SECTION 2: Social-behavioural outcomes at Key Stage 3 (Year 9, age 14)
2.2. Theoretical background to social-behavioural outcomes
Dentro de la relación entre narración y percepción, el gran logro de Gérard Genette en la narratología, fue haber puntualizado la diferencia o distinción entre la voz y la mirada, es decir, entre quien habla o narra y quien ve o mira. Sin embargo, ―quien ve‖ no debe reducirse únicamente a las sensaciones visuales sino que abarca las percepciones de los cinco sentidos (visuales, auditivas, olfativas, táctiles y gustativas), de manera que sería mejor decir: quien percibe. En otras palabras, en el género narrativo hay un focalizador y un narrador pero no siempre concuerdan estas dos instancias en una sola entidad, llámese personaje, autor implicado o ―voz omnisciente‖, como decía la teoría literaria tradicional.
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Así, según ShlomithRimmon-Kenan, ―La historia se presenta en el texto a través de la mediación de algún «prisma», «perspectiva» o «ángulo de visión» verbalizado por el narrador, aunque no sea necesariamente su historia‖ (1988, p.6). El interesante aporte hecho por Rimmon-Kenan, en cuanto al concepto de focalización, es haber determinado que ella tiene tres facetas: ―Me parece, sin embargo, que el término «focalización» no está libre de connotaciones óptico-fotográficas y —como el «punto de vista»— su sentido puramente visual tiene que ser ampliado para incluir orientaciones cognitivas, emotivas e ideológicas‖ (pp.6-8).
Particularmente, nos interesan, en este análisis de REV, los conceptos de Rimmon- Kenan sobre la faceta ideológica, que
referida con frecuencia como «las normas del relato», consiste en un «sistema general de ver el mundo conceptualmente», de acuerdo con lo cual, se evalúan los eventos y los personajes de la historia (Uspensky: 1973, p.8). En el caso más simple, las «normas» se presentan a través de una sencilla perspectiva dominante, transformando así los demás sujetos evaluadores en objetos de evaluación. Dicho de otra manera, la ideología del focalizador-narrador se toma usualmente como autoritaria y todas las demás en el relato son evaluadas desde esta posición superior. En casos más complejos, el único y autoritario focalizador externo lleva a una pluralidad de posiciones cuya validez, en principio, es dudosa. Algunas de estas posiciones pueden confluir en parte o totalmente; otras pueden ser mutuamente opuestas; la acción recíproca entre ellas provoca "una lectura no unitaria o polifónica del relato.‖ (1988, pp.17-18)
Bajtin, por su lado, sin hablar de focalización, se refiere a la ―La posición desde la cual se desarrolla el relato, se constituye la representación o se ofrece la información‖ (1993, p.18), lo cual va a dar, para el autor ruso, la división en narrativa monológica y narrativa polifónica, según que se sienta una sola voz o múltiples voces ideológicas independientes aunque correlacionadas en la narración, así sean realizadas estas ―por medio del autor, del narrador o de uno de los personajes‖ (p.18).
Con base en los anteriores conceptos, miremos primero lo que anota Pineda Botero sobre la relación entre voz y percepción en REV:
En la primera [parte], los hechos aparecen aislados, como destellos luminosos en un fondo oscuro. Son las memorias del niño contadas en tercera persona del singular, por un narrador que solo puede evocar lo más protuberante o significativo de «las cosas en el polvo», es decir, de aquel mundo del pasado. Lo fundamental aquí es la conciencia de fugacidad y la contradicción. En un momento se refiere a un «relámpago de la alegría» que debiera ser «captado y vivido
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con furiosa nitidez» (15)23; en el siguiente, la mente vacila entre el horizonte de ruinas humanas y materiales que ha presenciado y otro lleno de esplendor, evocado en la leyenda (...).‖ (p.148)
Y luego: ―Las narraciones de la segunda parte configuran de manera más puntual los conflictos, las relaciones entre parientes, los amores y los duelos‖ (p.148).
Determinemos seguidamente a quiénes corresponden las voces narrativas en la novela. La mayor parte de los veintitrés capítulos son relatados en tercera persona, por un narrador extra-heterodiegético, en la terminología acuñada por Genette, es decir, una primera voz (englobante o abarcadora) perteneciente a una entidad que no participa en los hechos contados: ―Anselmo, con los ojos fruncidos y los labios despegados, seguía todos los movimientos del forastero‖ (p.12). La narración está en pasado, salvo la primera parte del último capítulo (XXIII, pp.182-187), realizada en presente y referida a la descripción de personajes pertenecientes al paisaje social o contexto pueblerino, cuando el mercader libanés, Salomón Niseli, ejecuta su paseo vespertino acostumbrado por una calle del pueblo hacia la playa: ―Viene de un extremo del mundo y viaja a un extremo de la vida y mira al mar.‖ (p.182, énfasis agregado)
Por su parte, la narración en pretérito asume dos épocas: una, lejana, distante, mediata, vivida por muchos personajes (Celia, sus hijos e hijas), y otra inmediata, que podría corresponder a la edades de nueve y cinco años de Anselmo y Evelia, respectivamente, y al tiempo de disolución y ruina de la casa, tan cercano este tiempo de verano que termina identificándose con las acciones en presente del último capítulo, sobre todo cuando: ―— ¡No, nunca olvidaré esta tarde! —se dice Anselmo, su mano entre la mano de la hermana.‖ (p.187)
Estas voces son mediadoras de distintos focalizadores situados en un abanico múltiple y discontinuo de cinco personajes: Anselmo, Celia, Julia, Berta, Horacio y Valerio. Hablamos en este caso de una focalización dentro de la etapa perceptual (uso de los cinco sentidos) y aún dentro de la faceta sicológica (componente emotivo, fundamentalmente la melancolía).
23 Álvaro Pineda Botero está citando por la edición de Respirando el verano: Medellín, Editorial Universidad
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En cuanto a la faceta ideológica, creemos que esta se corresponde con la mentalidad de un Anselmo ya adulto que mira hacia atrás, en el recuerdo, la antigua casa solariega, posición que, en Celia se pudre, adoptará ―el nieto órfico‖, posiblemente el mismo Anselmo.
Desde ese pasado inmediato, casi presente, los distintos focalizadores traen, mediados por la narración en tercera persona, acontecimientos que van hasta 1871, cuando Celia, de 16 años, en el pueblo de Ovejas, se casa con su tío, el abogado Milciades Domínguez Ahumada. Incluso, los hechos van un poco más allá, quizás hasta 1860, cuando Celia, aún niña, jugaba con muñecas y, sentada en las piernas de su futuro esposo, se entretenía con la leontina.
El otro asunto a mirar son las voces que no corresponden a la tercera persona del narrador extra-héterodiegético. El primer caso es el capítulo XX, narrado por la voz de Celia, no en monólogo interior sino en soliloquio, como ya lo ha demostrado Yolanda Rodríguez Cadena, al documentar la presencia de un escucha o narratario físico, en la idea de que ―el personaje expresa numerosas marcas que nos llevan a pensar en la postulación de un receptor para el cual ella explica, complementa elipsis, justifica comportamientos, plantea opiniones‖. Ahora, la voz de Celia (intra-homodiegética) aparece englobada por la voz continente o de primer orden, lo cual se ve cuando al terminar el soliloquio en primera persona, aparece la voz en tercera: ―En eso [Celia] oyó la voz, angustiada y sollozante [la de Julia] que la llamaba desde el patio. —¡Corre, corre, mamá, Horacio se está muriendo!‖ (p.166)
3.2. LA PALABRA LUMINOSA O TRANSFIGURADA: LA SIGNIFICACIÓN