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The Use of Drone Warfare Post-9/11: Ethics in Practice

Rethinking Drone Warfare Using a Feminist Ethical Framework: Examining Relationality and Experience

5.1 The Use of Drone Warfare Post-9/11: Ethics in Practice

Pierre Nora, en su obra: “Marcas biográficas en la memoria colectiva” (1996), acuña para los años noventa por vez primera la noción de memoria histórica para poder designar los lugares donde se cristaliza y se refugia la memoria colectiva de las sociedades; este abordaje ha resultado ser un aporte valioso para comprender las diferencias y similitudes que existen entre historia y memoria, así como para emprender interacciones analíticas entre la historia y la memoria desde los lugares que van más allá de las discusiones en el espacio público.

En esta categoría teórica se ahonda la conexión que esta noción mantiene con la historiografía, es decir, con sus aportaciones a la historia de la memoria y del tiempo presente, la cual ofrece un modo específico de analizar la memoria de las sociedades por medio de elementos evidentes del presente.

En la obra de Pierre Nora, (1996), la pareja lugar-medio está en el centro del problema, porque esta expresión nos conduce hacia el arte de la oratoria de la antigüedad, que inevitablemente es vivida en la actualidad. La definición fue aportada por Cicerón: el lugar, locus, es el emplazamiento donde el orador es invitado a colocar las imágenes de las cosas que quiere retener. En ese sentido, Pierre Nora, rescata esta procedencia, les Lieux, en francés, (los

lugares) para ponerla en acción, en una concepción retórica que hace referir a la memoria, es decir, hacia el lugar del orador, del artificio, lo que lo convierte por tanto en un ejercicio efímero, que nunca es simplemente dado, ya que el lugar es construido e incluso, sin cesar, reconstruido. Nora, afirma de esa manera que las especificidades de las formas históricas chocan con las “reivindicaciones memoriales”.

Fue frente a esta necesidad de localizar la memoria colectiva que se volvió importante esta categoría para el pueblo tanto francés como los de otros países del mundo, pues ayudó a comprender mejor las diferencias entre historia y memoria, a explicar por qué hoy el presente parece tener un mayor peso que el pasado o el futuro.

Si Pierre Nora puede considerarse heredero de los Annales45, puede ser por la noción acuñada del “lugar de memoria”, el cual rompió con una serie de características de aquella tradición que concibió aspectos más historiográficos del caso antes que anecdóticos.

La historia de los lugares de memoria es una historia que constantemente está adaptándose, con lo cual se abre a nuevos objetos (del acontecimiento al símbolo, de la representación del acontecimiento al presente, de su construcción en el tiempo a la relevancia de los actores). Si este tipo de historia ya había sido emprendida por otros historiadores, la innovación de Pierre Nora radica en el estudio de los lugares que son laboratorios de la memoria nacional, y ya no sólo desde el espacio público.

Se trata entonces de una propuesta historiográfica innovadora para historizar la memoria y el presente. También porque implicó una ruptura con la historia nacional, pues cuestionó justamente la existencia de una “nación eterna”, argumentando que al hacer una historia de las representaciones de lo simbólico, los lugares de memoria pasan a hacer una historia de

45 Corriente historiográfica fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch en 1929, que ha dominado prácticamente

fragmentos o de historias rotas que dejan de existir en un gran relato de la nación, desperdiciando todo su contenido.

Debe decirse que este tipo de caracterización implementó novedades relevantes en cuanto a problemas enfrentados en las relaciones entre memoria e historia, entre pasado y presente; al igual que en los métodos utilizados en el lugar y la memoria observada en él como fuente de análisis. Por todo ello, puede considerarse que la noción de lugar de memoria es heredera, aunque sobre todo innovadora, de la tradición de la historiografía francesa, al combinar algunas de las más importantes aportaciones teóricas de esa corriente con novedades que ayudaron a cuestionarse y a ampliarse.

Pierre Nora, Rousso, Bédarida y Joutard, tras haber reconocido la tarea incitadora que ellos mismos habían tenido para escribir la historia de la memoria, buscaron recordar de esta manera, la función crítica de la historia que tiene frente a la “flexibilidad” de la memoria para que pueda ser yuxtapuesta a otros escenarios de enunciación.

Allier Eugenia Montaño, aludiendo a las teorías de Pierre Nora señala, de esta manera, en “Los Lieux de mémoire: una propuesta historiográfica para el análisis de la memoria” (2008), que si la historia opera en una “irrupción crítica” en el campo de la memoria, de cualquier manera, ésta permitirá al historiador traspasar una visión retrospectiva del pasado y encontrarla como un presente que “ha sido”.

En buena medida, puede decirse que esta aproximación presentada se debe a dos causas que van aparejadas; por un lado, el momento preciso de su surgimiento, es decir, en el auge de las memorias sociales y en segunda medida, en el cuestionamiento consecuente de las historias nacionales. ¡Hoy en Francia! afirmaba Pierre Nora, a mediados de 1989, es en los medios de comunicación donde se sostiene la imagen de la “identidad colectiva” y donde se muestra el

espíritu de la conmemoración, según él, son ellos los que mediatizan la noción y generan su apogeo, por ello, es la refabricación del pasado desde el presente, lo que hace importante la conmemoración y no al acontecimiento a conmemorar; es decir, la memoria, en síntesis es un determinismo práctico para vivir el presente. Nora señala que, “la tiranía de la memoria no ha durado sino un tiempo, pero ha sido el nuestro”. (1996, p 174)

Aquel concepto que irrumpió entonces en un momento clave de la historia y de la historiografía científica, aclara que la memoria se busca porque ha dejado de existir. Esta concepción en Pierre Nora fomenta, al menos, en la tradición inaugurada por Halbwachs, marcada tanto por la predilección de lo social como por la atención reservada al anclaje espacial de la memoria; un desarrollo claro en el aporte sistémico para el entendimiento de la historiografía para el siglo XXI.

La historia para Pierre Nora se convierte así, en el canon que recopila datos que han ocupado un lugar importante en la memoria de los hombres; sin embargo, esta historia comienza donde termina la tradición, es decir cuando se extingue la memoria social, pues mientras un recuerdo aún persista no se requiere fijarlo por escrito. La necesidad de escribir la historia de un periodo de una sociedad no se despierta hasta cuando los recuerdos se han alejado y ya no se encuentran testigos que los rememoren. Así, uno de los objetivos de la memoria histórica entendido desde Pierre Nora, es tender un puente entre el pasado y el presente; es establecer una continuidad ininterrumpida, para que pueda ser también una corriente de pensamiento continua y no artificial, pues ella retiene del pasado, todo lo vivo o lo que es capaz de vivir en la conciencia de un grupo.