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The Instantiation Operator

I.7 Program Relations

I.8.2 The Instantiation Operator

pasión, pero fueron a tal extremo para pa-

rar con la creación de la pornografía que

pensaban que las mujeres estarían mejor

sin el porno porque obviamente estaban

forzadas a hacerlo, en contra de su volun-

tad. Nadie nos preguntó a nosotras –las

actrices porno– sobre nuestras vidas ni

sobre cómo sentíamos. Pensaban que éra-

mos victimas o putas. ¿Tú crees que en los países sin por-

nografía las mujeres están mejor, que son más libres? No

estaríamos aquí si hubieran ganado las feministas anti-

porno. Había mucho en juego. ¡Pero ganamos nosotras!”.

Annie Sprinkle (Conferencia en el Festival Muestra Marrana), Barcelona, 2011

Si bien el feminismo anti-sexo nunca olvidó la opresión y la violen- cia que conlleva el discurso pornográfico, no pudo ver más allá de eso ni pudo, por lo tanto, utilizar la pornografía como una herramienta a

conquistar. Para ellas, las actrices porno y las mujeres en situación de prostitución eran víctimas que debían ser protegidas por el Estado; por lo cual buscaron el respaldo en las instituciones a fin de conseguir el amparo necesario que pudiera detener la explotación machista. Frente a esta postura, comenzó a alinearse un feminismo disidente que critica- ba esta complicidad de cierto sector del feminismo con las estructuras patriarcales del poder que reprimen y controlan el cuerpo de las mujeres en la sociedad heterosexual. Ellen Willis fue la primera en denominar feminismo Pro-Sexo a la corriente feminista que reivindicó el cuerpo y el placer femeninos como plataformas políticas de resistencia al control y la normalización de la sexualidad.

En paralelo, la reivindicación del trabajo sexual encabezado por las prostitutas feministas nucleadas en el movimiento pro-sex de Estados Unidos abrió el debate dentro del feminismo acerca de la expresión libre de la sexualidad femenina y del desplazamiento que implicaba salir de la victimización tan recurrente en los discursos feministas de la época, críticos de la prostitución y la pornografía. Un grupo de trabajadoras sexuales comenzaron a reivindicar su trabajo, dando cuenta de que la prostitución no sólo es una de las mayores expresiones de vejación, ex- plotación y jerarquización entre hombres y mujeres –tal como expre- saban las feministas anti-sexo– sino que puede ser una elección cons- ciente y voluntaria de una mujer que siente la libertad de hacer con su cuerpo y su sexualidad lo que le dé la gana. Esta postura puso en jaque la representación de la mujer prostituta como víctima del sistema de opresión masculino y dio voz a las trabajadoras que no eran escuchadas, ni siquiera dentro del feminismo que decía representarlas. Lo mismo empezó a suceder dentro de la industria pornográfica, y algunas actrices comenzaron a correrse del lugar de mujer oprimida y explotada para el goce masculino y a experimentar no sólo la exploración de sus propios placeres frente a cámara sino su toma de poder en la producción de con- tenidos sexuales diversos a los propuestos por la pornografía dominante. 3.2 Nuevos feminismos

y la emergencia de las disidencias sexuales

Para la década del 80, el feminismo atravesaba una revisión profunda que comenzó a dividir aguas dentro del movimiento. Si hasta el mo- mento las disputas se daban en torno al feminismo de la igualdad frente

al feminismo de la diferencia,13 la fractura se hizo inminente a partir de

los cuestionamientos que surgieron en torno a los conceptos de “mujer” e “identidad” que hasta entonces se defendían. El término “género”, pensado como una construcción social, permitió cuestionar la identidad femenina como algo neutral y universal, tal como se podía leer en los sustentos del movimiento feminista. Dicho sujeto político construido desde el feminismo clásico dejaba afuera a muchas mujeres. En con- secuencia, surgieron debates encabezados por estas otras mujeres que entendían que la identidad “mujer” –y, por lo tanto, las problemáticas que atañen al colectivo – se cruza con la raza, la clase social, las religio- nes, las expresiones sexuales, etc. Denunciaron y atacaron el modelo de mujer blanca, anglosajona, de clase media, heterosexual y académica, por ser totalmente excluyente. La nueva ola posfeminista comenzó a replegarse por Europa y otras ciudades de Estados Unidos; los grupos de lesbianas, sadomasoquistas, seropositivos y mujeres afro-americanas se acercaron entre sí formando un movimiento feminista disidente que ampliara la categoría de mujer, que hasta entonces proclamaba el femi- nismo, y que contemplara el cruce entre género, clase y raza. Emergía, entonces, un nuevo sujeto feminista consciente de los entrecruzamien- tos entre múltiples sistemas de opresión y exclusión, haciendo base en la legitimación de las particularidades y las diferencias.

Unos años más adelante, el movimiento queer en Estados Unidos implicó un desprendimiento activista respecto a las luchas que venía lle- vando a cabo el movimiento de liberación de gays y lesbianas enfocados en la obtención de igualdad de derechos y la integración en una sociedad a la que no cuestionaban. Aquellos sujetos alejados tanto del modelo heterosexual como del homosexual integrado –blanco, de clase media, sanos– denunciaron que su expulsión o estigmatización se repetía den- tro de los movimientos de liberación sexual. Así es que todos aquellos “raros” que no encajaban en los esquemas socialmente aceptables –como los transexuales, transgénero, intersex, lesbianas butch, sadomasoquistas, drag queen y drag kings, seropositivos, no blancos– rechazaron toda ca- tegorización vinculada a la normalización en el sistema heterocentrado (mujer/hombre pero también gay/lesbiana) y reivindicaron su posición marginal apropiándose del insulto queer y convirtiéndolo en el nombre que los representaría como sujetos políticos dentro de la escena pública.

Desde el activismo queer se denunciará que no existe base natural sexo- genérica que pueda normalizar el comportamiento de los cuerpos y la identidad de los sujetos, adhiriendo a una postura respecto al sexo y al género como construcción y como elección propia.

El posporno ha conseguido que el feminismo