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Conceptualising the unknown destination

3.5 Understanding Place summary

A continuación presentamos las fichas de catálogo de cuatro vestimentas

eclesiásticas, de la colección textil del Monasterio de Nuestra Señora del Prado. Las

piezas seleccionadas destacan por su valor histórico - social, iconográfico y estético. Su

conocimiento resulta útil para discutir su función en la vida cotidiana de la comunidad

religiosa.

94 Vestidura que cubría desde los hombros hasta la cintura, con faldillas cortas, ceñida y ajustada al

busto. Se ponía sobre la camisa y debajo de los demás vestido. En principio fue una prenda masculina, pero en la segunda mitad del siglo XVI empezó a ser usado por las mujeres.

Figura 32: Casulla. Monasterio de Nuestra Señora del Prado. Fotografía Luis Martín Bogdanovich (2008)

Anónimo

Casulla

¿Lima?, siglo XVIII

Tejido de seda blanca labrado en hilo entorchado de plata, bordado de realce en hilo de

metal sobredorado (120 x 62 aprox.)

Monasterio de Nuestra Señora del Prado, Lima

V-2.5 B-23-144.?

La casulla forma parte de un terno compuesto por doce piezas: una capa pluvial, dos

dalmáticas, tres manípulos, dos estolas, un paño de hombros, un porta corporal y un

cubre cáliz.

Figura 33: Terno litúrgico con ficha número V-2.5 B-23-144 a 144.11. Fotografía: Instituto Nacional de Cultura (1976)

Este conjunto fue inventariado en 1976 por el Doctor Ernesto Sarmiento Silva

Rodríguez, con el número de ficha V-2.5 B-23-144 a 144.1195, por encargo del Instituto

Nacional de Cultura (fig. 33). Actualmente sólo el paño de hombros, con código V-2.5

B-23-144.4, conserva el rótulo original.

El cronista de la orden agustina, Antonio de la Calancha (1972), se refiere a ‘un terno rico de tela blanca muy precioso’ que fue obsequiado por la abadesa doña Ángela de Zárate, junto a otra monja. Aunque la descripción sea breve, es probable que nos

encontremos frente a la misma pieza que el cronista agustiniano describió.

La casulla corresponde al tipo español, comúnmente llamada de guitarra, por la

forma en que es recortada por los costados y con abertura redonda para la cabeza. Se

ensancha desde los hombros hacia abajo y lleva una columna o clave central sólo en la

parte anterior, que es más corta. Lobera (1791) explica que la casulla “[…] es angosta delante, para dar a entender, que es uno solo el Dios que habemos [sic] de amar […] El ser ancha a la espalda, simboliza la extensión y anchura de la caridad, porque esta se

extiende hasta amar los enemigos, como lo manda el Señor” (p.75).

Está confeccionada con dos paños de seda blanca labrados en hilos laminares

entorchados de plata (fig. 34), es decir que una fina lámina de metal envuelve los hilos

de seda – denominado alma-. Ambos paños están unidos, a la altura de los hombros, por una costura que une la parte anterior y posterior. No conserva su forro original,

pero posee uno nuevo de tela brocada color rosado (fig. 35), registrada en el inventario

95 El número de inventario V-2.5 B-23-144 a 144.11, es un código alfanumérico asignado por el Instituto

Nacional de Cultura, donde la V designa al arte colonial, 2.5 se refiere al tipo de bien, la B indica que el objeto es parte de la colección de un monumento religioso, 23 es la numeración dada al Monasterio de Nuestra Señora del Prado, y 144 el número de la pieza. En este caso el terno está compuesto por once piezas, del 144.1 al 144.11.

de 1976 y conservada hasta la fecha. No se evidencia la existencia de la entretela, que

probablemente fue de lino, yute o algodón. Sus dimensiones aproximadas son, de ancho

62 cm vistos, más 5 cm ocultos; y de largo 120 cm vistos, más 5 cm ocultos.

La columna o clave en la parte anterior de la

casulla está definida con un encaje de perfil

ondulado, con hilos metálicos sobredorados.

Para los acabados se usaron galones dorados

que rodean el cuello y los costados, elaborados

con cintas e hilos metálicos y de seda. El

bordado es de realce tal como se puede apreciar

en las ramas, hojas, pétalos y espigas. (fig. 36).

En la ficha de catalogación de 1976, se consignó el mal estado de conservación del

tisú, tela de seda entretejida con hilos de plata u oro. Al realizarse un análisis más

detallado de la casulla, se encontraron deterioros causados por su uso como;

rasgaduras, roturas, zonas descosidas, hilos rotos y abrasiones, ocasionadas por el roce

Figura 34: Detalle de hilos laminares de plata que envuelven la seda. Fotografía: Haydeé Grández Alejos (2013)

Figura 35: Detalle del forro de tela brocada. Fotografía: Haydeé Grández Alejos (2013)

Figura 36: Detalle del bordado de realce. Fotografía: Haydeé Grández Alejos (2013)

continuo con otros materiales. El inadecuado embalaje y almacenamiento, podrían

ocasionar mayores daños, más aún si son ubicadas dentro de muebles de madera, ya que

su acidez traspasa al textil y lo debilita. Además podrían generarse manchas,

resecamiento de la fibra, dobleces y oxidación. Los ataques de agentes xilófagos son

controlados por las religiosas del Monasterio del Prado, con productos caseros como

canela, pimienta y hojas de eucalipto colocadas entre los textiles.

La casulla fue adoptada como vestidura litúrgica en el Concilio de Toledo del año

636. Inicialmente fue de uso común para cualquier miembro del clero, posteriormente

fue reservada para el pontífice, los obispos y los sacerdotes. Probablemente deriva de

un manto civil romano llamada casula, que fue elaborado de lana y su función era de

protección ante las inclemencias del tiempo. La palabra casula – que significa pequeña casa – tenía la forma de un poncho cerrado con capucha, abertura para la cabeza y llegaba hasta los pies. Posteriormente fue recortada a los costados para dar libertad al

Figura 37: Evolución de la casulla: A y B, formas antiguas y medievales; C, corte gótico; D, hechura de guitarra moderna. Fuente: Pena, 2000, p.187.

movimiento de los brazos, y la capucha fue retirada, para convertirse en la casulla

adoptada por la Iglesia (fig. 37).

Durante la Edad Media, la casulla era de tipo gótica o de campana debido a su forma

amplia y de corte semicircular en los bordes. Tenía una columna central, llamada

también escapulario, donde se bordaban escenas bíblicas. Entre los siglos XVI y XIX

su forma tendrá varias modificaciones, desde un aspecto de escudo hasta la de guitarra.

Para su confección se emplearon telas como el brocado, el terciopelo, la seda, el raso, el

lampás, entre otros. La columna ostentaría elaborados bordados representando símbolos

cristianos. Hacia la mitad del siglo XVI el canónigo Bock de Aquisgrán (Alemania) y

Dom Pugin (Inglaterra) encabezaron el movimiento a favor del regreso a la casulla de

forma gótica, y el 9 de diciembre de 1927 la Santa Sede acepta el cambio. Rápidamente

las llamadas casullas góticas se difundieron por Alemania, Bélgica, Francia y el norte de

Italia. En el contexto teológico, la casulla representa la caridad, mientras que para

Lobera (1791) “simboliza la vestidura púrpura con que vistieron por burla los Soldados à Christo Señor Nuestro […] También representa la túnica inconsútil del Señor, la que le desnudaron los Soldados para crucificarle, por la que echaron suertes, y no la

dividieron porque no tenía costura” (p.74).

Como todo objeto donde la materia se define en tres dimensiones, la casulla es una

manifestación artística volumétrica cuyo valor transita entre lo funcional, como prenda

empleada por el ministro durante la celebración de la misa, y lo simbólico por la

riqueza de sus materiales y diseños. A esto se suma el significado de su decoración

como fuente de información para la comunidad cristiana que plantea signos y símbolos

En su parte delantera, el punto focal de la casulla se encuentra en la decoración de la

columna definida por encajes dorados, y que nos recuerda la marginalia de los

manuscritos medievales96. Desde nuestro punto de vista, el punto focal quedó

determinado por una macolla de hojas rizadas, representada en el borde inferior, desde

donde brota una rama ondulante llena de hojas y espigas, además de una rosa y un lirio

de menor formato que actúan como puntos subsidiarios dirigiendo la mirada hacia el

centro de interés en un dinámico movimiento rítmico, hacia la izquierda y luego a la

derecha.

La espiga, símbolo eucarístico, sirve a la vez de alimento y semilla. A partir de su

cosecha, se iniciaba la cuenta que conduce a la fiesta de Pentecostés. Las semillas

trasformadas en pan representan la fuerza de la Palabra de Dios que actúa en nuestra

vida. Durante la celebración de la última Pascua, Jesús concluye diciendo "Esto es mi

cuerpo, el que es entregado por ustedes” (Lucas 22:19 La Biblia Latinoamericana) recordatorio de que el trozo de pan, es el cuerpo entregado sobre la cruz, que da la vida

al mundo. El Apóstol San Pablo profundizó sobre el simbolismo del pan en la

Eucaristía al mencionar la frase Quoniam unus pañis, unum corpus multimus, omnes qui

de uno pane participamus97. La rosa en la iconografía cristiana es la copa que recoge la

sangre de Cristo “[…] que va a ser derramada por ustedes” (Lucas 22: 19 La Biblia

Latinoamericana). Asimismo evoca la imagen de la Virgen María como la Rosa Mística

en las Letanías Lauteranas (1587). El lirio adoptado como símbolo de la Virgen María,

a principios del siglo VIII, representa su pureza, inocencia, castidad y virginidad. El

96 El término marginalia designa las notas y comentarios editoriales hechos al margen de un libro.

También se aplica al complejo entramado de motivos decorativos fitomorfos que rodean el contenido de manuscrito medieval.

97 Riguetti toma las palabras de San Pablo que destacar el aspecto simbólico del pan durante la

Eucaristía, Quoniam unus pañis, unum corpus multimus, omnes qui de uno pane participamus (Porque un pan, significa que muchos somos un cuerpo, pues todos participamos de un pan) Righetti, s.f., s.p.

lirio está asociado a la Anunciación, cuando el arcángel Gabriel lleva esta flor ante la

Virgen. En la Leyenda Dorada, Jacopo de la Vorágine sostiene que la Virgen subió al

cielo rodeada de rosas rojas y lirios blancos (Anón, 1996).

En la parte posterior de la casulla, la macolla de hojas comparte su valor como foco

de la composición con el Cordero Místico, al formar parte del mismo eje central. La

Iglesia Cristiana, desde sus inicios no sólo enseñaba por medio de las imágenes;

también se apoyaba en ellas para luchar contra la idolatría, por ello buscó eliminar

aquellas representaciones de la cultura pagana que amenazaban la cosmovisión

cristiana, para dejar sólo aquellos que permitían la manifestación y afirmación de la

revelación cristiana. En ese sentido, el símbolo del cordero, como representación de

Cristo, generó la preocupación del Séptimo Concilio Ecuménico de Nicea, celebrado en

787 d.C. En el canon 82 del documento, se decretó “que en adelante Cristo, nuestro

Dios, el Cordero que quitó el pecado del mundo, sea representado en su forma humana

y no en la forma del antiguo cordero” (Ouspensky, 2000, p.404).

Sin embargo, los imagineros cristianos comprobaron que el símbolo del Cordero

podría tener un nuevo significado que fuera aceptado por los teólogos. Dejaría de ser

tratado como una simple analogía del Hijo de Dios, sino que expresaría su acto de

sacrificio, es decir Cristo inmolado para la salvación de los hombres, como se ofrece un

cordero en el altar de un templo. Se trata del Agnus Dei que en palabras de Juan el

Bautista es “[…] el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo” (Juan I: 29

La Biblia Latinoamericana). La representación del Cordero acostado apareció durante

el periodo paleocristiano, y fue repetido durante el Barroco por artistas como Zurbarán

En la casulla que es objeto de análisis, Cristo representado como Agnus Dei se

encuentra echado sobre el Libro de los Siete Sellos, sección del libro del Apocalipsis

que describe los juicios devastadores que concluyen con el Juicio Final. Es el Cordero

de Dios, el único capaz de romper los sellos y abrir el libro. “Miré entonces: entre el trono con sus cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos, un Cordero estaba de pie, a

pesar de haber sido sacrificado. Se le veían siete cuernos y siete ojos, que son los Siete

Espíritus de Dios enviados a toda la tierra. El Cordero se adelantó y tomó el libro de la

mano derecha del que está sentado en el trono” (Apocalipsis 5: 6-7 La Biblia

Latinoamericana).

Al costado del Cordero se encuentra la cruz que describe una perspectiva lineal

diagonal que la lleva hacia el fondo. Esta ilusión de profundidad en la superficie

bidimensional queda resaltada con la posición de las patas del animal, paralelas con la

línea horizontal del Libro de los Siete Sellos (fig. 39). Los rayos resplandecientes que

emanan del cuerpo del Agnus Dei, que transmite resignación ante una actitud

Figura 38: Agnus Dei, 1635/1640. Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, 1598 – Madrid, 1664). Óleo sobre lienzo. 37.3 x 62 cm. Museo del Prado, Madrid. Fuente: Artstor Digital Library.

inequívocamente sacrificial, concentran la mirada del espectador. “Como oveja al

matadero fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, ni siquiera

abre la boca” (Hechos 8: 32 La Biblia Latinoamericana).

Dos ramas con lirios enmarcan la composición, a manera de orlas, a lo largo de los

bordes de la casulla, a partir de una flor de lis representada debajo de la macolla de

hojas. Simultáneamente, hacia la derecha e izquierda, las enredaderas sugieren un

impulso ascendente enfatizado por la línea curva, mientras que en la zona central evoca

el enlace de las formas rosa – lirio con la macolla, así como también la tensión de desenrollamiento, semejante al crecimiento orgánico. El suntuoso efecto ornamental

logrado en la distribución simétrica de los motivos de espigas, rosas y lirios, dispuestos

en torno al eje central, sugieren una organización completamente regular en la casulla.

Figura 39: Detalle del Agnus Dei bordado en la casulla. Monasterio de Nuestra Señora del Prado. Fotografía: Haydeé Grández Alejos (2013)

En el Ritual Romano de 1614, un texto religioso que contiene varias ceremonias

religiosas utilizadas en la Iglesia Católica, ya se reglamentaba el empleo de vestiduras

sagradas en colores blanco, morado, verde, rojo, rosado y negro, para señalar un tiempo

determinado del año litúrgico, y para la distinción de sus misterios y festividades. El

Rubricarum instructum dado por Juan XXIII, en 1960, para ordenar y regular el culto

público de la Iglesia, ordena que “Los ornamentos del altar, del celebrante y de los

ministros deben ser del color propio del Oficio y de la Misa del día o de otra Misa que

haya de celebrarse, según el uso de la Iglesia Romana, la cual acostumbró usar cinco

colores: blanco, rojo, verde, morado y negro” (Roncalli, 1960, s.p.).

La casulla del Monasterio de Nuestra Señora del Prado es de seda blanca, y sirve de

fondo para el desarrollo de los motivos decorativos descritos. Situado en los dos

extremos de la gama cromática, el color blanco representa la ausencia y suma de todos

los colores. Su valor neutral simboliza la pureza que nos recuerda al cordero místico,

tanto por su aspecto como por su comportamiento natural. En el contexto teológico el

blanco simboliza el nacimiento de Cristo “[…] porque el que nace, es el más puro y

blanco, el resplandor de la Gloria y la figura de la substancia del Padre Eterno” (Lobera,

1791, p.59). Por otro lado, la blancura del cordero se relaciona con su victoria sobre la

muerte, “por la pureza del Redentor de la vida, en la que se simboliza la resurrección

gloriosa de nuestros cuerpos y almas” (Lobera, 1791, p.60).

En el calendario litúrgico, las vestiduras sagradas blancas serán usadas por el

sacerdote el Jueves y Sábado Santo; en las celebraciones de la resurrección, ascensión y

transfiguración del Señor; en las festividades del Corpus Christi, de Nuestra Señora, de

las fiestas de San Juan Bautista, de San Juan Evangelista y de San Pedro; en las misas

de confirmación, bautismo y matrimonio.

Para referirse a la similitud entre la simbología cromática de las vestimentas

religiosas y las académicas, Talavera (2009) cita las palabras de San Anselmo, para

comprender por qué las vestimentas blancas son usadas por los doctores, maestros y

estudiantes de la Universidad de San Marcos, “para que empapadas las mentes de los

hombres en el conocimiento de las cosas divinas aprendan a despreciar las terrenas y

dirigiendo sus miradas y votos al cielo comiencen a vivir ya en la tierra la vida de la

bienaventuranza” (p.42). De allí que San Anselmo invoca a la pureza de la fe que

busca el entendimiento.

El carácter lumínico del blanco otorga a la casulla un aspecto lustroso y brillante,

acorde con la luz y el resplandor propios de la perfección divina. Aunque los bordados

dorados le otorgan un carácter sombrío, que trasciende del sacrificio del Agnus Dei, no

dejan de asociarse con la naturaleza divina de Cristo y su poder. La imitación de la

textura del pelaje rizado generado por el bordador, a partir de hilos metálicos dorados,

Anónimo

Capa pluvial

¿Lima?, siglo XVIII

Tejido de seda blanca labrado en hilo entorchado de plata, bordado de realce en hilo de

metal sobredorado (296.5 x 176.5 aprox.)

Monasterio de Nuestra Señora del Prado, Lima

V-2.5 B-23-144.?

Figura 40: Capa pluvial. Monasterio de Nuestra Señora del Prado. Fotografía: Luis Martín Bogdanovich (2008)

La capa pluvial junto con la casulla, anteriormente descrita, forman parte de un terno

blanco registrado y rotulado en 1976, por el Doctor Ernesto Sarmiento, con el número

de ficha V-2.5 B-23-144 a 144.11, por encargo del Instituto Nacional de Cultura. El

rótulo que se encontraba cosido a la tela ha desaparecido, lo que impide determinar con

certeza cuál fue su numeración original.

Está confeccionada con seis paños de seda blanca labrados en hilos laminares

entorchados plateados. Tres paños forman el cuerpo de la capa, un paño para el capillo,

otro para el borde decorativo o tira frontal, finalmente un paño pequeño para la banda

con broches. Todos unidos por costura.

Considerada como una vestimenta litúrgica

exterior, su patrón semiesférico apenas ha

variado desde el siglo XI. Lleva en la espalda

un capillo o escudo, de borde inferior

semicircular, adornado con flecos entorchados

y bordados dorados. El capillo está sujeto a la

capa con once botones de pasamanería. La

capa pluvial cubre la espalda, a manera de un

manto, y se sujeta a la altura del pecho con

una banda ancha, que lleva en sus extremos

laterales dos elegantes ganchos dorados que se sujetan al extremo contrario de la capa

insertándose en dos presillas (fig. 41). El forro original fue sustituido por una tela

brocada color rosado, antes de ser registrada en 1976. No se evidencia la existencia de

la entretela, que probablemente fue de lino, yute o algodón.

Figura 41: Detalles de los ganchos dorados que sujetan la capa; y de los botones que sostienen el capillo. Fotografía: Haydeé Grández Alejos (2013)

Sus dimensiones aproximadas son, de diámetro 296.5

cm vistos, más 5 cm ocultos; y de ancho 176.5 cm vistos,

más 5 cm ocultos. La banda, que se sujeta al pecho, mide

28.5 cm de largo y 12.5 de ancho, mientras que el capillo

tiene 53 cm de largo. Está bordeada con dos tipos de

galones: uno angosto brocado con hilos de seda y lámina

metálica dorada; y otro más ancho con motivos de flores

de cuatro pétalos, a manera de un cuadrifolio, que se