3 Introduction and background
4.2 Usability and accessibility
El encuentro engendra intimidad personal, integración de sentimiento y voluntad, respeto mutuo. Las personas unidas por el amor no se fusionan, conservan la capacidad de distanciarse sin alejarse, porque, al atender a aquello de que son responsables, siguen manteniéndose unidas a distancia. El encuentro libera a la vez de la soledad y de la sumisión a los modos egoístas de inmediatez. Con esa libertad interior —o creativa—, pudo el principito sugerir al piloto que se aplicara al arreglo del avión. «Ahora debes
trabajar —dijo el principito al piloto—. Debes volver a tu máquina» (99, 98). «Estoy contento de que hayas encontrado lo que faltaba a tu máquina. Vas a poder volver a tu casa...» (102,100).
Una vez logrado el encuentro, como una cima existencial, el principito sugiere al piloto que consagre su atención a una tarea objetivista (nivel 1), tomada no como fin sino como medio para rehacer el camino hacia la amistad con sus semejantes (nivel 2). Desde esta altura se advierte que, cuando el principito instaba al piloto a posponer el arreglo del motor y consagrarse a dilucidar cuestiones aparentemente anodinas, quería establecer un orden de prelaciones para conferir pleno sentido a la existencia cotidiana.
El juego del encuentro interhumano lo pone todo a una nueva luz. «Yo también vuelvo
hoy a mi casa», una casa lejana, con una lejanía de hondura y enigma (102-103, 102-
103). El principito sentía miedo y pena ante la partida, pero se entregaba a lo verdaderamente importante y superaba la sumisión a las apariencias, la apariencia por ejemplo de que iba a morir, cuando en realidad se trataba de una vuelta a casa (105-106, 106-107). La separación final no deberá sumir al piloto en tinieblas; transformará, más bien, su modo de ver el universo, al que llenará de luz y alegría por hacerlo depositario de un tesoro recóndito, invisible, pero real. «Tú tendrás estrellas como nadie las ha
tenido». «... Cuando te hayas consolado [...], estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo». «Yo también miraré las estrellas. Todas las estrellas serán pozos con una roldana enmohecida. Todas las estrellas me darán de beber...» (104;
105, 104-105). He aquí la transfiguración que opera el encuentro, acontecimiento inverso al despueble del mundo que sigue a la pérdida de un ser amado.
A través de un severo aprendizaje y un lento proceso de purificación, el principito y el piloto han logrado la forma eminente de unión personal que llamamos amistad. Seguidamente, en virtud de la fidelidad que implica el amor auténtico, se ven instados a renunciar al halago de la inmediatez física para restaurar, en un plano de mayor autenticidad, la vinculación a los seres de su entorno hogareño: los familiares y amigos — por lo que toca al piloto—, la flor —por lo que atañe al principito—. Merced al proceso de esforzada depuración espiritual a que ambos se han sometido, el reencuentro tendrá lugar ahora en nivel lúdico, nivel creador de auténticos ámbitos. La madurez de espíritu nos permite establecer vínculos personales muy intensos a través de los diversos elementos que sirven de vehículo a la unión[26]. Entre tales elementos figuran los rasgos de carácter que uno puede considerar defectuosos. Todo —lo positivo y lo aparentemente negativo— queda transfigurado y hecho transparente cuando es puesto en tensión dinámica por la generosidad de un amor oblativo. Esta transfiguración hace posible la actitud de fidelidad, que mantiene la relación de presencia y encuentro a través de los cambios que provoca el tiempo en los seres que se aman.
[1] En mi Metodología de lo suprasensible. Descubrimiento de lo superobjetivo y crisis del objetivismo, Madrid 1963, expongo con amplitud el tema del descubrimiento de las realidades «in-objetivas» («ungegenständliche») y la superación del objetivismo, la tendencia a conceder primacía a las realidades «objetivas» («gegenständliche»). Para subrayar el carácter positivo de las realidades «inobjetivas» las denominé «superobjetivas», término que, en obras posteriores (Estética de la creatividad, Rialp, Madrid 1998, 3.ª ed., e Inteligencia creativa, BAC, Madrid 2003, 4.ª ed.), cambié por ambitales, adjetivo derivado del sustantivo «ámbito», que jugó desde entonces un papel
central en mi investigación.
[2] En mis primeras obras la denominé «ana-léctica», para destacar que integra niveles de realidad de rango distinto.
[3] Para situar estas precisiones dentro del contexto de la filosofía contemporánea, recuérdese que «objetivo» e «inobjetivo» se dicen en alemán «gegenständlich», «ungegenständlich», y en francés «objectif», «inobjectif». La traducción alemana de «asible» es «handgreiflich»; la de «comprender», «verstehen», y la de «explicar»,
«erklären». Entre el nivel objetivo y el superobjetivo no media una relación dicotómica de escisión sino de
integración expresiva. La contraposición se da entre la actitud objetivista y la superobjetivista o lúdica; entre la manipuladora-egoísta-posesiva y la respetuosa-creativa.
[4] Cfr. El principito, Alianza Editorial, Madrid 1972, 2.º ed., p. 12. Le petit prince (Harbrace Paperbound Library, Nueva York 1943), p. 4. En lo sucesivo citaré en el texto mismo, indicando en primer lugar las páginas de la edición española —no del todo lograda—, y, en segundo lugar, las de la edición francesa. Los textos que ofrezco han sido traducidos por mí del original francés.
[5] Cfr. Citadelle, pp. 296-297; Ciudadela, p. 274.
[6] Cfr. Citadelle, p. 373; Ciudadela, p.344.
[7] Cfr. Terre des hommes, pp. 250-253; Tierra de los hombres, pp. 188-191.
[8] Véase, sobre esto, mi obra El triángulo hermenéutico, Editora Nacional, Madrid 1971, pp. 477-496.
[9] Cfr. Citadelle, p. 319; Ciudadela, p. 295.
[10] Sobre la importancia de la melancolía en el punto de partida del filosofar, véase R. Guardini: Vom Sinn der
Schwermut, M. Grünewald, Maguncia 1966, 6ª ed. Versión española: Sobre el sentido de la melancolía, en Humanitas, nº 51 (2008) págs. 558-578.
[11] En la Estética de la creatividad (pp. 33-180) se ofrece un amplio estudio del juego, a la luz de valiosas investigaciones filosóficas sobre el tema.
[12] Véase la bella descripción que hace N. Hartmann del ser ideal en su obra Zur Grundlegung der Ontologie, Hain, Meisenheim am Glau 1948³, p. 244.
[13] Esta idea de lo irreductible que se implanta en la existencia de modo súbito es expresada por Heidegger mediante el término «Ursprung» (salto a lo originario).
[14] De ahí que las entrevistas no deban montarse sobre la base de interrogaciones, porque estas muestran un cierto carácter violento, ya que implican una especie de irrupción en la intimidad. Deben, más bien, sugerirse los temas para que el entrevistado acepte libremente la invitación a clarificarlos.
[15] «[...] Lo esencial no radica en las cosas sino en el sentido de las cosas [...]». Cfr. Citadelle, pp. 319-320;
Ciudadela, p. 295.
[16] Adviértase la raíz común —«fid»— de los términos confidencia, confianza («fidutia»), fidelidad, fe («fides»).
[17] Este viaje ejerce la función del vértice b del «triángulo hermenéutico». Permite al principio tomar, respecto a la flor, la distancia de perspectiva que le permita llegar a verla en su núcleo «personal» —por así decir—, más allá de la figura decepcionante que ofrecía a una mirada excesivamente cercana (modo de visión inmediata- directa). Véase mi obra: Inteligencia creativa, BAC, Madrid 2003, 4.ª ed., pp. 160-163.
[18] Cfr. Pilote de guerre, p. 179; Piloto de guerra, p. 170.
[19] «Yo no estoy ligado sino a aquel a quien doy algo. No comprendo sino a aquel con quien me uno. No existo sino en cuanto me abrevan las fuentes de mis raíces» (Cfr. Pilote de guerre, p. 174; Piloto de guerra, p. 166)
[20] El verdadero conocimiento implica una con-versión, un retorno al objeto de conocimiento desde una perspectiva nueva, la abierta por los elementos mediacionales que permiten tomar distancia y contemplar la realidad en cuestión de modo más comprehensivo. Es la vuelta platónica desde las sombras hacia la luz.
[21] Sobre la vinculación de conocimiento, compromiso y amor —uno de los temas nucleares del pensamiento actual— se hallan precisiones muy valiosas en las obras de M. Scheler, F. Ebner, R. Guardini, H. Urs von Balthasar, G. Marcel, K. Jaspers, E. Levinas... Cfr. mis obras Cinco grandes tareas de la filosofía actual, op. cit., pp. 169 y ss., El triángulo hermenéutico, op. cit., pp. 391-424, 501, 558.
[22] En Citadelle se anudan con frecuencia los términos sed, fuente, corazón: «Cuando (el niño) te abraza, te hace sentir alrededor del cuello algo que es fuente para el corazón y de lo cual tienes sed». Cfr. Citadelle, p. 296;
Ciudadela, p. 274.
[23] El fenómeno del «pozo», visto en la gama íntegra de implicaciones que presenta en el juego de la vida humana, desempeña un papel relevante en Citadelle, obra que intenta dar forma al bullente mundo interior del que han brotado las restantes obras de Saint-Exupéry. Véase como ejemplo la vinculación que se establece en las pp. 318-323 entre «el ceremonial de los pozos en el desierto», la necesidad de tensar el espíritu hacia las grandes
metas de la existencia siguiendo las «líneas de fuerza» que la naturaleza instaura, el acrecentamiento de la propia «densidad interior», mediante el ajuste esforzado al campo de juego que es el desierto, con su inmensa aridez y sus pozos bien contados que hay que buscar sin intentarlos nunca poseer.
[24] «Yo te enviaré a morir de sed en los desiertos a fin de que las fuentes puedan encantarte. Luego te enviaré seis meses a picar piedra a fin de que el sol de mediodía te aniquile. Después de lo cual te diré: «Aquel a quien ha vaciado el sol de mediodía es en el secreto de la noche caída cuando, habiendo escalado la crestería de estrellas, se abreva en el silencio de las fuentes divinas. Y creerás en Dios»» (Cfr. Citadelle, p. 216; Ciudadela, p. 200).
[25] Cfr. A. de SAINT-EXUPÉRY: Lettre à un otage, Gallimard, París, 1944, 1974, p. 23.
[26] Debido a su carácter creador, «la presencia espiritual puede hacerse más densa que la presencia física». Cf. A. de SAINT-EXUPÉRY, A. de: Oeuvres, Gallimard, París 1957, p. 392.