4.3 RESULTS FROM THE EMPIRICAL INVESTIGATION
4.3.3 Utilisation of group work in the implementation of family preservation
4.3.3.2 Type of group utilised in the implementation of family
La meditación para la serenidad mental, también es conocida en Occidente como calma mental.
Existen numerosos manuales tibetanos en los que se explica la metodología exhaustivamente para este tipo de meditación, sin embargo, en el libro del Bardo Thodol apenas es mencionada, al dar por hecho que ya es ampliamente conocida y practicada dentro de las tradiciones budistas, por ser la más básica y considerarse como un requisito previo, siendo prácticamente equiparado a una fase de preparación.
Su objetivo no va más allá de lograr fijar la mente en un solo foco, manteniendo la atención durante el mayor tiempo posible. Así se entiende también en Occidente, como revelan los trabajos del Dr. Prieto (2007) y el Dr. Simón (2006).
El ejercicio meditativo por lo tanto, no sólo relaja la mente sino que además, potencia la capacidad de concentración, actuando de catalizador para cualquier actividad mental o física posterior.
Su efecto “calmante” deriva de la capacidad desarrollada por el practicante para limitar el número de pensamientos o estímulos a los que atiende durante ese tiempo. Al concentrar la mente en un sólo estímulo, como puede ser la respiración, disminuye la actividad mental propiciando un estado de calma.
58 Tres reinos: Alude a los tres reinos de existencia conocidos en esta tradición, siendo éstos el de la forma, el de sin forma y el del deseo, al que pertenecen los humanos.
Durante el tiempo que dura la práctica, la persona eludirá cualquier pensamiento intrusivo59, sin dejar que esto implique una lucha. Al no prestar atención al pensamiento
indeseado, éste se irá desvaneciendo.
El ambiente tranquilo en el que se suelen desarrollar estas prácticas, acompañado de ciertos rituales introductorios como expone Tsongkapa (2003) 60colaboran en la preparación
física y mental de la persona para el ejercicio que va a realizar.
Estas acciones ritualizadas que sigue la tradición tibetana se resumen a continuación, distinguiéndose 3 fases:
1. Preparación:
Reservar un espacio concreto para meditar, mantenerlo limpio, ambientarlo con aromas agradables, hacer ofrecimientos, visualizar los maestros del linaje, limpiar la mente de oscurecimientos, cuidar la postura en la que se realiza el ejercicio, pensar en la motivación que lleva a la práctica, dedicar (en congruencia con la práctica Mahayana) los resultados de la meditación al beneficio de todos los seres sintientes.
2. La sesión propiamente dicha:
Tomar una firme determinación sobre el objeto sobre el que meditar y hacerlo con plena conciencia y vigilancia.
3. Conclusión:
Concluir la sesión cuando aún se sienten ganas de meditar, para asegurar las ganas de continuar haciéndolo en sesiones futuras.
A medida que el practicante adquiere dominio de la técnica, logrará concentrarse durante un tiempo mayor en el estímulo deseado eludiendo los demás.
59 Pensamiento intrusivo: En éste contexto es entendido como aquel que no tenga relación con el objeto de meditación.
Un practicante avanzado logrará permanecer e incluso horas en este estado sin suponer un esfuerzo extra para él. Por el contrario, logrará sentirse totalmente relajado una vez finalizada la práctica meditativa.
Para la persona que aún no se encuentre familiarizada con la meditación para la calma mental, supondrá en principio un esfuerzo, pero a medida que adquiera dominio, se transformará en descanso también para él.
Obviamente esto fomenta el control de la propia mente, necesario para realizar cualquier actividad de manera fructífera, dado que durante el tiempo entre sesiones de meditación, se podrá extrapolar esta capacidad a cualquier tipo de actividad que se esté realizando.
Como se deduce, la capacidad de apartar voluntariamente los pensamientos no deseados alivia a la persona del dolor que comportan los pensamientos ilusorios, que para el budismo suponen la raíz del sufrimiento.
De esta manera se logra una paz que permite a la persona apartar los pensamientos recurrentes o la posibilidad de valorarlos posteriormente bajo la perspectiva de la calma en lugar de la del dolor. Es decir, en la tradición tibetana se prepara la mente para analizar la realidad tal cual es, en oposición al análisis característico que suele hacer una mente agotada, que no logra controlar los pensamientos dado que se halla bajo la influencia de los estados de ofuscamiento, dolor, ansiedad, etc.
Así lo afirma Atisha (1999, p.150)61 en este poema:
La percepción superior no ocurrirá Sin el logro de la quietud mental, Por consiguiente, esfuérzate siempre Para lograr la quietud mental.
Para la psicología occidental también supone un reto la manera de apartar ese tipo de pensamientos distorsionados, intrusivos, repetitivos o automáticos que impiden a la persona observar la realidad con objetividad, advirtiendo que a menudo dan lugar a una rumiación constante de pensamientos negativos, que desembocan en estados de ánimo dolorosos.
En Occidente la meditación para la serenidad mental es la que cuenta con una mayor aplicación práctica en psicoterapia, por ser la más sencilla de aplicar y la más neutral en cuanto a metodología. Por eso, ha sido incorporada a numerosas (TCCs) de manera directa o indirecta, conocidas como terapias de tercera generación, como explica Vallejo (2007).
Aquí, cabe destacar la difusión del Mindfulness aportada por el profesor Kabbat-Zinn. El Mindfulness, traducido del inglés como “atención plena”, es desarrollado a raíz del conocimiento en Occidente de la técnica de meditación oriental denominada Vipassana62.
Simón (2006) lo define como sigue:
Mindfulness es una capacidad humana universal y básica, que consiste en la
posibilidad de ser conscientes de los contenidos de la mente momento a momento. Es la práctica de la autoconciencia. El primer efecto de la práctica de Mindfulness es el desarrollo de la capacidad de concentración de la mente. El aumento de la concentración trae consigo la serenidad. Y el cultivo de la serenidad nos conduce a un aumento de la comprensión de la realidad (tanto externa como interna) y nos aproxima a percibir la realidad tal cual es. (p.8)
Estas líneas plasman las bases sobre las que se nutren las psicoterapias en la actualidad y cómo avanzan de la mano de las técnicas meditativas tradicionalmente budistas.
Además, debido al creciente interés de estas técnicas en Occidente y a los grandes avances científicos de los que se goza en la actualidad, se han podido constatar
neurobiológicamente los efectos producidos por la práctica meditativa, como se presenta en el trabajo de Simón (2006) donde concluye:
Mi hipótesis, a la vista de los conocimientos neurobiológicos que he expuesto en este trabajo, es que con la práctica prolongada de Mindfulness, se producen cambios neurológicos duraderos en diversas zonas cerebrales cruciales para los procesos de integración, cambios que, yendo más allá de la actividad concreta que los provocó, acaban modificando una gran cantidad de comportamientos y formas de reacción del individuo, de manera que tienen un efecto multiplicador sobre su vida y sus relaciones interpersonales, debido precisamente a la gran repercusión que poseen, por su propia naturaleza, los procesos integradores cerebrales. (p.27).
A medida que han sido demostrados los resultados positivos de la práctica de la meditación para la serenidad mental sobre la vida cotidiana del individuo y del grupo, de manera tanto científica como experiencial, se extiende su método de trabajo desde Oriente por todo el mundo.
La consecuencia de esta expansión de las técnicas de meditación se refleja en numerosos campos de trabajo, destacando, en relación al proceso de morir, los programas de ayuda al moribundo desarrollados principalmente en Estados Unidos.
La capacidad de concentración desarrollada por la persona que realiza un entrenamiento constante en meditación le permite llevar a cabo, posteriormente, un análisis detallado de manera objetiva y exhaustivo, acerca de su propio proceso de morir o el de otro ser. Esto implica un acceso a la información a través de la propia experiencia derivando en un conocimiento significativo y duradero.
También permitirá a la persona familiarizarse con el concepto de impermanencia incluyendo la idea de muerte. A medida que el entrenamiento avanza, la persona sentirá poco a poco cómo el dolor atribuido a la pérdida o la muerte es cada vez más liviano.
Debido a la oportunidad de desarrollo que conllevan tanto para Oriente como para Occidente los estudios de investigación científica que se están realizando, ha motivado incluso a grandes maestros y monjes budistas, como Matthieu Ricard para el programa Redes63, o el actual Dalai Lama a ofrecerse a la ciencia como sujetos experimentales,
permitiendo añadir mucha luz a los resultados.
Gracias a esta colaboración con la ciencia, los cambios en las emociones se han podido constatar no sólo a través de las experiencias relatadas por los practicantes de meditación, sino que también han sido observados mediante experimentos científicos que reflejan los cambios que se producen en la neurobiología del cerebro. Estos cambios neurobiológicos se producen de manera estable en la persona que realiza una práctica continuada de meditación.
Así lo demuestran los numerosos experimentos llevados a cabo por el Dr. Andrew Newberg, donde analiza los cambios cerebrales producidos en monjes budistas con diferentes niveles de práctica en meditación, extrayendo los datos a través de la técnica de neuroimagen SPECT64. En los resultados expuestos por Newberg y colaboradores sobre la activación
cerebral durante la meditación, Newberg, Pourdehnad, Alavi, G. o'aqulli (2003), Short et al. (2007) y Wang et al. (2010) concluyen que con la práctica meditativa se activan, por encima de los niveles habituales, una serie de áreas cerebrales mientras se reduce la actividad en otras.
A continuación se exponen los resultados en las figuras 6 y 7 para ser analizados posteriormente.
63 Los resultados del experimento realizado con Matthieu Ricard como sujeto experimental puede verse en el vídeo tomado del programa redes, titulado Beneficios neurobiológicos de la meditación.
Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=-tohMTOh3FM
64 Imágenes tomadas con la técnica denominada tomografía computerizada de emisión monofotónica, cuyas siglas en inglés son SPECT (single photon emission computed tomography).
Figura 6. Cambios cerebrales en el lóbulo parietal 65durante la meditación
http://www.andrewnewberg.com/research/
Figura 7. Cambios cerebrales en el lóbulo frontal 66durante la meditación
http://www.andrewnewberg.com/research/
65 Imagen plasmada en el plano axial. 66 Imagen plasmada en el plano axial.
La figura 6 muestra los resultados del estudio de los cambios del nivel de flujo sanguíneo en el cerebro en el lóbulo parietal durante la meditación en comparación con la línea base. Cuanta más sangre haya en una determinada área cerebral, es indicativo de que tiene más actividad.
Dado que el color rojo es el que indica mayor nivel de sangre, y después el amarillo, verde, azul y negro sucesivamente, se concluye, a la vista de los datos, que la activación durante la meditación de lóbulo parietal de los monjes tibetanos es menor que su línea base.
La figura 7 muestra a su vez los resultados del estudio de los cambios del nivel de flujo sanguíneo en el cerebro en el lóbulo frontal durante la meditación en comparación con la línea base. Como se puede observar, existe un incremento de la actividad.
Los resultados observados y su significado experiencial se resumen a continuación: 1. Disminución de la actividad en el lóbulo parietal
Este lóbulo está encargado de interpretar la información somatosensorial recibida a través de la vista, el tacto, órganos internos, músculos esqueléticos, sistema cardiovascular…de manera que recibe y procesa información referente a la posición del cuerpo, la orientación, sensaciones de frío o calor, el dolor…
En consecuencia se produce una pérdida de la sensación espacio-temporal.
Este resultado se muestra en congruencia con las sensaciones expresadas verbalmente por los propios monjes.
2. Aumento de la actividad en el lóbulo frontal izquierdo
Esta área cerebral cumple la función de gestionar las emociones positivas y el estado de relajación, de manera que disminuyen la ansiedad y la ira.
Resultado también acorde con las sensaciones expresadas por los monjes. 3. Disminución de la actividad en el lóbulo frontal derecho
Área que integra la información recibida como sonidos (no verbales), imágenes, olores, sensaciones. Por lo tanto se les presta una menor atención pudiendo aumentar el grado de concentración. Este dato concuerda directamente con el objetivo de la meditación; aumentar la capacidad de concentración.
Pero el trabajo no se acaba realizando sólo la meditación para la calma mental. Para obtener un resultado mayor, se debe ampliar la práctica complementando el análisis sobre el proceso de morir a través de la meditación para la visión profunda expuesta a continuación.