5.4 Research methods
5.4.1 The population of the study
LA PANDEMIA A TRAVÉS DE LA
RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA
HISTÓRICA
Para comprender la capacidad de resistencia de los pueblos originarios a los diferentes conflictos socioeconómicos que enfrentan cotidianamente, muchos de los cuales están asociados a la desigualdad estructural en que se encuentran, se hace necesario explorar la capacidad de estos grupos de tradición mesoamericana para formar redes de cohesión social. Éstas permiten distinguir entre una interacción social y un compromiso de ayuda mutua, en la que todos y todas se sostienen de forma equilibrada.
Reconocemos que para comprender la fortaleza social de sociedades tradicionales que viven en comunidad es preciso observarlos desde su proceso histórico. Las epidemias en la Nueva España en el siglo XVI afectaron enormemente a la población indígena, y existe evidencia arqueológica de cómo pudieron conducirse los pueblos para sobrevivir. Se identificó que, como mecanismo de sobrevivencia, la población abandonaba los grandes centros urbanos, utilizando la dispersión para formar nuevos asentamientos, algunas veces más pequeños. Así, la dispersión y el alejamiento del centro de la infección fue una alter- nativa de sobrevivencia (Descola, 2020).
45
Revista
cis
Los pueblos tradicionales, como mecanismo de prevención a la enfermedad, también recurren a la memoria histórica. Ésta permanece en el actuar cotidiano de forma importante, pues mantiene un conocimiento ancestral sobre la pérdida de la salud. Esto también es ejemplificado por el caso de la quema del Ts’uli ka’ak, señor de fuego, que se realiza en la comunidad maya de Nunkiní, Campeche (De Ángel, 2010). Cuenta la tradición oral de la comunidad que la costumbre comenzó cuando la población no encontraba solución frente al azote de la viruela negra. Al tener la costumbre de fabricar objetos con vida de forma ritual, fue posible realizar un muñeco con la fisonomía de un hacendado o conquistador
(ts’ul) para quemarlo, y terminar así con la epidemia.
Y se dice que así sucedió. De esta forma, cada año se realiza la quema del Ts’uli ka’ak (señor de fuego) para que esta enfermedad no vuelva a presentarse. Tiempo después, aunque en una época más recien- te, se presentó la epidemia del cólera que cobró un gran número de muertes. Entonces, se fabricó la Xunan ka’ak (la mujer de fuego). Es una muñeca con atributos y rasgos de una mujer española, es decir, una persona que llegó de otra ciudad. La quema del muñeco de fuego se realiza cada año para recordar la forma en que esta enfermedad afecta a la población (Orihuela, 2010, p. 187).
Los pueblos originarios son esas sociedades que a lo largo de la historia nos han mostrado que son ellas las que no permiten olvidar que los elementos fundamentales para permanecer son la cohesión social y la solidaridad, además de la reciprocidad. Estos pilares permiten soportar el dolor y afrontar la realidad de la muerte.
La memoria colectiva se transmite por diversos mecanismos sociales, muchas veces rituales, como por ejemplo el k’eex (cambio). A partir de este ritual de cambio se permite recordar y mantener claro que existe la posibilidad de la pérdida, pero también existe la posibilidad de detenerla a partir de dar un elemento ritual. Básicamente, se busca dar para po- der alimentar a los que tienen hambre, y así detener nuevamente la enfermedad. Se evita la enfermedad
restituyendo a los demás lo que les hace falta, y el alimento es elaborado a partir de las prácticas acos- tumbradas. La intención es evitar el hambre de los demás miembros de la sociedad. Esencialmente, se tiene como norma social evitar el olvido de los otros miembros de la población a partir de dar alimento. Establecer cohesión social a partir de un tejido de relaciones horizontales lleva a hacer comunidad. Los pueblos tradicionales van comprendiendo los alcances de la enfermedad con el transcurso de los acontecimientos. La situación más dolorosa de una pandemia es la muerte repentina. El duelo ante la pérdida se asimila lentamente por el dolor e impacto que causa recibir el cuerpo en un ataúd sellado. Es decir, no volver a ver a tu ser querido ni muerto. En el caso de la muerte causada por COVID-19, la gente debe reponerse rápidamente para contener la pro- pagación de la enfermedad y, con ello, del aumento de las muertes. Cuando la enfermedad se presenta en el grupo social se comienzan a generar las estra- tegias para contener y proteger a los integrantes de la comunidad.
En estos casos, la población organizada comunita- riamente genera acciones que pueden contener o mitigar el avance y muerte a través de la solidaridad, la participación colectiva y el apoyo mutuo. En nuestra experiencia de investigación, estos son elementos que fortalecen a una comunidad. Un ejemplo es el caso de la comunidad nahua de Cuentepec, Morelos, que ha sido impactada por la pandemia de Covid-19, y cuyos pobladores al sentirse fuera de la mirada de las autoridades buscan alternativas para la solución de la mortalidad y muestran un espíritu solidario. Las y los jóvenes buscan la manera de alzar la voz por su pueblo, “por su gente”. Se están organizando con sus propios mecanismos haciendo brigadas para conseguir alimento y también apoyando con la limpieza de las calles.
En la situación que se presenta con el COVID-19 no es posible plantear la mitigación de la enfermedad a partir de acciones individuales, la solución está en el consenso social. Se debe actuar individualmente, pero a partir de una protección colectiva, lo que cons-
Resiliencia, convivencia en bienestar y solidaridad colectiva como alternativas para construir comunidad en tiempos de Covid-19. Karla Salazar Serna, Erika Rivero Espinosa y María del Carmen Orihuela Gallardo
46
Revista
cis
ARTÍCULO
tituye a la persona es el sentido colectivo que la hace sentirse parte del grupo social formando redes. La construcción que realiza a través de esta interacción le permite existir como miembro de una sociedad, y sus mecanismos de acción pueden abordarse en las relaciones de reciprocidad o intercambio.