Cada árbol con su raíz
hace brotar los colores de su origen; en buena tierra siembra tu semilla…
“En buena tierra”. Hugo Jamioy Este trabajó partió de entender que la fuerza de la palabra es la única arma que tienen los pueblos indígenas para seguir en pie como culturas. Los guardadores de la palabra antigua, los mayores, abuelos y abuelas del pueblo Camëntsá, han transmitido sus conocimientos a través de la tradición oral, entregando sus saberes y sus experiencias a los creadores de la nueva palabra, aquellos he- rederos de ese legado que, como Hugo Jamioy, son los encargados, entre otros, de mantener vivo ese traspaso de conocimientos a través del cultivo y del trabajo con la palabra. Para entender este
Carnaval del Bëtscanaté, Valle del Sibundoy. Foto: Jerónimo Salazar Molano, 2009.
punto, se contextualizó la obra “Danzantes del viento, Bïnybe, Oboyejuayëng” dentro del panora- ma de la poesía indígena contemporánea, y vimos cómo Hugo Jamioy Juagibioy se vincula con el proyecto “oraliterario”, un proyecto colectivo de escritores indígenas que parten de otra relación con el libro como objeto primordial, de otra relación con el ejercicio de la escritura; y esto resultó claro en la medida en que se entendió que sus pueblos no son culturas del libro, no tienen la obse- sión occidental por la escritura alfabética, sino que han transmitido su conocimiento y sus visiones de mundo desde la oralidad. Así, términos de cuño occidental como poeta, poesía, intelectual, literatura, etc., son vistos, fundamentalmente, desde otra perspectiva que enriquece las categorías tradicionales desde sus experiencias culturales particulares.
En este primer capítulo planteamos que el pueblo Camëntsá ha vivido los últimos cinco siglos de su historia en medio de una convivencia compleja y conlictiva con la cultura mayoritaria. Desde esa perspectiva, la oralitura de Jamioy Juagibioy se vuelve un espacio de relexión fecunda sobre su ser cultural, y el sujeto Camëntsá es construido evocando aquellas practicas ancestrales que le permiten al sujeto cultural separarse y distinguirse de la cultura dominante y desde esa dife- rencia, ubicarse en el espacio del mundo ancestral, en el espacio del mito y de la cosmovisión. El arte Camëntsá siempre ha estado aferrado a sus formas tradicionales; con el transcurrir del tiempo, unas se han mantenido e inevitablemente otras han cambiado en virtud de la inluencia de las culturas en contacto, llegando a utilizar un mecanismo de dominación, la escritura alfabética, como una herramienta útil a sus comunidades. A través de su oralitura, analizamos cómo Jamioy visibiliza la relación conlictiva de su pueblo con la cultura dominante pidiendo respeto por una tradición compleja y rica en tradiciones culturales, y vimos cómo su trabajo se dirige a la reairma- ción y al rescate de sus raíces culturales más profundas. Dos mundos aparecen en su oralitura: el propio y el ajeno, el incierto, el mundo del skená, del extranjero que ha ejercido violencia sobre su pueblo. Pero en su oralitura todo se resuelve en diálogo intercultural, en el fortalecimiento mutuo a través de la palabra bonita-Botamán Biyá.
El sujeto cultural vuelve al tiempo pretérito de su cultura, al tiempo mítico de sus abuelos, de sus antepasados que “han marcado la huella profunda”, evocando en su trabajo prácticas y ritua- les tradicionales en la búsqueda de cultivar y respetar el “Pensamiento Mayor (Tsabe Juabn). En su
trabajo con la palabra, Jamioy entra en comunión con la historia que les heredaron sus mayores, de modo que nos esforzamos en visibilizar las relaciones de la escritura de Jamioy con la oralidad, el rito, el mito y la palabra poética.
En este trasegar por su obra, vimos que la oralitura se construye en el discurso poético pero también en el metadiscurso, en sus relexiones sobre la palabra, la oralidad y la creación artística indígena. Así, planteamos cómo su oralitura cumple varios objetivos: convertirse por medio de la poesía en guardadores de la palabra antigua, resigniicándola y entregándola a las futuras genera- ciones. Por medio de sus creaciones bilingües, visibilizan sus culturas al interior de los estados nacionales y cantan, como diría Fredy Chikangana, “como respuesta al silencio y la marginación”, pero también para incursionar en los colores de su alma, en la raíz de sus culturas en medio de tiempos nuevos y azarosos. Si bien sus sueños vibran con las lenguas de sus abuelos, escriben en español como una lengua que los une, que también les pertenece históricamente, para compartir- nos sus visiones de mundo, para mostrarnos sus problemáticas, sus luchas por la dignidad humana como pueblos indígenas. Una palabra que emprende un viaje de ida y vuelta, sale del interior de sus pueblos, emprende vuelo hacia afuera proponiendo un diálogo entre orillas, y vuelve a sus co- munidades nutriendo el gran árbol de la tradición.
En el segundo capítulo, como sucede con los libros que logran entrar en nuestro ser, la obra empezó a leer al lector. Así, fuimos guiados por una experiencia personal en donde la activa par- ticipación del investigador en los propios ámbitos indígenas posibilitó rutas de acceso a los textos dedicados a la planta sagrada del yagé. Para entender la oralitura yagecera de Jamioy tuvimos presente una tríada signiicante: la relación entre yagé, conocimiento y poesía. Así, a partir de los textos sobre una práctica chamánica y sobre una planta sagrada para el pueblo Camëntsá, ofreci- mos una lectura que trató de penetrar con respeto y sigilo en el complejo entramado yagecero, en sus alumbramientos, en sus ininitas aperturas y posibilidades por medio de la iluminación poética. La igura del taita curaca fue presentada, en otras palabras, como una síntesis entre lo apolíneo y lo dionisiaco, aquel ser que emprende vuelo desde lo alto pero que también ha adquirido su poder bajando a los mundos oscuros. Un ser que por medio de este doble vuelo se compenetra con el fundamento donde reside el poder ver, el poder curar, el poder que sustenta, el poder que estructura una cultura. Concluimos que los textos yageceros de Jamioy nos pueden acercar a los misterios
de una sabiduría médica milenaria, acaso para rozar sus misterios como un murmullo de alas que desde otros ámbitos investigativos resultarían insuicientes.
La presente investigación buscó establecer una lectura desde el respeto y la necesidad inter- cultural de dejarse permear como lector y ser humano por la cultura del “otro”, emprender un viaje literario a otras geografías, a otras maneras de relacionarse con los elementales, con otras visiones de mundo e ingresar a un universo textual tejido con hilos coloridos que develan un conglome- rado de nociones míticas y de saberes indígenas tradicionales. Así, identidad, territorio, consejas, relatos, mitologías subterráneas y activas, medicina tradicional, ordenamiento territorial, visión de mundo, concepciones morales y éticas del pueblo Camëntsá, maneras de mirar, de asumir la relación con la naturaleza, hablan constantemente en su oralitura que dibuja geografías, que invita al viaje como lector en la posibilidad de ampliar nuestra mismidad y dejarnos permear por ese otro, ir al contacto con la otredad sin pretender colonizarlo; antes bien, encontrarse en el canto, en la musicalidad de vibraciones antiguas de su oralitura, en el desplazamiento del lector que visita ese otro mundo. Esta investigación fue una apuesta al diálogo intercultural desde el respeto de las diferencias, una investigación que pretendió visibilizar estas poéticas no canónicas y que apenas si empiezan a ser visitadas por los estudios literarios
Es preciso decir que los pueblos indígenas han escrito en la geografía amplia del territorio, han producido arte -que no artesanía- pletórico de simbolismo y hermanado con el mundo sagrado, con el vasto entramado mítico y simbólico de sus culturas. Creo que es por ello que Binybe obo- yejuayeng- Danzantes del viento, en una de sus dos ediciones fue presentada con otros medios de escritura como los tejidos de los chumbes, fajas coloridas con representaciones y diseños míticos y simbólicos, dibujos de las tallas de madera y con pinturas Camentsá, presentando su libro como un proyecto familiar en donde intervienen casi todo su núcleo familiar más cercano, su madre Mamá Pastora desde los tejidos y las narraciones implícitas en los Chumbes y fajas, su hermano el maes- tro Juan Andrés Jamioy con su obra Metetsen que abre el libro, y la ayuda en la traducción de su hermano, “taita Camilo”, cada uno colaborando desde su arte para llenar de simbolismo y de fuerza cultural una obra artistica que no es sólo escritura, poesía, oralitura, sino una obra productora de conocimientos que viene jalonando toda una tradición en su interior.
Por lo demás, la idea de estudiar esta obra por medio de sistematizaciones de recursos y procedimientos estilísticos estuvo siempre en un segundo plano del proyecto. Tender puentes de diálogo intercultural fue una brújula, un norte, proponiendo una lectura desde la activa participa- ción del investigador en los propios ámbitos indígenas. De modo que el investigador se hizo un investigado, el cazador se hizo presa: la obra, la cultura, empezaron a leer al lector, al crítico. Es por ello que traté de construir un diálogo amplio e interdiplinario con investigadores y críticos diversos que pudieran aportar un contrapunteo de ideas constructivas para acercarnos al cuerpo de la cultura Camëntsá; un diálogo entre investigadores de la literatura, antropólogos, humanistas, ilósofos y poetas, dialogando con otras formas de pensamiento y dejando oír mi propia lectura acompañada de las voces de los indígenas, escritores, Taitas y autoridades tradicionales.
Así, en el transcurrir de este trabajo se recopiló bibliografía y se cultivaron innumera- bles preguntas que siguen activas para futuras investigaciones que se retomarán en un trabajo de maestría direccionadas al trabajo antropológico. Los caminos de investigación siguen abiertos, así como la voluntad de seguir visibilizando las producciones literarias de los pueblos indígenas en los espacios académicos, y avanzar así en la inclusión de las voces de los poetas indígenas invisibi- lizados por el cannon literario en las antologías que trazan el panorama de los poetas y escritores latinoamericanos. Este trabajo fue una oportunidad para encontrarme con poetas indígenas contem- poráneos que indagan en una misma fuente: las palabras mayores y el encuentro con sus culturas a través de la palabra. Oralitores como Elicura Chihuailaf, Fredy Chikangana y Jorge Cocom Pech, escritores que mantienen un caminar fraterno en la escritura, así como vates del nivel de Lionel Lienlaf y David Aniñar desde las tierras Mapuches, Humberto Akaba´l y Rosa chávez de Guate- mala, Miguel Ángel López desde territorio Wayúu en la Guajira, Natalio Hernández, Briceida Cue- vas, Macario Matus y Juan Gregorio Regino de México, junto a Airiruma Kowi del Ecuador, entre otros, son autores y autores que están escribiendo cerca de las tradiciones culturales de sus pueblos. Estos escritores se enriquecen y discuten sobre la palabra indígena en congresos, ferias del libro, festivales de poesía como el de la ciudad de Medellín etc., para discutir sobre rutas y posibilidades de la palabra poética de pueblos originarios en los tiempos presentes, sobre la necesidad de cultivar una palabra nueva y de proteger sus tradiciones. Este trabajo me mostró la necesidad de proponer una electiva de poesía indígena en la carrera de estudios literarios; una clase que acerque a los estu-
diantes a la palabra y al canto de esta américa indígena que aliente a futuras investigaciones sobre esta palabra en creciente.
Para inalizar, habría que insistir en que este trabajo le apostó al diálogo intercultural, un llamado al respeto entre orillas, entre culturas que empezamos a observarnos más de cerca. Y en ese diálogo los indígenas nos invitan a volver la vista sobre lo fundamental, a dislocarse en el todo para ser uno con la totalidad. En nuestras sociedades de consumo estamos mediatizados, cosiicados, profundamente secularizados. En el mundo indígena tradicional que podemos visitar en estas obras, hay una experiencia directa con los ámbitos naturales en los que se mueven estas comunidades, un contacto real, consistente con el mundo natural. Urbina anota que en las ciudades nos hemos apartado de las experiencias fundamentales, tan bellas y sencillas como alzar la mano y recoger un fruto, sembrar la tierra, beber plantas sagradas que nos comunican con los caminos internos de nuestra propia luz como seres vivos; actos simples, llenos de profundidad, belleza y sentido cósmico. Y esta es, como vimos a lo largo de esta investigación, la posibilidad que abre la poesía indígena contemporánea. Permitir que la selva hable, que los animales traigan presagios, entender que la naturaleza no es un ente inerte, sino que está viva y se comunica con el hombre. Que existen espíritus y “gente invisible” que puebla un territorio sagrado que se deja leer como un gran cuerpo vivo. Esto rompe los estudios literarios tradicionales al entender que esta comunica- ción con una naturaleza viva no es un mecanismo literario, es el misterio de la visión de mundo y del contacto estrecho con sus territorios y los seres visibles e invisibles, animales, plantas y seres humanos conviviendo en un mismo círculo de la energía del cosmos.
Por lo demás, quiero decir que este trabajo me abrió innumerables posibilidades nuevas como investigador. Recorrí caminos, selvas y cordilleras, ríos, cascadas, lagunas, valles y páramos, todo para enamorarme más del sentido mismo del ser: La vida y la relación del hombre con las plantas medicinales y enteogénicas, aquellas que despiertan la memoria interna y la voluntad de caminar “con los pies en la cabeza”, una tentativa para profundizar en nuestro espíritu en orden a buen vivir con la energía del cosmos. Para inalizar, oigamos a Jamioy:
Los ojos
Taita
¿qué son los ojos? Hijo, los ojos
son las lores que brotan del jardín del alma. Taita,
¿y esas lores amarillas de ese árbol del alma de quién son?
Hijo,
Son de un taita que ya caminó. Taita,
¿y él cultivaba lores en su alma? Sí, así es hijo. Taita,
¿y yo puedo cultivar lores en mi alma? Sí, hijo,
Tus ojos son el brote loral Y debes regarlo cada día Para que miren en ellos El color puro de tu alma.