La definición de la magnitud de la violencia contra las mujeres es sumamente difícil de establecer, no solo porque la mayoría de las veces ocurre en distintos ámbitos privados, en donde la detección y el relevamiento dependen de la denuncia o comunicación que realicen quienes están inmersos en ella, sino porque también la naturalización de muchas conductas violentas hace que no sean identificadas por las propias mujeres como problemáticas. Por eso, los eventos de violencia que no requieren intervenciones sanitarias (lesiones graves, muerte, patologías psicológicas, etc.) o judiciales (amenazas graves, despidos injustificados, etc.) generalmente no son comunicados a las autoridades, y por tanto no son sumados en las estadísticas oficiales o privadas sobre la violencia contra las mujeres, aunque sería fundamental poder conocerlos para determinar la magnitud y las características del ciclo de la violencia en cada contexto.
Se calcula que en la región solo 5% de las víctimas adultas de violencia sexual denuncian el incidente a la policía. Los principales motivos por los cuales muchas mujeres no denuncian la violencia sexual son: a) estigma, vergüenza y temor a sufrir discriminación, b) temor a represalias del perpetrador, c) sentimientos de culpabilidad, d) complejidad de denunciar el delito, e) falta de apoyo por parte de los organismos responsables de imponer el cumplimiento de la ley que consideran ineficaces o incluso abusivos (Contreras, 2010). Esto explica en gran parte por qué en la literatura reciente la violencia sexual es tratada según sea ejercida en el marco de una relación de pareja (violencia íntima) y la que se ejerce por fuera de esta.
A pesar de las limitaciones para registrar los casos de violencia sexual, LAC cuenta con algunas estadísticas que se basan principalmente en el número de denuncias por hechos delictivos derivados de la violencia contra las mujeres. En los casos de la Argentina, Colombia y Chile, al menos en algunas jurisdicciones locales, el poder judicial registra de manera independiente los casos de violencia doméstica, dentro de los que identifica la violencia sexual en este contexto, y ello permite aproximar algunas cifras sobre su incidencia sin que podamos afirmar números totales del fenómeno.
La mayoría de los países cuentan con un registro individual de las denuncias por delitos sexuales, con excepción de países de Centroamérica y el Caribe, en donde no existe registro de las denuncias policiales por delitos sexuales (CEPAL, 2012).
Perú y Ecuador fueron pioneros en la región cuando incluyeron en la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Endesa) pregunta sobre violencia doméstica, incluyendo la violencia sexual (violencia íntima) en las parejas. Su base en los últimos años se ha utilizado para realizar encuestas locales en Bolivia, Colombia, Haití, Nicaragua, Perú y la República Dominicana (Contreras, 2010). Esto permite aumentar la calidad de cálculo de prevalencia de la violencia sexual y la violencia íntima, en particular respecto de estos países.
Según los datos relevados por la OMS en 2010 (Contreras, et al., 2010), en los países de LAC la violencia íntima tiene una incidencia mucho mayor. La incidencia de violencia sexual en este contexto íntimo aparece relevada en un rango de 5 a 47%, dependiendo del país y la calidad de las fuentes de información disponibles, que se convierten en la principal barrera para caracterizar y entender el fenómeno (Ellsberg, 2005).
En el mundo, de acuerdo con el informe de la OMS sobre violencia sexual perpetrado por compañeros o parejas y por otras personas, 35% de las mujeres han experimentado algún tipo de violencia sexual en sus vidas. De este porcentaje, 85,7% fue perpetrada por la pareja, sean o no convivientes. Este estudio muestra que un tercio de las mujeres que se encontraban en pareja habían sido víctimas de violencia sexual por parte de su pareja actual.
Adicionalmente, se reporta una incidencia directa entre la violencia sexual o física contra las mujeres y el aumento del riesgo de enfermedad (Bianco y Mariño, 2010).
En la Argentina también se refleja esta situación. Un estudio realizado en 2010 por la Fundación para el Estudio y la Investigación de la Mujer, señala que 100% de las mujeres abusadas por sus parejas reportaron problemas graves de salud relacionados (y no relacionados directamente) con la violencia sexual. De ellas, 16% reportó bajo peso de sus hijos o hijas en nacimientos posteriores a eventos de violencia. Además, se calculó un riesgo de someterse a abortos dos veces mayor que las mujeres que no han sido abusadas. En el mundo, 7% de las mujeres han sido asaltadas sexualmente por una persona que no es su pareja (OMS, 2010).
En la Argentina, 1 de cada 5 mujeres en pareja es víctima de violencia por parte de su compañero (Bianco y Mariño, 2010). Según la Dirección Nacional de Política Criminal dependiente del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, en 2007 se reportaron 10.557 delitos contra la integridad sexual, de los cuales 3.276 fueron violaciones. Además, el informe señala que del total de delitos contra la integridad sexual solo 1.347 tuvieron sentencias condenatorias (12,7%).48 El porcentaje de las denuncias (12%49 en 2009 y 14% en 2012) que recibió la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (OVD), que tiene competencia en la Ciudad de Buenos Aires, fueron por violencia sexual perpetradas tanto por parejas actuales como pasadas. De los expedientes abiertos en el fuero penal por hechos recibidos a través de la OVD, durante el primer año de gestión (2009) 9 de cada 10 causas fueron archivadas.50 Para el segundo año de gestión, 3 de cada 10 causas no fueran archivados inmediatamente, y dentro de ese grupo 13% llegó a la elevación a juicio o al dictado de autos de procesamiento, de los cuales solo 0,2% han devenido en condenas.
Finalmente, es interesante traer a colación una encuesta del British Crime Survey que muestra que el delito al que más temen las mujeres es la violación. Las ideas y representaciones de las mujeres respecto a la vivencia de una violación o situación extendida de violencia sexual, inclusive, son diferentes. No obstante, hay ciertos datos relevantes respecto a sus percepciones. Así, de acuerdo con una investigación realizada en Inglaterra, menos de dos tercios (60%) de las mujeres víctimas de violación estaban preparadas para autocalificar su experiencia como “violación”. Alrededor de las tres cuartas partes (70%) de las mujeres que se autocalificaron como víctimas de “un intento de violación” también clasificaron este incidente como
48. Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Dirección Nacional de Política Criminal, Sistema Nacional de Información Criminal: Informe Total País. Argentina, 2007.
49. Corte Suprema de la Nación. Oficina de Violencia Doméstica: Estadísticas de gestión, diciembre de 2012.
50. Corte Suprema de la Nación. Oficina de Violencia Doméstica: Datos más relevantes del primer año de actividades de la Oficina de Violencia Doméstica. Argentina, 2009.
un crimen. Las mujeres que sufrieron abuso sexual, ya sea por su pareja actual o en una cita, son menos propensas a identificarse como víctimas de un crimen (Myhill y Allen, 2002)51.