una persona grande.
T: “…ella se me tiró, ella sabía…dime Miguel ¿quién tenía el
poder?.. entiendes.. ¿Quién podía parar lo que pasaba, quién podía detener lo que estaba ocurriendo?…. ¿Quién podía salir de ahí? ….”
M: Yo
T: ¿Quién tenía el poder entonces? M: Yo
T: “ahora en primera persona ... ahora hazte cargo”
M: “..es mi culpa.. yo fui yo las maté al hacerlo y ahora estoy
aquí.. y nada es como antes.
T: “..nada es como antes, ni lo volverá a ser, pero puedes hacer
un cambio para recuperar lo que perdiste al abusar de tu hermana ¿Qué perdiste Miguel? ¿Qué te falta?”
M. “…la confianza, mi mamá ya no confía en mí, no me deja
solo, anda preocupada por la Carla cree que lo volveré a hacer…le he dicho que no pero no me cree”
T “..no basta con decir que no volveré hacer para que todo sea
como antes.. ya no eres un niño Miguel…”
Las narrativas de neutralización no son un descubrimiento reciente ya Sykes y Matza (1957) describieron en delincuentes comunes y estafadores los mecanismos discursivos que permitían realizar sus delitos. Las neutralizaciones operan desde tres dominios: negar la ofensa, negar la víctima, negar las consecuencias de la ofensa. La acción del terapeuta es generar el espacio reflexivo donde estas neutralizaciones emerjan y sean deconstruídas y a través de ello, favorecer una mirada sobre sí mismo para valorar los bienes y valores que le son prioritarios y que se deben buscar de modo pro social.
Un tercer espacio fundamental es poder generar junto con el joven una narrativa de reconocimiento que permita abrir la puerta para el cambio desde una comprensión del daño y la visualización de la víctima y de su dolor.
Jonathan 16 años
T: “…bien Jonathan, hemos estado conversando y hablábamos
hace un tiempo que respetaría tus tiempos para hablar, que es un tema doloroso, decirlo en voz alta es duro uno se escucha y no se convence de lo que escucha…menos si es uno mismo quien lo dice… creo que hoy me querías decir algo ¿verdad?”
J: “… no quiero decirlo, pero lo tengo atravesado y ya me duele
seguir con esto sin hablar claramente uno va conversando, va entendiendo y mientras más entiende más quiere salir.. algo ya te he contado, estoy seguro que ya lo sabes todo..”
T: “Lo que sepa o no sepa no es importante, estamos acá para
que tú me digas lo que pasó”
J: “…sí, chuta que cuesta… yo lo hice, ya lo dije, yo lo hice ..” T: “…qué cosa hiciste, hasta ahí no entiendo mucho..”
J: “…ya, si entendí …decirlo todo ..yo fui yo abusé de la niña de
al lado de la casa, no sé porqué pero lo hice, me da rabia, me da vergüenza pero yo lo hice aunque la niña me saluda, hasta me llama para jugar hasta el día de hoy …la verdad no le pasó nada” T: “…espera ésa son dos cosas diferentes, diste un paso importante al reconocer y estoy orgulloso que lo hayas dado, pero, el abuso es grave siempre por ser abuso, si la niña te saluda o no , si quiere jugar contigo no hace menos grave lo que hiciste”
J: “Es que camina y habla como si nada…pa mí que ni se acuerda”
T: “Eso sería muy bueno para ti, pero no es verdad, los niños se acuerdan, a los niños les duele y si ella con todo lo que vivió te quiere como amigo, no significa que no le hiciste daño ¿o pensabas que debía quedar inválida por el abuso?... a ver.. seguro que no le afectó…cambió alguna de sus cosas que hacía siempre…sus rutinas”
J:”.. no, después de lo que pasó, quedó todo igual”
T: “…de nuevo,.. veamos… qué es eso de “todo lo que pasó” no es la forma de decirlo, tratemos de dar cuenta de los hechos, y eso es que según tú nada cambió después que la abusaste, luego eso de que no cambió,.. según tengo entendido dejó de ir al colegio”
J: Sí
T: “Además la llevaron al médico varias veces, la interrogó una psicóloga, una asistente social … los papás han tenido que ir a tribunales, el trabajo del papá de la niña esté peligrando por las inasistencias, a la niña le cuesta dormir en la noche… ¿no le pasó nada?”
J: mmmm..no lo había pensado..mmm … las cagué verdad? T. Sí
Desde una dimensión más amplia, el trabajar discursos con contenidos de reconocimiento de la conducta agresiva, relatos que incorporen el daño causado a la víctima y manejar o disminuir las narrativas de neutralización van favoreciendo la toma de conciencia de la propia identidad inicial. El efecto del ejercicio de generar una narración organizada en el tiempo y el espacio, con sentido y significado permite abrir las preguntas sobre ¿quién soy? ¿ Cuáles son mis valores o bienes básicos que quiero conservar?. El terapeuta desde GLM, debe esforzarse por ayudar al joven a reconocer las características de su identidad previa a la ofensa y qué bienes sociales trataba de alcanzar de manera inadecuada. Como ya planteábamos con anterioridad ¿Por qué un joven usa la sexualidad abusiva como vía para alcanzar bienes primarios? La respuesta debemos buscarla en las narrativas anteriores a la ofensa que dibujan los valores individuales, estilos de vida y oportunidades del momento. Cristian 17 años
T: “¿Cómo eras en esa época, en el tiempo antes del abuso sexual hacia tu prima María, cómo te describirías?”
C: “… es raro, no me acuerdo bien, no sé cómo decirlo” T: “Revisemos qué dirías de ti en esa época… puedes verte hace un año atrás, puedes contarme cómo te sentías?”
C. “…mmmm .. sólo …pucha que me sentía solo, más botao que un pucho…. Ahora que lo pienso me vino una cosa en la garganta … una molestia y era lo que sentía… me veo hace un año y pensaba que a nadie le importaba.. que nadie me entendía
…que daba lo mismo todo… eso sentía…estaba loco en ese tiempo.. pensaba siempre en tonteras en tener dinero, en mujeres, en sexo y que era bacan …. Pero no hacía nada, estaba ahí marcando el paso no estudiaba, no tenía amigos ni polola ni nada… con mis viejos ni los pescaba…. Pura rabia….”
T “Lo del abuso cómo lo ves desde lo que me cuentas?”
C “…eeeeeeeeeeeehhhh… estaba perdido, sin rumbo, botado y con rabia, lo del abuso no fue por sexo, fantaseé, estaba enojado, y vi una peli en el computador de redporn, el sitio ese que le conté ..estaba caliente, ¿pero sabe qué? , cuando abusé de mi prima no pensaba en sexo o en causarle daño pensaba que se lo hacía igual que en el video pero a mi polola, a mi polola alguien que me quería…. Estaba bien loco…”
Una de las bases de la intervención es poder generar versiones de sí mismo que permita organizar las experiencias, explicar los eventos reemplazando modos de pensar, estilos de vida y falta de oportunidades por modos de llegar a desarrollar un plan de vida más satisfactorio. La mayoría de los jóvenes que agreden sexualmente participan de una mirada de sí mismos monolítica e invariante, lo que muchas veces los lleva a ser incapaces de pensar en cambios. El reconocer que uno mismo presenta un conjunto de patrones de variabilidad dentro del comportamiento estable en diferentes situaciones, nos permite evaluar qué hacemos y cómo podríamos generar estrategias diferentes. La perspectiva monolítica del sí mismo es un importante factor de estrés para el sujeto y limita las posibilidades de rehabilitación. Andrés 16 años
A: “… hice una cosa terrible, soy un monstruo, una bosta, debería poder suicidarme, sólo me quiero morir, no sé porqué lo hice, no sé en qué pensaba ….lo hice y estoy pagando lo que le hice, me deberían encerrar…”
T: “No negaré que lo que hiciste es una conducta que daña gravemente a la otra persona y su familia, lo hemos conversado. Ahora… ¿eres un monstruo?”
A: “…sí a veces pienso que no sé para qué vivo, si sólo traje dolor a mi familia, a mis hermanos y a la niña..”
T: “A ver, menos lástima y revisemos esto con cuidado” A: “…si no es lástima, Yo soy malo, no es otra cosa, soy así, no cambiaré, siempre he sido malo, desde chico he dado problemas “
T: “Estas aquí llorando por lo que eres o por lo que hiciste, no es lo mismo…¿de qué lloras?”
A: “…por todo eso…”
T: “…piensa lo que me dices, porque no lo creo, ¿Por qué lloras, en qué piensas cuando lloras?”
A: “…en lo que hice… es igual…”
T: “No es igual, si lloras por lo que hiciste, lloras por cómo te comportaste, y si es así podemos hacer algo por cambiar, veamos si tienes potencial de cambio, revisemos juntos si hay una chispa de cambio en ti”
A: “…no entiendo…”
T: “…revisemos las excepciones… este abuso pasó hace tres meses…has vuelto abusar de alguien?”
A: “No, jamás”
T: “Ok, o sea no eres un animal que no puede parar, el abuso no es instintivo… lo has podido manejar… ¿Cómo lo has logrado manejar?”
A:”No sé, eeeehhh… cuando se me vienen tonteras a la cabeza pienso en otra cosa… y si ando raro.. me voy a otra parte lejos de los niños”
T: “…bien, te das cuenta que eres capaz de reconocer tus estados corporales y mentales, escuchas los mensajes de tu cuerpo y tu
mente…detectas el riesgo y estás trabajando muy bien para alejarte del riesgo…entiendes, tienes las chispa del cambio… haces cosas para que no vuelva a ocurrir, lo que sucedió no lo puedes borrar pero podemos hacer una nueva vida libre de abusos…una nueva oportunidad con un Andrés diferente, ¿puedes ser distinto? ¿puedes seguir cambiando como lo estás haciendo?”
A: “Sí, creo que sí…”
Una de las principales estrategias de cambio lo constituyen las narrativas de transformación donde se intenta a través de una co construcción de un relato de sí mismo que dé cuenta de un antes y un después de la ofensa sexual realizada. Se utiliza la idea del “antiguo yo” y “el nuevo Yo” para encarnar las ideas de cambio y reflejar en una historia coherente de sí mismo los patrones de transformación vividos. Lo anterior se apoya en la teoría de la desistencia y potenciación de las capacidades autoreflexivas. En el antiguo yo, se instalan los modos de vida, valores y contextos que alejaban a la persona de alcanzar una vida satisfactoria, reconociendo cuáles eran y son los bienes personales y sociales que deseaba alcanzar y cómo tomó estrategias inadecuadas para su obtención. El nuevo yo conlleva un ejercicio autoreflexivo sobre sus capacidades de acción y su contexto, ese conocimiento de sus metas, objetivos y capacidades personales permite planificar medios pro sociales de lograr los bienes deseados, planificar el proceso y adaptarse continuamente al contexto, descubriendo y utilizando estrategias más adaptativas.
Rodrigo 13 años
“.. yo antes, cuando las cosas pasaron era diferente, tan diferente que si había problemas en mi casa yo no hablaba, no decía nada sólo me encerraba en mí mismo, Ud. sabe, en mi casa antes habían peleas siempre, mi mamá y el Michael (padrastro) peleaban siempre, rompía las cosas y muchas veces le pegaba a mi mamá, me daba rabia, quería matarlo, quería hacerle daño, pero a veces me metía y salía golpeado y a veces me iba a la pieza y escuchaba todo en silencio apretaba las manos, me enterraba las uñas en la mano y me imaginaba que lo mataba .. era callado, no veía cómo podían cambiar las cosas.. a la hija del Michel, él le daba todo, yo hasta pasaba hambre y la rabia que sentía por él la empecé a sentir por ella… yo no hablaba me lo guardaba todo, las notas malas, solo, sin amigos y metido en peleas me echaban del colegio…un día me decidí, dañaría lo que él más quiere, él amaba a su hija como yo amo a mi madre ojo por ojo… la violé. ..Hoy puedo ver las cosas tan diferentes, gracias a la ayuda del Trafun, mi mamá lo dejó y si bien a veces va a la casa estamos mejor ahora… he cambiado, no volvería hacer lo mismo nunca más, tengo polola, amigos, soy bueno en el colegio, quiero a mi mama, quiero a mi hermana, quiero a mi familia y quiero luchar para ayudarla a mi mamá y mi hermana, y para eso tengo que estudiar… le he pedido perdón, y me perdonó, no sé si yo me he perdonado completamente, pero de verdad soy diferente me miro para atrás y ése no era yo, ése era otra persona, una persona consumida…éste soy yo, éste es el verdadero yo… éste es el que siempre quería ser, me quieren, peleamos a veces, me choreo con mi mamá... pero nos queremos y eso es lo más importante…quiero ser asistente social y ayudar a la gente…”
Lo anterior nos lleva al núcleo del modelo de tratamiento GLM, a saber, el proceso de rehabilitación debe estar dirigido a los diferentes agentes de la ecología social de la persona y no
exclusivamente a las necesidades criminógenas. La noción de necesidades criminógenas ocupa ahora una nueva conceptualización al ser consideradas y valoradas como una manera de llegar a comprender las dificultades del sujeto para alcanzar sus satisfacciones primarias y por tanto como un medio para poder evaluar los requerimientos sociales que deben considerarse para aportar a las nuevas narrativas personales de cambio. Desde la perspectiva GLM, el terapeuta opera continuamente desde una visión ecológica del sujeto reconociendo que la identidad emerge de la interacción de la persona con el entorno social. Por ende, la acción terapéutica se centra en entregar al individuo los recursos personales y sociales que le permitan construir sus proyectos personales con éxito.
Conclusiones
Para el GLM, la rehabilitación con jóvenes que agreden sexualmente está asociada a un proceso de adaptación de su identidad narrativa que pasa desde la explicación de la conducta por variables externas (responsabilizando a la víctima) a explicaciones que lo involucren a él como principal variable explicativa. Para GLM, no hay marcadas diferencias entre jóvenes que han agredido sexualmente y aquellos que no lo han realizado, en ambos casos las motivaciones por alcanzar una vida satisfactoria accediendo a bienes como la intimidad, la felicidad, la amistad, sentirse valorado en su medio, etc. son similares, la diferencia está en el camino elegido para obtener esos bienes sociales.
Desde el GLM, el proceso de cambio en un joven que agrede sexualmente no ocurre en base a la intervención específica en necesidades criminógenas sino que es el resultado de ver el ecosistema social de la persona e intervenir en éste para que logre dar sustento al cambio, operando como facilitadores y sostenedores de las nuevas versiones de sí mismo que va construyendo. El principio de riesgo del RNR es re interpretado de manera que los factores específicos de riesgo son utilizados para detectar aquellas incoherencias, errores en la planificación de los objetivos o déficit en las estrategias para alcanzar los bienes primarios. Así los factores de riesgo se traducen en experiencias de daño, a mayor riesgo mayo daño ha vivido y los factores específicos de riesgo de reincidencia constituyen indicadores certeros de los tipos de daño vivido. Por ejemplo, la presencia de impulsividad indica que un joven tiene poca capacidad de establecer y alcanzar metas significativas para él, lo que resulta en retrocesos a sus propios intereses y los posibles daños a terceros. Y la presencia de intereses sexuales desviados sugiere que un joven es incapaz de establecer relaciones saludables, de intimidad, ternura y simetría y por lo tanto que tiene dificultades de adaptación.
Para que el cambio tenga lugar es central la actitud de escucha activa del terapeuta que permite valorar los intereses, motivaciones y características del sujeto de manera de usar dichas precondiciones como base de la intervención, convirtiendo al joven en activo constructor de un plan de vida sin abuso. La relación terapéutica se vuelve crucial, colocando en los límites de la relación un espacio de significativo peso en la intervención, así la conducta del terapeuta pondrá una parte importante del horizonte de cambio del sujeto. En el caso de los adolescentes agresores sexuales, la relación terapéutica es una relación de enseñanza/aprendizaje respecto de valores, normas, formas de valorar y comprender el mundo alternativas a su
cosmovisión que lo harán más adaptable a su propio entorno y a construir un plan de vida más satisfactorio y pro social.
Esta perspectiva de intervención, específicamente con jóvenes que agreden sexualmente, constituye una línea novedosa dentro de los desarrollos terapéuticos que hasta el momento se han centrado en el control de los factores de riesgo y minimización de la reincidencia. Las líneas de investigación están en pleno proceso de desarrollo y se están sistematizando los conocimientos y organizando, de modo que sea posible validarlos.
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