Part V: The Part of Tens
Chapter 23: Ten Things You Should Never Do to Your Skin
En este capítulo se realiza un recorrido biográfico que integra las vivencias correspondientes a los primeros acercamientos a la sexualidad y a la primera relación sexual para comprender las ex- periencias sexuales presentes. Además, se describen la intimidad sexual y las prácticas sexuales de las mujeres del estudio.
17. Alcohol de alta graduación.
A. Visiones acerca de la sexualidad
La mayoría de las mujeres entrevistadas recibieron mensajes negativos sobre el cuerpo y sus funciones, como no tocarse la zona genital, no mostrarse desnudas, y reprimir la curiosidad con res- pecto a ellas y los demás. Algunos mensajes fueron directos, como cuidarse de ser tocadas donde “no se debe”, en cambio otros se ca- racterizaron por omitir información. Los padres y las madres, u otras figuras adultas, desviaron las preguntas de las niñas dicien- do que no tenían edad suficiente para enterarse de “ciertas cosas” vinculadas a las relaciones sexuales. Las mujeres describen adul- tos “cerrados” frente a las preguntas, o “chapados a la antigua”.19 En consecuencia, los cambios del desarrollo como la menarca, fue- ron vividos con temor, desconocimiento y culpa.
Mi mamá siempre se tapaba [el cuerpo], decía que los niñitos no podían verse con las niñitas, cuando veía a alguien dándose besos, de- cía que era cochino, feo, malo, siempre se habló mal del sexo (María, 25 años).
Lo que más recuerdo de mi papá que me dijo una vez: sabes qué Raquel, el hombre no se acerca a la mujer solamente por amistad, tie- nes que tener cuidado porque cuando un hombre se embarra20se ba-
ña e igual va a ser hombre, cuando la mujer se embarra la van a califi- car como se comporte (Raquel, 32 años).
Las mujeres aprendieron que las relaciones sexuales pueden ser fuente de desagrado. Refieren no haber tenido una educación se- xual que les ayudara a vivir sus diferentes experiencias en el desa- rrollo sexual y que les mostrara los aspectos positivos del ejercicio de la sexualidad, como el placer sexual.
Cuando nos casamos nos fuimos de luna de miel a la playa y yo siempre le tuve temor a eso, porque en mi casa siempre con respecto a las relaciones se hablaba de algo malo (María, 25 años).
Actualmente, existen entre las mujeres polisintomáticas dos vi-
19. Se refiere a padres anticuados. 20. Se ensucia, se echa a perder.
siones acerca de la sexualidad. La mayoría presenta una visión ne- gativa de la sexualidad y de las relaciones sexuales. Sus propias vivencias han estado marcadas por experiencias como el abuso se- xual, la violencia sexual, la falta de deseo, la baja autoestima se- xual, el aprendizaje traumático del uso del cuerpo en las relacio- nes sexuales y/o las malas relaciones de pareja. Estas mujeres viven las relaciones sexuales más desde el deber de esposas que desde sus necesidades y deseos.
Anoche tuvimos sexo. Yo no quería pero como es el hombre que te hace cariño [...] yo pienso, bueno el hombre lo necesita. Por mí, ojalá que nunca tuviéramos relaciones (Marta, 31 años).
La minoría refiere una visión más positiva de la sexualidad y las relaciones sexuales. Estas mujeres dicen que es algo bueno, asociado al amor o a experiencias placenteras que han tenido o tie- nen. Se plantea que para tener una buena vida sexual es necesario contar con una pareja que las sepa estimular, las trate bien, las res- pete y con la que establezcan buena comunicación.
Las mujeres que expresan tener relaciones sexuales placenteras, poseen parejas con estas características, lo que podría implicar que el establecimiento de una pareja empática y respetuosa puede ser un factor de protección frente a los problemas en el ámbito sexual.
Es un placer de mujer, porque uno tiene que hacerlo, porque ya uno tiene una pareja, ya como que el cuerpo le pide (Lidia, 27 años).
Creo que tiene un lugar más importante que antes no lo merecía. Ahora pienso que es algo que va relacionado con todas las cosas en realidad. Antes yo veía que era una obligación no más, ahora veo que no (Jacqueline, 24 años).
Para mí el sexo es algo maravilloso, lindo, pero haciéndolo con al- guien que realmente te haga sentir. Siempre he dicho que si te vas a acostar21con alguien, acuéstate porque tienes esa necesidad, y tienes
que sentir como un amor para que esta persona te toque. Para mí el sexo no es cualquier cosa, va incluido con la palabra “amor”. Así, se- xo-amor (Sofía, 33 años).
A lo largo de las entrevistas, las mujeres hablan de un cambio de enseñanza entre su generación y la de sus hijos. Le dan impor- tancia a la comunicación y muestran una postura un poco más abierta que sus padres frente a los temas de la sexualidad. Ade- más, los medios de comunicación y las escuelas aportan nuevos conocimientos, que estimulan el aprendizaje dentro de la familia.
B. Primeros acercamientos a la sexualidad
Estos relatos acercan a las mujeres a las épocas del primer beso o del primer enamorado y de los juegos infantiles, que se recuer- dan como hechos inocentes más que como juegos sexuales. Más tarde, las caricias y los acercamientos están socialmente censura- dos y deben darse en el marco de una relación de “respeto”. El respeto implica la prohibición de tocarse y tener relaciones sexua- les antes de casarse, y en su nombre se refrenan los deseos y se tranquiliza la ansiedad de perder el control frente a los juegos eró- ticos. Esta prohibición regula las necesidades, y de cierta forma, aplaza el inicio de la vida coital.
Fui bien polola,22pero todo sanamente, nunca más allá de besos,
cariño en la cara. Parece que no despertaba a la parte sexo todavía” (Sofía, 33 años).
La primera vez fue como a los dieciséis años, me tocó los pechos.23
Ese día le dije, calma, aquí no es llegar y tocar. Le dije que si yo lo res- petaba a él, que me respetara (Jacqueline, 24 años).
C. La primera relación sexual
Generalmente, la primera relación sexual coital ocurre antes de casarse. Para la mujer, la virginidad pierde su importancia como prohibición social, en el momento en que se enamora o se siente segura de comenzar una relación de convivencia con esa persona. Aparecen experiencias traumáticas y violentas, por ejemplo, algu- nas mujeres que se casaron “vírgenes” fueron forzadas a tener re-
22. Tener muchos novios. 23. Senos.
laciones en su noche de bodas como parte del contrato matrimo- nial. Muchas recuerdan haber sentido miedo, vergüenza, angustia y desconocimiento. Estas experiencias son consideradas por ellas como favorecedoras de dificultades en el establecimiento de rela- ciones de pareja, o dificultades en sus relaciones sexuales actuales. Nosotros nos casamos, y llegó el momento que me tenía que acos- tar con él y yo tenía miedo. Yo no quería acostarme con él. Mi prime- ra relación con él no la voy a olvidar nunca porque fue muy violenta, sufrí mucho, incluso me pegó. La segunda noche tuve relaciones con él pero puro llorando, el dolor era menos. Después él empezó a expli- carme que ya después no iba a sentir nada y así fue, pero nunca se me olvidó (Teresa, 40 años).
En algunos casos, la primera relación sexual fue producto de la curiosidad por conocer lo que siempre se les ocultó. Algunas reco- nocen haber sentido placer aunque después lo nieguen, diciendo que “perdieron la cabeza” o que “no supieron cómo sucedió”. Otras, acceden a las demandas de las parejas por miedo a perderlas, produciéndose una nueva desapropiación frente a lo que sienten.
Los cabros24buscan los lugares más solos, era de día y yo estaba
asustada porque podía aparecer cualquier persona ahí donde estába- mos, entonces no me acuerdo de haberlo disfrutado, ellos disfrutan más que uno (Iris, 36 años).
Existen pocas experiencias descriptas como positivas, Sin em- bargo, en estas tampoco se asume el propio deseo y no están exen- tas de temores y de desconocimientos.
Lo hice más por saber lo que era. Él tenía deseos y lo hicimos, pero me daba miedo porque no sabía qué me iba a pasar. Me gustó sí, des- pués yo le dije que era bonito, entonces ahí me entusiasmé más que nos casáramos. Hasta que llegó la hora en que nos fuimos a casar y ya estaba la guagua25hecha (Yolanda, 32 años).
Él me hizo perder la cabeza, fue bonito, lo pasamos bien. Yo en- cuentro que él es muy delicado, se dio espontánea (Rosa, 42 años).
24. Jóvenes. 25. Bebé.
Muchas mujeres dejan en manos del hombre el primer encuen- tro sexual, y creen que es él quien debe enseñarles a conducirse se- xualmente. Queda en evidencia el mandato social de la pasividad femenina frente a su propia sexualidad, que supeditan su satisfac- ción a lo que el hombre “le” haga.
D. Construcción y expresión de la intimidad sexual
Según las mujeres, la construcción de intimidad es un elemento importante para el establecimiento de relaciones de pareja y/o re- laciones sexuales satisfactorias. Muchas echan de menos espacios de comunicación más profunda en los que se sientan consideradas y respetadas.
Las mujeres distinguen dos formas de intimidad:
1) La primera habla de la relación sexual propiamente tal, co- mo por ejemplo, cómo se llevan en la “cama” con sus mari- dos.
2) La segunda incluye, además de las relaciones sexuales coita- les, otros elementos como, la comunicación, ser comprendi- das y reconocidas en sus necesidades, y demostraciones de afecto que trascienden las relaciones sexuales. Las mujeres hablan de nuevas actitudes que deberían desarrollar sus ma- ridos, como acompañarlas a comprar, tener un momento pa- ra tomar la once26 juntos y conversar, o ser saludadas por ellos cuando llegan del trabajo.
Yo digo que va en uno la intimidad, en conversar, la comprensión, en tenerse confianza (Paula, 26 años).
A veces el hombre cree que ya con hacerlo listo. Yo le digo que no, que tenemos que conversar, porque en ese sentido mi marido es bien frío, él cree que ya, hacerlo y listo (Viviana, 30 años).
Las mujeres se quejan de no ser consideradas, lo que genera ra- bia y emociones que dicen no comprender pero que derivan en no
querer tener relaciones sexuales o no ser afectivas físicamente con las parejas.
Él en el día no es cariñoso. Digo yo: bueno, pero por qué cuando uno se va a acostar solamente se acercan al lado de uno. Cómo va a ser todo el tiempo eso no más, cómo no te van a dar ganas de conver- sar, de decirme salgamos a la plaza, a dar una vuelta, o salir como sa- líamos cuando pololeábamos, o saquemos a los niños (Yolanda, 32 años).