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3.3. Slowly Changing Dimensions

3.3.2. The Data Verification Module

n la edición de marzo de 1982 de la revista The Atlantic Monthly, James Q. Wilson y George L. Kelling publicaron el artículo ‘Ventanas Rotas’. Los autores relatan que en 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Phillip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color.

Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio.

Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Sin embargo, el experimento en

E

cuestión no finalizó ahí, cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto.

El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?, reflexionan los autores.

No se trata de pobreza, afirman. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo.

Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

En experimentos posteriores, James Q. Wilson y George Kelling desarrollaron la 'teoría de las ventanas rotas', misma que desde un punto de vista criminológico concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito.

Si se cometen ‘pequeñas faltas’ (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.

Los resultados de esta investigación nos dan una pista para el desarrollo personal: un pequeño cambio personal puede ser la chispa que de pie a un cambio mayor.

Cuando nos aqueja el abandono personal o el deterioro en cualquier aspecto de vida o carrera, hay que recordar esta teoría que, en resumen, invita a tomar acción en algo pequeño. Porque una vez que reparaste la ventana es muy posible que pienses: ‘bueno, ya que inicié, ¿por qué no reparar la casa completa?’ En sociedad hemos olvidado algunas sencillas reglas de convivencia, que en realidad es una sola: la regla de oro—no hacer a otros lo que no queremos para nosotros mismos.

En Singapur, doce largos años tuvieron que pasar para que los habitantes de este avanzado país tuvieron acceso legal a los chicles. Y es que la goma de mascar había sido declarada ilegal por el ministro Lee Kuan Yew en 1992, luego de que se indignara por la

cantidad de chicles pegados que tapizaban las calles del país.

En 2004 se levantó dicha ley, pero aún con fuertes restricciones (se necesita ser un usuario registrado, con credencial, para comprar un chicle, que se vende en farmacias).

¿Cómo se llega a un nivel cultural donde el respeto a la ley y el orden existe? La respuesta bien puede estar en la teoría de las ventanas rotas: comenzando a corregir los pequeños detalles, sancionando y señalando las faltas. Un alcalde insólito

Hasta mediados de los noventas Bogotá era una ciudad azotada por violencia, corrupción, vialidades sin ley ni orden, y pandillas de niños de la calle dedicadas al robo, entre otros graves problemas sociales.

Este fue el reto que enfrentó Antanas Mockus, hasta entonces rector de la Universidad Nacional de Colombia, hijo único de inmigrantes lituanos, al ser electo alcalde de Bogotá, Colombia, en 1995.

Las soluciones de Mockus fueron muy poco ortodoxas. Como académico se decidió a convertir su ciudad en un gran experimento social, ‘un salón de clases de 6.5 millones de personas’, en palabras del mismo Mockus. Y los resultados fueron sorprendentes, recuenta María Cristina Caballero, de la gaceta de la Universidad de Harvard.

Implementó la noche de ‘Sólo Mujeres’, días de la semana en que exclusivamente las damas salían a divertirse y los hombres cuidaban a los niños en casa. Esta medida fue para reforzar la imagen de Bogotá como una ciudad segura; si las mujeres podían salir a altas horas de la noche, con operativos apoyados por mujeres policía, psicológicamente se reforzaba el concepto de que Bogotá era segura para todos. Otro aspecto muy interesante fue el de mimos coordinando el tráfico. Si un peatón, por ejemplo, caminaba cuando no debía, el mimo lo seguía, imitando cada movimiento, lo cual usualmente generaba buen humor y un aprendizaje.

Y para el automovilista, ver a un mimo coordinando el tráfico era causa de risas y un cambio de actitud. Los ánimos en las vialidades mejoraron, reemplazando la tensión habitual.

Otro método brillante fue repartir entre los ciudadanos 35 mil tarjetas con la figura de un pulgar. Si alguien hacía algo indebido y era observado por un transeúnte, éste podía sacarle tarjeta con el pulgar hacia abajo, desaprobando el comportamiento. Por otro lado, para premiar las buenas acciones, se podía usar la tarjeta con el pulgar hacia arriba, aprobando y reforzando las buenas conductas.

Otro ejemplo insólito fue la solicitud de Mockus de que los ciudadanos pagaran un 10% adicional de impuestos, de forma voluntaria. ¡Sesenta y tres mil ciudadanos accedieron!

Asimismo, les pidió a los ciudadanos que si encontraban a un taxista honesto, que lo ‘denunciaran’. Ciento cincuenta taxistas fueron identificados y el alcalde organizó una reunión con todos ellos, nombrándolos ‘Caballeros Zebra’, un club apoyado por el alcalde mismo.

Así la ciudad se fue ordenando, con la participación y auto-regulación de los ciudadanos. Mockus fue re-electo, sirviendo por un total de dos períodos.

Ama tu ciudadanía

El de Mockus es un gran ejemplo de cómo resolver grandes problemas, de una forma muy creativa, rompiendo paradigmas. Muestra a un líder que de forma transparente, sincera, conecta con el corazón de los demás, los pone de su lado, con risas, buenas actitudes, buen humor.

La pregunta es: ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros para vivir la cultura de orden y respeto? La respuesta es comenzar por uno mismo resistiendo las inercias. ‘Todo mundo lo hace’ (romper la ley), ‘El que no tranza no avanza’

Si comenzamos por nosotros mismos, por nuestra familia, por nuestra esfera de poder, contagiando con una nueva cultura de legalidad, de orden, de respeto, es posible generar un movimiento de hombres y mujeres comprometidos con un cambio real.

Es comenzar con lo simple: resistirse la tentación de pasar el alto, de circular en sentido

contrario o en doble o triple fila, de estacionarse en lugares reservados, etc., etc.

Ya lo comentamos en el prólogo de esta obra: al sumar todos los cambios se produce un efecto multiplicador.

Hay que resistir la tentación de la cultura egoísta, que no respeta, y que desprecia la ley y el orden.

La vía para lograr un avance real como sociedades es la convivencia armónica, y esta sólo se logra cuando los ciudadanos no necesitemos de tantos policías cuidando cada paso.

La vía del progreso no es sólo cuestión de fuerza, sino de educación. Es un camino largo, pero fructífero.

Tratar a los demás como nos gustaría ser tratados, en todos los sentidos, en todos los escenarios es un camino posible.

Hay que comenzar corrigiendo los pequeños detalles, para luego enfrentar los grandes cambios en materia de orden y respeto. Ama tu ciudadanía con tu ejemplo de orden y respeto.

Nota: al igual que para las otras 32 estrategias, el siguiente es un espacio para compartir tus propuestas, iniciativas y casos de éxito. Creemos un cambio en nuestras ciudades:

Ingresa a www.vdr.me/19 para compartir tu experiencia sobre esta estrategia.

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