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Use of case studies within a mixed methods research design

Chapter 4: Research strategy

7. Use of case studies within a mixed methods research design

La Conciencia Atómica no-se somete para efectos de transmu- tación a impulsos meramente mecánicos desprovistos del co- nocimiento de las leyes que rigen la Conciencia del Átomo. Penetrar en el mundo atómico desconociendo las leyes que lo rigen es ocasionar un caos catastrófico en su infinitamente pequeño universo. Y es eso precisamente lo que los llamados señores de la ciencia materialista se han empeñado en hacer y los resultados no se han hecho esperar: desequilibrio casi total de la naturaleza humana y exterior.

Es por ello que jamás estos señores podrán demostrar en sus laboratorios la transmutación de los metales viles en oro. Lo que han logrado es sólo una mínima cantidad con relación a los metales originales, o elementos originales.

El hecho de que el electrón, como corpúsculo de electricidad negativa, y que danza alrededor del átomo, para ―ser domesti- cado‖ necesite menos de una mil millonésima de segundo pa- ra obedecer, es algo que nos invita a la reflexión...

¿Quién guía de una manera tan matemática y exacta los mo- vimientos atómicos? Los fanáticos y dogmáticos materialistas nos dirían que la mecánica de la naturaleza. Muy bien; y, ¿podrá existir mecánica sin mecánicos? No. Entonces si se nos habla de una mecánica, por fuerza se tienen que aceptar principios inteligentes que dirijan el movimiento de esa mecá- nica,

Ya el sabio y científico alemán, Doctor Arnoldo Krumm Heller, había afirmado que un átomo es un trío de materia, energía y conciencia. La materia es la forma perceptible a través del microscopio, su constitución; la energía es la dinámica del movimiento; y la conciencia es la inteligencia oculta (no mani- fiesta al científico materialista) que guía tan sabia y matemáti-

camente el movimiento atómico. Si todo en la naturaleza está constituído en última síntesis por partículas atómicas y sub- atómicas, cualquier cuerpo tiene su conciencia atómica, sea este mineral, vegetal, animal, humano, etc.

Mas, dejemos que la investigación científica no desprovista de fundamentos místicos y filosóficos, nos hable al respecto. ―Nosotros, pues, declaramos (dice el Gran Sabio Fulcanelli en sus ―Moradas Filosófales‖), sin tomar partido que los grandes científicos de quienes hemos trascrito sus opiniones se equi- vocan cuando niegan la posibilidad de un resultado lucrativo de la transmutación. Ellos se engañan acerca de la constitu- ción y las cualidades profundas de la materia, si bien piensan haber explorado todos sus misterios. Mas, ¡ay!, La compleji- dad de sus teorías, la acumulación de definiciones, creadas para explicar lo inexplicable, y sobretodo, la perniciosa influen- cia de una educación materialista, les impulsa a buscar cada vez más lejos, lo que en cambio está a sus puertas. Ellos son, en mayoría, matemáticos que han perdido en sencillez, en buen sentido, lo que han ganado en lógica humana, en riguro- sidad numérica. Ellos sueñan aprisionar la naturaleza en una fórmula, de poner la vida bajo fórmula de ecuaciones. Y así, en sucesivas desviaciones. llegan inconscientemente a alejar- se de tal manera, de la simple verdad, que justifican las duras palabras del Evangelio; ―Ellos tienen ojos para no ver y un intelecto para no entender‖.

¿Será posible atraer a estos hombres a una concepción me- nos complicada de las cosas, guiar a estos dispersos hacia la luz del espiritualismo que les falta? Nosotros lo intentaremos, y, ante todo, diremos a aquellos que consientan seguirnos, QUE NO SE PUEDE ESTUDIAR LA NATURALEZA FUERA DE SU ACTIVIDAD,‖

―El análisis de la molécula y del átomo, nada nos enseñan; es incapaz de resolver el problema más grande que un científico pueda proponerse: ¿Cuál es la esencia de esta dinámica invi- sible y misteriosa que anima la materia? En efecto ¿Qué sa- bemos del movimiento? Ahora, aquí abajo, todo es vida y mo-

vimiento. La actividad vital, claramente manifestada en los animales y en los vegetales, no es menos vital en el reino mi- neral si bien exige más atención del observador. LOS METALES, EN EFECTO, SON CUERPOS VIVIENTES Y SENSIBLES y son testimonios de esto el termómetro de mer- curio, las sales de plata, los fluoruros, etc. ¿Qué es la dilata- ción y la contracción, sino dos efectos del dinamismo metálico, dos manifestaciones de la vida mineral? Y aún, al filósofo no basta anotar el alargamiento de una barra de hierro sometida al calentamiento, sino que debe buscar cuál es la VOLUNTAD OCULTA que obliga al metal a alargarse. Se sabe que los me- tales, sometidos a la acción de las radiaciones caloríficas, alargan sus poros, extienden sus moléculas, aumentan de superficie y de volumen; en un cierto sentido se expande, un poco así como nosotros inmersos bajo la acción benéfica de los efluvios solares. No se puede negar que una reacción simi- lar tiene una causa profunda, inmaterial, porque no se podría explicar, sin este impulso, cuál otra sería la fuerza que obliga a las partículas cristalinas a abandonar su INERCIA APARENTE. ESTA VOLUNTAD DEL METAL, o sea, SU MISMA ALMA, ha sido totalmente evidenciada por un bellísimo experimento realizado por Ch.—Ed, Guillaume. Una barra de acero calibrada y sometida a una tracción contínua y progresi- va y cuya potencia es registrada por medio de un dinamógrafo. Cuando la barra está para ceder, se manifiesta un estrangu- lamiento del cuál se fija el punto exacto. Se suspende la trac- ción y se regresa la barra a sus dimensiones primitivas, para luego reiniciar el experimento. Esta vez, el estrangulamiento se produce en un punto diferente al primero. Continuando de la misma manera se observa que todos los puntos fueron ex- perimentados sucesivamente y que todos comenzaron a ce- der, uno despues del otro a la misma tracción. Ahora, si se calibra por última vez la barra de acero y se vuelve a iniciar, desde el principio, se prueba que ahora se debe usar una fuerza muy superior a la primera para provocar la reaparición de los síntomas de ruptura. Ch.—Ed. Guillaume deduce de estas experiencias, con razón evidente, que el metal se com- portó como hubiera hecho un cuerpo orgánico; él reforzó su-

cesivamente todas sus partes más débiles y aumentó a propó- sito su cohesión para defender mejor su Integridad amenaza- da.‖

Veamos otro testimonio científico con relación a la Conciencia mineral.

Jagadis Chandra Bose, de cuya labor en el campo de la fisio- logía vegetal sólo dijo la Enciclopedia Británica, casi medio siglo después de su muerte, que se adelantó tanto a su tiem- po, que apenas podía valorarse en su justo mérito, dejó un testimonio irrefutable al respecto:

―En 1899, Bose observó el extraño caso de que el radiocon- ductor mecánico para recibir las ondas de radio perdía sensibi- lidad cuando se le usaba continuamente, pero recuperaba su estado normal tras un período de descanso. Esto le llevó a la conclusión de que, por inconcebible que pareciese. los meta- les pueden recuperarse de la ―fatiga‖, de manera semejante a como recobran sus energías los animales e individuos cansa- dos. En virtud de trabajos posteriores, comenzó a pensar que la línea divisoria entre los metales ―sin vida‖, como se dice, y los organismos ―vivos‖ era sumamente tenue. Pasando es- pontáneamente del campo de la fisica al de la fisiología, inició entonces un estudio comparativo de las curvas de la reacción molecular en las sustancias inórganicas con las de los tejidos de los animales vivos‖.

―Con gran asombro y sorpresa, advirtió que las curvas produ- cidas por el óxido magnético de hierro ligeramente calentado se parecían notablemente a las de los músculos. En ambas disminuía la reacción y la recuperación con el exceso de traba- jo, y la fatiga consiguiente podía desaparecer en virtud de un masaje delicado, o de un baño de agua caliente. Otros com- ponentes metálicos reaccionaban de manera parecida a los animales. Cuando se limpiaba una superficie metálica grabada con ácidos para eliminar hasta la última señal impresa en ella, mostraba reacciones en las partes tratadas por el ácido, que no se advertían en las otras. Bose atribuía cierto tipo de me- moria del tratamiento a las secciones afectadas. En el potasio

observó que su poder de recuperación se perdía casi total- mente si se le trataba con diversas sustancias extrañas: esto parecía análogo a las reacciones del tejido muscular a los ve- nenos‖

―En un trabajo que presentó al Congreso Internacional de Físi- ca, celebrado en la exposición de París de 1900, con el titulo, ―De la generalidad de los fenómenos moleculares producidos por la electricidad sobre la materia inorgánica y sobre la mate- ria viva‖, hizo hincapié en la ―unidad fundamental existente en la diversidad aparente de la naturaleza‖, llegando a la conclu- sión de que ―es difícil trazar una línea divisoria, y afirmar que aquí termina el fenómeno físico y aquí comienza el fisiológico‖. El Congreso se quedó bouleversé por la desconcertante, o más bien apabullante idea, de que la distancia que separa lo animado de lo inanimado quizá no sea tan grande ni tan in- franqueable como generalmente se cree; el secretario del Congreso declaró que estaba pasmado.‖

―Sir Michael Foster, secretario de la Real Sociedad, se pre- sentó una mañana en su laboratorio para ver con sus propios ojos lo que estaba ocurriendo. Bose mostró al veterano de Cambridge algunas de sus grabaciones, a lo que comentó el anciano en tono de broma:

Pero, vamos Bose, ¿Qué tiene de nuevo esta curva? ¡La ve- nimos viendo desde hace medio siglo por lo menos!

Pero... ¿Qué cree usted que es?— replicó Bose sin levantar la voz.

Está muy claro... ¡Es la curva de reacción de un músculo, na- turalmente! — contestó Foster con firmeza.

―Mirando al profesor desde el fondo de sus penetrantes ojos castaños, dijo entonces Bose con acento seguro‖:

Perdóneme, pero es la reacción metálica del estaño. ―Foster se quedó con la boca abierta‖

. ¿Estaño? ¿Dijo usted estaño?

―Cuando Bose le enseñó todos los resultados que había obte- nido, Foster se quedó tan desconcertado como abrumado. Allí mismo le invitó a presentar un informe de sus descubrimientos en otro discurso del Viernes en la Institución Real, y se ofreció para presentar su trabajo personalmente a la Real Sociedad, a fin de obtener prioridad. En la asamblea nocturna del 10 de Mayo había obtenido durante más de cuatro años, e hizo de- mostraciones de cada uno de ellos en una serie completa de experimentos, para terminar con la peroración siguiente: ―Les he mostrado a ustedes estos documentos autógrafos sobre la historia de la tensión y del esfuerzo en los seres vivos y no vivos. ¡Cuán semejantes son las escrituras de ambos! Tan semejantes que, en realidad, no se distinguen unas de otras. Ante tales fenómenos, ¿Cómo vamos a poder trazar una línea divisoria y afirmar, aquí termina lo físico y aquí empieza lo fisiológico? No existen tales barreras absolutas. Cuando fui testigo mudo de estas grabaciones autógrafas y percibí en ellas una fase de la unidad general que vincula todas las co- sas —la mota que tiembla en las ondulaciones de la luz, la vida activa que pulula en nuestra tierra, y los soles radiantes que fulguran por encima de nosotros —, fue cuando com- prendí por vez primera una pequeña parte del mensaje pro- clamado por mis antepasados a las orillas del Ganges hace treinta siglos: ―A los que no ven más que una cosa en todas las múltiples manifestaciones cambiantes de este universo, es a quienes pertenece la Verdad Eterna... ¡A nadie más, a nadie más!‖

―El asesor, doctor Howard Miller, citólogo de Nueva Jersey y médico de Backster (Cleve Backster, el más famoso examina- dor de detectores de mentiras de Estados Unidos), llegó a la conclusión de que todos los seres vivos debían de tener una especie de conciencia celular‖.

―La facultad de sentir—asevera Backster — no parece acabar en el nivel celular. Puede extenderse al molecular, al atómico y hasta al sub-atómico. Todas las clases de seres que han sido

consideradas convencionalmente inanimadas, acaso necesi- ten una reevaluación''.

―... el astrónomo inglés sir James Jeans había escrito que la corriente del conocimiento humano está llevando imparcial- mente hacia una realidad no mecánica: el universo comienza a parecer más que una gran máquina, un gran pensamiento. La mente ya no parece ser un intruso accidental en el campo de la materia. Estamos comenzando a sospechar que debería- mos considerarla como la creadora y gobernante de este re- ino‖.

Hemos podido evidenciar, cómo, ya se nos habla desde un punto de vista bastante científico y serio, de la conciencia atómica o inteligencia latente en la materia. Continuaremos con otros testimonios de gran valor, que se extienden desde el reino vegetal hasta el humano.

LA CONCIENCIA DE LA