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TECHNIQUE: INTERFACE ANALYSIS

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CHAPTER 4: REQUIREMENTS ELICITATION

4.6 TECHNIQUE: INTERFACE ANALYSIS

Una vez colocados los fundamentos de los carismas en los capítulos precedentes, queremos dar un paso más.

Es un tema importante y exige que sea entendido recta y profundamente. Por eso, proponemos una breve descripción del carisma, a partir de la doctrina de San Pablo. Pedimos excusas al lector por la necesaria reiteración de ciertos temas, conscientes del riesgo de sel- repetitivos.

1. Diversos sentidos de la palabra "charisma"

El término "charisma" se encuentra casi exclusivamente en San Pablo (16 veces) si exceptuamos una vez que se halla también en la primera carta de San Pedro (4,11). El P. Congar observa que San Pablo lo usa con tres significados.

a) Carisma = gracia

A pesar de que la teología clásica distingue entre carismas (=gratiae gratis datae) y gracia santificante, es decir, gracias que el Señor concede para poder ayudar a los demás (carismas) y gracias que concede para santificar la persona a la que es concedida (gracia santificante), el P. Congar observa que en las cartas paulinas (y también en 1 Pedr 4,11) el término carisma, carismas (charismata), es siempre puesto en relación con gracia (charis). Es decir, el carisma es siempre algo que depende de la gracia.

Son especialmente iluminadores tres pasajes:

— Rom 12,6. "teniendo carismas diferentes, según la gracia que nos ha sido dada"

1 Cor 1,4-7. "la gracia de Dios (chatis) que os ha siclo otorgada en Cristo Jesús ...así, ya no os falta ningún carisma a los que esperáis la Revelación de nuestro Señor Jesucristo" (1 Cor 1,7): cada cual tiene ele Dios su carisma: unos ele una manera, otros de otra".

1 Cor 12,4. "hay diversidad de carismas. pero el Espíritu es el mismo", es decir, el Espíritu Sanro presente mediante su gracia. Por lo tanto, los carismas no son dones dados a algunos cristianos privilegiados, sino a todos los cristianos (diversos en cada uno) en base a la gracia dada en el bautismo. Son dones y talentos, dice el P. Congar que hay que poner al servicio de la construcción del Cuerpo de Cristo, para que cada uno pueda colaborar en la obra de salvación.

b)

Carismas = manifestaciones sensibles del Espíritu

Tenemos este significado en 1 Cor 12,7; "A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común".

El P. Congar observa que esta definición es la que caracteriza a la Renovación llamada carismática. El escrito entregado a l o s periodistas por ios responsables del Congreso Mundial de la Renovado n, ceieoracio en Roma en Pentecostés de 1975, caracterizaba la Renovación Carismática como "un lugar en que se manifiesta de manera sensible la acción del Espíritu".

c)

Carismas = manifestaciones extraordinarias del Espíritu

Desgraciadamente, dice el P. Congar, a menudo se identifican los carismas con las manifestaciones extraordinarias y espectaculares del Espíritu, como el hablar en lenguas, la profecía, las curaciones, los milagros; esta definición se encuentra también en autores que gozan de prestigio no inmerecido y hasta en algún documento eclesiástico. Pero el teólogo observa que San Pablo llama a estas manifestaciones extraordinarias con el termino pneumaticá (1 Cor 12,1 y 14,1), que se convierten en carismas sólo cuando se hacen útiles a la construcción de la comunidad, de la Iglesia; entonces son dones hechos según la gracia salvíñca: charismata".

La confirmación de lo que dice el P. Congar, la encontramos en el llamado texto sobre los carismas del Vaticano II, LG,12)1

2. Características del "carisma"

A. Los carismas son para el crecimiento en la caridad de la comunidad cristiana

a) 1 Cor 12}7: El fin de los carismas

Quien es agraciado por el Señor con un carisma y lo ejerce en su nombre, no lo hace para bien personal. El carisma en su finalidad fundamental y, por lo tanto, en su ejercicio, se da para "utilidad común o edificación".

Esta utilidad común, San Pablo la expresa en su más alto y determinante grado de eficacia a lo largo de todo el capítulo 13 de la Primera Carta a los Corintios, el cual se resume en el crecimiento en la caridad de la comunidad cristiana.

Como una consecuencia obvia de esta afirmación, se impone considerar los carismas esencialmente subordinados a la caridad y a la gracia personal, en cada fiel.

Lo que importa, por consiguiente, no son los carismas en sí, desligados de esta finalidad suprema, aunque se trate de los más extraordinarios. San Pablo, en el citado capítulo 13, nos quiere dejar bien claro, aún a través de expresiones drásticas y vehementes, que el más simple acto de fe o de caridad está por encima de los carismas más eminentes.

b) 1 Cor 14,1: Los carismas, normalmente, deben proceder de la superabundancia de la calidad.

La unión que establece el apóstol entre carismas y caridad indica que la vía normal del ejercicio de los carismas debe ser la superabundancia de la caridad. Es decir, si el amor es un don que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones (Rom 5,5) éste debe ser buscado y acrecentado constantemente.

1. G. Mercuri, "significado de la palabra 'carisma' y 'carismático'," en: Koinonia, n 76, marzo-abril, 1989, 7-8

Las referencias que el autor hace al P.Y. Congar, se encuentran en "Je Crois en l'Espirit Saint", II, Les edit. du Cerf, París, 1979, 193-240.

Y uno de los modos de buscar y crecer en el amor es, precisamente, el ejercicio de los carismas. La caridad no actúa automáticamente. Tiene sus maneras, sus canales; el hombre debe poner de su parte cuanto le corresponde; y entre las maneras diversas una, ciertamente eminente, es el ejercicio de los carismas del Espíritu. Por eso, el apóstol exhorta a desear los carismas, para ser agraciado con ellos y poder ejercer una fina candad con los demás, usándolos para común utilidad.2

B. 1 Cor 12, 1-7: El verdadero carisma manifiesta una intervención del Espíritu

Desde luego, hay que dejar bien en claro que los carismas, aun cuando la persona sea usada por el Señor con frecuencia, (o habitualmente), no son gracias estables, son mociones pasajeras, ocasionales, siempre dependientes de la gratuidad del Espíritu. Supuesta esta importante salvedad, volvemos a la afirmación de San Pablo.

Son manifestaciones del Espíritu de modos diversos, pero claros, para quienes no cierran su corazón y su entendimiento.

Son más o menos intensas según la naturaleza de los carismas. Así, por ejemplo, en las curaciones en las que Dios interviene de un modo extraordinario, el carisma se manifiesta de manera más intensa, poderosa y llamativa. La manifestación del Espíritu aparece más o menos pura según la acogida prestada por el instrumento o las personas a quienes va destinada. Así, en el carisma de profecía, el desvelar los designios de Dios a un grupo de oración se hará de una manera más pura cuando el profeta transmite el pensamiento divino sin quitar ni poner de sí nada, que en las ocasiones en que mezcla lo propio a lo que realmente es del Señor. Esto mismo puede aplicarse, de modo proporcional, a la acogida calurosa, en fe viva, a la Palabra de Dios de parte de la asamblea de oración.

Es una manifestación del Espíritu, porque e] carisma, actuado por El, tiene en su esencia la misión de tocar el corazón de las personas beneficiadas y de los testigos cuando éstos abren sus corazones a la acción de la gracia.

2. G.T. Montague, "The Holy Spirit", Paulist Press, N.Y., 1976, 172-173.

Aquí, por lo tanto, juega un papel capital, la disposición interior de aquellos a quienes se destinan, de un modo o de otro. No es fácil determinar siempre cuál es y hasta dónde llega la acción del Espíritu Jn 3,8). Sin embargo, el alma abierta al Espíritu, percibe, quizá indefinidamente, que en el acontecimiento, en la curación, en la manifestación del designio de Dios, en el consejo recibido... hay una realidad que escapa a los sentidos, que está más allá y supera lo que se puede atribuir a la naturaleza. Percibe que el soplo del Espíritu está presente y actuante, aunque, concretamente, no sepa razonar ni dar explicaciones precisas de ello. Es Dios que está a la obra y eso, exactamente, es lo que acierta a intuir, a percibir en lo profundo de sí. Más allá del soporte del carisma: la palabra, el gesto, la enseñanza, el acontecimiento... se da una realidad viva que no viene del hombre, de sus cualidades, de su actuación, sino de aquél que está sobre el hombre, supera y rebasa con su poder y su amor.

Los carismas, por lo tanto, son "signos" del Espíritu. El Vaticano II no deja lugar a dudas sobre este punto, en las numerosas afirmaciones que hace. Citamos, solamente, por vía de ejemplo, algunas de ellas: LG, 12; PO 9; AA3.

Los carismas son un signo de la libertad del Espíritu. El no se contenta con prodigar su acción por los sacerdotes a través de un sacramento, ni ésta se reduce a los diversos sacramentos instituidos por Jesucristo. También actúa su influjo a través de los carismas que confiere gratuitamente a su Iglesia y a los fieles, para que contribuyan a su "edificación en el amor".

Son un signo del Espíritu también porque dan una prueba experimental a la Iglesia de Su presencia en ella. Cumple lo que Jesús con toda seriedad, prometió a sus discípulos la noche de Su pasión (Jn 14,16), en los momentos más decisivos de Su vida: permanece siempre con ellos, en la presencia actuante de Su Espíritu, que se manifiesta en la donación de los carismas.

Los carismas, como signo de la libertad del Espíritu y de su presencia en la Iglesia, existirán siempre. Es igualmente poderosa la razón de la pedagogía divina que ha elegido asistir a su Iglesia de maneras diversas y eficaces. Lo es, del mismo modo, la razón, confirmada por el tiempo, de que la presencia de los carismas en la Iglesia se hace especialmente notoria en los tiempos difíciles de esta. En la explosión carismática de nuestros días hay que tener muy presente esta situación real de nuestro mundo y de la Iglesia. Es la providencia de Dios que vela paternalmente por la Iglesia de su .Hijo, Cristo Jesús. La historia accidentada de persecuciones, crisis, épocas difíciles, nos lo confirma. Por eso, hemos de acoger con agradecimiento los carismas y llenarnos de confianza en la promesa de Jesús, que se hará sentir en la presencia del Espíritu, de modos diversos y también por los carismas.3

C. Ef 4,16; Gal 5,22: El reconocímiento de los carismas

Se puede pecar por dos extremos; por considerar como carismas cualquier cualidad personal eminente: política, económica, médica, etc. O, por el contrario, encasillar a los carismas dentro de manifestaciones preternaturales excepcionales reservadas a los santos.

Entre ambos extremos hay un camino que nos permite reconocer los carismas como acciones del Espíritu.

No podemos olvidar que El se sirve de ios medios personales: intelectuales, afectivos, psicológicos aun corporales para que el hombre coopere voluntariamente a la acción del Espíritu. Pero éste puede, libremente también, negarse a ello.

a) Hay diversos modos de reconocer un carisma: uno de ellos es esa forma casi inexpresable, ya indicada, que está presente en el acontecimiento, en el hecho, en el gesto, en la palabra... es una especie de irradiación espiritual, más o menos intensa que, si no siempre, sí tiene lugar frecuentemente, para testificar la acción del Espíritu. No es un modo confiable a la hora de discernir un carisma. Son elementos subjetivos no despreciables que cobran mayor valor unidos a otros elementos o criterios objetivos de discernimiento. "La apreciación subjetiva más segura (relativamente) de la validez de un carisma, me parece ser la simplicidad, la justeza de todo coa la que se da, aún en los casos en los que se trata de algo no habitual".4

b) La autenticidad de los carismas hay que buscarla, sobre todo, en los criterios objetivos, no en el sentimiento personal ni aun colectivo.

Un elemento valioso del discernimiento es lo que podría llamarse el "contexto": es decir, el marco de paz, de amor cristiano, de oración, de orden. Cuanto decimos sobre el buen uso de los carismas, es aplicable aquí, a la hora de discernirlos.

Otro criterio común, de algún modo aplicable a todos los carismas, es el que se propone cuando se trata de discernir al verdadero profeta por su vida: aquí será la santidad de vida de quienes los ejercen; su comunión espiritual con sus hermanos en Cristo. Sin que el ejercicio de los carismas suponga una mayor santidad de vida, una vez agraciados con ellos, la acción del Espíritu debe manifestarse en la progresiva transformación en Cristo.

La perícopa citada a los Efesios (4,16), está señalando a otro criterio de discernimiento: a la realidad de formar un solo cuerpo en la multiplicidad de miembros, está apuntando al hecho de que los carismas se apoyan en otras gracias y ministerios y deben hallarse en armonía entre sí dentro de la comunidad eclesial. Por eso, los carismas auténticos han de estar en íntima relación y amistad con la institución, por más que puedan darse situaciones de cierta tensión que la obediencia y el amor han de tratar de solucionar.

Pero el criterio fundamental para discernir la autenticidad de los carismas será siempre el nacimiento, el crecimiento y maduración de los frutos.

“En última instancia, todos los dones, desde los más apetecibles (la profecía) hasta el último de la lista (el de lenguas), se desvanecen en la insignificancia cuando falta la caridad fraterna" (cfr. 1 Cor 13, 1,3,8) 5

c) San Pablo enumera con precisión los criterios de discernimiento de los auténticos carismas, su buen uso. 4. A-M., de Monleon, "Charismes et Guerison" II est vivant, n. 50, abril, 1985, 13.

5. A. Fermet, "El Espíritu Santo es nuestra vida", Sal Terrae, Santander, 1985, 123-124.

- Siendo dones de un único Espíritu, tienen que prestarse a un reconocimiento recíproco en su multiplicidad y diversidad (Rom 12,6; 1 Cor 12,4).

- Tienen, desde luego, que hallarse en concordancia con la fe de la Iglesia; de otro modo, habría contradicción en la obra del mismo Espíritu (Rom 12,6).

- Deben hallarse insertados en el orden de la la Iglesia y de su celebración litúrgica. Puesto que Dios es un Dios de orden, cuanto suscita el Espíritu, tiene, necesariamente, que llevar el signo de Aquél a quien manifiestan (1 Cor 14,26ss.).

- Han de ser "para provecho" de la Iglesia, esto es, para edificación de cada uno de sus miembros, para crecimiento y transformación en Cristo y para tornar eficaz el ministerio, el testimonio, la predicación (1 Cor 14,26; 1 Cor 12,7) vCfr. Jn 15,26s.; Hech 1,8).

- Pero hay un criterio que se halla en la base de todo: se da carisma tan sólo allí donde no reinan "envidias y discordias" (según 1 Cor 3,1 ss.), sino donde reina el amor, aquel "camino más excelente" que propone Pablo en 1 Cor 13, cuando habla de los carismas.

- El amor es el que hace que los carismas sirvan para "provecho". El carisma verdadero es un don de amor dci Espera. Todo lo demás es posible que. resulte impresionante o extraordinario, incluso palabra y obra poderosa, pero no pasará de ser retórica que acabará por hacer daño a la Iglesia.

d) En cuanto a quienes son los llamados a juzgar o discernir esta autenticidad, se ha desarrollado en otra parte a la que remitimos. Resumiendo lo que allí se trata más ampliamente, hay que decir: se incluye por orden de importancia, de menos a más, una persona concreta, con garantía probada de discernir; a la asamblea que, en su reacción, por el impacto causado, prorrumpe espontáneamente en acción de gracias y alabanza o tiene una acogida silenciosa pero vuelta al Señor en agradecimiento y amor; al equipo dirigente que guía la reunión de oración al que se supone debe estar preparado y entrenado para discernir. En último término, pero con la mayor autoridad del Señor, están los rectores (1 Tes 5,12; LG, 12; AA 1,3), a quienes Dios ha confiado la misión de guiar a su pueblo y, por lo tanto, de discernir lo bueno de lo malo; lo auténtico de lo ficticio o falso. 6

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