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5.2 Student teachers’ views of their learning experience

5.2.1 Theme 1: Knowledge and skills developed through the coursework

5.2.1.1 Sub theme 1: Preparedness to teach

TambiŽn llamada Siguel. La letra S constituye un lugar de llegada al sol, al cabo de una atormentada recorrida por el oc- teto. DespuŽs de sufrir el granizo, el dolor y el hielo, todos maestros de vida, un gran s’, gordo y brillante como un sol, nos espera iluminando el final del trayecto. El sol es el œnico que puede derretir el hielo, disolver el granizo y entibiar el al- ma. Como todo proceso, tiene su tiempo y sus aprendizajes.

Sowilo es una gran luz divina, un esplendor que consuela. Su don de llevar luz a las situaciones es siempre un gran ali- vio. De todos modos, cuando Sowilo se presenta desoculta tambiŽn las sombras en que yacen lo negado, lo rechazado por cada uno de nosotros. El efecto, en estos casos, es un darse cuenta que nos lleva a hacernos cargo de lo que hasta ese mo- mento estaba actuando, sin que lo supiŽramos concientemen- te.

Como gran mago que es, Sowilo va convirtiendo el dolor en maestr’a, el granizo en experiencia y la concentraci—n en expansi—n. Es un gran puerto de llegada al centro de uno mis- mo, desde all’ irradia su calidez hacia adentro y hacia fuera y se erige en gran dador de vida, de luz y de color.

Pero si alguien crey— que Sowilo es un puerto definitivo, se equivoca. Se trata solo del final de un ciclo, de un peque–o sol en medio de la inmensidad del universo, un peque–o sol en medio de una eternidad de estrellas, que como Žl brillan en el espacio. Solo es el centro de nuestro sistema solar, insigni- ficante en medio de una inmensidad inconmensurable. All’ es- tamos nosotros, sin saber, sin poder siquiera imaginar lo que sucede m‡s all‡. Solos, con nuestra conciencia de ser luz y parte de una creaci—n infinita. Entonces, tomamos la dimen- si—n de nuestra peque–ez y de nuestra grandeza, y de esa con- ciencia nace un gran s’, que nos remite a una inmensa tarea de hormiguita: nuestro d’a a d’a en la luz.

El Sol que brilla en Sowilo ofrece su centro para ir desha- ciendo rigideces, para recurrir en busca de apoyo, y para mi- rar desde all’ el camino. En su papel de ser justo se relaciona con la pr—xima runa: Tiwaz, el que imparte justicia con su es- pada m‡gica. La nobleza de Sowilo consiste en haber trans- formado el dolor y exponerlo sobre la mesa, mostrarlo y abra- zarlo, con su amor de gran s’. Este descubrimiento que nos revela, se–al‡ndonos los puntos en que podemos apoyarnos, nos permite cambiar lo que se nos ocultaba, y nos deja en con- diciones de afrontar el octeto que sigue, el de las relaciones humanas.

Esta runa pone el broche final al octeto que nos coloca en un lugar de mayor madurez, el de la vida ps’quica o espiritual. Con nuestras alforjas plenas de conciencia, nos dirigimos ha- cia la vida de los v’nculos.

La runa Sowilo no tiene posici—n invertida. En una tirada de Od’n, en la que se extrae una œnica runa, responde a una pregunta puntual: significa un S’ con mayœscula.

Postura corporal

De pie, abrimos las piernas en el ancho de caderas y las fle- xionamos un poco.

Los pies se apoyan solamente en el borde externo. Los bra- zos, se elevan por adelante, ahuec‡ndose, como si rode‡ramos una gran pelota inflable. Todo nuestro cuerpo se moldea sobre esa esfera imaginaria, cubriŽndola flexiblemente con la parte anterior de brazos, t—rax y abdomen, incluyendo la cara inter- na de las piernas.

Observemos la sensaci—n de redondez.

Momento

Barrer. Mover todos mis ÒnoÓ. Si despliego mis Òno po- dr’aÓ, si pongo a prueba mis Òno puedoÓ, mis Òyo no soy as’Ó, mis Òno me van a entenderÓ, mis Òno vale la penaÓ, si los lle- vo al polo opuesto navegando calmosamente, pero segura y confiada a mi propio proceso, si los transformo y consigo ex- ponerlos frente a m’ con la mirada libre de prejuicios, enton- ces avanzo escuchando las se–ales de un afuera que anima mi adentro a seguir dando pasos buscando mover mis ÒnoÓ.

Cuando siento un dŽbil ÒsiÓ, que crece y se va convirtien- do en confianza que voy respirando, nace en m’ una alegr’a autŽntica desde las entra–as con sabor a logro, a desaf’o en tr‡nsito de ser trascendido.

La frecuencia de un ‡ngel me acompa–a.

Entonces, siento que si logro decirle Òs’Ó a mis ÒnoÓ, trans- muto una gran parte de mi destino, de mi pasado y de mi fu- turo; pero sobre todo de mi momento presente.

Mis miedos y mis ÒnoÓ me acompa–an, y yo los acompa- –o a ellos moviŽndolos, elastiz‡ndolos y poniŽndolos a prue- ba a ver quŽ tan ÒnoÓ eran, quŽ tan seguros estaban de su ÒnoÓ.

En esos momentos respiro la confianza, mi coraz—n se ex- pande, y el asombro de m’ retorna, y se presenta el recuerdo de todos los Òs’Ó que le dije a la vidaÉ y a los que ella me res- pondi— como un eco Òs’Ó.

Cuando, en cambio, me aferro al muro aparentemente ina- movible de mis ÒnoÓ, el encierro me limita como un techo que se achica sobre mi cabeza.

Entonces la c‡rcel de mis ÒnoÓ se me hace tan evidente que no puedo hacer otra cosa que verla, y en esa circunstancia busco la forma de liberar mi acci—n.

Trabajosamente avanzando a travŽs y a pesar de mis pre- juicios despuŽs de dar vueltas, decidir la libertad y procurar- la, voy dando peque–os pasos cotidianos simples y ordenado- res. Lo peque–o del d’a a d’a apacigua mi coraz—n. Los cono- cidos movimientos cotidianos enmarcan mi hacer sencillo, como trampol’n para mi hacer conciente.

El ‡ngel y el asombro me siguen acompa–ando, susurr‡n- dome secretos en forma de palabras, de letras y de vibracio- nes apenas sugeridas. Nos frecuentamos en un compromiso renovado y conciente a cada instante infinito.

Permanecemos en el Òs’Ó a pesar de lo que amenaza auto- matizar el movimiento, los ruidos del adentro y del afuera.

Cuando la gran luz me ilumina, y consigo transitarla, vi- venciarla y sostenerla con mi atenci—n amorosa, fluyo tran- quila y confiadamente en mi cauce, apoyada en todos mis Òs’Ó.