2.6 Image Registration
2.6.1 Transformation Model
Todo mundo sabe que nada se queda como está por siempre, pero, por extraño que parezca, cuando sucesos externos u otras personas nos fuerzan a salir de la zona de comodidad, nos sentimos temerosos e inseguros. A veces nos enojamos y guardamos resentimientos. Incluso la gente que se encuentra en situaciones precarias —como una relación violenta, un empleo sin perspectivas o un ambiente peligroso— se niega a tomar un nuevo camino porque prefiere seguir lidiando con lo que ya conoce a enfrentar lo que pueda venir.
Hace poco conocí a George, un terapeuta y entrenador físico. Le dije que tenía un problema con mi espalda y que necesitaba algunos ejercicios para fortalecerla, pero que no me sentía motivado a ejercitar porque estaba demasiado ocupado viajando y dirigiendo mi compañía. La respuesta de George fue la típica: “Oye, pues si quieres seguir lidiando con ese dolor, que se hará peor y peor cada vez, pues entonces, buena suerte”.
¡Se burló de mí! Me dieron ganas de darle un cabezazo, pero entonces me di cuenta de que estaba motivándome, forzándome a enfrentar el hecho de que, si no estaba dispuesto a modificar mi estilo de vida, tendría que pagar las consecuencias.
En realidad me estaba diciendo: Nick, no tienes que cambiar si no quieres, pero la única persona que te puede ayudar a que tu espalda se sienta mejor, eres tú mismo.
Ahí fui un buen ejemplo de un mal ejemplo: resistiéndome a hacer un ajuste en mi estilo de vida. Pero hay personas en condiciones mucho peores que se resisten a realizar cambios que mejorarían muchísimo sus vidas. La mayor parte del tiempo tienen miedo incluso de abandonar las situaciones más terribles, sólo porque eso significaría salirse de una experiencia que ya les es familiar. Hay mucha gente que se niega a aceptar la responsabilidad de su propia vida. El presidente Barack Obama remarcó la importancia de la responsabilidad personal, cuando dijo: “Nosotros somos el cambio que hemos estado esperando”. Pero hay algunas personas que luchan contra la corriente, incluso cuando ésta amenaza con ahogarlas.
Para algunas personas es mucho más difícil hacerse responsable que abstenerse de actuar: cuando la vida te da una carta que arruina tu mano y modifica tus planes, puedes culpar al universo, a tus padres, al niño que te robó el sándwich en tercer año. Pero, al final, culpar a otros no te sirve de nada. La única forma en que puedes dominar las desviaciones y los cambios que se presenten en tu camino, es haciéndote responsable. Mis experiencias me han enseñado que hay cinco etapas fundamentales en la realización de un cambio positivo.
1. Reconocer la necesidad de un cambio
Es triste, pero a veces nos tardamos en reconocer que es necesario hacer un cambio. A pesar de que no es cómoda, nos instalamos en una rutina y escogemos la inacción en lugar de la acción sólo porque sentimos temor o porque somos holgazanes. A veces, es necesario que algo verdaderamente aterrador se presente para hacernos reconocer que necesitamos un nuevo plan. Un buen ejemplo es mi intento de suicidio. Yo había estado sobrellevando la vida por años, y poniendo cara de valiente la mayor parte del tiempo, pero, dentro de mí, había pensamientos ocultos que me perseguían. Pensaba que, si no podía modificar mi cuerpo, sería mejor acabar con mi existencia. Cuando llegué al punto en que casi me permito ahogarme, reconocí que era el momento de hacerme responsable de mi propia felicidad.
2. Imagen de algo nuevo
Hace poco, Ned, un amigo mío, tuvo que enfrentar la penosa tarea de convencer a sus padres de abandonar la casa en donde habían vivido por cuarenta y siete años para mudarse a un centro para personas mayores, o sea, un asilo. La salud de su padre no estaba muy bien y la carga de cuidar de él también había puesto en peligro la vida de su madre. Sus padres no querían irse, preferían quedarse en su hogar, rodeados de los vecinos a quienes ya conocían. “Aquí nos sentimos felices. ¿Por qué habríamos de irnos?”, dijeron.
Ned tuvo pláticas con sus padres durante un año antes de lograr convencerlos de visitar una comunidad muy agradable para gente mayor. La comunidad se encontraba a unas cuadras de su casa. Los padres de Ned ya se habían formado una imagen de las “casas para viejos”: lugares horribles y fríos en donde “la gente vieja se va a morir”. Pero, en lugar de eso, encontraron un lugar limpio, cálido y agradable para vivir, en donde ya se encontraban varios de sus antiguos vecinos, viviendo y disfrutando de días muy provechosos. La comunidad tenía una clínica bien equipada con médicos, enfermeras y terapeutas que podían hacerse cargo de los problemas del padre de Ned, problemas que tanto habían afectado a su madre.
Cuando los padres tuvieron una imagen del nuevo lugar, accedieron a mudarse. “Nunca nos imaginamos que sería tan agradable”, dijeron.
Si tienes dificultad para cambiarte del lugar en que te encuentras, tal vez te ayude hacerte una visión clara del sitio a donde te llevará el cambio. Esto puede implicar el explorar un área, tratar de hacer nuevas relaciones o perseguir a alguien que desempeña una carrera que te gustaría estudiar. Cuando estés más familiarizado con la nueva situación será más fácil abandonar la anterior.
3. Dejar atrás el pasado
Para mucha gente, esta etapa es muy difícil. Imagina que estás escalando un muro de piedra en las montañas. Estás a la mitad del camino, a cientos de metros sobre el valle. Acabas de llegar a una pequeña saliente. Es aterrador y sabes que si el viento levantara o comenzara una tormenta, serías bastante vulnerable. Pero, estando en la saliente, tienes por lo menos una sensación de seguridad.
El problema es que, para seguir subiendo o para bajar de nuevo, tienes que abandonar la seguridad de la saliente y buscar otra pequeña plataforma. Si estás escalando o pensando en tomar un nuevo camino en la vida, el reto es dejar esa tenue sensación de seguridad. Tienes que dejar tu base anterior y aferrarte a la nueva. Muchas personas se paralizan en esta etapa o, tal vez, comienzan a hacer el movimiento pero luego se espantan y salen huyendo como gallinas. Si te encuentras en esa situación, sólo imagina que estás subiendo una escalera: para moverte al siguiente escalón, debes dejar el que estás y subir. Sueltas, alcanzas y te levantas, ¡paso a paso!
4. Establecerse
Esta etapa puede ser muy confusa para algunas personas. Tal vez ya dejaron atrás el pasado pero, hasta que no alcancen un nuevo estado de comodidad, se sentirán tentados a volver a la situación anterior. Es la etapa en la que dices: Muy bien, aquí estoy, ¿y ahora, qué?
La clave para establecerse es tener mucho cuidado con los pensamientos que rondan tu cabeza. Tienes que eliminar de tu pantalla los pensamientos de pánico como “O, Dios mío, ¿qué hice?”, y enfocarte en frases como “¡Ésta es una gran aventura!”
Durante los primeros meses que pasé en Estados Unidos cuando era niño, batallé terriblemente en la etapa de aceptación. Pasé muchas noches y días retorciéndome en la cama, inquieto por mi nuevo ambiente. Me escondía de los otros estudiantes porque temía el rechazo y la burla. Pero, lenta y gradualmente, pude llegar a disfrutar de ciertos aspectos de mi nuevo hogar. Por lo pronto, aquí también tenía primos, sólo que nunca antes los había tratado. Mis primos en Estados Unidos resultaron ser gente grandiosa. Además, había una playa, montañas y el desierto, todo muy cerca de casa.
Luego, justo cuando comencé a sentir que California no era tan malo, mis padres decidieron volver a Australia. Cuando crecí y terminé la universidad, volví de inmediato a California y ahora ¡se ha vuelto un hogar para mí!
5. Sigue creciendo
Ésta es la mejor etapa de una transición exitosa. Ya diste el salto y ahora es momento de crecer en tu nuevo ambiente. El hecho es que no puedes continuar creciendo si no enfrentas cambios; aunque el proceso puede ser muy estresante y doloroso en el aspecto emocional y físico, por lo general, el crecimiento vale la pena.
He podido constatar eso en mi negocio. Hace algunos años tuve que reestructurar la compañía. Eso implicó despedir a algunas personas y yo soy terrible en ese aspecto. Lo odio. Soy un tipo más bien gentil, no el típico mala leche al que le gusta dar malas noticias a la gente que quiere. Todavía tengo pesadillas en las que despido a personas a las que había llegado a conocer y estimar como amigos. Pero, cuando reflexiono, me doy cuenta de que la compañía jamás habría crecido si no hubiera llevando a cabo aquellos cambios. Ya recogimos los beneficios, pero no podría decir que me dio gusto despedir a aquellos empleados. Todavía los extraño.
El dolor que produce crecer es un signo de que te estás estirando y de que alcanzarás nuevas alturas. No siempre tienes que disfrutar ese dolor, pero sí debes tener claro que