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COLLISIONS AT THE INTERSECTION – PROCEDURAL, PRACTICAL AND CONSTITUTIONAL CONCERNS

2 From Text to Context

Siendo posible interpretar al ser humano como procesador de informa- ción, ¿en dónde radica la diferencia con los computadores digitales para que en el primer caso podamos hablar de mentes y en el segundo no? ¿No sería posible encontrar algún modo de equivalencia funcional entre mente y máquina, que permitiese hablar de ‘inteligencia artificial’, sin que este térmi- no comportase sólo una metáfora? Hemos visto poner como condiciones para esa equivalencia tanto el test de Turing como el paralelismo entre el soft-

ware de la máquina y los procesos de la mente humana. ¿Son estas condicio-

nes suficientes para poder confiar en la emergencia futura de inteligencia arti- ficial? ¿En nada resulta relevante la diferencia entre el cerebro y el hardware

Axioma 1. Los programas informáticos son formales (sintácticos). Axioma 2. La mente humana posee contenidos mentales (semánticos).

Axioma 3. La sintaxis, por sí misma, no es constitutiva ni suficiente para la semántica. Conclusión 1. Los programas ni son constitutivos de mentes ni suficientes para ellas.

de la computadora? Hemos visto también que Searle rechaza la suficiencia de tales condiciones, porque, aun cuando se salven ambas con éxito, la diferen- cia está en que mientras el cerebro procesa información comprendiendo, la computadora procesa sin comprender lo que hace. Pero hay otra línea de crí- tica a la inteligencia artificial: sostener que, simplemente, alguna de las con- diciones antedichas, aunque sobre el papel sea correcta, es imposible de ser cumplida satisfactoriamente por una computadora, y que, por lo tanto, la equivalencia funcional a la que se aspira no llegará a alcanzarse nunca; que cerebro y máquina tienen características funcionales irremediablemente dis- tintas. También esta línea de crítica fue tomada en consideración por Allan Turing (1950), quien precisamente la denominó argumento matemático; pero el filósofo que ha intentado convertirla en una refutación rigurosa de la inte- ligencia artificial es J. R. Lucas (1964). La base de esta crítica es un famoso teorema matemático: el teorema de la incompletud, o teorema de Gödel, y mediante el mismo Lucas cree posible demostrar la invalidez de toda expli- cación mecanicista de los procesos mentales.

Expresado de forma muy poco técnica, el teorema de incompletud demuestra que determinados sistemas lógicos son, precisamente por su cohe- rencia interna y su poder deductivo, incapaces de demostrar la verdad de algunas fórmulas que, sin embargo, son verdaderas a los ojos del matemático que trabaja con esos sistemas. Como afirma Hofstadter (1987, 21), «lo que demostró Gödel fue que la demostrabilidad es un concepto más endeble que la verdad, independientemente del sistema axiomático de que se trate». Ahora bien, basta con tener presente que los programas de las computadoras son sistemas axiomáticos como los analizados por Gödel, para deducir que también ellos sufren las consecuencias del teorema de incompletud, y que, por lo tanto, diseñados para trabajar en un ámbito específico, se encontrarán inevitablemente con algunos enunciados acerca de cuya verdad o falsedad no es posible que se pronuncien. Y, sin embargo —aquí está el punto principal de apoyo de la argumentación de Lucas—, un ser humano sabe que esos enunciados indecidibles en un sistema axiomático son verdaderos. Así pues, parece haber una capacidad de la mente humana que escapa a toda compu- tadora. Con el argumento matemático no se quiere afirmar que el hombre sea más infalible que toda máquina, sino sólo que hombre y máquina son natu- ralezas esencialmente distintas, al menos en aquello a lo que se refiere el teo- rema de incompletud; que mientras que la máquina se encenaga ante la inde- mostrabilidad de determinados teoremas, para el hombre es obvia la verdad de los mismos. «De ello se infiere —concluye Lucas— que ninguna máquina puede ser modelo exacto o adecuado de la mente, y que las mentes son fun- damentalmente distintas a las máquinas.»

El argumento matemático está, al igual que el de la sala china, muy lejos de haber conseguido una aceptación universal. Desde que lo propusiera Lucas ha sido fuente de una larga polémica en la que, a lo largo del tiempo, han intervenido matemáticos como Turing, filósofos como el propio Lucas, expertos en inteligencia artificial como Hofstadter, e incluso físicos de pri- mera línea como Penrose. De hecho, Penrose, a través de obras muy atracti-

11 Cfr. H. L. Dreyfus y S. E. Dreyfus (1988), «Fabricar una mente versus modelar el cere-

bro: la inteligencia artificial se divide de nuevo», en S. R. Graubard (comp.), 1988, 44-45.

vas y llenas de erudición en distintos campos de la ciencia, se ha convertido, en los últimos años, en uno de los principales enemigos de la metáfora como modelo de la mente.

Básicamente, su argumentación viene a generalizar la de Lucas:

1. Las computadoras, en tanto que realizaciones materiales de la máquina de Turing, sólo pueden resolver problemas mediante procedimientos algorítmicos.

2. Existen problemas cuya solución no es posible alcanzarla mediante procedimientos algorítmi- cos (tal es el caso de las fórmulas de Gödel).

3. La mente humana sí es capaz de resolver muchos de estos problemas. 4. Por lo tanto, la mente y las computadoras no son identificables.

A partir de aquí, Penrose (1989) se ha preocupado de investigar las cau- sas que hacen posible que el cerebro disponga de un software capaz de hacer uso de procedimientos no algorítmicos, mientras que a las computadoras parece estarles vedado un programa de tal naturaleza. Como hipótesis, apo- yada en ciertos indicios aparecidos en el estudio del sistema nervioso, propo- ne que la diferencia puede estar en que en el cerebro son significativos, de alguna manera no comprendida bien aún, ciertos fenómenos cuánticos, mien- tras que en las computadoras no lo son.