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Israel y Judá bajo el

dominio de Asiría y Babilonia

El m onarca asirio T iglatpileser III se apoderó de Siria y de P alestina, co n ­ quista que coincidió con la época de los grandes profetas, que se inició a m ediados del siglo VIII, que carece de paralelos en los pueblos vecinos. D ios castigaba a Israel p o r su infide­ lidad y desobediencia. Los asirios eran unos instrum entos de JH W H . Israel seguía sien do el objetivo del juicio de Dios.

T iglatpileser III (745-727) invadió Siria y Palestina. Jerusalén fue atac a­ da p o r Israel y los aram eos, p ara ex­ p u lsar de Judá la dinastía de D avid e in stalar a u n rey de Judá (Os. 5, 8-11). Acaz, nieto de Osias, que pidió auxi­ lio a los asirios, fue salvado gracias a la intervención de los asirios, que en 733 vencieron a Israel, que quedó d i­ vidida en tres provincias, siendo de­ portadas las clases altas y ad m in istra­ das p or gobernadores asirios. En el año 724 Oseas de Israel dejó de p ag a r tributos a S alm an asar V. En 722, go­ b ern an d o ya en Asiría Sargón, cayó Sam aria. El reino de Israel dejó de existir.

El reino de Judá sobrevivió com o estado vasallo independiente. El rey A caz p ag ó trib u to a T ig la tp ile se r, au n q u e siguieron algunas revueltas an tiasirias, en las que p a rtic ip a ro n

54 A ka l Historia del M undo Antiguo

M oab, Judá y Edom , apoyados p or Egipto, contra cuya ayuda h ab lab a el profeta Isaías en Jerusalén (Is. 20, 16). En tiem pos del rey asirio S enaquerib Judá encabezó de nuevo u na rebelión antiasiria, suspendiendo los pagos de trib u to s y p ro c la m á n d o se in d e p e n ­ diente. El rey de Judá, Ezequías, hizo una reform a religiosa. E n Israel se propagó la religión asiría. Acaz cedió a Tiglatpileser un san tu ario de Jeru ­ salén (2 Re. 16, 10, 8). En el tem plo de Jerusalén se celebraron los dos cultos. Senaquerib cercó Jerusalén, y som e­ tió a Ezequías, que pagó tributo (2 Re. 18, 13-16) y le arrebató Judá, salvo Je­ rusalén; pero después volvió a m anos de los descendientes de David. D esde el 701, durante unos 75 años, Ju d á d e­ pendió de los asirios. D u ran te el rei­ nado de M anasés continuaron los cul­ tos extranjeros (2 Re. 21, 1-18).

H u n d id o el Im perio asirio p o r obra de los babilonios, la situación de Judá cam bió. Jonás rom pió poco a poco el vasallaje con A siría y reform ó el culto público (2 Re. 23. 4-20), purifican d o el san tu ario de Jerusalén. D estruyó el sa n tu a rio de Betel (2 Re. 23, 15) y recuperó u na serie de territorios com o Sam aría. En el año 261-260 fue h a lla ­ do el Libro de la Ley (2 Re. 22, 3, 23, 3), que parece ser un antiguo reglam ento del derecho divino, al que el rey dio fuerza de ley. Este libro debe ser id é n ­ tico a la prim era redacción de la ley deuteronóm ica, redactada en el siglo VII. Insite en la pureza del culto is­ raelita. Se ignora qué círculos escri­ b iero n este L ibro, y cóm o llegó al Tem plo de Jerusalén. El rey inutilizó los centros cultuales de su reino para tener u n lugar del culto u nificado (2 Re. 23, 8), que sería Jerusalén. A los sacerdotes de estos lugares se les a u ­ torizó a ejercer en Jerusalén.

Jonás chocó con los egipcios, que apoyaban a los asirios, pero fracasó en M eguido. Jonás pereció en la b a ta ­ lla y le sucedió su hijo Joacaz, que fue p ronto llevado a Egipto prisionero.

El reino de Judá, con el rey Jo a ­

quín, desaparecida Asiría, reconoció a N abucod on oso r, rey de B abilonia. El rey de Judá fue un tirano sangu i­ n ario (2 Re. 24,4). El profeta Jerem ías afirm a que fue un déspota b rutal (Jer. 22, 13-19), sólo ocupado en am p liar su palacio. Dejó de p ag a r tributo a N abucodonosor, po r lo que fue atac a­ do en 602. El m on arca bab ilo n io ase­ dió Jerusalén en 598, que fue tom ada. El rey y la fam ilia real fueron d ep o r­ tados a B abilonia, así com o los arte­ sanos y la aristocracia (2 Re. 24, 12- 16). El tesoro del tem plo fue saqueado. Judá continuó com o reino vasallo con Sedecías com o rey. El profeta Jere­ m ías fue p artid a rio de som eterse a N abucodo no so r, pero fue co n sid era­ do tra id o r (Jer. 37, 11-16). Sedecías acabó rebelándose co ntra N a b u c o d o ­ nosor. En 589 el ejército neobabilo- nio invadió Judá. Jerusalén, cercada, term inó p o r caer en m anos de los b a ­ bilonios (2 Re. 25). Los m uros fueron arrasados. Los vencedores se llevaron los tesoros del tem plo. Ju dá perdió su in d ependencia y quedó convertida en provincia. Parte de su p o b lación fue deportada a B abilonia, y parte ejecu­ tada. Q uedaron en el país los cam p e­ sinos. Al revés de la política seguida p o r los asirios, no fue traslad a d a a Jud á ning un a aristocracia extranjera. Incluso el g o b ern ad o r fue u n ju d aíta de n om b re G odolías. La cap ital se trasladó a M ispab, que fue d ejad a p o r Jerusalén poco después. G o do lías fue asesinado, por los funcionarios que se refugiaron en T ra n sjo rd an ia con los am m onitas. Los jud ío s del séquito de G odolías, otros varios y el profeta Jerem ías huyeron a Egipto, tem iendo la venganza de N ab u co d o n o so r (Jer. 40, 7-43, 7). Las fronteras de Ju dá fue­ ron las m ism as que las del antiguo reino.

Los israelitas durante la

cautividad de Babilonia

C on la caída de Jeru salén las terribles profecías de los siglos VIII y VII se

cum plieron, así como el juicio de Dios. La d esa p arició n del reino de Ju d á tuvo gran im p ortancia política. Ter­ m inó la m o n a rq u ía de D avid. Los israelitas q u e d a b a n distribuidos en varias provincias gobernadas p or fun­ cionarios del m onarca babilonio. La fe en JH W H dio cohesión a las tribus. C obró im portancia, cada vez m ayor, el lugar santo de Jerusalén, au n q u e el T em plo de S alom ón se in cen d iara. Siguieron visitando el san tu ario los devotos procedentes de Sam aria, Silo y Siquem , lo que indica que las cere­ m onias religiosas se continuaban prac­ ticando. La aristocracia y el sacerdo­ cio estab a n dep o rtad o s. Las tribus israelitas se m ezclaron con p oblacio­ nes forasteras, salvo las tribus del de­ saparecido reino de Judá. Los deste­ rrados p o r los asirios en el siglo VIII desaparecieron. Los deportados por N ab u co d o n o so r perm anecieron u n i­ dos en B abilonia. Las fuentes para este período son m uy escasas, ya que el C ronista n ad a dice de los 50 años del destierro, y no hay relatos b a b ilo ­ nios. D e la co m un id ad ju d ía de Egip­ to n ad a se conoce hasta la época he­ len ístic a. E n E le fa n tin a h u b o u n a co lo n ia m ilitar ju d ía , colocada allí para vigilar la frontera m eridional de Egipto. Esta com unidad tuvo u n tem ­ p lo , d o n d e se a d o ra b a a Ja h o , en co m p añ ía de una diosa y de un dios joven, y se celebraban las fiestas is­

raelitas. Esta triada es de origen sirio- palestino. D espués del siglo V no se tienen noticias de esta colonia.

El grupo israelita de B abilonia p er­ m aneció unido. Para el C ronista la verdadera historia de Israel,’ después de la caída de B abilonia, es la del des­ tierro de B abilonia, donde se produjo u n a evolución de gran im portancia en el futuro. P alestina, sin em bargo, seguía siendo el centro de la historia de Israel.

El libro de Ezequiel redactado d u ­ rante la cautividad de B abilonia reco­ ge datos sobre la vida de los israelitas deportados. El profeta debió ser des­

terrado a B abilonia en 587. Los ju ­ díos eran c o n sid e ra d o s com o u n a p o blación tra sp la n ta d a a la fuerza. Tenían sus poblados, sus casas y sus huertas. P odían reunirse, pero siem ­ pre se sintieron forasteros. N o po dían celebrar las fiestas religiosas, p o r lo que ciertas costum bres, no religiosas en origen, cogieron fuerza, com o el descanso sabático, que se convirtió en un acto de la fe, que les diferencia­ ba de los extranjeros, que podía ser celebrado sin cerem onial religioso. Se le consideró sagrado. Tam bién la cir­ cuncisión cobró especial relevancia. N o se m enciona en el libro de Eze- quie!. En S iria -P a le s tin a y E gipto existía la costum bre de circuncidarse. En el destierro se tom ó com o un sig­ no distintivo. C om o signo de la A lian­ za entre Dios y los israelitas (G n. 17, 11). La circuncisión careció de senti­ do cultual, no estuvo vinculada con ningún lugar de culto, pero adquirió gran im p o rta n c ia en B ab ilon ia. El llam ado Código Sacerdotal, del P en­ tateuco, relacionó el sáb ad o con la creación del m undo, y la circuncisión es el signo de la A lianza entre D ios y A braham . Israel supo conservar vivas sus tradiciones históricas, que conte­ nían las indicaciones del futuro. La esperanza se m antuvo a p esar de las catástrofes.

La dominación persa

Ciro, rey de los m edas y de los persas, en el año 539, atacó al rey b ab ilonio N a b o n id y poco después tom ó B abi­ lonia. Antes, 546, h abía vencido al rey C reso de Lidia, y con qu istad o g ran ­ des territorios al este de Irán. El p ro ­ feta an ó n im o , llam ad o el Segundo Isaías (Is. 40-45), an un ció una inter­ vención de D ios en la historia, que C iro era un instrum ento divino y la caída de B abilonia. Sus p alab ras fue­ ron bien recibidas p o r los desterra­ dos. La política persa respetó las tra­ diciones y las características de sus súbditos. El aram eo se consideró len-

56 AkaI Historia del M undo A ntiguo

Plano del Templo (según la reconstrucción de Herodes)

A. Templo. B. altar. C. atrio de los sacerdotes. D. atrio de Israel. E. puerta de Nicanor. F. atrio de las mujeres. G. puerta

Corintia. H-H. atrio de los gentiles. 1(1). salida de !a puerta occidental. I (2). doble puerta. I (3). triple puerta. J. arco de Robinson. K.L.M.M. puertas

occidentales. O. puerta septentrional. P. puerta Dorada. 1-10. puertas de los

atrios interiores.

gua oficial en Siria, Palestina y Egipto, conocido en origen p o r los escribas, los com erciantes y los funcionarios. La política religiosa de C iro y sus su- cesores consistió en conservar las a n ­ tiguas tradiciones religiosas. C iro o r­ d enó la reconstrucción del tem plo de Jerusalén (Esd. 6,3-5) en 538, con fon­ dos públicos. Se devolvieron los u te n ­ s ilio s d e l s a n t u a r io r o b a d o s p o r N a b u c o d o n o s o r. C iro a n te s h a b ía restablecido los cultos de M esop ota­ m ia. Los trabajos de reconstrucción fueron interrum pidos, ya que la situa­ ción era m uy m iserable, según indica el profeta Ageo (l, 1-11). El profeta

A hiyyahu en 520, Z acarías en 519 y Ageo se interesaron p or la term in a­ ción del tem plo. E ra g o b ern ad o r de Jeru salén , Z o ro b ab el, nieto del rey Joaquín, quien se encargó de term i­ n a r la reconstrucción del tem plo, a él se dirigieron los profetas, Ageo y Z a­ carías, com o el representante de Dios. D arío I perm itió la co n tin u ació n de los trabajos del tem plo, que fue con ­ sagrado en el añ o 515. El tem plo se convirtió en el verdadero centro de la vida israelita. Los sacerdotes a d q u i­ rieron ah o ra u n a gran im portancia. Se reorganizó el sacerdocio. Es p ro ­ bable que los sado qu itas constituye­ ran el sacerdocio en el nuevo tem plo. El Sumo Sacerdote alcanzó ahora una im po rtan cia excepcional.

La vida israelita durante el

Imperio Persa

Se carece de fuentes p ara describir los cincuenta años que siguieron a la con­ sagración del Tem plo de Jerusalén. N o h u b o u n a reorganización del a n ­ tiguo Israel, ni su sustitución p o r n u e­ vos organism os. El proyecto fue de o rd e n escatológico y p re scin d ió de los hechos históricos. La ley deutero- nóm ica se m antuvo vigente, no com o ley del Estado. Su fuerza procedía del pacto entre Dios y el p ueblo de Israel. N o ap a rec ie ro n nuevos san tu ario s. La situ ació n no fue m uy próspera, com o lo indica la situación descrita b ajo el nom bre de M alaq uías, atri­ buid a entre la consagración del tem ­ plo y la actuación de E sdras y N che- mías. Los sacerdotes eran negligentes en lo referente a los sacrificios y a las en señanzas religiosas. E ran poco ce­ losos. Se disolvían los m atrim onios, que frecuentem ente se celebraban con m ujeres extranjeras entre las fam ilias sacerdotales, se descuidó el descanso sabático.

La rebelión del sátrapa M egabizos, a m ediados del siglo V, dio u n a gran im po rtancia a Siria y a P alestina, ya que am b as eran im p o rtan tes en el

cam ino de Egipto, donde tam bién es­ tallaro n m últiples conatos de in d e­ p e n d e n c ia . Los p e rsa s p ro c u ra ro n m an ten e r pacificadas estas zonas, y sus tradiciones. En este cuadro histó­ rico hay que situar la m isión oficial de Esdras y N ehem ías, de fecha in ­ cierta, recordada en la gran crónica histórica, redactada m ucho después. A unque basada en fuentes literarias contem poráneas.

ráneos, y com o colaboradores, lo que dista m ucho de la realidad, lo que no parece que costase en las citadas fuen­ tes. A Esdras se le envió a Jerusalén, probablem ente el año 458. La cro n o ­ logía de la actuación de E sdras y N e­ hem ías no es segura. N ehem ías, un exilado, que era el copero del rey en Susa, que llegaría antes que Esdras, reorganizó en Judá la vida religiosa y la vida civil. La situación de Jerusa-

Torre helenística de Samaria

Sobre N ehem ías una fuente fue las llam adas Memorias de Nehemías. Se­ gún N ehem ías (1, 1; 2, 1), fue envia­ do en el reinado de Artajerjes I a Je­ rusalén, en el año 445. El docum ento oficial del encargo de E sdras se co n ­ serva en Esd. 7, 12-26. La obra del C ro n ista , q ue recoge los a c o n te c i­ m ientos, basada en estas fuentes, es ya del siglo III. Este au to r presenta a E sdras y N ehem ías com o contem po-

lén era desastrosa con gran parte de la ciudad en ruinas. N ehem ías res­ tauró los m uros. Se convirtió en el go­ b ern ad o r de la provincia de Judá, que p robablem ente se hizo provincia in ­ dependiente, antes fue un distrito de la provincia de S am aria, lo que ene­ m istó a N ehem ías con el g o bern ado r de S am aria y con el de T ransjordania. Por ahora se sabe que pequeños gru­ pos de desterrados volvieron a Jeru-

58 A ka l Historia d e l M undo A ntiguo

salen. Estos fueron los que co m en z a­ ron a re c o n stru irla ciudad, mal vistos en la residencia del g o b ern ad o r de S am aria, com o en la ciudad. Los fun­ cionarios co m unicaron al rey el peli­ gro q ue esto p o d ía sig n ific a r a la larga. Este inform e hizo que todo tra­ bajo quedase p ro h ib id o en Jerusalén, h asta nuevo aviso. E n esta situación N eh em ías contin u ó rá p id a m en te la re c o n stru c c ió n de la m u ra lla . Los gobernadores de Sam aria y de A m ón in te n ta ro n a tac ar a Jerusalén, pero el proyecto se ab a n d o n ó . Jerusalén se convirtió en la residencia del go­ b e rn a d o r. N e h em ía s tra sla d ó a Je ­ rusalén u na décim a parte de los h a b i­ tantes de los pueblos de la provincia sacados p o r suerte. La provincia esta­ b a d iv id id a en d is trito s , c o m o lo dem uestra la división en la recons­ trucción de la m uralla hecha p o r N e ­ hem ías. Este intro dujo dos im p o rta n ­ tes innovaciones: la abolición de las deudas, ya que después de la d ep o rta­ ción a B abilonia, se recrudecieron los conflictos entre ricos y pobres, que d atab a n de la época de los reyes. El pueblo estaba em pobrecido y esclavi­ zado p o r deudas. Obligó delante del tem plo a los acreedores a que p ro m e­ tieran am nistía a los deudores y a res­ tituirles los bienes. N ehem ías re n u n ­ ció a la paga de gobernador, que corría a cargo de la provincia, lo que indica que la situación económ ica y social era fran cam en te m ala. Sólo aceptó unos donativos en especie. O tras dis­ posiciones fueron dictadas en la se­ gunda parte de su gobierno, cuando, después de 12 años, regresó a B abilo­ nia en 433, p ara volver a Jerusalén nu ev a m e n te, com o g o b e rn a d o r. Al parecer, el Sum o Sacerdote Elyasilo se aprovechó de la ausencia de N e h e­ m ías p ara seguir la política de m an te­ nerse en b u e n a s re la cio n es co n la aristocracia y los gobernadores de las p rovincias vecinas, m ien tras N e h e ­ m ías buscab a la ind ep en d en cia y el aislam iento de Judá. A hora, p o r vez prim era, los sum os sacerdotes sado-

quitas in ten taro n estar en buenas re­ laciones, con los vecinos, al m ism o tiem po que se d ab a u n a posición de aislam iento, que a p a rtir de aho ra se va a m anifestar.

N e h em ías en esta segunda etapa tom ó varias disposiciones. La p rim e­ ra fue su p rim ir el uso ind eb id o de u n a h ab itació n en el tem plo, que se h a b ía d ado a Tobiyyah, el am m onita. Prohibió los m atrim onios mixtos. Res­ po n sab ilizó a los dirigentes del pago de los diezm os al tem plo, que se co­ b ra b a n con gran negligencia. O rg an i­ zó la entrega al tem plo de la m adera necesaria p ara el fuego de los sacrifi­ cios, lo que indica el a b a n d o n o y el poco celo de los israelitas con el sa n ­ tuario de Jerusalén. Tomó disposicio­ nes p ara el cum plim ien to del d escan­ so sabático. Precisam ente en Jerusalén los sábados eran días de m ercado, al que acudían m uchos m ercaderes si­ rios. N ehem ías cerró este m ercado.

Las disposiciones de N ehem ías se conservan en los capítulos 10 y 13 de N ehem ías. Los representantes de la co m u n id ad se com prom etieron a res­ petarlas.

N ehem ías organizó la provincia de Judá. R econstruyó y repobló el centro u rb a n o de la c a p ita l. C o rrig ió los abusos del culto. Intro d u jo reform as sociales. Obligó al cu m plim iento del sáb ad o y p ro h ib ió los m atrim onios m ixtos, pero no intervino en la vida íntim a de la co m u n id ad cúltica. La m isión de N eh em ías era política. El culto era u n a in stitución p úb lica de la p rov in cia. El citad o ca p ítu lo 10 indica el procedim iento seguido p o r Nehem ías. Recoge un docum ento que tiene fuerza de ley, firm ado p o r los representantes de la co m u n id ad sin consagración solem ne.

La obra de E sdras consistió en dar u n a nueva constitución, sobre la que se está m al inform ado, ya que sólo se dispone, com o fuente de las co n struc­ ciones oficiales citadas en E sdras 7, 12-26. Esdras tuvo u n a «Ley del Dios del cielo». Su m isión era h acerla res­

petar. D ebió actu ar ya en los últim os años de Artajeijes I, después de Nehe- mías.

E sdras era sacerdote, nacido en el destierro, y p ro bablem ente de fam ilia sad o q u ita. A rtajerjes I le dio u n as instrucciones de acuerdo con los de­ seos de los desterrados. Q uizá estuvo relacio n ad o con la segunda m isión de N ehem ías. Esdras sucedió a N ehe- m ías en la com isión. Los exilados, con el beneplácito del rey, debieron e n co m en d ar otras reform as a Esdras, que recibiría u na m isión especial. Se presentó com o sacerdote y com o «es­ cuela de la Ley de Dios del cielo» después fue conocido com o el doctor de la ley. E n aram eo, que era la len ­ gua oficial, designaba esta expresión u n fu n cio n ario n o m b ra d o p a ra un

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