CHAPTER 1. WHAT IS THIS STUDY ABOUT?
1.8 THEORETICAL PERSPECTIVES
está consagrada en el artículo 19 de la Constitución Nacional”.2 Carlos Nino
opone así el derecho a la autonomía de la persona con el derecho a la intimidad, que sostiene que es una idea variable a lo largo de la historia.
En esa misma jornada, el Dr. Eugenio Zaffaroni manifestó su posición contraria y que mantiene en el presente, también expresada en una acordada de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de agosto de 2009, en la que rechazaba como prueba de identidad un ADN obtenido mediante la extracción compulsiva de sangre: “La extracción compulsiva no me gustaba nada. Por más que fuese un simple pinchazo en un dedo; soy consciente de que cuando se abre una canilla nunca se sabe si se la podrá cerrar y, en materia de limitaciones al poder, esto es particularmente peligroso, y no me cabía duda de que rápidamente se pre- tendería hacer lo mismo con personas acusadas de delitos comunes y de allí se avanzaría a la generalización de la práctica. La toma de muestras no compulsiva, es decir, sin injerencia en el cuerpo de la persona, cambiaba las cosas. De todas formas, quedaba pendiente un problema: yo juez, mal que me pese, representaba a un Estado que había sido el responsable del crimen, que no había hecho nada durante décadas y que aparecía muchos años después para meterse en la vida de la víctima y cambiarle nuevamente su identidad. La víctima ya no era un niño, sino un adulto bien adulto. Pero por otra parte, había una familia que lo había buscado durante décadas, habían muerto abuelos sin saber de sus nietos, otros habían hecho jurar a sus hijos que los seguirían buscando. Es decir, se planteaba un problema humano de intereses contrapuestos. Por eso opiné que la toma de muestras y la identificación no debía tener más efecto que satisfacer el derecho a la verdad y que todo otro efecto quedaba a criterio de la víctima. Puedo estar equivocado, pero este Estado criminal –el Estado siempre es uno y no cambia con los gobiernos ni regímenes– no tenía derecho a más y tampoco podía hacer lo imposible, como restablecer contacto con la familia de sangre, que era una cuestión humana que debían resolver los involucrados. Además tenía cierto temor de que se metiese la Justicia con casos que nada tenían que ver con el ge- nocidio, como falsas adopciones irregulares que hubiesen tenido lugar muchí- simos años antes y que fuesen por completo ajenas a este crimen”.
La Corte Suprema fallaba finalmente en 2009 respecto de una causa de fines de siglo pasado. Se trataba de la llamada “Causa Prieto”, en la que la jueza Servini de Cubría ordenó la extracción compulsiva del joven Gabriel Prieto, que se había negado a extraerse sangre voluntariamente y que se sospechaba había sido apro- piado por un marino retirado que trabajó en la Escuela de Mecánica de la Armada. El joven apeló la resolución, que fue ratificada por la Cámara Federal y luego re- chazada por el superior tribunal del país.
En este fallo la Corte resolvía con claridad aquello que parecía un dilema ético: la identificación a partir de las muestras biológicas no debía tener otro efecto que el conocimiento de la verdad. De este modo, a menos que el joven quisiese accionar contra sus apropiadores, el resultado del estudio del BNDG no podría ser utilizado como prueba en un juicio. La sangre del joven ya no era simultáneamente prueba de la verdad y documento acusatorio.
El caso que probablemente más repercusión ha tenido en relación con la dis- cusión sobre la extracción compulsiva de sangre fue el de Evelyn Bauer Pegoraro.
2. Abuelas de Plaza de Mayo, Filiación, Identidad, Restitución, El bloque editorial, Buenos Aires, 1995, p. 257.
En 1999 fue detenido su apropiador, Policarpo Vázquez, ex suboficial de la Marina, quien declaró que la joven no era su hija biológica. Evelyn se negó a declarar y el debate trascendió a los medios de comunicación. Ella ya sabía que no era hija de quienes la habían criado, y sospechaba, por las propias confesiones de Vázquez, que era hija de desaparecidos. Se negó a la extracción de sangre pedida por la jueza federal Servini de Cubría.
Esto declaró Evelyn al diario La Nación: “Entiendo el sufrimiento de los demás, los veintidós años de búsqueda de mis supuestas abuelas. Voy a aceptar hacerme el análisis de sangre, pero quiero que me eximan de que se use en contra de mi papá”.3Su caso llegó a la Corte Suprema de Justicia, que en 2003 falló rechazando
la extracción compulsiva. Casi una década después, Evelyn conoció su verdadera identidad gracias a la extracción de ADN a partir de elementos que fueron re- cogidos en un allanamiento a su domicilio.
Lo que la Justicia tardó más de diez años en resolver, la decisión de que se pudiera allanar el domicilio de quienes probablemente sean víctimas de apro- piación y supresión de identidad, la ciencia lo resolvió antes. De hecho, fue el BNDG, como parte de una comunidad científica internacional, quien dio la res- puesta a este problema ético en el que identidad e intimidad parecían colisionar. Porque al desarrollar herramientas técnicas que permiten extraer ADN de ma- terial biológico existente en prendas íntimas, cepillos de cabello, cepillos de dientes y otros elementos, dejó fuera del centro la discusión sobre la extracción compulsiva.
Si bien en noviembre de 2009 el Congreso introdujo una modificación en el código procesal penal por el cual habilitó la extracción compulsiva de sangre, esta nunca se realizó en el marco de las causas por identificación de niños apro- piados por la dictadura. El poder legislativo y la Justicia cristalizan en leyes y fallos lo que los científicos desarrollaron y pusieron a punto.
Poner a punto una técnica no es seguir un conjunto de instrucciones de un manual. Supone que el conjunto de profesionales se mantenga actualizado en términos científicos leyendo la literatura técnica, realizando experimentos y participando de congresos, que identifique el problema a resolver, que piense el modo en que se puede aplicar creativamente este nuevo saber a esa resolución, que logre articular técnicas con problemas, que realice pruebas en el laboratorio, contraste los resultados, los valide en el contexto científico y luego pueda apli- carlas a la resolución de aquella cuestión original.
El desarrollo de la ciencia y el trabajo de los profesionales y técnicos del Banco, al resolver con precisión la extracción de ADN a partir de elementos per- sonales de los jóvenes, permitió resolver un problema al que, desde el debate ético, la teoría del derecho, la legislación y la Justicia no podían dar una res- puesta.
La ley 23.511 indicaba en su segundo artículo que una de las funciones del Banco Nacional de Datos Genéticos era “producir informes y dictámenes técnicos y re- alizar pericias genéticas a requerimiento judicial”. Esta decisión estaba basada en que no existía en el país ningún otro laboratorio con capacidades técnico cien- tíficas para realizar estudios genéticos de este tipo, al menos dentro de la órbita del Estado. Tampoco había instituciones privadas capaces de llevarlos a cabo dentro de nuestro territorio, ya que en general los estudios complejos los resolvían enviando las muestras a laboratorios de los Estados Unidos de Norteamérica.
Esta situación cambió con el desarrollo de la tecnología, y en el presente la realidad es muy distinta. Pero por entonces el BNDG no sólo debía responder ante casos judicializados de paternidad, que eran los más comunes, sino ante casos más extraños, que incluso tenían ribetes que claramente alejaban al equipo del trabajo de sus tareas en la identificación de los posibles niños apropiados.
Los Niños de Dios –o La Familia– era una comunidad apocalíptica acusada de fomentar prácticas sexuales extremas, fundada por el estadounidense David Berg. Se ha contado que su crecimiento se produjo cuando comenzó a trabajar con co- munidades hippies, a quienes asistía por el consumo de drogas. Con sermones anti-iglesia y antisistema, eran impulsados por Berg a abandonar familia, amigos y trabajo.
Durante la década de 1970, la organización fue aumentando en cantidad de miembros. El discurso de Berg fue santificado. En la década siguiente, Los Niños de Dios se expandieron por todo el mundo. En 1992 oficialmente empezaron a autodenominarse “La Familia”, con la intención de instaurar la idea de que Los Niños de Dios se habían desintegrado, junto a sus cuestionadas prácticas.
“La Familia” fue investigada en España, Australia, Francia y Argentina. En di- ciembre de 1990 se realizó una denuncia en el Juzgado de Menores de Mercedes, Provincia de Buenos Aires. Se investigaron delitos de violación sexual, estupro, ocultamiento de menores, defraudación, reducción a la servidumbre, privación ilegal de la libertad, falsificación de documentos.
En septiembre de 1993, el juez federal Roberto Marquevich allana diez hogares de La Familia, detiene a 21 adultos y aloja en institutos a la totalidad de menores. De todos los implicados por el juez, 35 personas fueron sometidas a análisis de sangre realizados por el Banco Nacional de Datos Genéticos, con el fin de de- terminar si los niños eran verdaderamente hijos biológicos de los adultos de- tenidos. “El Banco en ese momento colaboraba con la Justicia en otras causas”, cuenta Patricia Paradiso. “Hubo un caso vinculado a una secta que se llamaba ‘Los niños de Dios’ de la que Flor se tiene que acordar”.
“Flor” es Florencia Gagliardi, quien trabaja en el BNDG desde comienzos de la década de 1990. Ella era muy joven y no tenía la experiencia de Paradiso en los casos judiciales más complejos. “Esa mañana bien tempranito nos vinieron a buscar al hospital los agentes de la policía para llevarnos a hacer la toma a los
Los niños de Dios
supuestos implicados en la causa de los Niños de Dios. Cuando llegamos al centro donde estaban detenidos, nosotros planteamos que queríamos que nos acercaran a un lugar separado a los que estaban citados para la toma de muestras y nos dijeron que no, que era más fácil que nosotros accediéramos al lugar donde se encontraban. Estábamos Patricia (Paradiso), Marcelo (Ferder) y yo. Entramos al pasillo que dirigía a las celdas y yo vi que se cerraba la puerta y que la llave quedaba del lado de afuera y el policía dejaba el arma del lado de afuera. Yo, asustada, pensé: ‘¿Cómo? El policía no está armado, ¿quién nos va a defender si pasa algo?’”, relata Gagliardi. “Entramos y en ese momento tuve una sensación rara. Me dio muchísima pena la gente que estaba allí y por otro lado un poco de temor. Cuando todos se acercaron a la reja, al lado del pasillo por el que íbamos caminando, empecé a retroceder, hasta que toqué la pared. Cuando toqué la pared no me acuerdo más nada, y cuando volví a abrir los ojos, no sé cómo Mar- celito, que apenas me llegaba al hombro, me tenía en brazos, y yo estaba viendo el cielo celeste”.
El relato lo completa Paradiso: “A las cuatro de la mañana entró el juez en la comunidad en la que vivían todos juntos, levantó a los adultos que estaban dur- miendo, los puso en un micro y los llevó a un lugar de detención. Levantó a los chiquitos, desde adolescentes hasta bebés, y los llevaron a un albergue para niños. Lo que sospechaban era que los adultos se habían apoderado de los chicos. Era una secta donde la gente hablaba exclusivamente inglés, apenas entendían español. Entonces separan a los adultos de los chicos y nos mandan a Flor y a mí a sacarles sangre a la DDI de San Isidro o alguna de la zona norte. Nos meten a las dos en calabozos. Imaginate que Flor, que es preciosa, era una criatura de 18, 19 años. Una nena para vivir esa situación. Nos meten a las dos en un calabozo con ocho hombres. Yo pensaba en que no le hagan nada a la nena (me salió la madre de adentro). ‘Patri, tengo miedo’, me decía ella. Los detenidos hablaban inglés, con lo cual nadie les entendía nada de lo que decían. Estábamos las dos solas con ocho detenidos”.
Los detenidos eran de origen estadounidense y no hablaban castellano. En el lugar de detención apenas podían entender algunas palabras de lo que decían y nadie prestaba atención a sus demandas, que eran elementales: no querían que se les sacase sangre sin la presencia de un abogado. Paradiso ofició de intérprete y le comunicó al comisario el pedido de quien hablaba en nombre del grupo.
El relato de Paradiso continúa después de que el comisario se hace cargo de la situación. “De allí nos llevan al albergue donde estaban los chicos. Había criaturas desde los 16 años hasta bebés, que estaban en brazos de las hermanitas más grandes. Los chicos se ponen a llorar. Los habían sacado a las cuatro de la mañana de la casa, los tenían separados de sus papás, no entendían el idioma, apenas al- gunos entendían palabritas en español y había que sacarles sangre. Una situación desastrosa, con chicos chiquitos, imposible de intentar organizar la toma de muestras. Entonces un policía me dice: ‘Quédese tranquila que yo me siento arriba y usted le saca sangre’”.
No estaban presentes ni el director del albergue ni autoridad alguna del juzgado. La orden del juez era que el personal del Banco Nacional de Datos Genéticos tomara las muestras, pero no se responsabilizó de que estuvieran dadas las con- diciones necesarias para que pudieran hacerlo. Ante esa situación no se tomaron las muestras. La directora del BNDG, la Dra. Ana María Di Lonardo, se alarmó, ya que la orden judicial era proceder a la extracción y el Banco podía quedar en des- acato. “Yo no le iba a sacar sangre a los chicos con el policía gordo sentado arriba”,
respondió Paradiso, sin considerar las consecuencias posibles. Y continúa: “Un día tocan el timbre en mi casa y era la policía. Miro a mis hijos y les digo: ‘Chicos, despídanse de mamá. Mamá va a ir presa por desacato a la autoridad’. Bajé con la llave, el documento, el chalequito, la carterita. Entonces el policía me da la no- tificación de que había sido designada presidente de mesa para las elecciones. ¡Casi lo beso!”.
La situación se pudo resolver del modo menos traumático posible. El juzgado se comunicó con el BNDG y la Dra. Di Lonardo, tomando en cuenta lo vivido y re- latado por quienes habían estado a cargo del procedimiento, propuso que se hiciera una reunión de los adultos con los niños en el Banco de Datos Genéticos, les cedió su despacho para que conversaran y finalmente se tomaron las muestras sin conflicto alguno.
Por último, se hicieron los estudios y se determinó que los niños eran todos hijos de miembros de la comunidad, algunos de la misma madre pero con distinto padre. Fue una experiencia que permitió delimitar el campo de acción del BNDG. En aquella época solían recibirse casos judiciales de reclamos de paternidad simple, que para la década de 1990 ya comenzaban a resolver con eficacia otros organismos públicos y privados. En los casos de demandas judiciales por filiación privada, el juzgado corría con los gastos de los reactivos, de acuerdo con lo indicado en la ley. En los casos de presentación espontánea, que la ley no mencionaba, el peticionante corría con ese costo. Muchas personas que no habían iniciado causas judiciales por filiación concurrían al BNDG, pues en aquellos años los estudios hechos por laboratorios privados no tenían para los juzgados el mismo valor pro- batorio que los oficiales. De modo que, aun cuando esta situación no estaba le- galmente prevista, existían casos de personas que por su propia voluntad con- currían al BNDG y se sometían al análisis de filiación, sin que mediara una orden judicial.
Estos estudios implicaban destinar horas de trabajo del personal a tareas no vinculadas a la identificación de niños nacidos en cautiverio y el gasto de insumos y reactivos que, dadas la falta de presupuesto y la colisión de responsabilidades entre el gobierno nacional y el municipal, eran difíciles de reponer.
Las medidas tomadas durante los gobier- nos de Carlos Saúl Menem determinaron importantes cambios en la Argentina. Es- tas decisiones no se reflejaron solamente en el ámbito económico –con la ley de con- vertibilidad sancionada en marzo de 1991–, sino también por una tendencia a banalizar las discusiones políticas y en- friar así los reclamos por los derechos hu- manos. Los indultos a los militares, de- cretados en los años 1989 y 1990, demos- traron la intencionalidad del Gobierno por callar los conflictos en torno al terro- rismo de Estado y las condenas a las Jun- tas Militares.
Durante estos años, la aparición del Banco Nacional de Datos Genéticos en los me- dios fue marginal. Se lo mencionó circuns- tancialmente en las notas sobre nuevas identificaciones, sin mayor información. También se redujo en forma considerable la cantidad de publicaciones relacionadas a las restituciones, y sumado a eso, esta etapa devela un mayor porcentaje de no- ticias en las que se omite nombrar al BNDG en hechos en los que tenía un im- portante papel. Las notas que se le dedi- can al organismo son, en su mayoría, de carácter descriptivo, y se sostienen en in- formación técnica referida a los análisis realizados.
Sin embargo, algunos hechos concretos fortalecieron la imagen de las Abuelas y la presencia del Banco Nacional de Datos Genéticos en los medios de comunicación. Las detenciones de Jorge Rafael Videla y Emilio Massera por la causa de apropia- ción de bebés; las detenciones de la par- tera Justina Cáceres, por el robo de Evelyn Bauer Pegoraro, y de Jorge “El Tigre” Acosta, quien confirmó que hubo partos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), fueron algunos de estos aconte- cimientos determinantes en esta etapa.
En el marco de la detención de Jorge Videla por la causa de robo de bebés, el diario La
Nación informaba: “Hubo un organismo
que jugó un papel clave: el Banco Nacional de Datos Genéticos, que permitió que más de treinta niños fueran identificados y co- nectados con sus familias biológicas. El lu- gar donde funciona el Banco Nacional de Datos Genéticos es muy sencillo y austero. No permite que el visitante se dé una idea de la cantidad y de la importancia de in- formación que allí se guarda”.1
La figura de Estela de Carlotto tuvo des- tacadas apariciones en los medios de co- municación. En muchas de las entrevistas concedidas, ella destacó y describió en profundidad el importante trabajo reali- zado por el Banco. La aparición de un jo- ven de 19 años, sospechado de ser el nieto de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, generó una importante cantidad de publicaciones, alcanzando a medios in- ternacionales como Buenos Aires Herald