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Theme 2: Role of nurses in the implementation of RBF

4.3 THEMES

4.3.2 Theme 2: Role of nurses in the implementation of RBF

A lo largo de su relato, el narrador va desgranando algunos aspectos del consumismo en la RDA, entre ellos, las restricciones en materia de libros, música o programas de televisión y sus formas de sortearlas. Así, la reconstrucción de sus recuerdos refleja una sociedad que cuenta con sus propios métodos para acceder a los productos “capitalistas”, mientras el gobierno se esfuerza por abastecerla con otros.

En la RDA el consumismo estaba regulado por la conocida máxima “Überholen ohne Einzuholen” que Walter Ulbricht pronunció durante el V Congreso del SED en junio de 1958. Según esta idea, la RDA era la encargada de definir las necesidades de los ciudadanos y de satisfacerlas con ayuda de los demás estados hermanados. La difícil situación económica y política de los años sesenta, reforzada por la crisis del petróleo de 1973, dificultó la materialización de esta alternativa socialista del consumismo. Por eso, desde los años cincuenta los ciudadanos de la RDA tuvieron que aprender a utilizar los vacíos que el gobierno les dejaba para satisfacer sus necesidades (Kimmel 2014: 253-254).

Además, desde finales de la Segunda Guerra Mundial, los artículos que llegaban de Occidente estaban dotados de un halo mágico. En las zonas de ocupación occidental, los soldados americanos repartían productos como chocolate, cigarrillos, café o medias en forma de paquetes CARE que los ciudadanos estadounidenses enviaban a sus familiares y conocidos. Frente a estos envíos, desechados por la URSS, las tropas rusas solo podían distribuir pan o sopa. Y mientras a comienzos de los años cincuenta las condiciones de vida en Alemania Occidental ya habían alcanzado los estándares de 1936 gracias al auge económico, en el Este la situación económica era aún crítica187.

Aunque en el discurso oficial del socialismo no existían productos sino mercancías, en la percepción de los ciudadanos de la RDA los productos del Oeste competían con las mercancías del Este. Los canales de difusión en la RDA de estos productos del “capitalismo” eran los Westpakete, las tiendas Intershop y la propia experiencia comercial durante los viajes al Oeste (Gries 2005: 331)188. A ellos cabe añadir las imágenes del consumismo

occidental que llegaban a la RDA a través de la televisión de la RFA, de modo que las mercancías que los comercios socialistas ofrecían se comparaban continuamente con los productos occidentales (Kimmel 2014: 254; Kaminsky 2000: 170).

187 La falta de un apoyo externo como el otorgado por el Plan Marshall, unida al alto coste de las reparaciones a

la URSS, la escasa industrialización y el cese de las relaciones económicas de intercambio internacional dificultaron la recuperación de Alemania Oriental (Kaminsky 2000: 161-162; Kabus 2000: 121-123).

188 Según Eckert (2007: 93), los jubilados de la RDA, a quienes desde 1964 se les permitió viajar a la RFA y a

Berlín Occidental, fueron especialmente importantes en el mantenimiento de las relaciones entre los alemanes orientales y occidentales. Por tanto, es de esperar que también contribuyeran a la creación de una imagen determinada del consumo a ambos lados del Muro.

171 En la descripción de sus recuerdos, el narrador deja entrever la crítica situación del café durante toda la existencia de la RDA. De un modo u otro, el café se presenta como una mercancía escasa y apreciada. Ya en los años sesenta, Tèo le propone al padre que abra una tienda en Vientián especializada en exportar productos típicos del país laosiano a la RDA, como por ejemplo café (DG: 269). Además, el narrador recuerda, no sin cierta envidia, que en la NVA los jóvenes “weichen mit den sanften Gesichtszügen” recibían semanalmente paquetes que contenían, entre otros productos, chocolate y café molido (DG: 56-57). De hecho, en general, el café que se bebía en la NVA era bien distinto. Mientras que la RDA destinaba anualmente 150 millones de divisas en la importación de café y cacao, la población invertía 3,3 mil millones de marcos anuales en el consumo de café. Con el aumento significativo de los precios del café en todo el mundo en 1976 como telón de fondo, y con el objetivo de ahorrar divisas y evitar un mayor endeudamiento, a finales de 1977 el politburó del SED decidió que el mercado del café en la RDA debía adaptarse a la situación internacional (Kaminsky 2000: 172-174; Wolle 2013c: 278-280). Para ello sustituyó uno de los cuatro tipos de café que se ofrecían en el mercado por el nuevo Kaffee-Mix, una mezcla que contenía un menor porcentaje de café189. Estos sustitutos del auténtico café que se

podían adquirir en la RDA parecen haber dejado su impronta en el recuerdo del narrador, pues este recuerda el olor “die vom heißen Wasser überbrühte herbe Mocca-Fix-Melange” que despedía del despacho del oficial de servicio (DG: 74). Pese a estos sucedáneos, los recuerdos del café lo presentan como una bebida con la que se agasajaba a los amigos. Por ejemplo, el abuelo obsequiaba a sus compañeros de trabajo con una taza de Instant-Nescafé del Intershop que preparaba con agua recién salida del calentador (DG: 188).

Precisamente este último recuerdo del café occidental como moneda de intercambio190

refleja la relación de la población de la RDA con los objetos que se podían adquirir. La posesión de bienes escasos dotaba a su propietario de un aura especial que le distinguía del resto, además de facilitarle el mantener las buenas relaciones, tan necesarias en la RDA para satisfacer otros deseos de consumo (Kimmel 2010: 254; Kaminsky 2000: 162). En la reconstrucción del día a día en Thale el narrador constata la importancia de estas buenas

189 El nuevo café Kaffee-Mix contenía un 51% de café molido, un 34% de centeno y cebada, un 5% de achicoria,

trozos desecados de remolacha azucarera y espelta. La medida política supuso un fracaso en el seno de la sociedad de la RDA, no solo porque la nueva mezcla no se adaptaba a las máquinas de café de las empresas, sino sobre todo porque desde un primer momento los trabajadores se sintieron engañados. De hecho, la mezcla de café parecía estar destinada exclusivamente al consumo de los habitantes de la RDA, pues en los hoteles para extranjeros seguían sirviendo café auténtico: “von einem Arbeiter-und Bauern-Staat könne nicht mehr die Rede sein; dem Arbeiter werde nicht einmal mehr eine Tasse Kaffee gegönnt” (Gries 2005: 343). Así, pese a la posterior mejora de la receta y bajada de precio, el Kaffee-Mix no obtuvo acogida (Gries 2005: 341-346).

190 El café importado, además de otros productos llegados del Oeste, eran un medio clandestino pero muy eficaz

para mantener las relaciones con fontaneros, electricistas, fruteros o empleados que trabajaban en la concesión de viviendas y teléfonos y, de este modo, conseguir paliar las consecuencias de la política social y económica de la RDA (Caspar 2009: 42).

172 relaciones con el fontanero (DG: 184) a la hora de reparar el retrete y con la señora Wolf, que trabaja en el supermercado Konsum, cuando se trata de adquirir la compota de ciruela especial (DG: 189) o acceder a los codiciados botes de kétchup (DG: 201). Pero también tras la Wende y siguiendo el consejo de sus padres, el propio narrador acude a lo que él sigue llamando Kommunale Wohnungsverwaltung191 con un ramo de flores para que la

administradora le ayude a encontrar una nueva vivienda:

Weil ich von den Eltern wusste, dass es bei einem Besuch der KWV früher nie geschadet hatte, ein kleines Präsent dabei zu haben, eine Schachtel Pralinen, eine Tüte Mocca-Fix oder einen Zehner für die Kaffeekasse, hatte ich heute eigens einen Strauß gelber Tulpen besorgt, der mir im Warteraum böse Blicke der Mitbewerber einbrachte. Mit den Zeiten schienen sich auch die Spielregeln geändert zu haben. (DG: 317)

Debido a las dificultades económicas, durante los años sesenta se relajaron las medidas que posibilitaban la introducción privada de bienes occidentales en la RDA. Sin embargo, esta liberalización se contraatacó desde el gobierno a través del endurecimiento de castigos como la prohibición de llevar vaqueros o escuchar música occidental. En la vida pública se intentó frenar el consumo de productos occidentales mediante la creación de marcas propias o la producción en la RDA de bienes que más tarde se exportaban a la RFA y se vendían en los comercios del país como Delikat, Exquisit o Intershop192. Sin embargo, estos

esfuerzos resultaron en vano, pues la sociedad continuaba prefiriendo los productos originales fabricados en la RFA (Kaminsky 2000: 171-172; Böske 2000: 226).

Esta absoluta predilección por los productos del Oeste se plasma en los recuerdos del narrador. El ropero de los abuelos puede considerarse como un símbolo del preciado valor de los objetos occidentales para los ciudadanos de la RDA. Además, como se aprecia en la reconstrucción de los recuerdos en torno al ropero, estos bienes que han cruzado las fronteras socialistas no solo forman parte de la memoria familiar al estar vinculados a los recuerdos familiares, sino que se entrelazan en la propia historia de Alemania, dándole continuidad y poniendo en entredicho la cesura histórica marcada por la Segunda Guerra Mundial. Así, el ropero puede considerarse como un testimonio material de los vínculos con

191 El término Kommunale Wohnungsverwaltung que el narrador emplea aquí —pese a que el Estado socialista

ya ha desaparecido— se refiere al Departamento de la Vivienda (Abteilung für Wohnungswirtschaft), entidad situada en los consejos de los distintos distritos municipales de la RDA. Esta institución se encargaba de la distribución y entrega de viviendas en el país socialista. Para ello contaba con la ayuda de las comisiones de vivienda, que controlaban qué derechos tenían los solicitantes a que les fuera adjudicada una vivienda, organizaban las visitas a los inmuebles y rellenaban el formulario de petición de vivienda que debía enviarse al consejo del distrito municipal. Sin embargo, como recuerda el narrador, el solicitante debía perseverar en su empeño para garantizar el éxito de este proceso (Wolle 2013c: 257).

192 Los comercios Exquisit y Delikat, que comenzaron a extenderse por toda la RDA en 1978, vendían a precios

exorbitantes tanto mercancías importadas de países que no pertenecían a la URSS como productos de la RDA. Mientras Exquisit y Delikat, especializados en moda y viandas exquisitas respectivamente, estaban dirigidos a cualquier cliente dispuesto a pagar precios elevados, las tiendas Intershop solamente vendían sus productos a aquellos ciudadanos de la RDA que disponían de marcos occidentales y, a partir de 1979, de divisas convertibles (Wolle 2013c: 277-278; Ruban 2004: 242).

173 el pasado de una Alemania nacionalsocialista que pudo tener cualquier familia en la RDA. Por tanto, este recuerdo desestima la idea socialista de un país que, con su fundación, marcaba una nueva era desligada del pasado nazi.

El primer objeto del ropero que se menciona es la chaqueta de cuero que lleva puesta el narrador. La pandilla de jóvenes de Thale se mofa de él por llevar una chaqueta que creen que ha sido comprada en A&V, es decir, en una tienda de segunda mano. El narrador se defiende de esta burla explicando que la prenda es una pieza única que tuvo que ser recortada por temor a que se confundiera con las gabardinas del Servicio de Seguridad del Reichsführer (SD):

Sie war ein Einzelstück, der gekürzte Mantel des Großvaters, der in seiner Langfassung ungute Assoziationen an faschistische Geheimdienste evoziert hatte und vermutlich auch deshalb von der Großmutter im Kleiderschrank nach ganz rechts gehängt worden war. (DG: 177-178) La importancia de que esta prenda no se confunda con otra hecha en la RDA queda patente en las justificaciones del narrador por dotarle de aspectos únicos e intransferibles. Así, la chaqueta no solo cuenta con una historia familiar, sino que es una pieza inconfundible por su forma y su color. Precisamente su color evidencia que la chaqueta ni siquiera se puede adquirir en la RFA en una de las visitas de los jubilados; su valor va más allá del que pueda poseer cualquier objeto occidental, pues está dotada de una connotación de rebeldía: “die Farbe meiner Jacke war ein dunkles, fast schwarzes Grün, ein existenzialistisches Grün sozusagen” (DG: 182). Mediante esta enfatización de la singularidad de una chaqueta cuyo atractivo sobrepasa incluso al de aquellas del Oeste, el narrador parece querer defenderse de las burlas de los jóvenes.

El recuerdo del lugar que ocupaba la chaqueta en el ropero lleva a que el narrador indague en el contenido de este. A través de su descripción queda patente la infinidad de objetos de toda clase que la abuela ha ido almacenando a lo largo de su vida. Este acopio cuidadoso de ropa en desuso, de papel de regalo ya empleado y de documentos revela la frugalidad y dureza de los tiempos de la posguerra que vivió la abuela, “der einzigen Tochter des Gutsknechts, für die es ein unvorstellbarer Aufstieg gewesen war, als Dienstmädchen vom Apotheker in der schlesischen Kreisstadt für Kost und Logis angestellt zu werden” (DG: 177). Pero además sugiere que la difícil situación de abastecimiento de la RDA no ha permitido revocar esta necesidad de almacenar objetos “por si acaso”.

Entre los documentos que alberga el ropero se encuentran los Forumsschecks, así como billetes de marcos de la RDA y de la RFA:

[...] in der [Brieftasche] es außer einem kleinen Stapel nagelneuer Fünfziger- und Hunderterscheine unserer Währung auch einen kleineren mit abgegriffenen gebrauchten DM- Banknoten gab, zu denen Ende der Siebziger, als es normalen Bürgern verboten wurde, mit frei konvertierbarem Bargeld in den Intershops einzukaufen, ein Bündel bunter Forumsschecks hinzukam. (DG: 178)

174 Este pasaje hace alusión a la situación de las divisas y su tráfico en la RDA. Tras la reforma de las divisas en 1948, existían el Deutsche Mark der Deutschen Bundesbank en la RFA y el

Deutsche Mark der Deutschen Notenbank en la RDA, que a partir de 1967 recibió el nombre

de Mark der Deutschen Demokratischen Republik. Como el marco de la RDA no podía cambiarse en divisas más fuertes, el gobierno del país resolvió crear los Valutaläden donde vender mercancías de producción propia y extranjera a cambio de divisas extranjeras y, de este modo, tener acceso a ellas. Estos comercios, en un principio dirigidos a viajeros extranjeros y miembros de las tripulaciones de barcos y aviones, recibieron el nombre de

Intershop a partir de 1965. Conforme fue aumentando la red de Intershops, creció el número

y la variedad de sus clientes, del mismo modo que el acaparamiento de divisas extranjeras —hecho que subrayaba el lucro de estos negocios para el Estado socialista—. A partir de 1974 la legislación de divisas de la RDA se modificó para permitir a sus ciudadanos disponer de forma legal de divisas convertibles como medio de pago. Ya que a partir de ese momento los ciudadanos podían comprar en Intershop, el marco de la RFA cobró aún más importancia en la sociedad de la RDA, como se aprecia en el hecho de que la abuela guarde estos billetes en el armario. Con ello aumentó la importancia de tener familiares en la RFA y, por tanto, disponibilidad de marcos. De hecho, las divisas extranjeras que alberga la abuela en el ropero pertenecen a la cuenta de la caja de ahorros de Hannover que abrieron su madre y hermanos (DG: 179)193. Y, como recuerda el narrador, junto a esos marcos occidentales

están los Forumsschecks, que evidencian el trato diferente que recibirían desde el día 16 de abril de 1979 los compradores extranjeros y los ciudadanos de la RDA en sus visitas al

Intershop. La nueva regulación introducía el Forumsscheck como medio de pago interno no

intercambiable por el cual la población de la RDA podía comprar en los Intershops (Böske 2000: 107; Wolle 2013c: 83). El hecho de que la abuela conserve este cheque específico para los comercios Intershops evidencia el afán de la sociedad de la RDA por tener acceso a los productos importados de Occidente.

El narrador parece restarle validez a la idea de los comercios Intershop, Delikat y Exquisit como “Schaufenster des Wohlstandparadieses” en los que el olor de los novísimos envases se entremezclaba con el aroma del café recién molido y el perfume de productos de limpieza, jabones y detergentes194. Es más, al recalcar el perfume hechizante del agua de colonia 4711

193 La procedencia de los marcos occidentales de la abuela permite al narrador desvelar algunos datos

biográficos de su abuela que justifican, por una parte, por qué ella no está de acuerdo con la construcción de la frontera interalemana. Por otra parte, aluden al “milagro económico alemán” de la República Federal de Alemania.

194 El historiador Stefan Wolle expresa esta misma idea (2013c: 80): “Im Intershop dagegen duftete es

überwältigend nach süßlich parfümierten Reinigungsmitteln, Waschpulver und Seifen, untermischt mit dem herben Duft von frisch geröstetem Kaffee und dem aufregenden Geruch der nagelneuen Hochglanz- Werbebroschüren und Verpackung. Diese Verbindung war einmalig und unnachahmlich. Schon die kleinen Kinder in der DDR lernten, dass es zweierlei Sorten Geschäfte gab, in denen man mit unterschiedlichem Geld einkaufen musste”.

175 y de los jabones Fa y Back que se desprendía al cerrar el ropero de su abuela, el narrador relega a un segundo plano el exotismo de los productos que se vendían en estos comercios socialistas (DG: 180).

Esta crítica acentúa aún más el valor de los productos “verdaderamente” occidentales para la sociedad de la RDA. Su aprecio se revela de nuevo en el esmero con el que la abuela guarda las joyas y chales de seda enviados por su familia política laosiana, presentes que, como insinúa el narrador con ironía, no congenian con el ambiente proletario que se respira en la casa de los parientes alemanes (DG: 179). La atención por el cuidado de los productos occidentales alcance quizá su máximo exponente en el hecho de que la abuela peine semanalmente los flecos de una alfombrilla cuya principal función es evitar que se dañe la moqueta traída del Oeste (DG: 190).

Debido a la inflexibilidad de las estructuras de producción y comercio de la RDA, el gobierno no podía garantizar que toda la población pudiera acceder a bienes de consumo duraderos. Por ello, en la mayoría de los casos, los ciudadanos de la RDA debían esperar años para adquirir un automóvil, una televisión, un reproductor de audio portátil o una lavadora, a no ser que los recibieran a través de envíos de la RFA (Kaminsky 2000: 175). Este es el caso del reproductor de música de la marca Sony que la abuela laosiana le regala al narrador o de la bicicleta modelo Fuchsschwanz que el tío del Oeste le envía al amigo René (DG: 141).

Si bien en la RDA se siguieron manteniendo algunas marcas anteriores a la Segunda Guerra Mundial —con el objeto de retomar las relaciones comerciales y garantizar el reconocimiento de la RDA en el mercado internacional—, se crearon muchas marcas nuevas de mercancías para ocupar el vacío que habían dejado los productos capitalistas (Tippach- Schneider 2000: 137-141). De este modo, la relación de la población socialista con los productos quedaba definida por la diferenciación entre las marcas socialistas y las capitalistas. Como ya se indicó, la población de la RDA siempre atribuyó a estas marcas del Oeste una mejor calidad, pues eran más difíciles de conseguir y gozaban de una dimensión ideológica195. Precisamente los escollos para adquirir muchos productos, unidos al control

del consumo en la RDA196, explican por qué la abuela ha desarrollado una capacidad

inventiva extrema a la hora de crear diferentes recetas y reutilizar las sobras de las comidas