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CHAPTER 3 GRADUATE ATTRIBUTES IN TVET COLLEGES AND THE

4.10. TECHNIQUES USED FOR DATA ANALYSIS

El grupo de hombres más jóvenes tiene claro lo que significa una agresión sexual hacia una mujer, y diferencia perfectamente los distintos tipos de agresión sexual: una mirada obscena, un insulto, un chantaje, insistencia a no usar medidas anticonceptivas en las re- laciones sexuales, tocamientos. También tienen claro que insistir cuando la chica les ha re- chazado puede considerarse una agresión, pero no creen que puedan calificarse como tal sus «avances» físicos o verbales, a pesar de que no les hayan sido solicitados. Estas conductas son integradas en «lo permitido dentro del tonteo» para iniciar una relación: «El simple hecho de tocarle el culo a una chavala, si la chica está dispuesta y te lo permite no, pero si te rechaza es una agresión sexual» (G. chicos 2).

Lo que las chicas llaman «baboseo» e identifican como parte de lo que les molesta en el es- pacio de ocio, ellos lo justifican como parte de las conductas de galanteo que contribuyen a explicitar sus deseos de avanzar en el ligue.

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Luego están los tocamientos de culo en las verbenas que yo considero que no son agresio- nes. Lo hacen las chicas, también. No son bonitos, tampoco, pero… No son agresiones por- que no se hacen con mala intención, yo creo, sino para llamar la atención de la otra o el otro (G. chicos 2).

El acuerdo es total en señalar que la noche y la fiesta son los contextos más propicios para que ocurran las agresiones, contextos que ellos conocen muy bien, donde se mueven con frecuencia porque forman parte de su realidad como jóvenes. Es por ello que, aunque se muestran muy enfáticos en el rechazo a las agresiones sexuales y no comparten las justifi- caciones que las minimizan, no consideran agresivos sus propios comportamientos a los que ubican como elemento normal del ambiente de fiesta.

Todos los jóvenes afirman haber sido testigos presenciales de agresiones sexuales de di- versa índole a mujeres y, si bien teóricamente muestran una actitud tajante de rechazo, re- conocen que en la práctica no se posicionan demasiado y, sobre todo, que su rechazo es mostrado desde el silencio, sin intervenir. Ellos mismos admiten que, en ocasiones, se con- vierten en espectadores pasivos del suceso. Asumen que el alcohol forma parte del escena- rio festivo pero no están de acuerdo en señalarlo como causa de las agresiones, en todo caso, lo consideran un elemento que desinhibe y permite justificar las agresiones sexuales.

— El alcohol en la víctima puede animar al agresor a agredir, porque piensa que al estar borracha, puede aprovecharse de ella.

— … (estando borracho) tienes las mismas ideas pero igual te atreves a hacer cosas que no te atreverías a hacer estando normal.

— Creo que no puedes justificar tu hecho con el haber bebido o no. Yo creo que ya eso significa que tienes un problema en la cabeza: que tienes inferioridad por las mujeres, o algo…

(G. chicos 1)

Los chicos de este grupo opinan que un agresor sexual se siente superior a las mujeres y que carece de problemas mentales (aunque algunos informantes consideran que quien agrede «está mal de la cabeza»). Tienen claro que la edad no incentiva ni obstaculiza el agredir a una mujer, porque ésta es una conducta presente entre los jóvenes y los mayores, aunque sí consideraban que los más jóvenes tienen más riesgo de agredir por la falta de experiencia y educación.

Detrás de un agresor, hay una forma de pensar que infravalora y discrimina a la mujer. Se sienten superiores a ellas y las desprecian (G. chicos 2).

Y si bien al principio del debate hay unanimidad en torno a esta idea, posteriormente apa- recen otras opiniones sobre las causas de las agresiones, por ejemplo, que más que supe- rioridad lo que sienten es inferioridad, que quienes agreden tienen miedo de no ser acep- tados por una chica si se acercan de buenas maneras, o que se trata de psicópatas que pueden llegar a violan repetidamente y matar a sus víctimas. Finalmente, el acuerdo vuelve a instalarse en el grupo cuando reconocen que la cultura machista es el caldo de cultivo de las agresiones. Una cultura que impregna no sólo la conducta de los chicos sino también

6. RESULTADOS

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la de las chicas: la educación machista que han recibido muchas de ellas se refleja en sus actitudes y comportamientos, además la sociedad les presiona para vestir de una forma hi- persexualizada y provocadora.

Nosotros vamos más cómodos y ellas más incómodas para aparentar, presumir y que las mi- ren (G. chicos 2).

Las niñas de 14 años salen con faldas más cortas que el cinturón (…) Tú no vas a ir a tocarle el culo, pero sí es verdad que muchas chavalas se ponen esa ropa para atraer a los chicos y luego, llega un momento en que ellas mismas ya no saben cómo actuar. Se les va de las ma- nos. Si le empiezan a tocar el culo quieren seguir pero hasta un cierto punto, y luego no sa- ben parar (los chicos) (G. chicos 2).

No existe acuerdo en la idea de la supuesta vulnerabilidad o mayor riesgo que corren las chicas que visten de manera «sexy». Mientras algunos piensan que es imposible saber lo que sucede en la mente de un agresor sexual y si le influye la manera de vestir de su vícti- ma, otros creen que a aquéllos que tienen la intención de agredir a una mujer, les es indife- rente cómo vista la potencial víctima.

Yo creo que el hecho de llevar una vestimenta u otra no tiene que llevar a agresiones. No te tiene que provocar hasta ese punto… No creo que sea la causa de una agresión (G. chicos 2).

Las que van más sexy vestidas son más vulnerables. Un agresor se fija más en una tía que vis- te sexy (G. chicos 2).

Por otra parte, los chicos de este grupo no ponen en duda que cuando una mujer confiesa (ya sea a sus más allegados, ya sea ante un juzgado) que ha sufrido una agresión sexual, está diciendo la verdad: «Cuando una chica dice que ha sufrido una agresión sexual, es que ha ocurrido. Una chica no se inventaría ese tipo de cosas» (G. chicos 2).

Sin embargo, sí aceptan como probable que las mujeres agredidas en un contexto en el que las conductas de flirteo se consideren normales (ambiente festivo, por ejemplo), tengan más dificultades para explicar la agresión, sobre todo cuando habían establecido previa- mente una relación voluntariamente con el agresor.

Si hay testigos que ven cómo están flirteando un chico y una chica y ambos quieren, y si te di- cen al día siguiente que la han forzado, pues igual te cuesta creerlo, porque tú has visto con- sentimiento en ese momento (G. chicos 2).

Por eso piensan que es más fácil para las chicas denunciar las agresiones sexuales perpe- tradas por desconocidos y/o cuando existe violencia física, ya que en esos casos ellas pue- den sentirse más arropadas por su entorno, apoyadas por sus amigas y creídas.

En conclusión, el grupo de chicos jóvenes muestra un discurso políticamente correcto y se des- marca muy claramente de la violencia sexista, negando que ellos pertenezcan al mismo co-

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lectivo que los agresores sexuales. No obstante, cuando reconocen que la mayor parte de las agresiones suceden en el ambiente en que ellos se mueven (la noche y la fiesta), su discurso desmarcado de la violencia se contradice con los comentarios que hacen sobre las agresio- nes ocurridas en un contexto en el cual se sienten participantes o espectadores pasivos.