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2. General analysis: how project decisions affect failure diversity

2.8 Use of diversity within the development of each version

El doble valor, cognoscitivo y moral, de la introspección lo encontramos en varios

180 José Luis Bernal El agustinismo de Petrarca en el Secretum 181 mortal del hombre, y como corolario de ésta se menciona la infelicidad del mismo, cuando atiende sólo a las cosas materiales. Ante esto, Agustín se afana por inducir a Petrarca a la introspección, al insistirle siempre en que no se olvide del alma (que es inmortal), y dedique su vida entera a meditar en la muerte y en las miserias de la vida terrenal: “nichil efficacium reperiri quam memoriam proprie miserie et meditatio- nem mortis assiduam” (p. 8): nada le es más provechoso [al hombre] que el recuerdo constante de sus propias miserias y la asidua meditación de la muerte. Esta medita- ción en la muerte, que debe calarnos “hasta la médula”, como dice Agustín, es una anticipación, de origen socrático-platónico, de todos los filósofos existencialistas, para los cuales reflexionar sobre la propia muerte coadyuva a elaborar nuestro pro- yecto de vida, en el sentido que queramos,ya que el hombre es su propia proyección, y, como afirma Sartre, tenemos libertad de elección. En el contexto medieval y al

interior del Secretum, el proyecto, o al menos las intenciones poetizadas de Petrarca

son la salvación de su alma y su volverse, de infeliz, feliz.

Pero para obtener tal cosa, socráticamente debe librarse de su ignorancia, debe iluminar su camino mediante las luces del entendimiento, de la razón. Esto es:

debe saber: a) que sólo el alma es inmortal, mientras que la carne y sus gustos son

efímeros; b) que debe conocer cada vez mejor su alma, como recomienda Agustín,

seguidor en esto de Platón, en las Confesiones; c) que debe conocer los peligros que

rodean al alma (en este caso los peligros eran la absoluta fascinación del poeta por Laura y por la gloria terrenal, su debilidad de carácter, etc.); d) que, como todo ser humano, tiene el defecto de ser muy indulgente con sus propios defectos. Al respec- to, Agustín es terminante cuando le dice:

Atqui omnibus ex conditionibus vestris, o mortales, nullam magis admiror, nullam magis exhorreo, quam quod miseriis vestris ex industria favetis et impendens peri-

culum dissimulatis agnoscere, considerationem ilam, si ingeratur, excludetis. (id.)

(Oh mortales, de todas vuestras tendencias, ninguna me sorprende más, ninguna me horroriza más que esta indulgencia para con vuestras miserias, y cómo fingís no reconocer el peligro que pende sobre vosotros, y si acaso lo tenéis presente, procuráis no pensar en ello.)

En el original latino es notable cómo Petrarca se vale de dos construcciones paralelas, anafóricas, para subrayar el disgusto de Agustín por esta constante de la conducta humana. Las construcciones en paralelo son: “nullam magis admiror,

nullam magis exhorreo”. Los dos verbos, admiror y exhorreo, denotan la postura

“terapéutica” de Agustín, que en este caso es una posición moral y moralizante, ca- racterizada por una fuerte y constante recomendación a Petrarca de que siga lo que parece una guía que, seguida al pie de la letra, lo conducirá primero a modificar su actitud y conducta, y, mediante la fuerza de voluntad y la reformulación de su pro- yecto de vida, lo conducirá posteriormente a la salvación de su alma y a la obtención de la felicidad y la eterna bienaventuranza. La guía consta de tres pasos: meditar so- bre la propia infelicidad; reconocer esa infelicidad y el deseo de ser feliz; emplearse a fondo en este deseo de cambio y obrar en consecuencia (p. 9).

182 José Luis Bernal El agustinismo de Petrarca en el Secretum 183 Como vemos, estos puntos son el resultado del autoanálisis, de la introspección.

Pero el valor moral de dicha introspección consiste en la fuerza de voluntad del poeta para que se opere el cambio sugerido por Agustín. Esta es una cuestión de dos aspec- tos: uno, cognoscitivo, tiene que ver con el conocer, con el saber, y el otro tiene que ver con la determinación, con el libre albedrío reencaminado, con el suscitar el hom- bre –Petrarca– dentro de sí la fuerza moral necesaria para alcanzar su objetivo. Esto, sencillamente, porque lo que se le pide es que abandone sus dos más grandes amores: el amor a Laura y el amor a la gloria terrenal, por intereses espirituales y ascéticos que lo conduzcan a la salvación de su alma.

Desde esta perspectiva, es lógico que a lo largo del Secretum Petrarca, en tanto

que alumno, o en términos psiocoanalíticos, paciente, ofrezca resistencias, distrac- tores, al adoctrinamiento de Agustín, como cuando éste le dice que los hombres se esfuerzan a más no poder por caer en todas las trampas de las lisonjas terrenales, y el poeta responde: “Hec quidem, ut auguror longior est querela egensque verborum plurium. Ea ergo, si libet, in tempos aliud dilata” (p. 10). O sea: “Me parece que esta cuestión es muy larga, y necesita de muchas palabras. Pasémosla pues a otro momen- to”. Sea como fuere, la lección evidente que deja el texto, más allá de su valor literario y filosófico, es que el carácter voluble y veleidoso de Petrarca sí reconoce que para que los hombres en general, y él en particular sean felices, deben contar con el valor moral (o de actitud) de perseverar en los cambios de conducta a partir del propedéu- tico insustituible de la introspección, del autoanálisis dirigido por una voz socrática que le diga: “conócete a ti mismo”.

Conclusiones

Temas como la divinidad del alma, el amor a la verdad y la entrega de la vida entera al cultivo de la misma, y el valor, tanto cognoscitivo como moral de la introspección,

nos colocan, en el caso del Secretum, ante un texto a caballo cronológico entre el

otoño medieval y los primeros brotes renacentistas, que podría ofrecernos una línea investigadora, muy sugestiva, como la siguiente: el epicureísmo y el estoicismo en el cristianismo agustiniano de Petrarca; su pensamiento y reflexión moral, entre la rigidez teológica de Tomás de Aquino, y una fe más intuitiva, más sentida, menos razonada, precisamente más agustiniana, aunque no menos sincera; su concepto de la felicidad, en que entrarían, tal vez, conceptos como la fortuna, la predestinación, el libre albedrío y la acción de la Providencia en el mundo de los hombres.

Esto es, una línea que conecta con el pasado, con los estudios clásicos, y que en su tiempo empezaba a ir en auge, con los intereses de Petrarca mismo, de Boccaccio, de Leonardo Bruni, de Coluccio Salutati, y de todos los humanistas que siguieron.

Pero por otro lado, hay una línea en el Secretum que nos lleva hasta hoy.

Aunque hoy en día la cuestión sobre la eternidad del alma ni siquiera cuenta para muchos, por el simple hecho de que niegan la su existencia o tienen de la misma un concepto más cercano al de Aristóteles, un concepto casi naturalista, cabe reflexio- nar en que con la etimología del vocablo (“amor a la sapiencia, al conocimiento”)

182 José Luis Bernal El agustinismo de Petrarca en el Secretum 183 comienzan en cualquier país occidental los cursos de filosofía, y es conmovedor que,

cuando leemos el Secretum, nos percatamos de que no hay otro conocimiento más

importante, o no debería haberlo, que el de la verdad que todos llevamos dentro, llámese ésta mente, alma, o interioridad.

En el mismo tenor, para nadie es ajeno el hecho de que el “conócete a ti mismo” socrático, agustiniano y petrarquista, puede tener vínculos muy estrechos, primero,

ya en el siglo XX, con Freud, a la mitad del siglo con el existencialismo de varios

tipos que permeó el pensamiento occidental, y ya en los primeros años del siglo XXI,

con la modernísima y revolucionaria escuela de terapéutica existencialista, conocida como “Cura del habla”.

Pero eso no es todo. Desde una perspectiva no filosófica, sino literaria, artística,

el Secretum sigue siendo válido. El arte está constituido por formas, perfectas en la

medida en que comunican, y comunicantes en la medida de su perfección inalterada. En tiempos como los actuales, en que el gusto por una poética de la levedad puede

confundirse con una pretendida poética de lo insustancial, la lectura del Secretum

enriquece y revierte el universo de las estéticas de moda; es como a volver a leer a Platón, en una época que ha olvidado que el discurso filosófico no está peleado con la expresión bella del pensamiento; o como leer a Leopardi, cuando sabemos que de nada sirve cantar nuestro dolor. Volver a leer un diálogo, que en realidad es un monólogo, que tiene dos personajes principales, que en realidad son los dos aspectos o aspiraciones de un solo yo, una voz poética que es el yo de Petrarca, nos puede todavía resultar refrescante y enriquecedor: nos recuerda que las formas, cuando son bellas, comunican; y que la belleza puede también enseñar y ser bella, aunque esté

contenida en formas aparentemente quedadas atrás. Ante el Secretum, la mente del

lector puede abrirse, y aprender que la belleza, sean cuales fueren sus formas, es,

como afirma Platón en el Fedro, la Idea más noble, pues nos permite gozarla en su

multiplicidad.

Bibliografía

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Amortajamiento. La cura del alma

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