Chapter IV: Empirical Results
4.2 Visualization Model
4.2.2 Total Economic Effect, by Poultry Type
Cuando Edgar Cayce era un niño pequeño, tenía muchos compañeros de juego invisibles que le hacían compañía mientras permanecía en contacto con la naturaleza. Con el tiempo Cayce se enteró de que nadie veía a estos pequeños personajes, a excepción de su madre y de una vecinita. Además de estos habitantes etéreos de las flores y los arroyos, el joven Cayce conoció a otro compañero visionario.
Según narra la biografía de Thomas Sugrue titulada There is a River (Hay un Río), Cayce tenía trece años por entonces. Sabemos de este encuentro porque posteriormente lo comentó con su madre. Se había retirado al cobertizo, donde leía la Biblia. Alzó los ojos y pensó que su madre había venido a llevarlo a casa. Pero tan pronto como ella empezó a hablar, el tono de su voz y las alas que había en su espalda le indicaron que se trataba de alguien que él no conocía. Dijo que había venido en respuesta a sus oraciones y que iba a concederle lo que más deseaba. Pensando en los discípulos de Cristo, dijo que quería ayudar a los demás, sobre todo a los niños enfermos. Acontecimientos posteriores vendrían a probar la concesión de este deseo.
Aunque normalmente pensamos que Cayce actuaba como médium cuando estaba en trance, lo cierto es que veía presencias que eran invisibles para los demás, lo cual indica que también era vidente cuando estaba despierto En 1952 quedaría patente hasta qué punto es poderosa la percepción visionaria, con la presentación de un libro, fuera de lo corriente, por parte del escritor metafísico Cyril Scott. Se trata del diario privado de un niño británico, desde el momento en que aprendió a escribir hasta que tuvo unos veinte años. En sus últimos años, su mujer le instó a publicarlo y él accedió a condición de que se hiciera en forma anónima algunos años después de su muerte, bajo el título The Boy Who Saw True (El Niño Que Vio La Verdad). Lo que este muchacho vio con los ojos de su imaginación es, en una gran medida, una repetición de las ideas presentes en las lecturas de Cayce.
El diario del muchacho está lleno de cosas absurdas y sublimes, y está escrito con ese candor, esa inocencia, que los niños saben expresar tan bien. Las observaciones
relacionadas con Jesús se mezclan con discusiones infantiles sobre temas como los lunares y el charlar en la iglesia.
Sin saberlo, era un vidente. Veía gnomos jugando en los árboles, que le hacían reír. Lloró por la muerte de un ser querido, y sin embargo él veía a los muertos como si estuvieran vivos. Se extrañaba ante esta paradoja y pensaba que se debía a que el llanto va unido al adiós. Le parecía muy mal que los mayores le dijeran que no contara mentiras, que se enfadaran y negaran cosas que el veía que eran verdad.
Este niño tenía la habilidad de poder ver lo que pensaban los demás. Estos pensamientos se le presentaban en forma de imágenes que rodeaban a la persona. Durante algún tiempo pensó que eso era lo normal, que todo el mundo tenía esa habilidad. Un día una mujer visitó su casa y él vio a un hombre de aspecto raro sobre los hombros de esa señora. Así que le preguntó: “¿Por qué hay un anciano pegado a usted?” La mujer dio un respingo ante la observación. El muchacho lo describió, y cuando se refirió a la existencia de una mancha roja (una cicatriz) en una de sus mejillas, la mujer, sin querer, replicó: “si es el Sr.” y le miró incómoda. Pocos días después la mujer le hizo una serie de preguntas sobre ese asunto, y fue entonces cuando descubrió que no todo el mundo tenía esas visiones. También pudo decirle cosas de su pasado basadas en las imágenes que veía a su alrededor.
La Imaginación Visionaria Figura 14
Cayce quería que comprendiéramos que los pensamientos son cosas. Están vivos, afectan a los que nos rodean. Los pensamientos son un elemento de las fuerzas invisibles y se pueden ver con los ojos de la imaginación. Estamos conectados unos
con otros a través de la mente subconsciente. Este niño, en concreto, (y ciertamente no es el único que ha poseído esa facultad) experimentó está conexión a través de su imaginación. Su imaginación vio la verdad. Era un niño que estaba siempre enfermo, tuvo que dejar de ir al colegio y tener un tutor en casa. Su tutor se interesó por las visiones del muchacho, cuando éste le contó lo que veía de su pasado. A partir de entonces, siempre que venía el tutor, el muchacho le contaba lo que decían los espíritus. El tutor tomaba nota de ello, y luego lo repasaba con el niño en clase.
En varias ocasiones, el niño vio a Jesús de pie a los pies de su cama. Una noche escribió: “Sus luces eran tan maravillosas, oro y rosa y azul y verde y amarillo, como el arco iris que un día vimos por la ventana. Parecía como si quisiera consolarme por el día tan horrible que había tenido... Es la tercera vez que lo veo, pero me gustaría que viniera con más frecuencia.
En una de sus visitas, Jesús prometió visitar al niño un día en que su tutor estuviera presente porque quería decirle al niño unas cosas que era necesario que el tutor le explicara. La primera vez que se encontraron los tres, Jesús explicó al niño que él no era realmente Jesús, que era alguien que había sido profesor del niño durante muchas vidas, que le llamaban el Hermano Mayor. El tutor tenía unos conocimientos básicos de filosofía oriental y pudo explicarle al niño lo que el profesor había querido decir. El muchacho comentó que la voz de este espíritu profesor era más suave que la del predicador de la iglesia.
Una vez, mientras escuchaba música, el muchacho soñó despierto, tuvo un sueño muy realista, estaba sentado en una cueva, le atendía un sirviente, o un estudiante. Escribe que su Hermano Mayor le dijo que se trataba de recuerdos. Otras veces, quien se le apareció fue un alumno del Hermano Mayor. Le explicó que en otro lugar del mundo él estaba dormido, a miles de millas de distancia, y que venía de visita en su cuerpo astral. Este alumno explicó también que el muchacho viajaba asimismo en sueños y que a veces se encontraban.
Las lecturas de Cayce nos dicen que ese mismo tipo de comunicación tiene lugar mientras las personas duermen. Muchos de nuestros sueños son auténticas visitas a los demás.
De vez en cuando, el muchacho veía a su abuelo muerto. A veces éste le daba consejos útiles. El muchacho, sin embargo, preguntó al Hermano Mayor por qué su abuelo no estaba enterado de que se viven muchas vidas. Y el Hermano Mayor respondió:
“No pienses que los que se separan del cuerpo mortal lo saben todo. Cuando vas a vivir a una ciudad de un país extraño, ¿acaso por ello adquieres todos los conocimientos y crees en todas las religiones y filosofías de ese país?”
Cayce con frecuencia comentaba que las personas no llegan a ser más listas después de muertas, la diferencia es que descubren que hay vida después de la muerte.
El Hermano Mayor le enseñó muchas otras cosas. Es notable la simplicidad de sus enseñanzas, habida cuenta de la complejidad de los temas tratados. La explicación que da del karma se parece al enfoque presente en las lecturas de Cayce, quien se abstiene de emitir juicios al respecto. El Hermano Mayor dijo: “El hombre corriente de este mundo normalmente se encuentra muy atado por cuestiones comerciales, sociales, familiares, y cientos de obligaciones y responsabilidades de las que no se puede librar, y que le atan a un lugar determinado. Puede que se tome unas vacaciones al año, pero antes o después ha de reanudar sus actividades comerciales, pagar y cobrar deudas, y cumplir las demás obligaciones. Como se ha creado todas esas responsabilidades, tiene que cargar con ellas le guste o no le guste”. Explicó que el alma ha de volver a enseñarse a sí misma sabiduría a través de sus experiencias.
El muchacho preguntó qué tenía que hacer el alma para no tener que volver a vivir otra vida, y el Hermano Mayor le explicó que además de tener que saldar las deudas y no hacer más daño, era necesario aprender a hacer el bien per se, del mismo modo que el artista trabaja por amor a su trabajo, sin esperar recompensa.
El Hermano Mayor no hizo sino repetir las palabras de Cayce cuando dijo al niño: “Los deseos intensos funcionan corno un bumerang; uno los lanza en el tiempo en forma de deseos, y vuelven en forma de realizaciones”. Explico que los deseos intensos cumplidos a medias nos traen a medias nos traen de nuevo al planeta para que terminemos de cumplirlos. Así, por ejemplo, la fama no es mala de por sí, pero el darle demasiada importancia, o depender en exceso de ella, nos hace esclavos. Dijo que la verdadera felicidad está dentro de nosotros.
El Hermano Mayor le presentó a otro profesor, un Lama. Las enseñanzas del Lama también se parecían bastante a lo que hemos aprendido de Cayce: “No importa cuál sea el color de la luz que vemos a través de un cristal de color, el sol es el mismo... y lo mismo sucede con el YO único que brilla a través de los miles de individuos, que no son sino los cristales de colores a través de los cuales brilla el sol del YO”.
El niño llegó a ser un importante hombre de negocios y permaneció constantemente en contacto con el Hermano Mayor durante el resto de su vida. En el epílogo de este libro, el editor comenta que aquellas personas que han estudiado el relato del muchacho concluyen que el profesor “imaginario” del niño habla como un maestro evolucionado.
No obstante, lo importante es que el niño no canalizó la sabiduría entrando en trance sino que, en estado consciente, mediante el poder de su videncia, aprendió las lecciones conversando normalmente con su profesor.
¿Cómo es posible que la imaginación sea un canal de sensibilidad psíquica? Al tratar de entender la aparente paradoja, vemos que la imaginación es el único órgano de percepción que realmente sintoniza con el infinito. Es el aspecto de nuestra mente que está más cerca de las fuerzas invisibles de la creación.