Appendix A – Rubrics and Instruments
III. TEACHING FOR LEARNING
Julián Uribe narra cómo desde niño le fue inculcado a él y sus hermanos el amor por el trabajo manual y productivo y la innovación. De hecho ya en el capítulo 2 se expusieron algunos elementos al respecto. En el imaginario del trabajo como una actividad dignificante y necesaria, jugaron un papel importante sus padres y su hermano mayor Heraclio.*
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Fue determinante para los Uribe el ejemplo de su padre como negociante que no se rendía a pesar de las vicisitudes. Julián narra cómo era factible que en medio de dificultades económicas, en virtud a alguna transacción, recibiera dinero como pago. Menciona episodios como los de recibir algún estipendio producto del arriendo de tierras o de la venta de productos como el queso que elaboraba en su finca de Palmar. Negocio en el que la madre jugaba el rol de tesorera y Julián, durante algunos días se ausentaba de la escuela para dedicarse a su venta. Es significativo, además, que el mayor de los hijos (Heraclio) durante las vacaciones exploraba en la innovación de bienes, ayudado por Julián y Rafael. Finalmente, desde esta época don Tomás ya consideraba la idea de emigrar al Cauca. Empresa a la que le invirtió tiempo y dinero en los viajes y las promesas de compra que, para ese momento, aún no se concretaban, pero que en ningún momento abandonó el jefe de la familia. 338
Pero no siempre fue así, Mayor Mora demuestra como la inducción de una ética del trabajo en Antioquia fue un duro proceso que comenzó a gestarse con las reformas borbónicas, durante la era colonial, que debieron luchar contra los gremios que se oponían a todo progreso técnico y condenaban a los aprendices a la servidumbre. Y contra la estructura social que definía un cuerpo de valores, creencias y prejuicios que consideraban indignos los “oficios manuales” y asignaban una precaria posición social a quienes los practicaban. De esta manera, la reforma “industrial” significó la “ruptura de las cadenas gremiales y la correspondiente libertad en la elección de oficio”,*
y alterar de suyo los valores sociales que imponían obstáculos a la “extensión de las relaciones burguesas”.339
Mayor Mora continúa explicando que estos reformadores, en particular sujetos como José Celestino Mutis, debieron realizar un exhaustivo diagnóstico del “alma popular”,** en términos de sus fortalezas y debilidades para el trabajo, de mestizos y criollos, denominados de manera discriminatoria, “bestias indómitas”. Los cambios se manifestaron en las relaciones que establecieron los expositores de la Ilustración española con sus
338 URIBE URIBE, “Memorias”, Op. Cit., pp. 91, 92, 95, 96 y 97. * La cursiva es del autor.
339 MAYOR MORA. Op. Cit., p. 15. **
dependientes: “una estricta vigilancia y control sobre la conducta (…) de sus asistentes”, acompañada de la residencia permanente de éstos en el sitio de trabajo. Se erigía, en efecto, un lazo estrecho de tipo paternal. Se trató de una interacción signada, por los afectos mutuos que oscilaban entre el autoritarismo y la piedad y, la rebeldía, junto al “amor filiales”.340
En correspondencia con el tono paternal del que habla Mayor Mora, el ingeniero práctico, protagonista de este estudio, demuestra el valor que le asigna a su padre como una figura que lo indujo al aprecio por el trabajo, expuesto ampliamente en capítulos anteriores. Así como el rol que jugó don Robert White en su formación práctica durante sus primeros años en los trabajos del Ferrocarril del Cauca.* Sin embargo, es posible observar la relativa valoración que hacía, incluso con arrogancia, sobre la ética del trabajo antioqueño, respecto del caucano, ya se tratara de los subalternos o de la elite:
Estaba mi padre un día arreglando personalmente el empedrado de la calle por donde iba la mencionada cañería, cuando pasó don Pantaleón González, acompañando uno de los pasos de una procesión […] le dijo ese bruto con aspereza a mi padre […] "Tú siempre estorbando Tomás". Un tacaño, ignorante y egoista como ese, calificando de "estorboso" al noble hombre que trabajaba materialmente en una obra de capital importancia para Buga, quizá con el único propósito de dar ejemplo de laboriosidad a ese hato de perezosos e hipócritas, es cosa que irrita aún a través de los años.341
El Dr. Rómulo Durán, tenido en Buga como oráculo en materia de ingeniería, dijo en un informe que le pidió la Municipalidad, que el acueducto estaba mal construido por cuanto que los atanores de barro cocido empleados por mi padre podrían reemplazarse con ventaja por tubos de guadua; "tubos de nuestra gramínea
colosal", fué la expresión científica de ese señor… Respecto a lo primero, yo consulté en ese tiempo la opinión de los ingenieros
Liborio Vergara y Carlos L. Belden, quienes me contestaron que tanto en Europa como en los Estados Unidos, eran de uso general y corriente. Bien se ve que tal consulta era innecesaria sabiendo mi padre y todos nosotros que en Medellín, ciudad que desde entonces marchaba mil leguas adelante de Buga en materia de
progreso, no se construían las cañerías de presión con otro material.
340 MAYOR MORA. Op. Cit., pp. 16-17. *
Véase páginas 91, 92, 100, 159 y 160. 341
El hábil ingeniero Robert B. White, al conocer la opinión del Dr. Durán, dijo que tenía razón por cuanto que los ingenieros caucanos eran especialistas en el manejo
de la guadua; y de allí que él los llamara "Ingenieros de guadua". ¿Qué diría el Dr. Durán, si viviera, al ver los enormes atanores de cemento,
descendientes legítimos de los antiguos de arcilla, que se emplean hoy en día en los ferrocarriles, en los acueductos y para el drenaje general? Preferiría para todo eso "los tubos de nuestra gramínea colosal?"342
Se comprende, entonces, que para Uribe había una distancia muy grande entre la ética del trabajo antioqueño y la del caucano, en beneficio de la primera. Ésta expresaba rasgos como la disciplina, la innovación y el sacrificio; frente al escaso rigor, tradicionalismo y pereza. Sin embargo, el autor de Memorias buscó explicaciones a la hostilidad de la que fue víctima su padre en las distintas empresas desplegadas en Buga, v. gr. el acueducto y la canalización del río, en el regionalismo caucano, las diferencias con los conservadores y la mentalidad pre-moderna de la elite bugueña y caucana. Aspectos que definieron serias diferencias con la cultura antioqueña de la producción. Es un asunto que puede rastrearse en autores como Romano y Carmagnani y, en la visión de sujetos de la época como Santiago Eder. 343
El último se lamentaba, en un tono benévolo, no tanto del carácter de la población caucana, sino de los rasgos arcaicos de la cultura del trabajo, según comenta su hijo Phanor Eder en la obra el fundador. Éste narra como su padre se preocupó por la necesaria inducción de prácticas modernas del trabajo en el Valle del Cauca. Pero fue un proceso bastante complejo conseguir que dejaran las viejas herramientas para utilizar las más modernas que les permitieran alcanzar un mayor rendimiento de sus actividades.344
Romano y Carmagnani sostienen que en América Latina existe una marcada tendencia al escaso desarrollo de zonas muy ricas en recursos naturales. Es una tendencia que puede seguirse en retrospectiva hasta las sociedades pre-hispánicas, en las que las sociedades de
342
Ibíd., pp. 131-132. 343 Ibíd., pp. 132-133.
344 EDER, Phanor James. El fundador Santiago M. Eder (Recuerdos de su vida y acotaciones para la historia económica del Valle del Cauca). Traducido por Antonio José Cárdenas. Bogotá: Antares LTDA., 1959. pp. 463-464.
behetría se asentaban en regiones de ricos yacimientos naturales en las que la población no se veía obligada a desarrollar tecnología para adaptarse a las condiciones, pues la fertilidad natural le ofrecía todo aquello que necesitaba para su sostenimiento. Y es el Valle del Cauca una región con tales características, si se apela a la narración de Eder para finales del siglo XIX y principios del XX. Mientras que las sociedades indígenas más civilizadas debieron crecer en áreas geográficas de pobres condiciones, en las que se vieron obligadas a construir complejas tecnologías para la adaptación del territorio.345
Pero cuáles son esos rasgos de la ética del trabajo del sujeto caucano que criticó Julián Uribe Uribe en Memorias. Se refiere entre otras cosas a la inclinación al licor, cosa que Uribe aprendió a odiar por conducta de su padre. La tendencia al trabajo independiente y libre, como el de los bogas del Dagua, quienes poseían un saber-hacer muy apreciado y costoso en virtud a su necesidad en la comunicación entre Cali y Buenaventura. Y al carácter conflictivo, evidenciado en una dura pelea nocturna entre camineros del ferrocarril y bogas del río, por irrespeto y conflictos latentes que se fueron acumulando. Hubo incluso, al parecer intereses de los comerciantes de Buenaventura que financiaron el armamento de los segundos para hostigar el personal de la obra en construcción. 346
El carácter de los sectores campesinos y populares de la región está bien registrado desde finales de la colonia por autores como Alonso Valencia Llano, autor que explica cómo la población del Valle del Cauca se fue transformando en campesina al declinar la población indígena y al mezclarse ésta con la blanca. Transición en la que dejaba de estar reducida a los encomenderos para constituirse en población libre. Posteriormente, durante la independencia, los mulatos libertos también se transformaron en campesinos “enmontados” dedicados a actividades ilegales de sobrevivencia. Se trató de poblaciones que fueron utilizadas por ambos bandos en disputa durante las luchas de independencia, para el caso del ejército patriota con resultados poco satisfactorios, durante un largo período, en virtud a la desconfianza mutua existente entre elites y subordinados. Chevalier ha comprendido el temor que generaba en América Latina los mestizos durante la era republicana, población
345 Ibíd., p. 478; ROMANO y CARMAGNANI. Componentes económicos. Op. Cit., pp. 161-163. 346
libre y sin tierra, que se dedicaba a la trashumancia, tan distinta de las poblaciones india y esclavizada, fijadas a la tierra, a la hacienda de tradición colonial.347
Como sujeto, Julián Uribe Uribe, en sus Memorias relata acontecimientos que pueden explicar los rasgos que él consideraba fundamentales para entender los valores de una ética del trabajo, que podrían brindar la oportunidad para hacer una extrapolación hacia una ética del trabajo en tránsito a la modernidad en la región durante el cambio de centurias…
[…] acepté la comisión y me trasladé a Buenaventura. Manejaba en todos sus ramos y detalles un Sr. Ernesto Blum, francés argelino hombre muy hábil e inteligente que se había dedicado con todas sus facultades a sacarle a la vía el mayor provecho posible sin preocuparse gran cosa por su conservación ni por el estado del material rodante […] Yo encontré, eso sí, miles de traviesas absolutamente podridas; el balastaje de la vía deficiente en toda su extensión; los puentes de madera, más de 100 en pésimas condiciones, y todo en estado ruinoso, talleres y máquinas inclusive, como si el Sr. Administrador hubiese querido poner en práctica el
aforismo que dice: "después de mí el diluvio". Recibí la empresa por riguroso inventario, pues tuve la paciencia de remover pieza
por pieza todos los fierros viejos del almacén; contar una por una las traviesas podridas en 36 kilómetros de vía, y examinar personalmente con un martillo y un punzón los pilotes y vigas de los puentes.348
En seguida se presentó el conflicto de quien habría de encargarse de la empresa al separarse el agente de Cherry. Le propusieron a éste, es decir, a Mr. Blum, que aceptara la administración, pero lo rehusó a pesar de las reiteradas instancias del Dr. Pedro Antonio Molina, que ocupaba un alto puesto en el Ejecutivo Nacional, y del halago de un enorme sueldo. Me la ofrecieron luego a mí y la acepté a instancias del Sr. General Pinto, pero poco tiempo después, cuestión de semanas, me mostró el Sr. Blum un telegrama del subsecretario, Dr. Justiniano Cañón, que revelaba una nueva insistencia de los señores de Bogotá para con el ex-agente de Cherry para que reconsiderara su negativa y aceptara la administración. Habiéndole contestado Blum que ahora la rehusaba con mayor razón, puesto que me habían nombrado a mí, le replicó Cañón: "Acepte usted, pues a Uribe se lo nombró por motivos de estricta necesidad". Ver yo eso y correr a la oficina Telegráfica, todo fué uno, temblando de la ira escribí el siguiente telegrama dirigido al Sr. Ministro: "Renuncio" irrevocablemente el puesto de Administrador del Ferrocarril, y si no se me reemplaza en el perentorio término de 24 horas, dejaré la empresa abandonada…"349
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VALENCIA LLANO, Alonso. Dentro de la ley. Fuera de la ley: Insurgencia social en el Valle del Cauca 1810-1854. 2 ed. Cali: Universidad del Valle. Programa Editorial, 2016. pp. 49-50 y 70-72; CHEVALIER. Op. Cit., pp.266-267.
348 URIBE URIBE, “Memorias”, Op. Cit., pp. 340-341. 349
Creo que nunca como en aquella época he desplegado mayor actividad en los trabajos; solo absolutamente, pues esa primera época he desplegado mayor actividad y no tuve ayudantes, dirigía los trabajos de reparación y los de construcción; organicé el servicio de trenes, el taller de mecánica, en una palabra, todo lo concerniente a la parte técnica de la obra, pues Don Rufino, en su calidad de Administrador, más bien se ocupaba en las finanzas de la empresa que en su parte material, sin que con esto pretenda amenguar en lo mínimo los grandes méritos de su inteligente cooperación.350
La circunstancia de que muchas veces tuve que colocar obreros en la construcción de San José para arriba fuera de trazado […] me desesperaba en veces tanto, que lamentaba no haber aceptado el puesto de Ingeniero Interventor en propiedad, nombramiento que me hizo el Presidente de la República, Don Miguel Antonio Caro. Ese empleo era mucho más cómodo que el de ingeniero de la construcción y mejor remunerado, pero estaba reñido en absoluto con el género de vida a que estaba acostumbrado, de constante actividad, y con mis aspiraciones.351
Sin duda el actor central de esta investigación desarrolló toda su capacidad y puso toda energía en las obras del Ferrocarril del Pacífico, sin menoscabar la fuerza de su participación en otros proyectos, como los estudios del ferrocarril por Calima o el camino del Micay. Pero su vínculo con las primeras fue indisoluble, en virtud a que definió el rumbo de su vida y le significó constituirse en un sujeto que alcanzó reconocimiento y fiabilidad de parte de quienes ocupaban instancias de poder y decisión, no sólo en la región, también en el Estado. Lo que no es un asunto menor, merced a que se trataba de una obra
con la que se buscaba cambiar el rumbo del país que se abría a la modernidad.