Information properties of RO2 (Romania)
H. Indications on financial aspects
A.5. Results detailed Web Search per Member State
A.5.27. The United Kingdom (UK) System characteristics
La fauna coleopterológica del norte de África ha atraído, de siempre, la atención de los entomólogos europeos. No extraña tal predilección por un área exótica, dada su proximidad al viejo continente. Al menos, pueden establecerse cinco puntos de máxima cercanía. El más próximo, entre ambas riberas españolas (Tarifa y Ceuta), es el estrecho de Gibraltar, con apenas 14,4 kilómetros. Melilla sería el siguiente. En orden de distan- cia seguirían las siguientes ínsulas mediterráneas: Sicilia, Cerdeña, archipiélago balear y Creta. Ya en la confluencia euro-turánica, Chipre representa otro punto de confluencia entre las faunas del norte de África y Asia Menor, un enlace con Europa. Otro motivo de atención ha sido la dominación colonial, hasta el pasado siglo, por distintas naciones europeas (Alemania, Bélgica, España, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Italia y Portu- gal).
Por lo que atañe a la zoología, ya desde el siglo XIX son reseñables las expedi- ciones científicas españolas al África hespérica (Hernández-Pacheco et al., 1949)21. Cabe mencionar las exploraciones de Domingo Badía y Leblich (Alí Bey el Abbassi) entre 1801 y 1807, la de Julio Cervera y Francisco Quiroga en 1866, la de Norberto Font y Sagué en 1902, la de Eduardo Hernández-Pacheco y Manuel Martínez de la Escalera en 1934. A partir de 1941 se sucedieron varias más. No es de extrañar si, con el tiempo, contemplamos nuestra larga historia común (Torrecillas Velasco, 2006)22.
Los primeros coleopterólogos de Europa que se adentran en el estudio de la fauna magrebí son alemanes (Reitter, 1892), españoles (Escalera, 1914 y 1925) y aus- triacos (Winkler, 1929). Aunque previo, apenas una década antes de la publicación de la obra de Reitter, nos parece significativo reseñar el viaje cinegético que el Archiduque y Príncipe Heredero al trono del Imperio Austrohúngaro, Rodolfo Francisco Carlos José
21 Según dichos autores: “En la Hesperia africana está comprendida la antigua Mauritania Tingitana, el
país de Yezirat-el-Mogreb (la isla de Occidente), o sea Marruecos, con el Atlas. Comprende también Hesperia, al sur del Atlas, un conjunto territorial atlántico, de marcada individualidad natural, que va adquiriendo características, cada vez más desérticas, hacia el Sur, hasta que pasado el Trópico de Cáncer, el territorio de Tiris es puro desierto”. Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real
Academia, las Hesperǐdes (del griego Εσππερίδες) serían las hijas de Atlas (Marruecos) y Hesperis (penínsulas Ibérica e Itálica).
22 Un buen resumen de las sociedades geográficas españolas que, desde el s. XIX, se ocuparon de la
exploración de África (particularmente de Marruecos, el Sahara y Guinea), puede encontrarse en Darias de las Heras (2002). Merece particular mención el Instituto de Estudio Africanos (1945-1975), dependiente del C.S.I.C.
de Habsburgo, realizó en la primavera de 1879 por Iberia, llegando incluso a Gibraltar y Tánger (Urquijo, 1989). Al príncipe Rodolfo, en busca de rapaces, le acompañaba Al- fredo Edmundo Brehm, un pionero en la zoología y etología que ya conocía el norte de África (Brehm, 1855).
No son desdeñables, sin duda, las aportaciones de otros entomólogos europeos al conocimiento de la escarabeidofauna africana. Así, Bedel (1892) revisa los Scarabaeus paleárticos y Boucomont (1921) los Oniticellini africanos. D’Orbigny (1913 y 1915) se centra, entre otros grupos, en los Onthophagus africanos. Peyerimhoff (1921 y 1945/47) en los Escarabeidos marroquíes.
Con más de quinientas páginas, el catálogo “Los Coleópteros de Marruecos”, de Manuel Martínez de la Escalera y Pérez de Rozas (1914), constituye la obra más ex- tensa y meticulosa de aquellos inicios en el estudio de la fauna coleopterológica del África paleártica. La obra tiene su origen en la expedición organizada por la Comisión de Estudios del noroeste de África de la Sociedad Española de Historia Natural. Esca- lera prospectó bastas áreas: Anatolia (Turquía), los montes Amanus (Siria), Marruecos, Sahara occidental, Guinea Ecuatorial, Fernando Póo, Nigeria, Liberia e Islas Canarias (López-Colón y Baena, 2005).
Tras las obras de Reitter, Escalera y Winkler, destacan los estudios de otros autores europeos sobre la escarabeidofauna magrebí. Normand (1936 y 1938) estudia los Escarabeidos coprófagos de Túnez, Schatzmayr (1930 y 1946) los de Libia y Egipto, Mateu (1950) los del Ifni y Sahara, Kocher (1958 y 1969) los de Marruecos, Balthasar (1963) los del norte de África, en general, y Alfieri (1976) los de Egipto. En esta tran- sitoria etapa no debemos obviar los trabajos de Petrovitz (1968 y 1971) referidos a los
Glaresis y Anomius (subgénero, este último, de los Aphodius) norteafricanos. Sin olvi-
darnos de Aguesse & Bigot (1979-80) o Dewhurst (1979-80), entre otros. Esta serie de trabajos constituye el grupo precursor de los estudios más actuales.
Mención especial merecen las aportaciones de Anselmo Pardo Alcaide (López- Colón y Baena, 2005), discípulo de Escalera, quien no sólo describió, por lo que se re- fiere a los Scarabaeoidea, tres especies de Glaresis (Pardo Alcaide, 1958), sino que colectó buen número de ejemplares de Escarabeidos.
La atracción que ha ejercido la fauna entomológica africana sobre los europeos ha trascendido, incluso, a ilustres entomólogos menos conocidos. Un ejemplo es Ernst Jünger (Francotte, 1998 y 2000). Desde una juvenil escapada a África (Jünger, 2004), para alistarse en la Legión Extranjera, el autor alemán visitará varias veces el conti- nente. En sus “Pasados los setenta (Radiaciones III)” (1995) describe varias veces sus colectas de Escarabeidos coprófagos, así como el intercambio de material con otros co- legas23.
La primera monografía sobre la superfamilia Scarabaeoidea en el norte de África se debe al Profesor Jacques Baraud (1985). Un volumen de 651 páginas y 212 figuras que abarca tanto a las familias de Laparosticti como a las de Pleurosticti24. In- cluye claves de identificación, descripciones, distribuciones y comentarios. En 1987, el mismo autor reactualiza la monografía. Baraud consultó, entre otras y por ceñirnos a las oficiales, las colecciones del Museo de Historia Natural de París, del Museo de Buda- pest, del Museo de Génova y del Instituto Científico Jerifiano (Rabat): lo que denota la existencia de precedentes registros y campañas. La obra de Baraud, por lo que concierne a los Escarabeidos coprófagos del Magreb, coronaba toda una trayectoria investigadora (1960; 1965a y b; 1970; 1971a y b; 1975; 1978) dedicada a este grupo en este área geo- gráfica.
Paralelamente, se publica la relación de Aphodiidae registrados por Giovanni Dellacasa y Riccardo Pittino en un viaje a Marruecos (1985). Se van publicando nuevas aportaciones, no menos importantes por breves que resulten, entre las que cabe citar: Chavanon (1990), Tauzin (1990), Ávila et al. (1993), Ruiz y Ávila (1993), Ruiz et al. (1993), Ruiz (1995), Chavanon & Bouraada (1996).
Una segunda monografía de relevante importancia aparece en 1998, obra de An- dré Hollande y Jean Thérond, referida a los Aphodiidae del norte de África. Siguiendo el estilo de la de Baraud (1985), en 280 páginas (371 figuras) trata las 151 especies co- nocidas hasta entonces.
23 Véanse, por ejemplo, las págs. 332, 338 y 377 (op. cit.).
24 “Es clásica la división de los Scarabaeidae en dos grandes secciones, antiguas extensas subfamilias:
Laparostictica o Coprophaga, con los estigmas abdominales abiertos en los correspondientes pleuritos y generalmente un régimen alimenticio al que hace referencia su segundo nombre, y Pleurostictica o Melolonthinae (sensu lato), en que al menos los últimos estigmas no están abiertos en los pleuritos y cuyos individuos nada tienen que ver con la coprofagía” (Báguena, 1967).
Recientemente, los entomólogos marroquíes han comenzado a interesarse muy vivamente por la fauna de Escarabeidos coprófagos del reino halauita, irrumpiendo en estudios de índole ecológica. Varios son los estudios referidos a la zona tratada en el presente estudio, el Medio Atlas. En 1995, Benslimane Mohammed Aziz aborda el es- tudio de los Escarabeidos coprófagos en la región de Ifran. Ese mismo año, Belaziz Fa- tima se centra en la región de Fez Saïs. Con la colaboración del prestigioso Jean-Pierre Lumaret, en 1999 Abdellatif Janati-Idrissi y Nasera Kadiri estudian las comunidades coprófagas en seis estaciones de la citada cordillera. Otras zonas del país también son objeto de meticulosos estudios. En 1986, Aouinty Brahim estudia las comunidades coprófagas del Oued Mellah en Mohammedia. Nasera Kadiri, en 1989, estudia los Escarabeidos coprófagos del Marruecos oriental. Janati-Idrissi en el 2000, presenta su tesis doctoral sobre este grupo en el Marruecos central. El Marruecos noroccidental es abordado en el 2006, por su parte, por Said Haloti, Abdellatif Janati-Idrissi, Hassan Chergui y Jean-Pierre Lumaret.
Así pues, en el estado actual de nuestros conocimientos, podemos concluir que la fauna de Escarabeidos coprófagos de Marruecos está razonablemente bien catalogada, al menos en determinadas zonas. Sin embargo, los aspectos ecológicos en que se ven involucradas estas comunidades, recientemente han empezado a estudiarse, como indican Janati-Idrissi et al. (1999). Por ende, excepto en contados estudios (Erroussi et al., 2004; Lumaret, 2007), no se ha abordado el análisis comparativo entre las comunidades coprófagas del Magreb y las de Europa. Esta ausencia de estudios resulta relevantemente significativa en el caso de la Península Ibérica, dada la proximidad geográfica, así como las similitudes orográficas, botánicas o climáticas en- tre ambas riberas.