un nuevo paradigma que dé lugar a nuevas propuestas que “provoquen un cambio de valores, como es el paso de la dependencia a la interdependencia, de la competencia a la colaboración, de la cantidad a la calidad, de la expansión a la participación creativa, de la dominación o del sentimiento de superioridad a la interrelación y la igualdad, de lo individual a lo colectivo, del crecimiento al equilibrio dinámico, […]” (Diesbach, 2005; p. 19).

2.1.2. La sociedad del conocimiento, escenario actual de la universidad