CHAPTER 3 RESEARCH METHODOLOGY
3.3 The interpretive paradigm
b-25. C ada in id ad que ?n en su fe El pueblo, 1 com enzar un m u n d o que habla familia y a undo. Una istoria uti- t" o día de rigen pro- es aquí la a creación asticidad. cultura de . M ientras babilonios
Israel, sin em bargo, experim enta constantem ente en su historia que el dom inio de Dios no tiene lím ites, ay u d a n d o a Israel y a cada uno de los creyentes, p orque es el Señor de todos los pueblos, del universo entero. La creación es el com ienzo de u na historia de amor, orien tada hacia u n a plenitud, cuyo centro es Jesucristo.
Dios
c o n s e r v a y c u id a e l m u n d oLa experiencia de Israel no coincide con la visión de u n Dios cread or que tras su obra qued a ausente en la historia. Por el contrario, la Escritura afirm a q u e el Dios, en quien radica el ori gen de todo, se ocupa de la conservación p erm anente del m u n d o que llam ó a la existencia:
"Todos, Señor, están pendientes de ti, y esperas que les des la comida a su tiempo. Tús e l a das y ellos la toman, abres tu mano y quedan saciados. Mas si ocultas tu rostro, se estremecen; si retiras tu soplo, expiran y vuelven al polvo. Envías tu espíritu, los creas, y renuevas la faz de la tierra."
(Sal 104 (103),27-30)
"¿Cómo subsistiría algo si tú no lo quisieras? ¿Cómo permanecería si tú no lo hubieras creado?"
(Sab 11,25)
En la conservación d el m undo, el hecho de la creación se renueva siempre: D ios todo lo cuida, lo armoniza y lo abarca. Y si D ios cuida del m undo, tam bién es el que guarda la vida de todos y cada uno de los hom bres.
Para la Biblia, la realid ad en su conjunto, la historia de la h u m an id a d , no tiene u n destino ciego. D ios se preocupa y cuida de los hom bres y esta guía personal de Dios se expresa a través de diversas figuras bíblicas: José, Moisés, Tobías, así com o en diversos salm os (24 [23],8:140 [139], etc.)
Pero es Jesús el que atestigu a continuam ente que su vida, sus obras y su m uerte están por entero bajo la v o lun tad del Padre, p o r lo que es capaz d e decir:
"Así que no os inquietéis diciendo: ¿qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestire mos? Esas son las cosas por las que se preocupan los paganos. Ya sabe vuestro Padre celestial que las necesitáis. Buscad ante todo el Reino de Dios y lo que es propio de él, y Dios os dará lo demás."
(Mt 6,31-33) Con estas palabras no se nos invita a u n optim ism o ingenuo, al contrario, se nos dice: haz de D ios y de la p reocupación p o r su Reino el contenido de tu vida y contribuirás entonces a cambiar el m undo. En la m ed id a en q ue u n a person a se ab an d o n a a la voluntad de D ios y lucha p o r transfo rm ar su vida, cam bia tam bién su destino. El hom bre que hace del querer de Dios su propio querer, experim enta que los hechos y las cosas dejan de ser extraños para él, percibiéndolos com o cau sad os p o r Dios de u n m o do singular.
2. Dios, c r e a d o r d e l h o m b r e
E
l h o m b r e, CRIATURA d eDios (G
e n2 ,4
b-2 5 )
El segundo de los relatos de la creación (Gen 2,4b-25), d e origen yahvista *, nos cuenta cóm o el hom bre salió de las m anos de Dios.
"Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz un hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente."
(Gen 2,7) El au to r de este relato explica la creación com o si Dios fuera u n alfarero, u n a im agen com ún en aquel tiem po y utilizad a tam bién po r Jerem ías (Jer 18,1-11).
Por otra parte, la experiencia dice que los hom bres al m orir exhalan el últim o aliento que les m antiene en vida; el com positor de esta tradición une barro y aliento p ara n a rra r la crea ción del hom bre. Así, de esta m anera explica q u e el hom bre es aliento y barro, una pieza q ue no p u e d e rom p erse ni separarse.
N o p odem os hablar del alm a y del cuerp o com o dos cosas separadas, sino que el ser hum a
no es u n espíritu encarnado o una carne espiritualizada, en la u n id a d de su ser personal.
El hom bre no tiene cu erpo y espíritu, sino que es cu erp o y espíritu.
Al recoger el barro, D io s recoge todo el ser y la vida de la tierra que ya era crea ción suya, enriqueciéndola con su aliento, lo más profundo de Él m ism o. Por eso, el hom bre ocupará el centro del universo, siendo la tierra escenario y plataforma de su vida y su cam ino.
I
L a c r e a c ió n d e l h o m b r e e n la t r a d i c i ó n y a h v i s t a y s a c e r d o t a l
Yahvista (Gen 2,4b-25) El ser humano, centro de la creación Modelado en barro como varón, e infundido como ser vivo (2,7).
Se le adjudica la mujer como ayuda, previa eliminación de los animales (2,19-24).
Destinado a cultivar y guardar el jardín (2,15). Da nombre a los animales (2,20).
44
Sacerdotal (Gen 1,1-2,4a) El ser humano, culminación de la creación. Creado a imagen de Dios:
Teomorfo (1,26-27)
Creado varón y hembra (1,27).
Para dominar los animales (1,28). Vegetariano (1,29).
JOMBRE
El h o m b r e, i m a g e n d e Di o s ( Ge n 1 ,1 - 2 ,4 )ruenta cóm o
i hálito de
(Gen 2,7) agen com ún
ento que les rrar la crea-
>, una pieza
1 ser huma-
er personal.
En el prim er relato de la creación se considera al hom bre com o su culm inación y cima. El ser h u m an o aparece com o " imagen de Dios", sem ejante a Dios. C on esto, ¿qué se quiere decir?
Parece claro que cu an do el G énesis habla de que el hom bre es im agen de Dios quiere seña lar su parecido con el Creador. Lo que suscita controversia es lo q ue hace al ser h u m an o semejante, im agen de Dios: u nos h an pen sad o que la sem ejanza se encontraba en el aliento, en el espíritu; otros h an creído que la raíz d e esa sem ejanza era su inteligencia.
“ ---
Sin embargo, podem os afirmar que la im agen de D ios en el hom bre se expresa en que el ser hum ano es dueño de sí m ism o, puede entregarse, puede decidir, es capaz de amar.
V --- ... Al igual que su Señor, el hom bre tam bién p u e d e darse; po r lo que Dios se hace presente en la creación a través del h om bre que le representa. Este hom bre, que es d u eñ o de sí m ism o, no p u e d e hacerse esclavo de n ad a de lo que existe en la tierra, sólo es de su Señor, de qu ien es todo.
C uan do el hombre se desliga de D ios es u n esclavo, ya que sólo p u e d e vivir en libertad en com unión con Dios.
La soberanía del hombre sobre todo lo creado es u na soberanía compartida p o r to da la
fam ilia humana: todos h an recibido la capacidad de darse y com partir, po r lo que todos son
iguales. La tarea de la fam ilia humana es llevar a plenitud, som eter y m a n d a r sobre el m undo, a fin de convertirlo en hogar para todos.
E
l d e s t in o d e l h o m b r eAl ser im agen de Dios, el h om bre adquiere su destino. U n destino q u e se establece en tom o a cuatro relaciones: con Dios, con el prójim o, con el m u n d o y consigo m ism o. Pasem os a desarrollarlas brevem ente.
El h o m b r e e s e l s e r e n r e l a c ió n c o n Dio s
Com o acabam os de estudiar, el hom bre es sem ejante a Dios y, por eso m ism o, Dios p u ed e hablar con él y él con Dios. Esta relación con D ios no es algo externo y com plem entario, sino que constituye al h om bre en to da su existencia: toda la vida del hom bre, lo sepa o no, es u n a pregunta y u n a búsqueda de Dios.
Esto constituye su grandeza y dignidad, p ero tam bién la razón de su hum ildad de criatu
ra. A causa de esta tensión sufre la tentación del orgullo, p o r u na parte, y del desaliento y
la desesperación, por otra. Su verd ad era d ig n id ad , sin em bargo, radica en la h u m ild ad y la g randeza de servir a Dios y darle gloria.
Dios creador Dios creador
El h o m b r e v i v e e n r e l a c i ó n c o n l o s d e m á s
El hom bre n o es un ser solitario, sino que "por su íntima naturaleza es un ser social, que no puede
vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás" (GS 12). De aquí tom a sentido
que Dios h aya creado al ho m bre en sociedad, com o varón y com o hembra (Gen 1,27). Los dos, a pesar de sus diferencias, tienen la mism a condición y la m ism a dignidad, encon tran d o su perfección en la solidaridad y la comunicación. La alianza entre el varón y la
mujer es en la Biblia im agen de la Alianza de D ios con los hom bres (cf. Os 1-3; Is 34; Ef 5,21-
33). Su m u tu o am or se convierte en u n servicio a la vida, ya que po r su sexualidad el h om bre p u ed e p articip ar de la creativid ad de Dios. El don de la sexualidad hace que sean p er sonas distintas pero com plem entarias y que viviendo en com unión esa vida co m partida se prolo ngu e en los hijos.
El d o m i n io d e l h o m b r e s o b r e e l m u n d o
En el libro del G énesis se dice que el hombre dio nom bre a las cosas y anim ales q u e exis ten, reconociéndolos en lo que son y expresando así su dom inio (Gen 2,1.9-20).
Pero este dom inio del h om bre sobre la n aturaleza no significa libertad p a ra explotarla y u ti lizarla de u n a form a arbitraria y egoísta. Las dem ás criatu ras tienen el valor que Dios les ha d ad o y se rigen por sus propias leyes, leyes que el hombre precisa respetar si no quiere des tru ir el m u n d o en el que vive.
El h o m b r e e s t á e n r e l a c ió n c o n s ig o m i s m o
El ser hum ano no sólo tiene u n a dim en sión exterior, sino q u e existe en sí mismo: p u e d e reírse, enfadarse, avergonzarse, sentirse contento o descontento de sí.
Los h om bres no nos conocem os a nosotros m ism os ni a los otros sino cuando sabem os lo qu e ocurre en lo m ás íntim o de nu estra alm a, y es en esta interioridad do n d e el hombre
puede percibir a D ios, obedecerle y rechazarle.
El destino personal del hom bre es, por tanto, la unión con D ios, que se realiza en y por Jesucristo.
L
a d ig n id a d d e l h o m b r eLa afirm ación de que el hom bre es im agen y sem ejanza de D ios tiene com o consecuencia que todo hombre tiene ante Dios u n a dignidad. Esta situación de todo hom bre an te Dios fu n d am en ta la d ig n id a d de todo h om bre ante los hom bres.
A quí encontram os la razón últim a de la igualdad de todos los hom bres y del proyecto de fratern id ad p ara la fam ilia hu m an a. La vida del hombre es sagrada e inviolable, p o rq u e en
que no puede orna sentido n 1,27). idad, encon- 1 varón y la Is 34; Ef 5,21- d ad el hom - ue sean per- im partida se
les que exis-
lotarla y uti- 2 Dios les ha ) quiere des- smo: p u ed e sabem os lo ? el hombre ansecuencia •e ante Dios
proyecto de p o rq u e en
el rostro d e cada hom bre hay u n destello de la gloria de Dios (cf Gen 9,6). Dios ha pu esto su mano en cada hom bre, especialm ente en los débiles, p eq ueñ os y pobres, siendo el único Señor de la vida y d e la m uerte.
Por todo lo dicho, el hom bre no puede utilizar nunca a otro hombre com o una cosa; al contrario, tiene que tratarlo com o un ser autónom o y responsable, recono cer su dignidad y su valor y saber respetarse a sí m ism o.