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ADN TRANSFER TO LPN PROGRAM

Area VI Core/Technical Concentration 35 credits Course Title Hrs Cr Cont Hrs

ADN TRANSFER TO LPN PROGRAM

Percepciones contrapuestas respecto a los matrimonios interétnicos seguramente encontraremos en la historia local y en algunos relatos de vida de la población insular. A mediados del siglo XX, era todavía evidente que las uniones interraciales e interétnicas debieran ser rechazadas porque iban en detrimento del orden social tácito de vivir “juntos pero no revueltos”. Y resultaba además muy problemático el hecho de que, a partir de dichas uniones, surgiera un sujeto distinto, incapaz de reconocerse en las diferenciaciones y divisiones heredadas de la post-esclavitud, y que éste se convirtiera en la remembranza o el ejemplo viviente de la presencia del “enemigo” o del “otro” invasor en uno de “los nuestros”

y que precisamente dejara de ser de los nuestros por su condición híbrida, ambigua y poco pura. En cambio, desde la mirada del Half & Half o Fifty-Fifty, su condición híbrida representa más bien la vivencia y la compenetración de dos mundos, de dos identidades que lo hacen particular frente al resto de los habitantes del Archipiélago. Para este sujeto híbrido no existe el “uno” y el “otro” de la misma forma en que lo conciben los grupos culturales por separado. El Half & Half representa la fusión, en él converge la unión de dos o más pueblos que se encontraron de manera natural y se relacionaron, se entrecruzaron, a pesar de las circunstancias históricas adversas que se generaron.

Esta situación ha podido ser recreada en la literatura del Caribe insular. La conversación de George y Elizabeth en la novela No Give Up Mann! respecto a la condición de mezcla representada en ellos es sugerente.

“…George, ¿tú te consideras negro? – No -y añadió sonriendo-, según ellos yo soy ñandú. – y qué significa ese nombre?- eso se lo aprendieron de los indios de la costa de Talamanca, es una madera roja, muy dura y un pájaro africano americanizado. Elizabeth: yo estoy muy a gusto y en paz con mi mezcla, he asimilado costumbres blancas, pero también lo mismo he hecho con algunas tradiciones negras. Podría convivir con cualquiera de los grupos, pero ellos no saben, no han descubierto la forma de aceptarme...” (Robinson 2002: 128).

De otra parte, en algunos escenarios de participación y organización comunitarias tradicionales Raizales se observa que se niega el concepto de lo Half & Half o

Fifty-Fifty, puesto que, para ingresar a los espacios de participación y toma de

decisiones sobre lo Raizal hay que rechazar de tajo la propia herencia o influencia “paña” en sí misma. Esto conduce a negar el dilema de estos sujetos y los obliga a asumir una posición exclusivamente desde lo Raizal, generando así una polarización: “O te asumes como Raizal o no eres Raizal”. Es decir, para ser parte de los procesos de participación dentro de los espacios organizativos de la comunidad Raizal, es necesario identificarse exclusivamente como Raizal y asumir un discurso en contra de lo “paña”. Aquí los puntos medios no son aceptados. Por el contrario, son reflejo de debilidad, impureza y contaminación de una etnia que cada vez es más reducida en número. En este sentido, ser portadores de la sangre “paña” es percibido como una influencia contraproducente para la supervivencia de la etnia Raizal. La presencia de los Half & Half en el contexto insular significa la contradicción del discurso para efectos de la unidad étnica cuando se pretende asumir una posición etnicista y nacionalista extrema. Asumir un discurso desde el nacionalismo y la etnicidad presupone el carácter homogéneo de su población, es decir, se pretende con el que un determinado grupo no haya sido permeado en sus componentes cultural, racial, religioso, lingüístico por las influencias o fuerzas externas. De esta manera la raizalidad construye un discurso cohesionado y fuerte frente a la nación o al Estado que hace soberanía sobre su territorio a partir de la negación de la hibridez y de los que reivindican dicha condición como tal. Así pues, en esas circunstancias, los Half & Half son otra cosa y no precisamente Raizales.

Si bien algunos representantes del sector Raizal aceptan la huella del mestizaje dentro de la composición étnica de la población, éstos asumen que esa mezcla es anterior y constituye el sustrato para la definición del sujeto Raizal puro condenado a la inmutabilidad, a ser ahistórico e incapaz de asumir los cambios dentro de los que se encuentran los nuevos procesos de mestizaje que se han generado con las nuevas dinámicas de poblamiento de la colombianización. Esta posición es defendida por uno de los líderes del Movimiento Amen-SD, Jairo Rodríguez, quien argumenta que:

“…Durante tantos años de mestizaje, de tan armoniosa mezcla de razas que se dio en este estratégico Territorio Insular Caribeño, entre Europeos Anglo-sajones, africanos, indígenas de Centroamérica, chinos, judíos, latinos, etc., nunca tuvimos información de que alguna vez hubiera dudas acerca de la etnia resultante, el Raizal. Pero aquel Raizal lejano a su territorio, que no vivió en las islas, hoy existe indudablemente confusiones entre muchos Raizales, que atraviesan por momentos de dudas e incertidumbre acerca de su etnicidad, y que por ende, esto ha dificultado el afianzamiento de su identidad cultural. Hace unos cuatro años se escuchó en las islas, una frase que caló en algunos: “fifty-fifty, ¿porque lado me inclino?” Este tipo de razonamiento no hizo sino profundizar la crisis de identidad. No es cuestión de eso, de “dividirse”, de fragmentar algo que si se disuelve, entonces ya no es. El Raizal es en gran medida un mestizaje, de un territorio esculpido durante la historia. Y es en la misma medida en que el bronce es un metal distinto del cobre y del estaño que al mezclarse, lo producen… O así como el aire es distinto del oxigeno y del nitrógeno que lo constituyen. No se trata, por tanto, de renunciar a los valores de nuestros componentes culturales heredados, sino de valorizar la resultante de una mezcla de culturas que nos hace, no mejores, ni peores, sino específicamente diferentes de otras culturas…” (Rodríguez, 2008:39).

El autor utiliza un argumento de apertura y de reconocimiento de la mezcla pero cae en una contradicción al negar la libertad cultural del sujeto Half & Half o Fifty Fifty de asumir una identidad cultural diferente de la Raizal. Cuando se asume una cultura diferente de la cual se es heredero, no se quiere decir con ello que se niegue lo Raizal sino que se parte de la idea de que uno puede asumir múltiples identidades a la misma vez sin entrar en perjuicio de ninguna de las identidades heredadas. En ese sentido, el sujeto híbrido resultante no es un individuo precario, por el contrario, es portador de una riqueza cultural, de una condición de apertura hacia lo diferente y lo diverso. Rodríguez (2008) recurre a un esencialismo subyacente de la identidad Raizal como única opción por la cual inclinarse a la hora de decidirse por una de las dos identidades. Lo que aquí se pretende no es asumir una identidad o la otra, sino que se reconozca las dos herencias presentes en un sujeto. Es reconocer la presencia de lo colombiano, así ésta sea dolorosa y paradójica. En el pasado se asumieron las múltiples herencias como parte del sustrato Raizal y ahora no se asumen las mezclas e hibridaciones posteriores. Asumir la interculturalidad implica no sólo entenderla como parte de la convivencia

sino como un proyecto político integrador con capacidad de recoger la diferencia como factor de unidad.