5.4 Data Analysis
5.4.1 The General Approach to Analysis
instala una zona silenciosa que habla sin cesar, “como un altavoz que murmura dentro de sí un relato inconfesable” (Cyrulnik, 2011). El sufrimiento se asocia con el silencio y organiza interacciones distintas con los otros.
Un primer intento de acercamiento existe en el consuelo autobiográfico de otro que se parece al herido; ese primer paso permite darle forma verbal a su fractura, liberándose de lo que creía ser. Se convierte en un ser comprendido, hasta con la facultad de ser amado y amar, ser perdonado y perdonar. Cuando el herido se narra no está solo, porque empieza a establecer miles de relaciones que contribuyen a superar la adversidad, antes de eso solo existen fantasmas. (Cyrulnik, 2011)
Para Ricoeur, la trama o intriga, desde una perspectiva aristotélica; se elabora por una acción que transforma las condiciones en la medida en que sean relatadas; la trama o intriga inaugura una historia y pretende por la acción misma que se relata, ser una acción que deshaga el estado de peripéteia, la sucesión de incidentes lamentables. La trama es entonces un conjunto de acontecimientos que se trasforman en una historia, o una historia que se extrae de acontecimientos; convirtiéndose en un proceso que integra, el cual solo se da en la medida en que existe un espectador, lector o escucha que sea: “Receptor vivo de la historia relatada”. (Ricoeur, 2006)
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Pero, ¿Qué sucede cuando el relato sobre el dolor atraviesa por el sentimiento de vergüenza? La resiliencia es un proceso situado sobre la vida misma, la narrativa le otorga a la resiliencia ser testimonio de una vida que se reinterpreta por el relato que se narra, pero al mismo tiempo el relato vuelve a la vida, a una vida interpretada. Si bien es cierto que dentro del proceso estructurante de la trama se necesita de otro que escuche o lea los relatos de nuestras experiencias, en el proceso resiliente, en el relato silencioso, la persona herida no solo es el productor de su relato si no también su lector; al ser compartido de manera abierta le permite seguir siendo autor y lector, de una manera distinta, sobre el dolor.
Antes de adentrarnos a la configuración de ese relato compartido, volvamos a la vergüenza como elemento que, en el proceso hacia la resiliencia, puede ser visibilizado en la capacidad pre- narrativa, descrita por Ricoeur. Una vida es un fenómeno biológico que puede ser interpretado por el relato, la trama de la vida parece estar en sintonía con la acción-sufrimiento, actuar y padecer; siendo en últimas lo que el relato pretende imitar de manera creadora. (Ricoeur, 2006)
Existen unos puntos de apoyo del relato sobre la experiencia, establecidos para el proceso de comprensión. El primero nos refiere a la estructura del actuar y el sufrir de los seres humanos; entendemos lo que significa una acción por la red de expresiones y conceptos existentes que nos hacen pensar en dichas acciones en relación a establecer unos objetivos, circunstancias, proyectos; dicha red es denominada “Semántica de la acción”, la cual encontramos en los relatos, nos familiarizamos con ella, llevándonos a entender las circunstancias de lo cotidiano, pero al mismo tiempo a disponer nuestra voluntad para comprender lo inesperado. (Ricoeur, 2006)
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El segundo apoyo se dispone en la proposición narrativa; la cual se asocia con la compresión práctica, es decir, una acción narrada, es posible ser articulada por la existencia de normas pre- establecidas relacionadas con lo simbólico, con un primer estado de las cosas de manera intima relacionados con interpretes internos de la acción. (Ricoeur,2006)
La prefiguración del relato nacido de la vergüenza, se asocia con lo simbólico de las situaciones, que a su vez están establecidas por la narrativa: “De esta manera, el simbolismo confiere a la acción una primera legibilidad. Hace de la acción un cuasi-texto para el cual los símbolos proporcionan las reglas de significación en función de las cuales una conducta determinada puede ser interpretada”.(Ricoeur, 2006, p.7)
Cualquier representación permite controlar la emoción de la vergüenza, busca entablar una relación íntima a través de la posibilidad de relatar; pero el compartir la emoción se asocia con la angustia o el agrado, dichas sensaciones se relacionan como antes se menciona, con lo simbólico, con las normas preestablecidas de las acciones. (Cyrulnik, 2011)
Así mismo se afirma que:
Pero ¿quién querrá unirse a mi vergüenza? ¿Quién no se sentirá incomodo cuando explique “las trampas sexuales que me tendía mi padre”? Aquel hombre era una autoridad local, apreciado por sus actos humanitarios. Hablaba bien, era bien parecido y colaboraba generosamente con la asistencia social. Le apreciaban mucho. Pero por la noche manipulaba la cerradura de la habitación de su hija para que no pudiera encerrarse, o bien hacia ver que dormía en su butaca y, cuando ella pasaba a su lado, la tomaba bruscamente. Como explicar estas cosas sin correr el
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riesgo de suscitar incredulidad: “conozco a tu padre, sería incapaz de hacer una cosa así. (Cyrulnik, 2011, p.22)
Muchas situaciones asociadas a la acción provocan representaciones que no pueden compartirse. El avergonzado oculta por no incomodar a los que ama, para protegerse a sí mismo, para evitar el rechazo. Esta reacción estructura un discurso extraño donde el herido se ve sometido a la permanente quietud por el no decir; se mantiene a la defensiva de manera constante. (Cyrulnik, 2011)
El tercer apoyo del relato, nos habla de la cualidad pre-narrativa de la experiencia humana. “Gracias a esta cualidad tenemos derecho de hablar de la vida como una historia en estado naciente y, en consecuencia, de la vida como una actividad y una pasión en búsqueda de relato” (Ricoeur, 2006). La vida esta mediatizada por sistemas simbólicos, dentro de dichos sistemas se encuentran los relatos que hemos escuchado sobre situaciones o personas, los cuales hacen manifestar a la vergüenza; pero es por los mismos relatos que dicha emoción puede ser reescrita dándole nacimiento de nuevo a la vida.
El encadenamiento constante de experiencias inesperadas en la cotidianidad, hacen que no siempre estén configuradas de manera absoluta en la narrativa, algunas de ellas si bien la asociamos a relatos pre-establecidos, son experiencias aun no interpretadas y son éstas las que motivan a buscar la comprensión a través del dialogo intersubjetivo, es decir, que otro escuche. (Ricoeur, 2006)
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Si bien es cierto que para Ricoeur, la configuración de lo que se imita de la vida por medio del relato, lo relaciona con el texto escrito y presentado para ser leído, también reconoce que está mediado por lo oral, por los diálogos cotidianos que tenemos con el otro. Para el caso de la resiliencia, dicha configuración se ubica cuando el herido rompe con la vergüenza y se atreve a quebrar el silencio de la herida para mostrarse frente a otro. Es allí, donde la experiencia del dolor se reescribe y se le da continuidad al relato, encaminado a la comprensión de lo adverso y a la acción de una “nueva” vida. “La vida solamente se comprende a través de las historias que narramos sobre ella, resulta que una vida examinada, en el sentido que tomamos de Sócrates al comienzo de este trabajo, es una vida narrada”.(Ricoeur, 2006, p.8)
La vergüenza es una emoción que se acompaña de una memoria que juega con el ahora, ella hace volver a las circunstancias adversas sin ser necesario, pues en algunos casos se ha visto que el actual escenario del herido, lo invita a establecerse de una forma distinta, a compartirse a modificar sus sentimientos y es allí, donde nace la necesidad de configurar nuestro relato a través de los oídos del otro, de una nueva lectura, y entonces la vergüenza se transforma…”cuando la invitación a compartir calma su emoción y cuando el medio cultural permite modificar el sentimiento provocado por la representación de la herida, la vergüenza se metamorfosea”. (Cyrulnik, 2011, p.24)
La vergüenza es “una tumba silenciosa donde se agitan los fantasmas”(Cyrulnik, 2011, p.84); un relato a boca cerrada que se articula con los interpretes internos de la acción, lo simbólico preestablecido que imita al temor. Es por ello que la narrativa atraviesa el proceso resiliente, posibilitando la ruptura del estado de rumiación, para que la vergüenza pueda ser liberada
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modificando el alma de los otros, nos damos la libertad de relatar el dolor buscando en quien apoyarse o a quien contarle el significado que guarda el silencio del sufrimiento, sobre una herida causada por nosotros mismos; o quizás por otros. (Cyrulnik, 2011)
El proceso de liberar la vergüenza, corresponde a una “reestructuración cognitiva” (Cyrulnik, 2011) que, tal y como la planea Bruner, establece a la narrativa como la forma en la que se modela el mundo y a su vez las mentes que intentan darle significado. La narrativa le impone una forma al mundo, permitiéndole al ser humano establecer unos modelos para su comprensión, incluso la comprensión de sí mismo. Dicho proceso de reestructuración, es una remodelación de la representación de nosotros mismos, que evoluciona por los relatos y de las relaciones que establecemos por este (Cyrulnik, 2011). De esta manera Cyrulnik (2011) afirma que:
“Cuando hago el esfuerzo de verbalizar la tragedia que me ha humillado y confió mis palabras al amigo perfecto, me sorprende sentirme mejor. Sosegado, porque he compartido mi mundo íntimo, reforzado, porque he creado algo con mi herida. Ya no estoy solo en el mundo porque habéis leído, habéis reído, habéis criticado. Me siento menos expulsado de la humanidad (algo inquieto, no obstante, porque no sé lo que harán los otros con mis confidencias)”. (p.90)
La remodelación también modifica mis emociones, otorgándole al fin una estructura “razonable”, o diríamos aquí; interpretativa, modificando la manera de comprender y actuar en el ahora. Se es otra persona, en proceso de liberarse de la herida y volver a sí mismo, a ser dueño de su propia historia.
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3.2.2 Segundo momento: Un encuentro con la metamorfosis. Existe un segundo relato donde