LA CAPITULACIÓN DE TOLEDO Y LAS PRIMERAS MERCEDES
El reconocimiento regio de la empresa pizarrista sería tan im- portante como su organización financiera: en efecto, permitió neutralizar las aspiraciones de otros conquistadores, también ten- tados por las noticias que llegaban del sur. La exclusividad de la empresa reduciría el riesgo que podría enfrentar la tercera expe- dición conquistadora ‒es decir, desde el punto de vista de una competencia entre españoles‒ facilitando simultáneamente el otorgamiento de créditos. Estas fueron las motivaciones que im- pulsaron a Pizarro a interrumpir sus avances en el terreno, en fa- vor de una visita a la metrópoli.
El acceso a los círculos de poder de la corte castellana reque- ría de una gran dedicación y habilidad que condujese a la comu- nicación con secretarios, consejeros y el rey. Howard Keniston, en la extraordinaria biografía titulada Francisco de los Cobas. Secretario de Carlos V, ofrece una imagen de las más altas jerarquías del apa- rato burocrático español, que ha sido descrito por Antonio Rodrí- guez-Moñino, en la introducción del libro, como:
Un organismo vivo con las intrigas, las mezquindades, las ambi- ciones y las ansias de poder de unos hombres. También caen
dentro de esa descripción el trabajo infatigable de los mismos y su constante dedicación a la empresa imperial.1
En un medio de tales características, Pizarro debió acudir a España premunido no únicamente de la narración hiperbólica del fantasioso griego Pedro de Candia y su hato de camélidos ameri- canos, sino también de contactos seguros. La estrategia del con- quistador debió iniciarse en Tierra Firme, cuando se vinculó con hombres poderosos que contaban con influencias personales en la corte. El más notorio de ellos fue el licenciado Espinosa, quien mantenía informadas de los asuntos americanos, por medio de su correspondencia, a diversas personas del más alto nivel en la me- trópoli. Pero también resulta patente el contrato firmado con el tesorero Puente en Panamá, el 27 de enero de 1526, en el que Al- magro y Luque, en nombre de Pizarro, le ofrecían oro a cambio de su influencia ante el rey.2
Por último, debe recordarse que el conquistador había actua- do en una expedición con el cuñado del poderoso secretario real Lope Conchillos. En 1507 Conchillos y el obispo Juan Rodríguez de Fonseca habían sido designados por el rey Fernando responsa- bles de los asuntos de Indias. Un año después, Francisco de los Cobos, que iniciaba su meteórica carrera, aparecía como criado, oficial o escribiente de Conchillos.3
Cuando Pizarro llegó a España, Cobos era uno de los perso- najes más poderosos de la corte castellana de Carlos V. Puede de- ducirse, en base a la documentación que muestra los nexos de Pi- zarro en años posteriores, que gran parte de su esfuerzo se dirigió a buscar un acercamiento hacia Cobos y las personas que lo ro- deaban. Entre éstos destacaban Juan de Samano y Juan Vázquez de Molina.4
1 Rafael Rodríguez-Moñíno Soríano en la introducción a Keniston, Francisco de
los Cobas, xxi.
2 Porras, Nombre del Perú, 61. 3 Keniston, Francisco de los Cobas, 13.
4 Samano había sido nombrado secretario de Indias y secretario de Cobos el 15.11.1519, manteniendo la amistad hasta el fin de sus días (ibid., 46).
Una merced que obtuvo Cobos el 20 de noviembre de 1519 fue el nombramiento de fundidor y marcador mayor de Yucatán y los territorios conquistados por Diego Velázquez. Pero al recibir las noticias de nuevos descubrimientos, desde su ventajosa posi- ción en el Consejo de Indias, Cobos solicitaba la extensión inme- diata de sus privilegios. Cuando se descubrieron los tesoros de México y del Perú, este rubro se convirtió en la principal fuente de su riqueza.5 Durante la visita de Pizarro, Cobos tomó las previ-
siones para asegurar la adecuada recolección de sus dineros. El 6 de marzo de 1529 el funcionario imperial otorgó un poder a Juan de Samano para cobrar lo procedente de la merced que había reci- bido y que consistía en "20 mil ducados librados en las Islas Espa- ñola, San Juan, y Cuba y Nueva España, y de las salinas de Indias y del oficio de fundidor y marcador mayor del oro y plata."6 El 23
de noviembre Samano sustituyó ese poder para que lo usasen Pi- zarro y los tres oficiales reales que habían sido asignados a la ex- pedición del Perú: Alonso Riquelme, Antonio Navarro y García de Salcedo.7 En una carta enviada por Pizarro a Samano desde
Cajamarca, e18 de junio de 1533, directamente le pedía ayuda en la corte para conseguir mercedes, especialmente para ampliar los límites de su jurisdicción. A cambio, Pizarro ofrecía" aprovechar las cosas de su servicio", pero también anotaba que enviaba oro a Cobos, procedente de sus rentas.8 Dos meses después, cuando Es-
pinosa escribió a Cobos sobre el enorme tesoro de Atahualpa, le ofreció encargarse de hacerle llegar su parte del tesoro.9
Un reciente trabajo muestra interés en el tema de las decisio- nes metropolitanas ligadas al Perú. Ahí se señala que algunos otros personajes favorecieron a Pizarro en España. El más notorio fue el cardenal Loaysa, presidente del Consejo de Indias, pero también fueron importantes el consejero de Indias, Diego Beltrán, y el obispo de Lugo, Juan Suárez de Carvajal. Beltrán debía a Pi- zarro los favores prestados a sus hijos Antonio Beltrán y Bernar-
5 Ibid., 53.
6 Lee, "Algunos documentos sobre los primeros conquistadores", 372-374. 7 Ibid., 374-375.
8 Lohmann, Francisco Pizarro, 37. 9 Keniston, Francisco de los Cobos, 151.
dentro de esa descripción el trabajo infatigable de los mismos y su constante dedicación a la empresa imperial.1
En un medio de tales características, Pizarro debió acudir a España premunido no únicamente de la narración hiperbólica del fantasioso griego Pedro de Candia y su hato de camélidos ameri- canos, sino también de contactos seguros. La estrategia del con- quistador debió iniciarse en Tierra Firme, cuando se vinculó con hombres poderosos que contaban con influencias personales en la corte. El más notorio de ellos fue el licenciado Espinosa, quien mantenía informadas de los asuntos americanos, por medio de su correspondencia, a diversas personas del más alto nivel en la me- trópoli. Pero también resulta patente el contrato firmado con el tesorero Puente en Panamá, el 27 de enero de 1526, en el que Al- magro y Luque, en nombre de Pizarro, le ofrecían oro a cambio de su influencia ante el rey.2
Por último, debe recordarse que el conquistador había actua- do en una expedición con el cuñado del poderoso secretario real Lope Conchillos. En 1507 Conchillos y el obispo Juan Rodríguez de Fonseca habían sido designados por el rey Fernando responsa- bles de los asuntos de Indias. Un año después, Francisco de los Cobos, que iniciaba su meteórica carrera, aparecía como criado, oficial o escribiente de Conchillos.3
Cuando Pizarro llegó a España, Cobos era uno de los perso- najes más poderosos de la corte castellana de Carlos V. Puede de- ducirse, en base a la documentación que muestra los nexos de Pi- zarro en años posteriores, que gran parte de su esfuerzo se dirigió a buscar un acercamiento hacia Cobos y las personas que lo ro- deaban. Entre éstos destacaban Juan de Samano y Juan Vázquez de Molina.4
1 Rafael Rodríguez-Moñíno Soríano en la introducción a Keniston, Francisco de
los Cobas, xxi.
2 Porras, Nombre del Perú, 61. 3 Keniston, Francisco de los Cobas, 13.
4 Samano había sido nombrado secretario de Indias y secretario de Cobos el 15.11.1519, manteniendo la amistad hasta el fin de sus días (ibid., 46).
Una merced que obtuvo Cobos el 20 de noviembre de 1519 fue el nombramiento de fundidor y marcador mayor de Yucatán y los territorios conquistados por Diego Velázquez. Pero al recibir las noticias de nuevos descubrimientos, desde su ventajosa posi- ción en el Consejo de Indias, Cobos solicitaba la extensión inme- diata de sus privilegios. Cuando se descubrieron los tesoros de México y del Perú, este rubro se convirtió en la principal fuente de su riqueza.5 Durante la visita de Pizarro, Cobos tomó las previ-
siones para asegurar la adecuada recolección de sus dineros. El 6 de marzo de 1529 el funcionario imperial otorgó un poder a Juan de Samano para cobrar lo procedente de la merced que había reci- bido y que consistía en "20 mil ducados librados en las Islas Espa- ñola, San Juan, y Cuba y Nueva España, y de las salinas de Indias y del oficio de fundidor y marcador mayor del oro y plata."6 El 23
de noviembre Samano sustituyó ese poder para que lo usasen Pi- zarro y los tres oficiales reales que habían sido asignados a la ex- pedición del Perú: Alonso Riquelme, Antonio Navarro y García de Salcedo.7 En una carta enviada por Pizarro a Samano desde
Cajamarca, e18 de junio de 1533, directamente le pedía ayuda en la corte para conseguir mercedes, especialmente para ampliar los límites de su jurisdicción. A cambio, Pizarro ofrecía" aprovechar las cosas de su servicio", pero también anotaba que enviaba oro a Cobos, procedente de sus rentas.8 Dos meses después, cuando Es-
pinosa escribió a Cobos sobre el enorme tesoro de Atahualpa, le ofreció encargarse de hacerle llegar su parte del tesoro.9
Un reciente trabajo muestra interés en el tema de las decisio- nes metropolitanas ligadas al Perú. Ahí se señala que algunos otros personajes favorecieron a Pizarro en España. El más notorio fue el cardenal Loaysa, presidente del Consejo de Indias, pero también fueron importantes el consejero de Indias, Diego Beltrán, y el obispo de Lugo, Juan Suárez de Carvajal. Beltrán debía a Pi- zarro los favores prestados a sus hijos Antonio Beltrán y Bernar-
5 Ibid., 53.
6 Lee, "Algunos documentos sobre los primeros conquistadores", 372-374. 7 Ibid., 374-375.
8 Lohmann, Francisco Pizarro, 37. 9 Keniston, Francisco de los Cobos, 151.
dino de Mella en el Perú. El obispo recomendó a sus hermanos Illán Suárez de Carvajal y el licenciado Benito Suárez de Carvajal, quienes acompañaron a Hernando Pizarro al Perú.10
La llegada a España no debió ser placentera. Pizarro y el li- cenciado Corral fueron encarcelados a causa de una deuda colec- tiva que habían asumido "los concejos y vezinos de la ciudad de Darién y villas de Ada y el Nombre de Dios". Sin embargo, una provisión librada en el Consejo Real mandó que los liberaran bajo juramento de presentarse personalmente en aquel Consejo "y con esto les alcen la carcelería o prisión que les está hecha".11 El cro-
nista Antonio de Herrera y Tordesillas asegura que fue Hernando Cortés quien usó sus influencias para conseguir la liberación de su paisano,12 aunque no se tiene evidencia alguna que respalde
esta afirmación.
Luego de las gestiones iniciales de Pizarro en la corte, se pasó al aspecto práctico de dar forma legal al acuerdo que firmarían ambas partes. El documento fundamental para estos casos era la Capitulación, originada en la Edad Media española y que, desde entonces, tenía como finalidad asegurar el derecho prescriptivo a una recompensa para el conquistador que a su propia costa servía a la corona.13 La Capitulación suscrita entre Pizarro y la empera-
10 Victoria Carmona Vergara, "Informadores en la corte y consecuencias políti- cas en el Perú temprano." Ponencia leída en el Tercer Congreso de Estudiantes de Historia, Universidad Católica del Perú (Lima, 1993). El factor Illán Suárez de Carvajal fue asesinado por el primer virrey Blasco Núñez Vela, hecho que motivó a Benito Suárez de Carvajal a tomar venganza y ordenar la muerte del virrey en el campo de Añaquito, durante el alzamiento de Gonzalo Piza- rro.
11 En el documento no se ve a quién iba dirigido, quizá por haber sido cortado en su extremo superior. Está fechado en Toledo, el 6.2.1529, AGI, Panamá 234, lib. 3, f. 280. Este episodio ha sido narrado por Busto, Francisco Pizarro, 44-45 y por Ballesteros, Francisco Pizarro, 51-52, careciendo ambos de referencias documentales. Por otra parte, el Consejo de Justicia de Castilla era conocido también con el nombre de Consejo Real. Este designaba a los jueces de la Chancillería de Valladolid y luego a los de Granada e Indias. Hasta fines del reinado de Fernando, los asuntos de Indias, incluida la Casa de Contratación, eran administrados por una subcomisión del Consejo Real (Keniston, Fran-
cisco de los Cobos, 9-10).
12 Ballesteros, Francisco Pizarro, 52. 13 Góngora, Colonial Spanish America, 21.
triz Isabel fue fechada el 26 de julio, pero firmada el 17 de agosto de 1529.14 En ella se concedía al conquistador la licencia para con-
tinuar con sus descubrimientos, conquista y población del Perú.15
Para este fin se ofrecía en el mismo documento una serie de mer- cedes que se harían efectivas cuando se tomase posesión de la tie- rra, pero la cautela de los funcionarios castellanos era el aspecto más saltante del documento. Si bien a primera vista podría sor- prender una aparente magnanimidad real, la revisión detenida muestra únicamente dos compromisos importantes que la coro- na asumía en firme: primero, entregar la exclusividad de la em- presa a la compañía de Pizarro y Almagro, y, segundo, apoyar la adquisición de armas de fuego e insumas para su uso y caballos. Los títulos y rentas para los conquistadores llegarían a materiali- zarse solamente en caso de existir la riqueza que ellos prometían, así como su capacidad para conquistarla.
La Capitulación ofrecía ampliar los privilegios concedidos a los conquistadores cuando se tuviese conocimiento pleno del nuevo territorio, especialmente para Pizarro, quien, según se de- duce del propio texto de la Capitulación, solicitó con bastante de- talle sus pretensiones. El pedido de vasallos se dejó pendiente, pero mientras tanto se le otorgó la vigésima parte de los tributos de la tierra, siempre que no excedieran de mil quinientos duca- dos, de los cuales mil serían para Pizarro y quinientos para Alma- gro.16
De manera similar se trató el asunto de las ansiadas enco- miendas de indígenas, con el cauto ofrecimiento de otorgarle en el futuro "poder para que en nuestro nombre... fagays la enco- mienda de los yndios de la dicha tierra, guardando en ellas las
14 El original fue hallado por Porras, según su propio testimonio, en AGI, Patronato 90, n. 1, r. 3. El mismo deduce que fue la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, y no su madre la reina Juana, quien firmó la Capitulación con Pizarro (Porras, Cedulario del Perú, l:xix y xxii). Nótese que, coincidentemente, sería también un 26 de julio, en 1533, cuando se ejecutaría al Inca Atahualpa. 15 El texto completo fue publicado en Porras, Cedulario del Perú, 1:18-24 y los documentos conexos en las páginas siguientes. Vas Mingo, Capitulaciones de
Indias, 259-265 transcribe de AGI, Indiferente 415, lib. 1, ff. 115-120, el texto
de la capitulación, sin los documentos conexos. 16 Porras, Cedulario del Perú, 1:20, 35.
dino de Mella en el Perú. El obispo recomendó a sus hermanos Illán Suárez de Carvajal y el licenciado Benito Suárez de Carvajal, quienes acompañaron a Hernando Pizarro al Perú.10
La llegada a España no debió ser placentera. Pizarro y el li- cenciado Corral fueron encarcelados a causa de una deuda colec- tiva que habían asumido "los concejos y vezinos de la ciudad de Darién y villas de Ada y el Nombre de Dios". Sin embargo, una provisión librada en el Consejo Real mandó que los liberaran bajo juramento de presentarse personalmente en aquel Consejo "y con esto les alcen la carcelería o prisión que les está hecha".11 El cro-
nista Antonio de Herrera y Tordesillas asegura que fue Hernando Cortés quien usó sus influencias para conseguir la liberación de su paisano,12 aunque no se tiene evidencia alguna que respalde
esta afirmación.
Luego de las gestiones iniciales de Pizarro en la corte, se pasó al aspecto práctico de dar forma legal al acuerdo que firmarían ambas partes. El documento fundamental para estos casos era la Capitulación, originada en la Edad Media española y que, desde entonces, tenía como finalidad asegurar el derecho prescriptivo a una recompensa para el conquistador que a su propia costa servía a la corona.13 La Capitulación suscrita entre Pizarro y la empera-
10 Victoria Carmona Vergara, "Informadores en la corte y consecuencias políti- cas en el Perú temprano." Ponencia leída en el Tercer Congreso de Estudiantes de Historia, Universidad Católica del Perú (Lima, 1993). El factor Illán Suárez de Carvajal fue asesinado por el primer virrey Blasco Núñez Vela, hecho que motivó a Benito Suárez de Carvajal a tomar venganza y ordenar la muerte del virrey en el campo de Añaquito, durante el alzamiento de Gonzalo Piza- rro.
11 En el documento no se ve a quién iba dirigido, quizá por haber sido cortado en su extremo superior. Está fechado en Toledo, el 6.2.1529, AGI, Panamá 234, lib. 3, f. 280. Este episodio ha sido narrado por Busto, Francisco Pizarro, 44-45 y por Ballesteros, Francisco Pizarro, 51-52, careciendo ambos de referencias documentales. Por otra parte, el Consejo de Justicia de Castilla era conocido también con el nombre de Consejo Real. Este designaba a los jueces de la Chancillería de Valladolid y luego a los de Granada e Indias. Hasta fines del reinado de Fernando, los asuntos de Indias, incluida la Casa de Contratación, eran administrados por una subcomisión del Consejo Real (Keniston, Fran-
cisco de los Cobos, 9-10).
12 Ballesteros, Francisco Pizarro, 52. 13 Góngora, Colonial Spanish America, 21.
triz Isabel fue fechada el 26 de julio, pero firmada el 17 de agosto de 1529.14 En ella se concedía al conquistador la licencia para con-
tinuar con sus descubrimientos, conquista y población del Perú.15
Para este fin se ofrecía en el mismo documento una serie de mer- cedes que se harían efectivas cuando se tomase posesión de la tie- rra, pero la cautela de los funcionarios castellanos era el aspecto más saltante del documento. Si bien a primera vista podría sor- prender una aparente magnanimidad real, la revisión detenida muestra únicamente dos compromisos importantes que la coro- na asumía en firme: primero, entregar la exclusividad de la em- presa a la compañía de Pizarro y Almagro, y, segundo, apoyar la adquisición de armas de fuego e insumas para su uso y caballos. Los títulos y rentas para los conquistadores llegarían a materiali- zarse solamente en caso de existir la riqueza que ellos prometían, así como su capacidad para conquistarla.
La Capitulación ofrecía ampliar los privilegios concedidos a los conquistadores cuando se tuviese conocimiento pleno del nuevo territorio, especialmente para Pizarro, quien, según se de- duce del propio texto de la Capitulación, solicitó con bastante de- talle sus pretensiones. El pedido de vasallos se dejó pendiente, pero mientras tanto se le otorgó la vigésima parte de los tributos de la tierra, siempre que no excedieran de mil quinientos duca- dos, de los cuales mil serían para Pizarro y quinientos para Alma- gro.16
De manera similar se trató el asunto de las ansiadas enco- miendas de indígenas, con el cauto ofrecimiento de otorgarle en el futuro "poder para que en nuestro nombre... fagays la enco- mienda de los yndios de la dicha tierra, guardando en ellas las
14 El original fue hallado por Porras, según su propio testimonio, en AGI, Patronato 90, n. 1, r. 3. El mismo deduce que fue la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, y no su madre la reina Juana, quien firmó la Capitulación con Pizarro (Porras, Cedulario del Perú, l:xix y xxii). Nótese que, coincidentemente, sería también un 26 de julio, en 1533, cuando se ejecutaría al Inca Atahualpa. 15 El texto completo fue publicado en Porras, Cedulario del Perú, 1:18-24 y los documentos conexos en las páginas siguientes. Vas Mingo, Capitulaciones de
Indias, 259-265 transcribe de AGI, Indiferente 415, lib. 1, ff. 115-120, el texto