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1: Tiny McCale † (left) and Maggie Scott (right)

Economía

Medioambiente

Inclusión social

Respondiendo a este fenómeno, relativamente reciente de centralidad de la cultura, existe una corriente que tiene su origen en el trabajo de Jon Hawkes (2) “The Fourth Pillar of Sustainability. Culture’s Essential Role in Public Planning” (2001), que aboga por que la cultura “cuadre” este triángulo del desarrollo sostenible, convirtiéndose en el cuarto pilar.

Así, con la cultura dentro del debate de la sostenibilidad y el desarrollo, para construir un cuarto pilar sólido, las políticas culturales y la “gobernanza” de la cultura deberían convertirse en prioridades de los gobiernos locales.

La Agenda 21 de la cultura, en este contexto, puede entenderse como un documento que expresa una serie de compromisos consensuados y priorizados por las ciudades y gobiernos locales, que viene a actuar como una declaración de los derechos culturales de la ciudadanía a nivel local, por lo que es labor de las áreas de cultura de las entida- des públicas locales, y del gobierno local en general adherido a la Agenda, utilizarla como orientación de sus políticas, programas y acciones culturales.

Teniendo en cuenta este papel orientador, en esta propuesta de sistema de indicado- res, la Agenda 21 de la cultura ha marcado las áreas prioritarias sobre las que cen- trar el proyecto. De los casi 70 principios, compromisos y recomendaciones que con- tiene la agenda 21 de la cultura, la propuesta contempla una selección de temas, que no siendo exhaustiva, pretende incluir de manera omnicomprensiva los aspectos más relevantes de la Agenda 21 de la cultura, desde el punto de vista de las políticas cul-

(2) Hawkes, J: “The Fourth Pillar of Sustainability. Culture’s Essential Role in Public Planning”, Cultural Development Network, Melbourne. 2001.

turales locales y en línea con la declaración inicial de la Agenda “Nosotros, ciudades y gobiernos locales del mundo, comprometidos con los derechos humanos, la diver- sidad cultural, la sostenibilidad, la democracia participativa y la generación de con- diciones para la paz (...).

De esta forma, la propuesta de indicadores hace referencia a una serie de cuestiones marco o ámbitos temáticos.

• Cultura como factor de desarrollo: • Económico.

• Social.

• Territorial.

Transversalidadde la cultura.

Acceso a la cultura.

• Cultura y participación ciudadana.

• Papel de las iniciativas relacionadas con la memoria y la innovación en la construc- ción de la identidad local.

Desde la experiencia en la práctica cultural de los miembros de la comisión de traba- jo, se ha considerado que estos ámbitos temáticos no sólo condensan puntos priori-

Cuadrado del desarrollo sostenible

Economía

Cultura

Medioambiente / territorio

Gobernanza Inclusión social

Gráfico adaptado de Jordi Pascual. “Políticas Culturales para la diversidad cultural” (2006) de UNESCO, CGLU y el Ayuntamiento de Barcelona

tarios de la Agenda 21 de la cultura, sino que además concentran las principales prio- ridades y áreas de interés actuales de la mayoría de los gobiernos locales y son obje- to de un amplio espectro de actuaciones para alcanzar objetivos concretos.

Pero además, todas estas temáticas conforman un sistema de interdependencias y polise- mias que hace difícil, e incluso artificial su tratamiento aislado e individual y que, en la pre- sente propuesta, se ha adoptado para facilitar una mayor estructuración del trabajo y, por tanto, el desarrollo ordenado de indicadores; esto es, por pura conveniencia metodológica. Así, partiendo del modelo de la cuadratura del triángulo de la sostenibilidad, pode- mos representar las temáticas seleccionadas como un sistema en el que.

Como puede apreciarse, dentro de las temáticas seleccionadas no se ha incluido la “diversidad cultural”, para muchos un elemento clave de la Agenda 21 de la cultura. Esta hipotética omisión no es casual, sino que responde a una voluntad de dar a este aspecto un tratamiento transversal.

Tal y como propone Jordi Pascual (3)en el informe “Políticas Culturales para la diver- sidad cultural” (2006) de UNESCO, CGLU y el Ayuntamiento de Barcelona, se puede entrever una tipología de los varios significados que el concepto de diversidad cultu- ral puede asumir a nivel local: así, se dan consideraciones acerca de la diversidad cul- tural que guardan relación con los “tamaños” de los agentes culturales y la presencia y convivencia de diferentes “sectores o subsectores culturales”, donde se utiliza a menudo el concepto de “ecosistema cultural” para describir la situación.

También se puede entender la diversidad cultural como la implicación de diversos agentes (públicos y privados) en el sistema cultural local. La intervención de agentes no públicos puede suponer que la planificación, gestión e incluso evaluación de la acción cultural local deje de estar en manos exclusivamente del sector público y que se desarrollen nuevas fórmulas de participación. Por último, la diversidad cultural puede entenderse desde un punto de vista antropológico o étnico, con la inclusión y reconocimiento de la presencia de “minorías” en el sistema cultural local.

Todas estas tipologías de tratamiento de la diversidad cultural en el ámbito local se van a ver incluidas, de alguna forma, dentro de todas las temáticas seleccionadas para desarrollar el sistema: por ejemplo, en la temática de participación (participa- ción de agentes diversos) o en la específica de desarrollo económico (diversidad del ecosistema cultural) o en la de identidad (diversidad de memorias), por lo que aun- que la diversidad cultural no se manifieste en el esquema anterior ni se explicite como

(3) El estudio completo se puede descargar

desde: cities-localgovernments.org

una de las temáticas para explorar en sí misma, se mantiene como un criterio o forma de orientar el enfoque dentro de todas las temáticas seleccionadas.

Este tratamiento garantiza que aplicando el conjunto del sistema de indicadores, se pue- dan obtener conclusiones que trasciendan los ámbitos temáticos y que puedan dar idea, en cada municipio, de la situación de algunos elementos transversales como la diversi- dad cultural, la gobernanza o el papel real de la política cultural en el gobierno local.

Desarrollo: · Económico · Social · Territorial Identidad Participación Acceso Memoria Innovación

Políticas Económicas Transversalidad Políticas medioambientales y de ordenación del territorio

Políticas sociales

Políticas culturales

2.2

La cultura como factor de desarrollo

económico, social y territorial

La cultura como factor de desarrollo es, sin duda, la cuestión marco sobre la que se pretende desarrollar la propuesta de sistema de indicadores, ya que el resto de temá- ticas que se han seleccionado dentro de las recogidas en la Agenda 21 de la cultura (transversalidad, participación, acceso a la cultura o creación de la identidad) están, de una u otra forma, relacionadas con esta premisa inicial.

Como ya se ha mencionado, la cultura juega un papel central, cada vez más consolidado, en los procesos de desarrollo y tiende a cruzar transversalmente el conjunto de las políticas socia- les, económicas y de ordenación del territorio que se ponen en marcha en el ámbito local. Esta nueva centralidad procede tanto de la evolución del concepto de cultura (que trasciende la tradicional asociación con las artes y las humanidades para abarcar todo un sistema de conocimiento, valores e identidad) como de la evolución de lo que se entiende por desarrollo, que no se restringe a lo específicamente económico, sino que tiene en cuenta todos los aspectos de la vida social y que aparece indisociablemente unido al concepto de sostenibilidad.

La irrupción de la sociedad del conocimiento, la expansión de la información, el fortaleci- miento de las industrias culturales –globales y con una infraestructura de producción y de consumo inimaginables en el pasado–, así como la importancia de una política de recono- cimiento y la aparición de importantes movimientos socioculturales han dado otro peso y otra significación a la presencia de la cultura en el desarrollo, asociada a los temas “duros” de la economía: PIB, empleo o los índices de productividad y competitividad y, también, a los temas “blandos”: creatividad, innovación, espíritu de riesgo, flexibilidad...

Pero a la vez, la cultura ha empezado a redefinir su papel ante el desarrollo de una manera más activa, variada y compleja que la simple agregación de los factores eco- nómicos, en una dimensión que cuenta decisivamente en todo proceso de transforma- ción territorial y que se relaciona con el fortalecimiento institucional, la existencia de tejido y capital social, la movilización de la ciudadanía, la cohesión social, la diversi- dad y la universalización de las libertades civiles.

El sistema de indicadores que se propone, por tanto, pretenderá arrojar cierta luz par- cial (siempre limitada por las cuestiones que se definan prioritariamente como nece- sidades de información), sobre la situación actual y la evolución de la contribución

de la cultura al desarrollo en el ámbito local, tanto a partir de datos cuantitativos como de aproximaciones cualitativas, puesto que no hay que olvidar que la conside- ración de la importancia de la cultura en el desarrollo pasa también por otros regis- tros, como su reconocimiento explícito en los planes y políticas institucionales, su inclusión en las dinámicas de organización y gestión que se establecen a nivel local, etc. y que resultan difícilmente cuantificables aunque perfectamente observables. Pero además, en esta relación entre cultura y desarrollo, se considera importante plantear y medir el “retorno” de las plusvalías que la cultura contribuye a generar en clave de “desarrollo cultural”, un retorno que, a su vez, vendría a garantizar la sostenibilidad del propio sistema cultural.

A efectos de definir y estructurar las necesidades de información que se seleccionan como prioritarias, se ordena esta gran cuestión marco en torno a tres ejes: “cultura y

desarrollo económico”, “cultura y desarrollo social” y “cultura y desarrollo

urbano/territorial”, destacando en cada uno el necesariamente limitado alcance de la

propuesta. De esta forma, se trata de mantener ese compromiso que inicialmente se definía como un principio orientador de este trabajo, entre lo ideal y lo posible.