• No results found

TECHNIQUE: REVERSE ENGINEERING

In document Business Analysis Body of Knowledge (Page 188-195)

CHAPTER 4: REQUIREMENTS ELICITATION

4.11 TECHNIQUE: REVERSE ENGINEERING

1. Tres palabras de contenido diverso y complementario

San Pablo, antes de darnos lo que podríamos llamar su definición de los carismas, nos entrega tres vocablos que describen los dones del espíritu de tres maneras distintas y complementarias a la vez (I Cor 12,4-6).

a) Carismas. El término carisma significa la fuente de los dones: la gracia divina (jaris) que se hace concreta y que proviene del Espíritu de Cristo. Son el efecto de la gracia de Dios que los da en Jesucristo de manera absolutamente gratuita.

b) Ministerios o servicios: Denotan los modos en que los carismas se hacen reales en la práctica (1 Cor 12,5). Las misiones precisas desempeñadas a favor de la Iglesia, a veces, de un modo duradero (Rom 11,13); a veces, de un modo menos estable. (1 Cor 9, 12-13) 1

c) Operaciones: Expresan la acción de Dios que, de manera tan especial, supera la acción del hombre. "Cuando un cristiano ejercita un carisma, está actuando como un miembro del Cuerpo Místico de Cristo, es jesús mismo que obra a través de esta persona: (Gal 2,8; Ef 1,19; 1 Cor 12,6).2

1. F. A. Sullivan, o.c.,29

2. A. Bitlinger, "Gifts and Graces", William B. Erdemans Publishing Company. Grand Rapids, Michigan, 1976, 21; Cfr. J-C. Caillaux, "Un surire de Dieu", Pneumatheque, París, 1975, 154-155.

Estos tres términos, por lo tanto, no describen tres categorías distintas de carismas. Con la diversa designación se pretende enfatizar otros tantos aspectos: todos ellos son dones de la gracia (carisma); todos se orientan, se dan para el servicio (ministerios o servicios); todos son obra del poder divino (operaciones).3

San Pablo parece, igualmente, atribuir cada aspecto mencionado, al Espíritu, a Jesucristo, al Padre (1 Cor 12, 4-6).

En realidad, todos son obrados por cada una de las personas, pero, aunque se puedan intercambiar los tres términos, el Apóstol los atribuye a diferentes personas de la Trinidad:

- Los carismas son atribuidos al Espíritu Santo: es el don de Dios por excelencia (1 Cor 12,4).

- El tiene una relación especial con la inteligencia: la ilumina para que capte la revelación, para que alabe al Señor, para que descubra las argucias del mal. A estas funciones del Espíritu corresponden los diversos carismas que San Pablo menciona en 1 Cor 12, 7-10. - Los ministerios o servicios se atribuyen a Jesucristo, el Señor (1 Cor 12,5; Ef 4,11).

- Se supone que ser cristiano significa servir al Señor (Mt 25,21- 23); imitar a Jesús, el servidor de todos (Fil 2,6-11; Mc 10,45).4 - Las operaciones se atribuyen al Padre (1 Cor 12,6); El es el "trabajador" por excelencia (Ef 1,11;4,6; Jn 5,17).

Pero en todo hay un fuerte énfasis sobre la unidad; el mismo Espíritu; el mismo Señor; el mismo Dios (Padre). Es la igualdad en la variedad: (1 Cor 12,4-6). La naturaleza de Dios es infinitamente variada: tiene muchos aspectos. Esto aparece en la estructura del universo y en los carismas con que enriquece a ios hombres, pero las manifestaciones de éstos, son limitadas, canalizadas por el Espíritu según su voluntad.5

Carismas, ministerios y operaciones. Son tres expresiones que prácticamente, pueden utilizarse como sinónimos.

3. G.T. Montague, The Holy Spirit, 148.

4. Cfr F.A. Sullivíin, o.c., 29

5. A. Bitlinger, "Gifts and Graces", 21-22

"Los carismas son todos, a diversos niveles, ministerios, es decir, servicio de la comunidad. San Pablo pasa sin distinción de la palabra carisma a la palabra ministerio (diaconía), luego a la palabra operación (energía) para significar la misma realidad" (ICor 12,4-6).6

En las cartas de San Pablo encontramos cuatro listas de carismas, pero ninguna de ellas está completa. Vienen a ser como un muestrario de toda la gama inmensa de los mismos (Rom 12,6-8; 1 Cor 12,8- 10.28-30; Ef 4,11). Todos y cada uno de los carismas tienen a Dios por origen (Rom 12,6-9; Ef 4,11). Aunque los atribuya a las tres divinas personas, insiste en la acción especial del Espíritu Santo respecto a su concesión y a su fuente.7

2. Los carismas en San Pablo 1 Cor 12,7 A. Aclaraciones

a) Nos limitamos a aquellos carismas, manifestaciones del Espíritu que, en la vida de la Iglesia, según el Vaticano II, LG. 17 "son gracias especiales con las que nos dispone y prepara (el Señor) para realizar variedad de obras y de oficios provechosos para la renovación y una más amplia edificación de la Iglesia".

b) Por esto, aunque no sean exclusivos los dones enumerados aquí por San Pablo -sería un gran error entenderlo de este modo- sí son dones que entran de lleno en la afirmación del Concilio, mencionada más arriba.

c) Con esto se afirma que dejamos a un lado el sentido general con que San Pablo llama a cualquier don gratuito que proviene de Dios, para centrarlo en un sentido más técnico. Dada esta limitación, la mejor definición de carismas en este sentido preciso es la que intentamos explicar. En ella todos y cada uno de los términos tienen importancia, por eso adoptamos el modo de exponerlos uno por uno.

6. D. Mollar, "La Palabra y el Espíritu", Sigueme, 1984,67

7. F. Amiot, Las ideas maestras de San Pablo, Edic. Sigueme, Salamanca, 1966, 201

B. Definición

a) "A. cada cual”….(v.7)

(Seguimos de cerca la amplificación de A.M. de Monleon en su libro "La experiencia de los carismas", Edit. Roma, Barcelona, 11 y 29, aludiendo con frecuencia a otras explicaciones que pueden enriquecer esta exposición precisa, clara y muy completa).

Los carismas que el Espíritu distribuye tienen un carácter único y singular (1 Cor 7,7).

El Espíritu, plenamente libre, distribuye sus clones a cada uno según Su Voluntad (1 Cor 12,11).

Por tanto, se trata de algo enteramente gratuito: no están condicionados los carismas por la santidad de la persona a la que se otorgan, pero sí la manifiestan a menudo; o por lo menos, su buen uso debería llevar a una perfección cristiana que se manifieste ante los demás. Es una donación progresiva; la manifestación del Espíritu por ios carismas se nos da repetidas veces. Es un proceso dinámico de ser llenos constantemente por el Espíritu.

Pero esto supone una apertura también constante a su acción.

La gracia propia del carisma (su finalidad última) es disponerse a cooperar a la acogida y al crecimiento de la gracia santificante v.g., oyendo una enseñanza inspirada, presenciando o siendo el beneficiario de una sanación física o interior...Todo esto viene a despertar o a reavivar la obra interior de la gracia (1 Cor 14,25; Hech 3,26).

A estos dos modos esencialmente di cintos de gracia los designa la teología como “gratia gratis data": carisma; y "gratía gratum faciens": gracia habitual o santificante.

La gracia de los carismas no se halla tanto en su manifestación exterior, que puede ser pasajera y aun ilusoria, sino en su poder para tocar los corazones y abrirlos a Dios. Los carismas vienen al encuentro, en aquellos que son beneficiarios, de las mociones interiores de Dios.

Por eso es importante que las personas enriquecidas con carismas, aquellos que sean beneficiarios, y aún los espectadores de los mismos, sean instruidos sobre este aspecto fundamental. Una catcquesis oportuna, dada a su debido tiempo, sobre todo a los beneficiarios y beneficiados preparará para la acogida de la gracia interna del Espíritu.

Por lo tanto, aunque los carismas no hacen entrar en la vida de la gracia a los cjue los ejercitan, ni a los que reciben el beneficio, sin embargo, disponen a la caridad y a la eliminación de lo imperfecto por una conversión nueva o profundizada.

Por más que los carismas sean otorgados una y otra vez, no son una gracia que se posea en propiedad, que uno erróneamente se pueda atribuir.

Esencialmente, son mociones pasajeras, siempre nuevas, siempre gratuitas.

Pero la docilidad, afinada por la experiencia, puede dar una aptitud para responder más prontamente a las inspiraciones del Espíritu. Es importante insistir en la diferencia existente entre el carisma y la vida teologal, la vida de la gracia santificante, cuyo primado lo tiene la caridad. Esta gracia constituye al hombre en una nueva categoría del ser: hijo de Dios, divinizado a imagen de Jesucristo, por el Espíritu... Los carismas se orientan hacia aquí como disposición, preparación, ayuda..., no introducen en ella, en modo alguno.

Sin embargo, en el ejercicio de los carismas, la caridad tiene un puesto de privilegio: deben ser como el resplandor exterior de la caridad interior. Por eso, su uso debe ser en clima de caridad y llevar a ella por su manifestación sensible.

Es cierto que los carismas no forman parte del organismo sobrenatural de la vida cristiana integrado por la gracia habitual; las virtudes infusas y los dones infusos del Espíritu Santo.

Ni son gracias actuales en el sentido que éstas tienen en su referencia con la gracia habitual. Lo son en cuanto que se cuentan entre las donaciones gratuitas y su finalidad última se orienta a la gracia santificante.

Sin embargo, hay una armonía profunda entre los dones del Espíritu y los carismas.

Por lo tanto, hay un "parentesco" próximo entre los dones: disposiciones sobrenaturales de docilidad a las mociones del Espíritu y la docilidad de la escucha interior que supone el ejercicio de los carismas.

Por ello, es lógico que la entrada en el ejercicio de los carismas suponga en la vida del creyente un umbral espiritual que hay que atravesar, un aumento de gracia que pertenece al orden de una nueva "misión" invisible del Espíritu Santo.

Los carismas no son en sí, "intrínsicamente", sobrenaturales, como la gracia habitual; lo son "extrínsicamente" en cuanto que tienen un agente sobrenatural (el Espíritu Santo) y su fin es sobrenatural (poder tocar los corazones y abrirlos a Dios).

Por más que los califiquemos como "sobrenaturales", no los entendamos como algo sobreañadido a la naturaleza. Los carismas, para ser tales, requieren la "vivificación" de las capacidades naturales por el Espíritu Santo.

En este sentido, podemos afirmar que los carismas liberan y complementan los dones naturales. Afectan, pues, a toda realidad humana individual y colectiva.

El Espíritu Santo, para manifestarse, se servirá de todas las facultades o recursos espirituales, psicológicos, afectivos, intelectuales del hombre, de sus talentos, cultura, temperamento.

Los mismos recursos psicológicos se orientarán de manera diversa en cada caso.

Los carismas no están contenidos en las virtualidades de la gracia ni en el desarrollo normal ele esta.

Requieren, en cada caso, una intervención directa de Dios. Esto no quita en nada su importancia y valor como pertenecientes esencialmente a la estructura carismática de la Iglesia.

b) "...se le manifiesta el Espíritu..." (v.7)

En el caristna hay una triple manifestación: se manifiesta un don de gracia, se manifiesta el Espíritu, se manifiesta a Cristo.

Se manifiesta a Cristo, pues la obra del Espíritu no se detiene en El, sino que se orienta a dar testimonio de Cristo Jn 16,26), glorificándolo; los carismas —obra del Espíritu— deberán reflejar algo de la gloria que brilla en el rostro de Cristo; algo de su paz, de su bondad, de su misericordia, de su poder, de su amor... (1 Tim 3,16).

Así, manifiestan a Cristo presente en medio de nosotros (Col 1,27), en su Espíritu.

Cristo se manifiesta en la palabra predicada; en el testimonio sobre Jesús (Col 4,4; Hech 1,8;3,15-16, etc.). porque tos carismas son dados también para apoyar y dar credibilidad a la predicación del Evangelio; para vitalizar el testimonio.

Con el Espíritu es ungido todo el Cuerpo de Cristo: Cabeza y miembros. Así, la manifestación del mismo se hace a través del velo de la carne (Hebr 10,20).

Así, los carismas participan, como manifestación del Espíritu, de la gloria del Hijo y, a su vez, la manifiestan, en su fragilidad pasajera. Así se comprende que el criterio fundamental de discernimiento de los carismas es la manifestación del "Señorío de Jesús", con cuanto éste implica (1Cor 12,3).

Toda tendencia que se evada de esta glorificación (Gal 1,8) en el ejercicio de los carismas no puede provenir del Espíritu

Por eso, el criterio de discernimiento fundamental mencionado es si aparecen y van creando las virtudes de Cristo, especialmente aquéllas que realizan, profunda y concretamente, su plan de vida: vivir la voluntad del Padre por el amor, la obediencia y la humildad.

A la larga, no pueden faltar en el beneficiado por los carismas, si hemos de juzgar que llevan el sello de lo auténtico o que se usan debidamente.

A medida que se va adquiriendo experiencia con el uso de los carismas, éstos resultan más frecuentes, regulares, poderosos. Así manifiestan más profundamente la gloria, el poder y el amor del Señor glorificado.

Los carismas tienen un aspecto eminentemente escatológico, en cuanto que "nos han sido dados en la espera del Regreso del Señor" (1 Cor 1,7).

Una vez que haya llegado la plenitud de Cristo, cuando El se haya manifestado plenamente en sí, y en su Cuerpo Místico, los carismas desaparecerán, al igual que la fe y la esperanza por la posesión de Aquel a quien se orientan (Ef 4,12-13; Col 3,4).

Se manifiesta el Espíritu, pues al manifestar a Cristo y Su gloria, no puede menos de manifestarse el Espíritu que habita en plenitud en su Humanidad.

Debe hacerse, sin embargo, una precisión: los carismas no manifiestan al Espíritu en Persona, sino que significan su presencia y actuación. No cabe, pues, posibilidad de identificación entre los dones y el Dador.

Así, los carismas, en frase feliz de Monleón, " no constituyen una misión visible del Espíritu, sino que están en continuidad con Pentecostés, y constituyen una especie de huella permanente en la Iglesia de la misión visible de entonces''.

De aquí la importancia de creer, aceptar, discernir, usar debidamente los carismas, sin extinguir el Espíritu que los reparte como quiere (1 Tes 5,19-20).

Como signos que son de la presencia del Espíritu, lo que se dijo de los carismas como manifestación de Cristo, podemos afirmarlo del Espíritu. Si son auténticos, tienen que llevar la marca del Espíritu: su verdad, su amor, su servicio de caridad, su orientación a la gloria del Padre, su alabanza...

Por eso, sería un error confundirlos o asimilarlos con ios talentos naturales, sin más, al margen de toda vivificación de los mismos por el Espíritu. Otra conclusión: los carismas, como manifestaciones del Espíritu, son reconocibles por sus frutos: por los que son propios del Espíritu. He aquí un criterio de discernimiento que debe ser siempre actual.

El Espíritu mismo, infinitamente libre, que sopla donde quiere {Jn 3,8) y es inasible en sí, actuará de modo muy diverso: fuerte o delicadamente; de repente, o progresivamente, pero siempre llevando la marca del Espíritu que es de paz, de amor, de orden, revelador de Cristo, de entrega a los demás...

Para el discernimiento de los carismas nos es indispensable discernirlos en el Espíritu (1 Cor 2,4). La mirada demasiado humana nos impide u obstaculiza reconocerlos (1 Cor 2,11-12.14).

Esta afirmación no excluye Ir, colaboración de nuestras facultades y dones humanos, ejercitados en la fe y en colaboración con el Esníritu de Cristo.

c) "...para provecho o edificación común" (v. 7).

Los carismas no existen para construir individuo en primer lugar, aunque su virtualidad recaiga sobre él y lo "edifique" también. Existen para "construir" en la caridad todo el Cuerpo de Cristo (1 Cor 14,26; Ef 4,11-16).

esto aun cuando el individuo que colabora con el Espíritu no sea consciente de ello.

Insistiendo en este pensamiento capital: los dones espirituales, en su gran variedad, sólo existen en razón del objetivo de ser vir al Cuerpo en su unidad (1 Cor c. 12-14; Rom 12,4-6; Ef 4,11-1 6). En los textos citados se percibe claramente su relación en el contexto del cuerpo.

Creemos que esta interpretación común del pasaje paulino (1 Cor 12,7) no se opone sino que se puede conjugar con la que ofrece E Sullivan. Para él hay que interpretarla de un modo general: que el carisma sea "provechoso". El que el favor recaiga sobre el individuo o la comunidad, entra como especificación. De otro modo, sería difícil entender por qué se halla incluido el carisma de hablar en lenguas entre los dones espirituales y por qué el apóstol afirma que quien usa este don se "edifica a sí mismo" (1 Cor 14,4).8

Se pueden conjugar ambas interpretaciones, pues no se excluyen. Los carismas son para provecho o bien de la comunidad (cabe decir de un modo especiar), pero también del individuo. Así, éstos permiten cada uno cooperar a la vicia de la Iglesia, y servir a todo el cuerpo y a sus miembros.

Los carismas, vistos desde la primera interpretación, tienen una mutua dependencia: son correlativos y se ejercen en sumisión mutua en la comunidad (Fil 2,4). Unos carismas se apoyan en otros en vistas a la caridad; ella es la que realmente construye (1 Cor 8,1). En su "comunión", el cuerpo se "edifica" (Ef 4,16); es el vínculo perfecto (Col 3,14).

Terminamos con esta afirmación verdaderamente alentadora de A. de Monleón: "Como Jesús, los cristianos han sido ungidos por el Espíritu para anunciar a los pobres la buena noticia con todos los gestos de salvación que la acompañan (Cfr Lc 4,18-19; Mt 15,30-31; Hech 10,36-37). Por el Espíritu Santo la acción corporal de Jesús, que pasó entre nosotros haciendo el bieni (Hech 10,38), continúa haciéndose sentir en el mundo. Los hombres necesitan percibir de una manera casi sensible una presencia del Señor; los carismas, al igual que los sacramentos son los instrumentos de esta presencia (aunque éstos sean mucho más excelentes y revelen de un modo especial la presencia actuante del Señor)".

8. F.A. Sullivan, o.c., Charisms and Charismatic Renewal, 30

Una comunidad sin carismas, sería un poco como un cuerpo privado de sensibilidad. Es cierto que la caridad tiene mucho más importancia que los carismas, como también el alma es más importante que los sentidos; pero está estrechamente relacionada con ellos. Por los carismas, se perpetúa en la Iglesia algo cíe esta manifestación de la Vida, "eso que hemos oído, que hemos visto con nuestros ojos, que nuestras manos han tocado sobre el Verbo de la vida (1Jn 1.1)".

Lo que se opone a la caridad no son los carismas; precisamente tienen como objetivo "construirla"; sino el uso desordenado y pretencioso de los mismos (1 Cor 14,1). En realidad, los carismas, por ser manifestaciones del Espíritu, vienen a ser un despliegue visible de la caridad que repercute en todo el cuerpo.

Como resumen'.

Los elementos constitutivos del car.isma son esencialmente tres:  Es un don de Dios.

 Tiene una eficacia particular.9  Es para el bien común.

Para San Pablo, la palabra carisma, construida de una palabra griega "jaris", gracia, significa "don gratuito". Para el apóstol, utilizada en plural designa los dones concedidos por el Espíritu Santo para ia construcción o "edificación" de la comunidad eclesial. En este punto comunitario es donde se coloca San Pablo para definir y apreciar los carismas. Su expresión ponderada y firme lo dice claramente: "Que todo se haga para la edificación común" (1 Cor 14,26). Los carismas no tienen otro objetivo que la "manifestación del Espíritu para provecho común" (1 Cor 12,7).10

Puede suceder, -y de hecho se da- que algunas manifestaciones de los carismas se dirijan a una sola persona. Por ejemplo, una profecía.

9. P. Chiavonc, "II Proyetto del Padre", Editrice Rogate, Roma, 1980, 10 : 10. D. Mollar, "La Palabra y el Espíritu", 66-67

También aquí se puede afirmar lo que L. Volken dice respecto de las revelaciones estrictamente privadas: "Esto (que haya revelaciones estrictamente privadas), en el sentido de que una revelación puede dirigirse a una sola persona para su bien propio. Y puede suceder que nadie más que ella tenga noticia de tal revelación. Sin embargo, la conversión o el progreso espiritual suscitado en ella por la revelación, repercute también en toda la Iglesia, a veces mediante los movimientos apostólicos promovidos por esa persona y siempre, al menos, por la oración y el sacrificio. Y si un alma que se eleva, eleva al mundo, eleva más directamente a la Iglesia".5

In document Business Analysis Body of Knowledge (Page 188-195)

Related documents