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5.5. TRACE CLASS ON OPERATOR SPACES 62 n, 1 &lt; j &lt; r ) T hen

Los factores psicológicos en la práctica médica han sido reconocidos desde épocas muy remotas en la historia de la humanidad El aspecto emocional desde el inicio de la psicología como ciencia se tuvo muy en cuenta en el tratamiento y atención de pacientes con enfermedades crónicas, y se aceptó como un elemento esencial en todo influjo curativo sobre el ser humano.

Los estados psicológicos se refieren a fenómenos estables de la actividad

psíquica, ellos influyen en el curso y resultado de los procesos psíquicos que causaron en su fondo y pueden activar o inhibir la actividad de la personalidad.

La vida demuestra que cada actividad se integra por unos y otros estados psicológicos y en alguna medida de ellos depende; su estudio despierta intereses hacia los hechos objetivos de la vida psíquica e introduce gran claridad en la comprensión de la psiquis en su totalidad ( Vinotur y Bueno,2002).

Siguiendo la idea de Levitov él define el estado psicológico como: “la característica integral de la actividad psíquica durante un período determinado de tiempo, que muestra la peculiaridad del decursar de los procesos psíquicos en dependencia de los objetos y fenómenos que se reflejan de la actividad, que antecede al estado y a las propiedades psíquicas de la personalidad” (Levitov, 1964).

Una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción

subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia. Las emociones tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras.

En el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que se utiliza para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en el que se percibe dicha situación. Las emociones, al ser estados afectivos, indican estados internos personales, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos. Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Algunas de las reacciones fisiológicas y conductuales que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse. Charles Darwin observó como los animales (especialmente en los primates) tenían un extenso repertorio de emociones, y que esta manera de expresar las emociones tenía una función social, pues colaboraban en la supervivencia de la especie. Tienen, por tanto, una función adaptativa (Goleman, 1996).

Se reconocen 6 categorías básicas de emociones.

Miedo: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad,

incertidumbre, inseguridad.

Sorpresa: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria. Puede

dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa.

Aversión: Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce

aversión.

Ira: Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad. Ofensa contra uno

mismo o lo suyo.

Alegría: Diversión, euforia, gratificación, contentos, da una sensación de

bienestar, de seguridad.

Tristeza: Pena, soledad, pesimismo.

Si tenemos en cuenta esta finalidad adaptativa de las emociones, podríamos decir que tienen diferentes funciones:

Miedo: tendemos hacia la protección.

Sorpresa: ayuda a orientarnos frente a la nueva situación.

Aversión: nos produce rechazo hacia aquello que tenemos delante. • Ira: nos induce hacia la destrucción.

Alegría: nos induce hacia la reproducción (deseamos reproducir aquel

suceso que nos hace sentir bien).

Tristeza: nos motiva hacia una nueva reintegración personal.

La evaluación del papel de las emociones en la salud humana se ha caracterizado por el reconocimiento de dos polos de la respuesta emocional que se dividen según la experiencia hedónica que proporcionan; las emociones negativas y las emociones positivas.

El termino emociones negativas se refiere a las emociones que producen una experiencia emocional desagradable, como la ansiedad, la ira y la tristeza. Por su parte las emociones positivas son aquellas

que generan una experiencia agradable como, la alegría y la felicidad. El interés creciente de la Psicología como ciencia de indagar más en la relación entre los estados emocionales y el proceso de salud enfermedad, es muy necesario porque puede identificar y potenciar los mecanismos que garantizan el bienestar emocional y subjetivo en los pacientes. El termino bienestar subjetivo hace referencia al estado de la persona en el que tienen buen funcionamiento de sus mecanismos psíquicos. Ciertamente las emociones contribuyen al bienestar subjetivo en tanto son los procesos adaptativos, sin embargo; bajo ciertas circunstancias ellas (fundamentalmente las negativas) pueden propiciar la desorganización de las respuestas emocionales de las personas llegando incluso a provocar estados patológicos (González de Riviera, 2001). En suma, Los protagonistas han sido las emociones negativas lo que conlleva a los profesionales de salud ante un reto de revisar con claridad, algunas de las claves que relaciona las emociones y la salud y que abre nuevos horizontes de investigación en esta área tan importante.

La relación de las emociones y la salud es bidireccional, es decir, las emociones pueden influir en la génesis y evolución de diversos trastornos, pero a su vez la presencia de determinados trastornos generara la aparición de determinadas emociones según el carácter de la enfermedad (Grave, crónico, agudo etc.) y la significación que el paciente atribuye al mismo a partir de su valoración, lo cual resulta determinante en el proceso de afrontamiento a la enfermedad. En este sentido Leventhal ha señalado que las emociones negativas pueden preceder a la enfermedad y/o ser consecuencia de esta.

1.5 La Valoración de los estados psicológicos en la Insuficiencia Renal