En una investigación cuyos resultados fueron publicados en 19261, el economista ruso N. D. Kondratiev
constató la existencia de tres ciclos económicos de 50 a 60 años cada uno, entre 1780 y 1920. Kondratiev analizó el comportamiento de los índices de precios, las tasas de beneficio, los salarios, el movimiento internacional de capitales, el consumo de carbón, la producción de carbón, lingotes de hierro y plomo, básicamente en Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos. A partir de estos datos, encontró series consistentes que repetían el mismo patrón cíclico de largo plazo. Así,determinó tres ondas o ciclos largos:
Primera onda larga:
A: El ascenso se inició entre fines de 1780 y comienzos de 1780, hasta 1810-1817. B: La declinación duró de 1810-1817 hasta 1844-1851.
Segunda onda larga:
A: El ascenso duró de 1844-1851 hasta 1870-1875. B: La declinación duró de 1870-1875 hasta 1890-1896.
Tercera onda larga:
A: El ascenso duró de 1890-1896 hasta 1914-1920.
No es éste el lugar para discutir acerca de la complicada carrera de Kondratiev (socialista revolucionario de izquierda que apoyó el gobierno bolchevique, dirigió el Centro de Estudios de Matemáticas Económicas, donde llevó a cabo las investigaciones que lo hicieron célebre, y terminó su vida deportado en Siberia), cuya obra despierta un creciente interés2.
Sus descubrimientos tuvieron repercusiones polémicas. León Trotsky, para entonces ministro de la Guerra, y otros economistas, se pronunciaron en contra de sus conclusiones. Negaban sobre todo la posibilidad de un comportamiento cíclico de largo plazo aunque, ante el rigor de los datos utilizados y a pesar de sus límites, no podían argumentar casi nada.
Schumpeter fue el economista que mejor asimiló los resultados de Kondratiev. En su libro sobre el ciclo económico3, buscó articular los ciclos largos con los ciclos menores de 10 a 4 años, elaborando una teoría
bastante consistente del ciclo económico. Sin embargo, estos descubrimientos se toparon con la hegemonía del keynesianismo en la ciencia económica. Para los keynesianos, se trataba sobre todo de asegurar la posibilidad de eliminar el ciclo económico mediante políticas económicas anticíclicas. Se llegó a creer que la economía había alcanzado una fase postcíclica4, debido al alto grado de planificación practicado por las
grandes empresas y por el Estado moderno. Esta visión tuvo un gran prestigio en el período de la postguerra, cuando los ciclos económicos disminuyeron sensiblemente sus oscilaciones. Los períodos de recesión se hicieron más cortos, y pocas veces se observaba una sincronía entre las recesiones norteamericanas, europeas y asiáticas.
No obstante, a fines de la década de los años sesenta, los ciclos más pronunciados volvieron a manifestarse, aumentando sobre todo las fases de recesión y caída del crecimiento económico a períodos cada vez más largos. Actualmente, se vuelve a estudiar las ondas largas5. Se observa una coincidencia increíblemente
exacta con los cálculos de Kondratiev. Queda entonces en evidencia la extrema precisión de los ciclos largos. Si analizamos el período posterior a la muerte de Kondratiev, tenemos el siguiente resultado:
Tercera onda larga:
B: de 1914-1920 a 1940-1945, nueva fase de descenso.
B: de 1967-1973 a 1994-1998, nuevo período de descenso.
¿Quinta onda larga?:
A: de 1994-1998 a 2020, ¿nuevo período de ascenso?
En vez de rechazar los hechos por presentar un carácter determinista, como hacen algunos, habría que tratar más seriamente de explicar estas ondas largas y su posible repetición y previsibilidad. De hecho,todo lo quese escribió al respecto en los últimos años buscaba encontrar las causas más profundas de estas ondas largas, buscaba describir su morfología, las posibles especificidades de cada una, sus posibles cambios de comportamiento.
Lo que se sabe hoy en día es que cada una de esas ondas largas estuvo asociada a un nuevo paradigma tecnológico, y partió de una nueva base de fuerzas productivas y de un nuevo modelo de acumulación de capital que, en cierta forma, suponían los anteriores. Si apelamos a la noción de régimen de regulación creada por los regulacionistas franceses, podríamos asociar cada ciclo a un régimen de acumulación, pese a que los regulacionistas se rehúsan a aceptar las ondas largas6.
En los últimos años,se instauró un amplio debate sobre la existencia de las ondas largas antes de la Revolución Industrial, o mejor dicho, de la primera onda larga descubierta por Kondratiev. A partir de Fernand Braudel, se encontraron ondas largas aún mayores, abarcando dos siglos y un siglo y medio. Estas ondas revelan una clara tendencia a disminuir sus años medios7.
El resultado final de este análisis propone el siguiente esquema de pares de ciclos de Kondratiev, que fue trabajado posteriormente, siendo el estudio reciente de Giovanni Arrighi uno de los que logró los resultados más brillantes8.
PARES DE KONDRATIEV Y HEGEMONÍA/RIVALIDAD
Ya que,al parecer, estamos iniciando una nueva fase A del ciclo largo de Kondratiev desde 1994, es decir, un crecimiento económico sustentado de la economía mundial, con crisis económicas y recesiones cada vez
menos extensas, puede que las teorías del ciclo económico, y particularmente de los ciclos largos, caigan en el olvido. Pero todavía hay tiempo para tratar de sensibilizar a los economistas y los científicos sociales más realistas con respecto al comportamiento cíclico de la economía (y, en este sentido, la crisis entre 2001 y 2003 muestra la combinación entre los ciclos largos y los ciclos de 4 años y de 10 años encontrados por Schumpeter), y con respecto a la necesidad de no perder de vista fenómenos tan evidentes y esenciales para una correcta previsión de la coyuntura y la planificación económica (que seguramente volverá a ponerse de moda cuando la estabilidad se haga más sólida y el crecimiento más viable).
El objetivo de esta parte de nuestro libro es analizar la economía de la postguerra desde el punto de vista de la teoría de las ondas largas, tal como se presenta actualmente, articulando cada onda larga con nuevos paradigmas tecnológicos, nuevas modalidades de regulación, y nuevas etapas en los procesos de hegemonía a escala mundial. Al hacerlo, quiero demostrar las razones históricas que generaron una corriente ideológica neoliberal en las dos últimas décadas del siglo XX, y la posible evolución de esta tendencia, con la pérdida de esta hegemonía neoliberal y la recuperación del crecimiento económico.
No se trata de un simple determinismo económico, ya que el fenómeno de las ondas largas no está totalmente explicado, y sólo queremos señalar algunos elementos teóricos en esta duración. Se trata, sí, de reconocer un fenómeno histórico que debe orientar el trabajo teórico y analítico. La formación actual de los economistas se basa en la total ignorancia de los hechos de la historia económica. Por ello, pueden despreciar tranquilamente lo que ignoran. De ahí la irrelevancia teórica y práctica de sus estudios.
El largo ciclo de la postguerra, 1945-1967
Entre 1945 y 1967, la economía capitalista internacional presentó un crecimiento permanente, con recesiones cortas y localizadas. Tan grande y continuo fue este crecimiento que los economistas de origen keynesiano creyeron que se había alcanzado el final de las crisis económicas, y llegaron a concebir un capitalismo postcíclico9. Ciertamente, se registraron importantes crisis en ese período: en 1946, con la desmovilización
de la economía de guerra en Estados Unidos; en 1953, con el final de la guerra de Corea; en 1958, cuando Eisenhower pretendió desmontar la economía de guerra; en 1961, cuando los factores cíclicos ya despuntaban claramente. Pero estas crisis no produjeron una sincronía mundial, fueron relativamente breves, y las acciones anticíclicas de los Estados nacionales parecían capaces de superarlas rápidamente.
Por otra parte, esta fase A (ascendente) del ciclo largo de la postguerra se acompañó de tres cambios estructurales del capitalismo, que generaron un nuevo patrón de acumulación.
En el plano de las fuerzas productivas y de las relaciones básicas de producción, el régimen fordista de producción, que se inició en la primera parte del siglo, después de la Primera Guerra Mundial, se extendió en distintas formas por todo el planeta, pero dentro de un mismo patrón:
la instalación de las cadenas de producción basadas en el trabajo especializado, en la generalización de las relaciones asalariadas, y en el aumento de la demanda de los trabajadores, incluso para productos de consumo intermedio con el auxilio del crédito.
En segundo lugar, se expandieron las acciones estatales de intervención directa en la economía. En el plano productivo, el Estado planificaba, asesoraba y financiaba las inversiones, algunas veces asumía directamente la producción en los sectores estratégicos y vitales de la infraestructura, cuyos productos y servicios eran consumidas por las demás empresas a precios subsidiados. Al asumir las actividades económicas con bajas tasas de beneficio, el Estado permitía que los capitales privados se concentraran en las actividades con altas tasas de beneficio, y fortalecía así la acumulación de capital.
Al mismo tiempo, el llamado Estado de Bienestar garantizaba el seguro de desempleo, la atención a la salud pública y privada, los recursos básicos alimentarios, la vivienda y el transporte para el conjunto de la población, y más específicamente para los trabajadores asalariados. Al generalizarse la semana de 48 horas, el aumento del tiempo libre permitió la extensión de la educación y del ocio, y dio a la clase trabajadora (o, al menos, a una fracción importante de esa clase) los medios para ampliar su acción política organizada y su nivel de consumo. Sin embargo, la intervención del Estado se generalizó con dos objetivos: asegurar la acumulación de capital, garantizando el consumo, el crédito y la inversión; legitimar el orden social, formar la mano de obra, organizarla y disciplinarla a través de un sistema de educación básica y profesional 10. Los
instrumentos fiscales para estas políticas fueron muy diversificados, pasando de los meros impuestos a las cobranzas de tasas específicas y a las más variadas formas de subsidios y exenciones fiscales, y algunas veces simplemente el déficit público y la consecuente deuda pública, o la emisión monetaria cada vez más separada del patrón oro y de cualquier lastre que no fuera la propia producción de bienes y valores.
El tercer fenómeno se inserta en esa acción creciente del Estado. Se trata del crecimiento extraordinario de las actividades militares en período de paz. Entre estas actividades, señalemos la investigación militar, la inteligencia, el reclutamiento obligatorio, el entrenamiento, la simulación de guerra. Teniendo a Estados
Unidos como su principal líder, esta economía de guerra se extendió por el resto del mundo de manera espectacular, acompañando la Guerra Fría, la generalización de los movimientos de liberación nacional, y el surgimiento de más de un centenar de nuevos y poderosos Estados nacionales postcoloniales. Incluso los vetos que sufrían Alemania, Italia y Japón, desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial, para el desarrollo de sus fuerzas armadas, fueron levantados poco a poco para poder ampliar sus gastos militares.
Hay que resaltar que estas nuevas realidades implantadas después de la Segunda Guerra Mundial configuraron, para muchos, un nuevo sistema económico, social y político mundial. Como la guerra se ganó gracias a la acción conjunta de la ofensiva soviética en la Europa del Este hasta las puertas de Berlín, por una parte, y por otra, por la ofensiva norteamericana con el apoyo inglés y, muy secundariamente, con el apoyo francés en la parte occidental, el mundo se dividió entre los dos bloques vencedores.
Recordemos que el imperialismo europeo entró en crisis definitiva en Asia y en África. En estas regiones, las tropas soviéticas se expandieron hacia China y Japón, mientras Estados Unidos e Inglaterra utilizaban el poder atómico para conseguir la rendición japonesa ante la ocupación norteamericana, y mientras India conquistaba su independencia.
En este mundo de postguerra, la paz había sido producto de un vasto movimiento progresista mundial. Los Aliados impusieron la democracia sobre el nazifascismo, los principios de un orden social en el que la soberanía nacional, la democracia, la justicia social, y la confianza en la unidad del género humano servían de principios comunes para reordenar el mundo. El pleno empleo, el bienestar económico, el desarrollo y el crecimiento económico se convertían en ideales universales.
La Organización de las Naciones Unidas y el sistema económico de Bretton Woods, articulándose, pretendían asegurar las condiciones para el pleno desarrollo de la humanidad.
Hay que tener en mente este ambiente triunfal de los Aliados para comprender el atraso que representó la declaración de la Guerra Fría por parte de Churchill y Truman, con la oposición inicial de la socialdemocracia y de los liberales más progresistas. La intensificación de esta estrategia fue envolviendo el otro lado, y creando las motivaciones para una ofensiva del socialismo mundial.
La revolución en Yugoslavia, con la oposición de Stalin; la radicalización de las democracias populares de la Europa occidental, aceptada por Stalin sólo como respuesta a las presiones de Inglaterra y Estados Unidos; la Revolución china, aceptada como arma de desestabilización mundial definitiva; la guerra de Corea, medición
La victoria de los vietnamitas contra el imperialismo francés, el levantamiento de los países árabes en Medio Oriente, el ascenso revolucionario en Latinoamérica, y las victorias de las luchas anticoloniales en África, configuraban un campo de batalla mundial donde el socialismo fue convirtiéndose en una bandera de lucha internacional, en regímenes políticos y experiencias de gobierno.
La Guerra Fría permitió alejar las experiencias revolucionarias y progresistas del resto del mundo, así como a los sectores más avanzados de Estados Unidos y Europa occidental, dividiéndolos. En este sentido, la respuesta radical del estalinismo favoreció, a fines de la década de los años cuarenta, el quiebre de las alianzas y de los frentes que habían surgido durante la Segunda Guerra Mundial en torno a los movimientos de Resistencia. Los servicios occidentales de inteligencia se vanagloriaban de haber logrado esa división, con el rompimiento entre socialdemócratas y democristianos por un lado, y los comunistas por el otro.
Sin embargo, el ascenso económico en la postguerra iba asociado a cuatro fenómenos distintos:
1. La lucha entre dos ideologías que presentaban concepciones distintas del ordenamiento mundial, de la economía y la política. Esto no significaba que el poder mundial estuviera dividido entre dos potencias de poder similar. La idea de vivir en un mundo bipolar no tenía ningún fundamento. La hegemonía norteamericana era ineludible, y tanto la Unión Soviética como cualquier otra experiencia de gerencia económica tenían que subordinarse a las leyes económicas, militares y políticas del sistema mundial capitalista.
2. El Estado de Bienestar en Occidente, caracterizado por las políticas de pleno empleo y la planificación económica indicativa, ambos principios que se oponían al liberalismo ortodoxo, sometiendo el mercado a la acción consciente de la humanidad.
3. La aparición de los Estados postcoloniales que generaban una nueva y poderosa fuerza económica, política y militar en el escenario político internacional. Civilizaciones seculares como India, China y los pueblos árabes, nuevos pueblos apoyados en comunidades seculares como Indonesia, Corea, Vietnam, las sufridas sociedades tribales africanas, objeto de 500 años de expoliación sistemática de sus mejores hijos, convertidos en esclavos, y reestructuradas en torno a grandes líderes anticoloniales, como NKrumah y SékouTouré. 4. El surgimiento de Estados cuyo objetivo era fundar un nuevo sistema de producción postcapitalista, y que
se articulaban con la experiencia histórica de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Estos regímenes de transición dominaban casi dos tercios de la población mundial, al reunir a los dos países más grandes del mundo (la Unión Soviética y China), a la mayor concentración poblacional del planeta (China), y a las economías medias semiindustrializadas (como la Europa Oriental y Cuba). La victoria de los independentistas en Argelia extendía aquellas experiencias hasta el Norte de África, encontrándose
con la civilización árabe, donde el concepto de socialismo árabe presentaba una versión propia de la modernización del mundo panárabe.
Puede decirse entonces que el ascenso económico posterior a la Segunda Guerra Mundial, pese a estar vinculado al gasto militar y pese a los monopolios estatales, estaba asociado a un conjunto de fenómenos progresistas que tuvo sus expresiones mayores en el pleno empleo y en el Estado de Bienestar. Al mismo tiempo, este ascenso se combinó con luchas revolucionarias victoriosas que emergían directamente de la victoria de los Aliados en la guerra antinazi. Yugoslavia, la Europa Oriental, China, Corea, Vietnam del Norte, ampliaron en los años posteriores experiencias más distantes de la zona de conflicto de la Segunda Guerra Mundial, como Bolivia, Guatemala y Cuba en Latinoamérica, Argelia en África del Norte. La consolidación nacional de los Estados de India, Indonesia, África, indicaba que este período debía consolidarse a través de un nuevo orden económico mundial.
Las fases A de los ciclos largos de Kondratiev suelen caracterizarse por acontecimientos aparentemente contradictorios: la combinación de las reformas en las zonas centrales del sistema, y las transformaciones revolucionarias, sobre todo en las zonas periféricas. Pero el avance de las reformas fue el resultado del crecimiento económico, que colocó las luchas de los trabajadores en un plano más elevado históricamente. En una situación de pleno empleo, se trata de garantizar la máxima participación del trabajo en la distribución de las riquezas producidas y, por ende, en la elevación de las condiciones de vida de los trabajadores. En el plano internacional, la expansión económica de las economías centrales genera mejores condiciones de crecimiento en la periferia, y pone en el tapete la necesidad de redefinir las relaciones económicas internacionales, para beneficio de las economías periféricas y dependientes.
El final del auge de la postguerra y la crisis 1967-1983
Como veremos a continuación, el agotamiento de la onda expansiva en 1967 abrió una coyuntura histórica completamente nueva que se caracterizaba, por una parte, por la pérdida de dinamismo de la economía mundial, y por otra, por el intento de las clases dirigentes para detener y, en lo posible, para destruir las conquistas sociales y políticas alcanzadas por clases, grupos, y fuerzas sociales y políticas subyugadas y dependientes históricamente, sobre todo en el período de la postguerra. La guerra de Vietnam fue quizás la primera forma global de encaminar esa ofensiva.
No obstante, la derrota norteamericana obligó a un cambio de táctica, que se expresó sobre todo en el surgimiento de la Organización Trilateral. Se generaron las condiciones subjetivas para una unión entre Estados Unidos, Europa y Japón, que se expresó en la creación del Grupo de los Siete y otras instancias de poder mundial, con el fin de derrotar el avance de las fuerzas populares, definidas como la alianza de los países socialistas y el movimiento socialista mundial con el llamado Tercer Mundo y el movimiento nacionalista democrático en varios países. Esta amenaza se concretó en el Movimiento de los No Alineados. La hegemonía del pensamiento único neoliberal, y fenómenos como el Consenso de Washington, fueron expresiones posteriores de esta contraofensiva del poder mundial.
Las razones para la recesión, o pérdida de dinamismo económico, ya estaban presentes en el período anterior. Entre estas razones, se destacan las siguientes:
La expansión de la producción se apoyaba en una expansión del consumo, sobre todo financiada por el Estado, mediante la exención fiscal, mediante la simple emisión monetaria, o mediante la creación de deuda pública.