6.3 Prototype Implementation
6.3.3 User Estimate of Privacy Threat
La política territorial ocupaba un lugar importante en la política exterior. Illia expresa que:
Pacífica, pero incansablemente, seguiremos procurando la integración del territorio patrio. Queremos que la geografía nacional sea efectiva en Malvinas y en la Antártida Argentina. La soberanía nacional tiene que quedar afirmada como un imperativo irrenunciable. [ILLIA, 1963,72]
La reivindicación de nuestra soberanía en Malvinas aparece de manera explícita en el discurso radical desde la plataforma de 1957. [ALVAREZ GUERRERO, 1990, 144] Este fue un elemento de inspiración institucionalista liberal que denotaba la intención de revertir la política de debilidad territorial.200
El gobierno del radicalismo del pueblo, para bloquear la posibilidad de que los isleños proclamaran su independencia de Gran Bretaña y la disputa territorial quedase reducida a una cuestión abstracta, se fijó tres objetivos: 1) restablecer la unidad territorial
197 El proceso de descolonización reconoce su origen en dos fenómenos: la crisis de 1929 y la Segunda Guerra
Mundial. El primero generó una ruptura en las relaciones entre las economías centrales y las periféricas, que llevó a las élites modernizadas por la colonización europea (las cuales habían sido sus aliadas hasta ese entonces) a virar y aliarse con las masas, cuya resistencia se vinculaba con aspectos más tradicionales, y darle a la resistencia contra el poder europeo un volumen significativo. La experiencia bélica no sólo debilitó económicamente a los imperios europeos sino que además condujo a un discurso en torno a la liberación de la opresión que también influyó en el mundo colonial de manera muy significativa.
De allí que en la inmediata posguerra los grandes imperios coloniales empezaran a desmembrarse, algunos de manera violenta, como en Argelia, en la mayoría de los Estados de África subsahariana y en Vietnam; en otros casos, de forma pacífica como la India. Hasta que se llegó a una situación en la que, salvo los portugueses, “a lo largo de los años cincuenta los viejos imperios eran conscientes de la necesidad de liquidar el colonialismo formal.” [HOBSBAWN, 1995, 224]
198 En este punto Escudé no repara en el hecho de que hasta la Guerra de 1982, esto es durante 129 años, los
kelpers eran administrados por un Gobernador elegido en Londres. Solamente tras ese hecho, los isleños empezaron a gozar de cierto estatus de ciudadanía a través del Consejo de las Islas. Para una mayor explicación, véase [SIMONOFF, 2003]
199 De los dos casos analizados, este es que se concentra absolutamente en la estructura burocrática del Estado, sin
intervención de otros actores por fuera de él.
200 En esa plataforma, como ya lo indicamos, también se había atenuado la posición contraria a los Organismos
Internacionales que el radicalismo había enarbolado en los años de Perón. Por ese motivo nos parece que, además de la inspiración liberal, encontramos elementos pragmáticos en la reivindicación soberana de las Islas Malvinas.
argentina mediante nuestros derechos soberanos sobre las islas; 2) rechazar todo intento de autodeterminación de los isleños por no ser población nativa; 3) lograr una definición del Comité de Descolonización tendiente a lograr el primer objetivo. El gobierno impulsó la sanción de la Resolución 2065, por la cual nuestro país logró el reconocimiento del conflicto con Gran Bretaña por las Islas. [LANUS, 1984, II, 181]
En 1964 se señala que se han "actualizado" los reclamos sobre Malvinas al tomar las "precauciones para que la recuperación de ese territorio argentino no se frustre
mediante una forzada independencia, que jamás reconoceremos.” [ILLIA, 1964, 11]
Ese mismo año, el Canciller Zavala Ortiz decidió llevar el tema al Comité de los 21 y para ello estableció tres etapas: discusión en el Subcomité III, en el Comité de los 24 y en la Asamblea General.
El debate en el Subcomité III, al cual corresponde Malvinas por ser una Dependencia Colonial, por su composición “era muy favorable para la (posición) Argentina.” La representación británica a cargo del Ministro King negó la competencia del Subcomité para tratar el tema y rechazó la posibilidad de desarrollar conversaciones sobre el mismo. [GARCIA DEL SOLAR, 1995a, 145-6]
La posición argentina fue expuesta por el Ministro José María Ruda y se centró en los motivos históricos de nuestra reivindicación (el utis posidetis). Reclamó el reestablecimiento de la unidad territorial, mencionó que se tendrían en cuenta los intereses de los isleños y rechazó la aplicación de la autodeterminación. [Ibidem, 147] El cuidado de este último punto se expresa en diversos proyectos que se presentaron en la Cámara de Diputados, fueron aprobados en forma de uno solo el 30 de julio de 1964.201
Existió un importante apoyo de las delegaciones latinoamericanas que ayudaron a que la redacción de la resolución del Subcomité mencionara muchos de los puntos requeridos por nuestro país. En ella se señala que el tema está comprendido en el marco de la Resolución 1514 y que es aplicable “al territorio de Malvinas”; y se invita a las partes a negociar para lograr una solución política, teniendo en cuenta “los intereses de la población”. [Ibidem, 148]
Una vez aprobado por el Subcomité, la cuestión pasó al Comité de los 24. La Cancillería designó al Encargado de Negocios ante Naciones Unidas, Lucio García del Solar, como delegado titular para participar en la reunión del Comité. Las instrucciones de Zavala Ortiz eran que había que “lograr la aprobación y recomendación del Subcomité sin debate y en su forma original.” [Ibidem, 150]
Gran Bretaña, por medio de King, reiteró su posición, pero nuevamente “el debate respondió al objetivo buscado, aunque hubo que superar una preocupación, curiosamente originada en nuestro sector regional.” [Ibidem, 151]202
Chile mantenía una posición renuente a acompañar la iniciativa pero una rápida iniciativa del Canciller, que viajó a Santiago, despejó las dudas, y finalmente esa delegación acompañó a toda la región con el reclamo.
Debido a la suspensión de la XIX Asamblea General, el tema pasó para la XX, del año 1965. El Foreign Office envió una nota unos días antes del comienzo de esta reunión para iniciar conversaciones sobre las Islas en lo referente a su comunicación con el continente, en la que sugería un tratamiento bilateral para el asunto.
Todos los motivos fueron expuestos por el Canciller en la XX° Asamblea General de Naciones Unidas. Allí analizó por qué a los isleños se les desconocía el derecho a la
201 CONGRESO NACIONAL. Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados. Reunión 45º, 30 de julio de 1965,
2247-50.
202 El embajador King tuvo una expresión muy significativa que abonó la posición argentina: hasta ese momento
las Islas Malvinas eran denominadas como Falklands, salvo en los documentos en español en los que sé hacía la aclaración. En el debate dijo que las Falklands “también conocidas como Malvinas”, lo que generó que el delegado sirio propusiera que a partir de entonces, en toda la documentación oficial de Naciones Unidas se utilizaran los dos nombres, aspecto que fue sometido a votación y fue apoyado ampliamente. [GARCIA DEL SOLAR, 1995a, 152- 3]
autodeterminación, conforme a los principios establecidos en las resoluciones de Naciones Unidas:
(...) si concebimos la autodeterminación como un ejercicio de la soberanía ya existente, no podría reconocérselo en este caso, en donde no hay un estado soberano sino una colonia. Tampoco podría reconocerse ese derecho a los colonos, porque ellos son parte integrante del mecanismo colonizador. La autodeterminación sirve a una soberanía existente o a una independencia por nacer, pero no a la continuación del colonialismo. Y sirve siempre y cuando no se trate de un territorio disputado.203
En esa oportunidad el delegado argentino fue el ex Ministro de Relaciones Exteriores, Bonifacio del Carril, un renombrado especialista en el tema. Además de nuestro país, otros veintinueve se expresaron a favor, y solo dos en contra: el Reino Unido y Liberia. La votación siguió la misma tendencia, ya que nuestra postura obtuvo ochenta y siete votos y trece abstenciones.
Con este contundente resultado se aprobó la Resolución 2065, en la que se sostiene que la situación de Malvinas es una situación colonial dentro del marco de la 1514, que es una disputa de soberanía y que en el tratamiento del tema hay que tener “en cuenta los intereses de la población.” [Ibidem, 159]
Todos estos puntos eran los sostenidos por nuestro país. Como indica Millar, demuestra cómo el resultado para un país con poco poder “la utilización del ámbito internacional” puede ser una buena estrategia para “inducir a cambios en la política
exterior de rivales más poderosos.” [MILLER, 2000, 213]
Esta norma fue “la piedra fundamental de una nueva estrategia para la recuperación, por medios pacíficos, de las Islas Malvinas(...) la 2065 fue un punto de no
retorno muy costoso para la diplomacia británica.” [GARCÍA DEL SOLAR, 1995a, 159]
Existen dos puntos cuestionables de la Resolución: en primer lugar, si bien en ella no se menciona la autodeterminación como principio rector para las negociaciones, tampoco se la excluye y se refiera a los “intereses de los isleños”; y en segundo lugar, no fija una posición del organismo frente al conflicto.
Al año siguiente, Illia expresó en su mensaje al Parlamento que la internacionalización de la disputa con Gran Bretaña fue posible:
(...) gracias a la justicia de nuestra causa, al respeto de los pueblos hermanos, al esfuerzo universal de nuestra defensa y al mérito de los antecedentes históricos y jurídicos que han servido para formularle(...) Por primera vez, el Reino Unido, al expresar los fundamentos de su actitud, pone de manifiesto la injusticia de su causa y las razones morales y jurídicas para una pronta rectificación. [ILLIA, 1965, 11]
Dentro del tono crítico hacia la gestión, los golpistas de Primera Plana
sostuvieron, sin mayores fundamentos que la Argentina no necesitaba “una recomendación
de entablar negociaciones bilaterales con Gran Bretaña” y que la Resolución 2065 “era
una derrota diplomática”204 o, como se la calificó semanas después, “un magro resultado”.205
En el año 1966, la resolución determina que el proceso abierto es posible: "como fuimos escuchados con aprobación por 97 países del mundo, alcanzaremos finalmente la anhelada satisfacción de recuperar esa parte de nuestro territorio nacional." [ILLIA, 1966, 17-8]
Además de los puntos señalados por todos, es decir, la recomendación para iniciar conversaciones en torno a la soberanía y el hecho de tener en cuenta los “intereses” de los isleños, existe un logro más que fue señalado por Juan Carlos Puig: “la resolución exige
203 ZAVALA ORTIZ, Miguel A. “Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores pronunciado en el XIX Período
de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas”. [En: FAI, Documento N° 18, 172]
204 Primera Plana, N° 130, Buenos Aires, 4 de mayo de 1965, 10. 205 Primera Plana, N° 133, Buenos Aires, 25 de mayo de 1965, 11-2.
que se informe acerca del ´resultado´ de las negociaciones”, punto que estaba muy en consonancia con el “espíritu descolonizador que reinaba en las Naciones Unidas en la década de 1960.” [PUIG, 1983, 135]206
En enero de 1966 se realizó la primera reunión, tras la sanción de la resolución 2065, entre Zavala Ortiz y el Secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Michel Steward, quienes emitieron un comunicado conjunto que expresa la voluntad de “proseguir sin demoras las negociaciones reclamadas por la citada resolución.” [CISNEROS y ESCUDE, 1999, XII, 52]
206 Muchos autores dejan de lado el aporte de Puig, porque durante la dictadura de Onganía se optó por utilizar el
Como señalamos al principio de este trabajo, nuestra hipótesis principal se compone de dos núcleos que giran en torno a la cuestión de la autonomía: la teoría propiamente dicha y su
aplicación. ¿Es el modelo autonómico suficiente para explicar esta política exterior o sus límites provienen de los acontecimientos analizados?