Esta tosca contraposición entre Sarmiento y Rubén Darío muestra tanto las irre- ductibles diferencias entre sus poéticas y políticas, como el supuesto compartido de Víctor Hugo como defensor de los hijos que acoge a través de sus ideas. La dis- puta, evidentemente, es qué y cómo desea criar Hugo, y cómo en Latinoamérica se habría de heredar su paternidad para erigir nuevas filiaciones. Por lo mismo, el interés que puede guardar la relación entre Martí y Víctor Hugo no puede li- mitarse a indicar la importancia que pudo haber tenido el francés para el cubano, aún cuando esta pueda haber sido tan importante como para autorizar a Vitier a señalar que es en su obra donde halla un crucial pensamiento de la forma11, o que,
de acuerdo a Carpentier12 y Suárez13, Hugo sea la figura literaria que más aparece
en la obra martiana.
La adecuada lectura de esta última comentarista muestra, en efecto, las simili- tudes entre Hugo y Martí en torno a la defensa del poeta y su privilegiada re- lación con la verdad. Y, a partir de ello, su mutua consideración de la necesaria presencia del poeta en la política, con la cual se ha construido el discurso de un apostolado humanitario que no tendría preferencia −como no la habría tenido Hugo− por alguno de sus hijos. En esa línea, bien documenta Suárez, que Martí ha sido analogado una y otra vez, desde Sarmiento a Mistral, a Víctor Hugo14. Y el
propio trabajo de investigación de Suárez, por cierto, no está tan lejos de reiterar esa discutible analogía, con cierta lógica filial. Así, cuando en otro texto docu- menta la relación de Martí con Baudelaire, explica que las obras del cubano y el francés son dos derivas distintas desde la obra hugoliana, de la que Martí jamás se desprende. Por este motivo, sostiene Suárez, que las críticas de Martí a Víctor Hugo son las de un hijo que se separa del padre15.
El propio Martí, sin embargo, resiste a una inscripción filial que le asegure un rol seguro en la prestigiosa familia de Hugo. Para pensar en ello, resulta de interés revisar la temprana traducción que realiza de un texto en el que Víctor Hugo
11 Ikeda, Daisaku & Vitier, Cintio, Diálogo sobre José Martí, el Apóstol de Cuba, Centro de Estudios Mar- tianos, La Habana, 2001, p. 277.
12 Carpentier, Alejo, “Martí y Francia”, en Ensayos, Letras Cubanas, La Habana, 1984, p. 258.
13 Suárez, Carmen, José Martí y Víctor Hugo en el fiel de las modernidades, La Habana, Editorial José Martí, La Habana, 1997, p. 158.
14 Ibíd., pp. 95-96.
15 Suárez, Carmen, La sangre y el mármol. Martí, el Parnaso, Baudelaire, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2001, p. 60.
plantea, desde el título, la cuestión de la filiación: “Mis hijos”16. Allí, Martí tra-
duce, en su exilio, un poco canónico texto de Hugo acerca de la posibilidad de mantener la filiación en el exilio, en el marco del discurso del amor a la patria y a la humanidad que caracteriza los textos que Hugo escribe en el exilio.
Esta traducción martiana se suma a una serie de traducciones de Víctor Hugo en el siglo XIX latinoamericano, entre cuyos cultores se hallan intelectuales de la talla de Andrés Bello o Gertrudis Gómez de Avellaneda. Bello, en efecto, reescri- be, bajo el sugerente rótulo de imitaciones, algunas piezas de Víctor Hugo para
componer obras harto nuevas. En algunas de ellas, de hecho, no se limita a alterar personajes y tramas compuestas por Hugo, ya que, hasta el nombre con que titula sus piezas, harto varía con respecto al texto francés del que se vale de forma tan curiosa17. Dado que la teoría y escritura poética de Martí otorga mayor espacio a
la inventiva individual que la de Bello —de la poesía y crítica que emerge de los
clásicos labios de Bello, como indica Martí, casi al pasar, en otro texto18—, una
lectura desatenta puede considerar paradójico que las imitaciones realizadas por Bello, que contrastan con la muy reverente concepción de la traducción que te- matiza el venezolano, sean mucho más osadas que la traducción que hace Martí de Víctor Hugo19.
Para pensar la posición de Martí contra cualquier lógica de la traducción simple, resulta necesario desordenar otro poco la familia y recordar el conocido texto de Víctor Hugo sobre Shakespeare pensado, en un comienzo, como prólogo a las obras de Shakespeare que traduce el hijo de Hugo al francés, a través de un
16 Sobre la historia e importancia de esta traducción, véase Arencibia, Lourdes, “Apuntes para una his- toria de la traducción en Cuba (II)”, ACIMED, vol. 6, n°1, 1998; “Algunas reflexiones sobre la presencia en la literatura cubana del siglo XIX de Victor Hugo a través de sus traducciones en homenaje a su bi- centenario”, Hieronymus, n°11, 2004, pp. 71-78; Colombi, Beatriz, 1999, “José Martí: Traducir, trans- pensar”, Inti, n° 49-50, 59-69, 2012; Núñez, Estuardo, 1960, “Inventario y examen de las traducciones literarias en América”, Iberoamericana, vol. 25, n° 50, p. 296; Súarez, Carmen, “Mis hijos de Victor Hugo, en la traducción de José Martí (1875)”. Disponible en http://www.cervantesvirtual.com/obra/ mis-hijos-de-victor-hugo-en-la-traduccion-de-jose-marti-1875/
17 Véase, al respecto, Álvarez, Luis & Mateo, Margarita, “Leyendo a un traductor”, en Manuel Gayon Mecías (Editor) Andrés Bello. Valoración Múltiple, Casa de las Américas, La Habana, 1989, 330-359; Pagni, Andrea, “Olimpio en América del Sur: Usos hispanoamericanos del romanticismo francés”, en Estudios n.º 24, 2004, pp. 117-132; Valero, María Alejandra, “Andrés Bello y sus traducciones de Victor Hugo: un ejemplo ilustrativo del proceso de construcción de las nuevas literaturas americanas en el proceso de Independencia”, en Mutatis Mutandis, vol. 6 n° 1, 2013, pp. 43-59.
18 VII, p. 288.
19 He intentado mostrar esto, con argumentos que acá no puedo reproducir, en mi tesis de Magíster en Estudios Latinoamericanos, en la Universidad de Chile, denominada Filosofía sin menos. El pensa- miento de Carlos Vaz Ferreira como posible estética del modernismo, pp. 109-113.
proceso que Hugo destaca en el texto que traduce Martí al español. En su texto sobre el dramaturgo inglés, Hugo destaca que casi todas las piezas de Shakes- peare (con la excepción, por cierto, de Macbeth y Romeo y Julieta) ofrecen una
particularidad inadvertida por los críticos. A saber, una pequeña repetición en el drama del gran conflicto que articula la obra. En Hamlet, ejemplifica el francés,
el protagonista mata a Polonio, de modo tal que Laertes queda en la posición de Hamlet. Restan allí, entonces —añade Hugo—, dos padres por vengar20.