Respecto al presente estudio, en la TABLA 1: Se presenta la distribución de 150 pobladores, según los factores de riesgo de cáncer de piel, en la población adulta en la ciudad de Pacanga, se observa que el 59.3% son adultos maduros, el 57.3% son de sexo masculino, el 38.0% están dedicados a la agricultura, el 41.3% tienen fototipo IV piel, el 48.0% nunca están expuestos a productos químicos, el 80.7% no tienen antecedentes familiares, el 42.0% a veces se exponen al sol, y el 69.3% de pobladores encuestados alguna vez han presentado quemadura solar.
Según los resultados del estudio, la población adulta madura representa el 59.3%, y el 35.3% se encuentra en la etapa adulta joven, esto concuerda con el 84.8% dado en el reporte (INEI, 2015) en la provincia de Chepen, distrito de Pacanga, donde el porcentaje mayor de la población adulta se encuentra entre los 20 hasta los 60 años de edad, inmersos en la población económicamente activa.
El predominio de los pobladores encuestados, es de sexo masculino con un 57.3%, que está relacionado al tipo de actividades que realizan los hombres, donde no solo se exponen a la radiación ultravioleta, sino también a otros factores de riesgo, ya que se ha observado una prevalencia elevada en áreas no fotoexpuestas de estos dos tipos de neoplasia. En relación al melanoma, se considera, que no solo la radiación ultravioleta está implícita en su etiología, sino también otros factores de riesgo como los traumatismos repetitivos especialmente en los pies al realizar actividades como la
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agricultura, factor al que muy pocas mujeres se exponen en nuestro país y que fue la ocupación referida por el 100% de los pobladores masculinos (Gutiérrez, 2007).
Según la población encuestada el 42.7% fue de sexo femenino, dedicándose el 27.3% a ser amas de casa. Es interesante notar que el cáncer de piel, en el estudio de (Córdova, 2002 y Gutiérrez, 2007) se diagnosticó con mayor frecuencia en amas de casa, asumiendo que generalmente realizan la mayoría de sus actividades dentro de su hogar y por lo tanto su exposición a la radiación ultravioleta es poco habitual e intermitente; además, en nuestra población son las mujeres quienes salen hacer su mercado y están pendientes a los cambios en la moda de ropa y cabello exponiendo más áreas de su piel a la radiación ultravioleta. Esto podría atribuirse a que se ha observado que aquellas personas que se queman por el sol, a causa de una exposición que no es regular ni habitual son más propensas a desarrollar cáncer de piel, que las personas que toman el sol habitualmente y que esto les estimula un aumento en la pigmentación de la piel, que puede actuar como factor protector.
En la ciudad de Pacanga, la agricultura es la base de la economía distrital, ocupando el 69.8% de la PEA, la actividad agrícola en esta ciudad se sustenta en los cultivos de arroz, maíz y algodón; y, el comercio, es la segunda actividad económica del distrito (Becerra y Malca, 2011). Por ello, en la población encuestada, la mayoría son agricultores con un 38%, ama de casa con un 27.3% y comerciantes con un 20.7%.
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Se identificó en los pobladores, el 41.3% tiene el fototipo IV (piel trigueña), un 34% fototipo V (piel morena) y un 24.7% fototipo III (piel blanca). Estos datos coinciden con los resultados obtenidos con el trabajo realizado en el Callao, por Ramos y Ramos (2010), quienes encontraron que los tipos de piel más frecuente entre los participantes 76.3% tiene fototipo IV (piel morena), el 20.6% presenta fototipo III (piel blanca) y un 3.1% tiene fototipo V (piel muy morena).
En esta investigación, en relación a la prevalencia de países con poblaciones predominantemente de piel clara, y la semejanza observada con las tasas reportadas en varios estudios latinoamericanos probablemente se debe a las características de la piel de nuestra población donde predominan los fototipos III y IV. Siendo las poblaciones con fototipos I y II las más vulnerables a desarrollar esta enfermedad, debido a la facilidad con la que el sol les provoca quemaduras y daño celular por su escasa pigmentación (Córdova, 2002). Por lo que el fototipo de piel de la mayoría de nuestra población podría ser un factor protector.
Respecto a la exposición a productos químicos en nuestro estudio, muestra que un 48% nunca ha estado expuesto a estos productos, el 41.3% a veces y solo el 10.7% siempre. Según (Becerra y Malca, 2011), en el uso de insumos agrícolas, aquellos productores que no utilizan semillas mejoradas alcanza el 30.1% herbicidas el 57.2% y fungicidas el 54.5%, que repercuten negativamente en la producción y productividad, respecto al conocimiento del control biológico, solo el 33% de productores los conocen. Las sustancias químicas que entran en contacto con la piel pueden tener un efecto local
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a nivel cutáneo, dermatitis de contacto, o por absorción a través de la piel penetra al organismo, y llegar a otros órganos internos provocando su efecto a ese nivel.
Los trabajadores en la agricultura, que aplican ciertos pesticidas a los campos cultivados son doblemente proclives a contraer melanoma, una forma mortal de cáncer de piel. Los descubrimientos aportan pruebas que sugieren que el uso frecuente de pesticidas podría elevar el riesgo de melanoma, las tasas de la enfermedad se han triplicado en Estados Unidos en los últimos 30 años, con la exposición al sol identificada como la causa principal. Los investigadores identificaron seis pesticidas, que con exposición repetida, duplicaban el riesgo de cáncer de piel entre granjeros y otros trabajadores que aplicaban los químicos a los cultivos (Environmental Health Perspectives - EHP, 2010).
En la población encuestada, se aprecia que el 80.7% no presentan ningún antecedente familiar de cáncer, frente a un 19.3% que respondieron que sí. Esto se asemeja al estudio realizado por (Molgó y Col., 2005), donde encontraron, que el antecedente personal de cáncer de piel que se observó en el 1% de las personas encuestadas, y el 16% tenía antecedentes familiares de cáncer de piel.
Asimismo, en la población refieren que un 42% a veces se exponen al sol; mientras que, un 33.3% siempre lo hacen en sus actividades diarias, y un 69.3% alguna vez han presentado una quemadura solar. De acuerdo con la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), el cáncer de piel es más frecuente entre las
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personas de piel blanca que han pasado mucho tiempo expuestas al sol, o han sufrido quemaduras solares en la infancia por el proceso acumulativo (Martínez, 2010).
Estos resultados son concordantes con el estudio realizado por Molgó y Col., (2005), quienes encontraron que el 38% de los encuestados reconoció haber tenido más de una quemadura solar en los últimos dos años; sin embargo, el 49% de los menores de 15 años tuvo quemaduras solares en el mismo período.
La exposición solar es determinante en el desarrollo del cáncer de piel, especialmente la exposición solar intensa e intermitente durante la infancia y la adolescencia. Se calcula que los niños pasan entre 2.5 y tres horas expuestos al sol diariamente y pueden recibir más radiación ultravioleta B (UVB) por año que los adultos. Incluso, varios estudios demuestran que el uso regular de fotoprotectores antes de los 18 años de edad puede reducir la incidencia del cáncer de piel no melanoma hasta 78 %. Actualmente se sabe que antes de los 18 años se ha acumulado 70% del daño actínico crónico que se manifestará en la edad adulta, como fotoenvejecimiento o cáncer de piel, por lo que es importante iniciar las medidas de fotoprotección desde la infancia (Lara, Domínguez y Peralta, 2010).
Asimismo, en este cuadro podemos identificar a las personas que están expuestas a las radiaciones solares, de las cuales el 34.2% manifestó estar a veces expuestas al sol por su trabajo y un 28.8% contestó que siempre lo están. Estos hallazgos son semejantes a los resultados obtenidos en el estudio realizado por (Ramos y Ramos,
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2010). El 53.5% de los participantes refirió haber trabajado expuesto al sol en algún
momento de su vida, esto podría estar influenciado por el deterioro de la capa de ozono,
como consecuencia de la contaminación. En la actualidad, con los cambios en los hábitos de recreación de los jóvenes hay una mayor exposición al sol, en su mayoría desde la infancia, y con los cambios en la moda, dejan más áreas de la piel expuestas a la radiación ultravioleta, teniendo en cuenta el aumento de la esperanza de vida; a la larga, se observará un mayor porcentaje de adultos mayores con gran incidencia a contraer cáncer de piel (MINSA, 2012).
El estudio realizado por Molina (2009), muestra que del 100% de los
encuestados, el 74% se expone al sol entre las 10 a.m. y 2 p.m., de los cuales el 48% no utilizó ningún tipo de protección solar; por lo tanto, los pobladores que se encuentran dentro de estos porcentajes tienen un alto riesgo de contraer cáncer de piel en un futuro. Estos efectos dependen de la cantidad de radiación ultravioleta recibida y de la pigmentación de la piel, esto apoyado en investigaciones recientes que sugieren que el cáncer cutáneo está en relación a la exposición solar recibida antes de los veinte años y a exposiciones cortas pero intensas (quemadura solar).
En la TABLA 2: Podemos apreciar el nivel de medidas preventivas en cáncer de piel que presentó la población encuestada, destacando que un 69.3% tienen un nivel bajo, seguido del 28% que presentan un nivel promedio y finalmente un 2.7% se encuentra con un nivel alto en medidas de prevención. Estos resultados se asemejan al estudio realizado por Trelles (2012), donde se observa que un 49.5% son los que tienen
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un nivel medio, seguido del 48.6% quienes presentan un nivel bajo y finalmente un 1.8% con un alto nivel en medidas de prevención.
En la investigación se percibe que un 69.3% de los pobladores encuestados poseen un bajo nivel de medidas preventivas en cáncer de piel, coincidiendo con el análisis de Terán y Yovera (2013), quienes evaluaron el nivel de conocimientos en medidas preventivas de las estudiantes de enfermería, evidenciando que un 60% tiene un conocimiento deficiente.
Este bajo nivel de medidas preventivas, se debe a que un 93.3% no usan protector solar, y los que lo hacen, solo lo emplean si están expuestos prolongadamente al sol; sin embargo, su aplicación es de manera inadecuada, solo en rostro – cuello y una vez al día, según lo muestra la Tabla 4 del Anexo 4. Thomas (2010), halló que sólo el 20% de sus encuestados usaban fotoprotector tópico diariamente en su estudio. A pesar que estos estudios enfocan su uso, en ninguno de éstos se menciona la forma precisa de cómo lo usan los pacientes.
En el Perú se ha reportado un pobre uso de fotoprotectores, según los informes de la campaña del “Día del Lunar” de los años 2005 al 2008, en el servicio de Dermatología de Lima por Ramos y Ramos (2010), los conocimientos en fotoprotección fueron inadecuados en su mayoría. Así, sólo el 53.5% opinaron que es recomendable su uso tópico en el verano estando al aire libre; mientras que, un 58.6% refirieron que no era necesario usarlo en verano si se está bajo techo o en el auto
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respectivamente. A su vez, un 67.2% opinaron que en invierno no es necesario usarlo al aire libre; y, solo el 29% de los participantes admitieron su uso.
Según resultados del estudio un 28% de los encuestados, presentaron un nivel promedio y un 2.7% un nivel alto de medidas preventivas. Esto coincide con (Romaní y col., 2005), quienes realizaron una investigación en Lima, concluyendo que el 17% tuvo prácticas adecuadas en prevención.
Estos resultados están relacionados, al desconocimiento de los pobladores entrevistados, por tanto, se evidencia la ropa que utilizan cuando están expuestos al sol, predomina la ropa de manga corta, usan gorro para protegerse del sol, a veces evitan la exposición innecesaria durante las horas de 10:00 am a 3:00 pm., según muestra la Tabla 5 del anexo 5.Y solo un 22% conocen sobre el autoexamen de piel, según señala la Tabla 6 del anexo 6.
Según, la TABLA 3: Podemos apreciar la relación entre factores de riesgo y medidas preventivas en cáncer de piel, El 42% de la población son adultos maduros y el 22.7% son adultos jóvenes, el 40% son mujeres y el 29.3% de pobladores son de sexo masculino, el 27.3% de los pobladores son agricultores, el 19.3% ama de casa y el 15.3% comerciantes, el 28.0% de pobladores su piel es trigueña, el 33.3% de pobladores nunca se exponen a productos químicos. El 56.0% de pobladores no tienen antecedentes familiares, el 27.3% de pobladores a veces se exponen al sol, el 25.3% de pobladores siempre se exponen al sol, el 48.0% de pobladores algunas veces
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presentan quemaduras de sol, y en todo éstos factores de riesgo, se encuentran en un nivel de medidas preventivas bajas y los valores de chi cuadrado cuya probabilidad son p>0.05 siendo no significativa, concluyendo que no hay relación entre variables.
En el estudio se observa, que el adulto maduro representa un 42% y se encuentra con un nivel bajo de medidas preventivas, esto se puede asociar a la falta de conocimiento sobre la prevención, detección temprana o sobre el tratamiento del cáncer de piel. Tenemos que a mayor edad, más riesgo de cáncer de piel, probablemente por la exposición solar acumulada, alrededor de la mitad de los melanomas ocurren en personas mayores de 50 años; sin embargo, las personas con menor edad, pueden presentar melanoma y cáncer de piel no melanoma (Liga Contra el Cáncer, 2011).
El 29.3% de la investigación son de sexo masculino y el 40% son de sexo femenino, ambos géneros presenta un nivel bajo de medidas preventivas, en el estudio realizado por Ochoa y Maldonado (2010), nos muestra inadecuadas medidas de prevención en cáncer de piel, en cuanto al uso de ropa es diferente según el género, así, el porcentaje del uso de la ropa por la costumbre es menor porcentualmente en las mujeres, con un 43.3%, que en los hombres en los que alcanza el 60%, el clima y la moda son razones que influyen más en las mujeres que en los hombres para la decisión de usar un tipo de ropa.
Una parte significativa de la carga de la enfermedad ha sido atribuida a las exposiciones que tienen lugar con ocasión del trabajo. En nuestro medio un gran
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porcentaje de la población desempeña actividades del campo y otras actividades laborales que implican exposiciones prolongadas a la RUV durante el día y a lo largo de la vida. La ocupación de los pobladores encuestados, es un 27.3% como agricultores y un 19.3% de ama de casa.
Diariamente todos nosotros estamos expuestos a la principal causa del cáncer de piel, la luz solar. Además, existe la creencia de que la piel bronceada es sinónimo de belleza, salud y de un buen estatus socio-económico. Esto ha hecho que la población mundial, sobretodo la franja de menores de 20 años acumule muchas horas de radiación ultravioleta (especialmente UVB y UVA), teniéndose como consecuencia que en los adultos jóvenes el cáncer de piel sea el más común de todos los cánceres y que además, sea una enfermedad que se incrementa anualmente en todos los países del mundo, entre un 3% y un 7% (Sanabria, 2006).
En los resultados de la encuesta a los pobladores de Pacanga, se muestra que el 27.3% es el fototipo III de piel, el 28% es de fototipo IV y alguna vez han presentado quemadura solar, por tanto tienen un nivel bajo de medidas preventivas. En la investigación de Vera, González y Domínguez (2013), se encontró que la mayoría de la población encuestada (446) fue de tono de piel morena y una minoría blanca. Ambos grupos reconocen que la exposición al sol es causa de cáncer de piel 93%, el cual puede ser mortal 84,9 % y ser también causa de envejecimiento 43,4%. Sin embargo su exposición solar no es limitada, y 29.5% no desean limitarla; exponiéndose al sol aproximadamente 20,2 horas por semana. A pesar del prolongado tiempo de
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exposición, solo toman precauciones como: búsqueda de sombra el 78.6%; utilizar ropa protectora el 56.9%; utilizar gorra o sombrero el 24.2 %; o utilizar sombrilla el 2.6%. Al considerar las horas de exposición al sol, en el estudio muestra un 27.3% a veces se exponen al sol. Esto concuerda con la investigación realizada por Ochoa y Maldonado (2010), donde el 89.4% de las personas lo hace en horas pico, esto es, las horas de mayor concentración de rayos ultravioletas, siendo los hombres los que porcentualmente están más expuestos al sol en horas pico con un 91.4%, y las mujeres en un 87.9%. Si bien estas diferencias son estadísticamente significativas, los porcentajes altos en ambos géneros, coloca a esta situación como un problema de salud pública tanto en mujeres como en hombres en igual condición.
En la ciudad de Tacna, se realizó una investigación de la relación de los factores de riesgo y su relación con la práctica de medidas preventivas, los resultados obtenidos en el estudio fueron los siguientes; en cuanto a los factores de riesgo 61,3% de los encuestados sufrió de insolaciones solares severas, el 28,8% manifestó estar expuesto al sol por su trabajo y el 55% se expone a veces a radiaciones solares por sus actividades de recreación. El 49,5% de los entrevistados obtuvieron un nivel medio de práctica de medidas preventivas sobre cáncer de piel y el 48,6% presentaron un nivel bajo, llegando a la conclusión que los factores de riesgo de exposición a rayos ultravioleta por trabajo, actividades recreativas y sufrir insolaciones solares severas tienen una relación significativa con el nivel de práctica de medidas preventivas sobre cáncer de piel (Trelles, 2012).
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Al analizar las investigaciones anteriormente expuestas, se evidencia que no existe una relación significativa entre variables conocimientos y medidas preventivas, reflejándose que el conocer las medidas de prevención, no implica necesariamente su ejecución en las prácticas de la vida diaria, aumentando el riesgo de presentar cáncer de piel. Lo cual significa que para lograr una práctica favorable no solo es necesario el conocimiento sobre los factores de riesgo; por lo cual es indispensable que la población tome conciencia de la importancia de prevenir el cáncer de piel.
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