Chapter 3: Unification and DBM Alignment of (Multiple) State Dependent Parameter Methodologies – OBJECTIVES 2 &
3.4 ARX Transfer Function (TF) – Time Invariant and Time Varying Parameter (TVP) Issues We begin with a simple linear discrete time dynamic model with time varying parameters (ARX or
Prácticamente todas las definiciones de democracia consideran la igualdad de oportunidades como algo esencial. La idea de igualdad de condiciones de acceso está presente en la mente de quienes defienden la democracia en cualquier lugar del mundo. Las oportunidades en la vida que tienen las personas se ven altamente influidas por las posibilidades que tengan de estudiar en buenas escuelas, de recibir atención médica de buena calidad, o de tener acceso al crédito, entre otras cosas. De hecho, las oportunidades en la vida de los niños dependen en buena medida de la posición social y económica de sus padres al punto que sus logros futuros están a menudo condicionados y pueden verse limitados o ampliados según las circunstancias de su juventud. Es más, las condiciones en la vida que afectan el éxito están influidas también por los niveles de prejuicio en la sociedad y por las normas relacionadas con el papel de los grupos en la sociedad, ya que estas actitudes pueden limitar las oportunidades económicas y la participación política.
¿En qué medida han sido exitosos los países de América Latina y el Caribe en hacer realidad el ideal de la igualdad de oportunidades? Prestar atención a las desigualdades económicas es un buen punto de partida. Acotando momentáneamente el análisis a América Latina, durante mucho tiempo este conjunto de países ha sido conocido como la región con mayor desigualdad en la distribución de ingresos y riqueza del mundo. En años recientes, sin embargo, la desigualdad de ingresos, aunque no la desigualdad en la riqueza, ha ido disminuyendo gradualmente en algunos países latinoamericanos que históricamente habían tenido altos niveles de desigualdad.1 Más impresionante aún es la disminución notable en los niveles de pobreza en algunos de estos.2
Estas señales alentadoras de disminución en los niveles de desigualdad y pobreza no significan, sin embargo, que el problema de la desigualdad de oportunidades en las Américas se haya superado. Todo lo contrario, la reciente mínima disminución en la desigualdad de ingresos parece haber resaltado la imagen general de la persistente desigualdad económica. Diferentes investigaciones han demostrado consistentemente que los altos niveles de desigualdad económica aminoran el crecimiento económico y limitan que se continúe reduciendo la pobreza.3 En términos sociales, la desigualdad suele ir acompañada de un aumento en el crimen violento.4
1
Ingresos y riqueza se relacionan entre sí, pero aún así son términos conceptualmente diferentes. Por ejemplo, el Barómetro de las Américas contiene preguntas acerca de los ingresos (la suma de fondos que recibe un hogar cada mes por concepto de trabajo o remesas) y pregunta asimismo acerca de riqueza en términos de bienes existentes en el hogar.
2
López-Calva, Luis Felipe y Nora Claudia Lustig. 2010. Declining Inequality in Latin America: A Decade of Progress? Washington, D.C.: Brookings Institution Press and United Nations Development Programme.
3
De Ferranti, David, Guillermo E. Perry, Francisco H.G, Ferreira y Michael Walton. 2004. Inequality in Latin America: Breaking with History? Washington, DC: The World Bank.
4
Fajnzylber, Pablo, Daniel Lederman, y Norman Loayza. 2002. “Inequality and Violent Crime.” Journal of Law and Economics 45: 1-39.
La desigualdad de ingresos no es solamente un problema social o económico sino que es también, fundamentalmente y por varias razones, un problema político. En primer lugar, entre los “desposeídos” de la región, la desigualdad frecuentemente fomenta malestar y falta de satisfacción, afectando la participación política y la estabilidad de los gobiernos. Diversas investigaciones señalan que la desigualdad crea descontento entre la ciudadanía,5 promueve la inestabilidad y la violencia, 6 y disminuye la confianza en la democracia. 7 Las investigaciones de LAPOP han demostrado que la desigualdad merma la confianza interpersonal, que es el “pegamento” que mantiene unida a una sociedad democrática.8 En segundo lugar, la desigualdad es un problema que los gobiernos buscan resolver a través de políticas públicas, y los candidatos políticos compiten sobre la base de cómo proponen resolver este problema. En tercer lugar, en la medida en que los sistemas políticos prestan más atención a las voces de algunos ciudadanos (aquellos con los recursos para hacer demandas) que a las de otros, esto constituye uno de los retos principales para la consolidación democrática, y contraviene la noción de democracia en sí misma.
Es evidente que aún en situaciones de “perfecta” igualdad de oportunidades no se podrían evitar todas las desigualdades, ya que cada individuo está dotado por naturaleza con diferentes fortalezas que producen diferentes resultados durante el transcurso de la vida.9 No obstante, la brecha extremadamente amplia entre los ricos y los pobres en América Latina y el Caribe es muestra prima
facie de que las oportunidades no están distribuidas igualitariamente. Más importante aún es que la
desigualdad se refuerza a sí misma. Los recursos desigualmente distribuidos, aunque provengan en parte de pasados esfuerzos y habilidades, afectan a las oportunidades futuras de éxito económico. Por ejemplo, un estudio reciente del Banco Mundial indica que en los 7 países analizados, aproximadamente un 10 por ciento de la desigualdad de ingresos en América Latina puede atribuirse a las diferencias en los logros académicos de la madre.10 Es más, la igualdad de oportunidades se extiende mucho más allá de los problemas económicos e incluye la participación política y el acceso. Estas desigualdades agravan el círculo vicioso en el cual aquellas personas que nacieron con mayores oportunidades establecen las reglas del juego que les ayudan a mantenerse a ellos y a sus hijos en posiciones de riqueza y poder.
¿En qué medida se traducen el género, la raza, la etnicidad, la clase social, y la orientación sexual en barreras para la igualdad de oportunidades, y por lo tanto se constituyen en fuentes de marginalización a largo plazo en las Américas? ¿Y cómo afectan dichas desigualdades la opinión pública hacia el sistema político? En la ronda del Barómetro de las Américas de 2012 se mide la marginalización económica, social, y política creando medidas objetivas basadas en desigualdades experimentadas por los entrevistados, además de indicadores subjetivos que incluyen medidas de
5
De Ferranti et al., 2004, Ibid.
6
Alesina, Alberto, y Roberto Perotti. 1996. “Income Distribution, Political Instability, and Investment,” European
Economic Review 40: 1203-1228; Muller, Edward N., y Mitchell A. Seligson. 1987. “Inequality and Insurgency.” American Political Science Review 81(2): 425-52.
7
Uslaner, Eric. M. y Mitchell Brown. 2005. “Inequality, Trust, and Civic Engagement.” American Politics Research 33: 868-894.
8
Córdova, Abby B. 2008. “Divided We Failed: Economic Inequality, Social Mistrust, and Political Instability in Latin American Democracies.” Tesis Doctoral, Vanderbilt University
9
Przeworski, Adam. 2010. Democracy and the Limits of Self-Government, Cambridge Studies in the Theory of Democracy. New York: Cambridge University Press.
10
Barros, Ricardo Paes de, Francisco H. G. Ferreira, José R. Molinas Vega, y Jaime Saavedra Chanduvi. 2009. Measuring Inequality of Opportunities in Latin America and the Caribbean. Washington, D.C.: The World Bank.
prejuicio y de normas hacia los diferentes grupos. En todo el estudio se presta especial atención a múltiples fuentes de marginalización. Luego se evalúa en qué medida y cómo la marginalización puede estar socavando los valores claves necesarios para la existencia de una cultura política democrática.
En este capítulo se examina la magnitud de la desigualdad económica y social en las Américas. En primer lugar, en la Sección II de este capítulo se sintetizan las investigaciones previas sobre la desigualdad económica y social en Honduras y en las Américas, analizándose los datos y hallazgos de investigadores académicos y de instituciones internacionales. En la Sección III se echa un vistazo al Barómetro de las Américas de 2012, examinando qué dicen los datos sobre la igualdad de oportunidades económicas y sociales en la región. Después de evaluar las disparidades objetivas en los resultados económicos y sociales, se analiza la opinión pública. Se explora quiénes perciben que están siendo discriminados. Más allá de ello, se examina también qué piensan los ciudadanos acerca de la desigualdad económica y social en la región. Por último, se discuten posibles soluciones a través de políticas públicas, analizando preguntas tales como quién apoya las cuotas raciales en la educación.