Cuando en el Manifiesto se dice: “No hemos efectuado el menor trabajo de filtra- ción; nos hemos convertido en modestos aparatos registradores…”, no está afir- mando el surrealismo como continuación del espiritismo, ni avalando los consejos de los médium. Lo que busca es la unidad del yo, partiendo de la puesta en duda del sujeto, que busca su identidad, no ya a partir de la exterioridad sino de la interioridad, en donde el pensamiento, que en la escritura se manifiesta como pensamiento parlante, es idéntico a sí mismo, y a pesar de las dificultades con las que se encuentra, Breton no duda en afirmar en el Manifiesto, que: “Cada vez está
7 0 Breton cita a C. Day Lewis, quien traduce unos textos de Spencer para defender la concepción del
surrealismo acerca del papel del arte en la sociedad y con la revolución. Sin embargo, se niega a someterse plenamente al comunismo: “Los comunistas de la actualidad, dice C. Day Lewis, nos presen- tan como siervos de la fórmula del arte por el arte, y a la poesía como una insignificancia, en tanto que no es la servidora de la revolución. No creáis ni una palabra de todo eso. Ningún poeta auténtico ha escrito nunca por obediencia a una fórmula. Escribe porque quiere hacer algo. ‘El arte por el arte’ es una fórmula tan vacía de sentido para él como lo sería, a los ojos de un verdadero revolucionario, la fórmula ‘La revolución por la revolución´. El poeta relaciona con su universo y traduce en el lenguaje que le es propio –el de la verdad individual– los mensajes cifrados que recibe. En un régimen capitalista, esos mensajes no pueden dejar de tener un tinte capitalista. Además, señala en el texto que los comunistas rechazan el arte burgués porque creen que necesariamente este arte propaga la ideología burguesa; antes, por el contrario, la muerte o el nacimiento de algo, el arte lo señala, con sonidos alegres o con canciones fúnebres”. Ver “Posición política del arte de nuestros días”, en Breton, Docu- mentos políticos del surrealismo, Caracas, Editorial Fundamentos, págs. 64, 65.
más convencido de la infalibilidad del pensamiento, respecto a sí mismo, lo cual es muy fundado”; es decir, la escritura de pensamiento es capaz de reflejar mi pensa- miento de la misma manera que la conciencia de mi pensamiento.
La negación del talento es el resultado de lo que podríamos considerar la inversión de la literatura, –“Di bien alto que la literatura es uno de los más tristes caminos que conducen a todo”71–, que lleva a cabo el surrealismo después de hacer abs-
tracción del genio y de los condicionamientos exteriores.
Hazte traer con qué escribir, después de haberte instalado en un lugar lo más favorable posible para la concentración del espíritu en sí mis- mo. Colócate en el estado más pasivo o receptivo que puedas. Haz abstracción de tu genio, tus talentos y de todo lo demás72.
El dictado automático, a diferencia del poema tradicional, no es el ejercicio de transmitir un sentido preestablecido bajo unas normas formales, sino la produc- ción del sentido de un modo libre e imprevisto, capaz de dejar estupefacto al autor mismo; dice Breton: “Llegaré a pretender que me instruye”73. De esta manera, el
resultado de la escritura automática ya no es causado por el ejercicio de las habi- lidades, sino por una particular disposición de captación del pensamiento que entra en relación, e incluso, a veces, centra el talento en los objetos: “Devolvemos el talento que nos prestan, podéis hablarme, si queréis, del talento de este metro de platino, de aquel espejo, de esta puerta del cielo”74. Al hacer coincidir el dicta-
do automático con el inconsciente que es común a todos, se derriba de su pedes- tal al genio poético. Escribir ya no será una actividad reservada a unos cuantos, sino abierta a todos, “por muchos de sus aspectos, el surrealismo se presenta como un vicio nuevo que no parece ser atributo exclusivo de algunos hombres”75.
Sin embargo, a lo largo de la experiencia se puede constatar una nueva reivindica- ción de talento, por vía negativa. La imposibilidad de la abstracción total y el riesgo de alucinación, aunados a la posibilidad de traspasar el límite, donde la vida corre peligro, son suficientes para aceptar que la pretensión de universalización de la práctica del automatismo era ilusoria. Con ello volvemos al problema del talento,
7 1 Breton, Manifiestos del surrealismo, op. cit., pág. 45.
7 2 Ibíd., pág. 45.
7 3 Ibíd., pág. 49.
7 4 Ibíd., pág. 42.
que el surrealismo niega. Al parecer, la capacidad de abstracción para el dictado automático puede considerarse como una forma de ejercicio del talento que exige poner en acción todas las capacidades conscientes para favorecer el dictado auto- mático. En consecuencia, habría que admitir que el resultado de un discurso auto- mático, al igual que cualquier otra actividad consciente, depende del genio. Así, daríamos razón a Aragon cuando afirma: “Con el pretexto de que es surrealismo, el primer perro recién llegado se considera autorizado para igualar sus porquerías con la poesía verdadera”76; además, el surrealismo es riguroso, se fundamenta en
la palabra, en la búsqueda de su sentido, no el de los diccionarios, sino el que florece en cada palabra, en cada letra77. El surrealismo, entonces, deberá, antes
que universalizar su método, compartir los hallazgos de la poesía, más como “re- partidora del verdadero pan del cielo” que como un método para amasarlo.