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4.5 Evaluations

4.6.1 Using ASU Data

Seduction Theory, Penguin Books, Harmondsworth, Middlesex, 1984,

p. 133.

coanálisis (especialmente, aunque no sólo a Wittgenstein) que lo habían considerado como el elemento más impor­ tante. Si Masson tiene razón, cuando se ve obligado a aban­ donar el “cuento de hadas científico” (la expresión es de Krafft-Ebing) que representaría la teoría de la seducción (real), Freud la ha reemplazado por otra, que, a falta de ser más verosímil, era en todo caso más aceptable por la comu­ nidad científica Qo que Janik denomina el “edificio metafí- sico del complejo de Edipo”). Janik estima que: “Si hay algo que sea valioso en la tesis de Masson está en que aporta una ayuda y un aliento a los críticos del psicoanálisis para los cuales la pretendida ciencia de Freud representa un mito terapéutico más o menos coronado por el éxito -h ay que añadir que la conversa es igualmente verdadera, es decir que las particularidades conceptuales del tipo de las de Ebner, Wittgenstein y Schnitzler buscan hacer aflorar respecto al psicoanálisis y tienden a confirmar, no los hechos sobre los que Masson apoya su demostración, sino la plausibilidad de su posición general”66.

Grünbaum me parece, sin embargo, del todo acertado cuando apunta (op. cit., p. 50) que, si existe una conexión etiológica real entre los recuerdos de episodios sexuales ima­ ginarios y la histeria, esta conexión no es ciertamente pues­ ta en cuestión por el descubrimiento del carácter ficticio de estos episodios, y que el papel causal que podrían desem­ peñar los recuerdos de sucesos inventados debe, como el del recuerdo de sucesos reales, ser establecido por métodos que no pueden ser los que, de modo general, utilizamos para establecer la existencia de una conexión causal. Dicho de otro modo, la cuestión crucial es la de saber si Freud dispo­ nía o no de métodos apropiados para descubrir las causas que busca y justificar las aserciones causales a las que llega. Y Grünbaum no cree que, por desgracia, éste sea el caso: “Tal y como el método de la libre asociación no es competente para garantizar el carácter patógeno de las seducciones infan­ tiles que han tenido lugar realmente, este método no puede

66 Alian Janik, “Psychoanalysis: Science, Literature, Art?”, Austríaca n.° 21 (noviembre, 1985), p. 39.

tampoco certificar que las seducciones que simplemente han sido imaginadas sean etiológicas” (ibíd.).

En su discusión de los principios fundamentales de la metodología freudiana, Grünbaum concede una importan­ cia central a un argumento formulado por Freud en 1917 y que enseguida tuvo que abandonar, un argumento esen­ cial que ha sido, según Grünbaum, inadvertido para casi todos los comentaristas y los críticos de Freud. En las Vorle- sungen, después de haber señalado que el paciente en efec­ to podía ser llevado, a lo largo de la cura, a aceptar una hipó­ tesis o una teoría errónea propuesta por el médico, pero que esto influiría únicamente a su intelecto pero no a su enfer­ medad, Freud indica que: “Sus conflictos no conseguirán encontrar una solución y sus resistencias no serán superadas salvo que se le hayan dado ideas anticipadoras (Erwartungs-

vorstellungen) que concuerden con la realidad en él. Lo que

era erróneo en las suposiciones del médico, eso desaparece­ rá en el curso del análisis, y será retirado y reemplazado por cosas más exactas” (Vorlesungen zur Einjuhmng in die Psycho-

anafyse, p. 335). Sobre este argumento, que Grünbaum deno­

mina “argumento de la concordancia” (

Jalty Argument), repo­

sa la “soberana serenidad condescendiente” (op. cit., p. 170) con la cual habitualmente trata Freud la objeción que subra­ ya que el pretendido conocimiento adquirido por el pacien­ te sobre sí mismo al término de la cura, considerado una con­ dición necesaria de la sanación, podría ser en realidad simplemente el producto de una sugestión ejercida por el psicoanalista. Freud quiere decir que el efecto terapéutico obtenido no lo sería si las “revelaciones” que han sido obte­ nidas por la aplicación de la técnica analítica simplemente fueran aceptadas, por una razón o por otra, como verdade­ ras por el interesado: éstas tienen, además, que ser verda­ deras o, en todo caso, suficientemente próximas a la verdad. En otros términos, la simple creencia (dicho de otro modo, la persuasión) no es suficiente, sólo la verdad misma tiene el poder de proporcionar la curación.

Grünbaum interpreta el pasaje anteriormente citado de las Vorlesungen diciendo que afirma la indispensabilidad cau­ sal del conocimiento específico que obtiene el paciente, gra­ cias al psicoanálisis, sobre su propia situación para la cura­

ción de la psiconeurosis. La tesis de la condición necesaria CTCN) tiene como consecuencia “no solamente que no hay remisión espontánea de las psiconeurosis, sino, igualmen­ te, que, si simplemente hay algún tipo de curación, el psi­ coanálisis y sólo él es terapéutico para desórdenes de este género, si lo comparamos con cualquier terapia rival” (ibíd., p. 140). Tal y como lo reconstruye Grünbaum, el argumento de la concordancia com porta dos premisas, en forma de tesis, que aseveran la existencia de una condición causal­ mente necesaria y dos conclusiones:

- Premisa 1: Sólo el método psicoanalítico de interpre­ tación y tratamiento puede procurar al paciente un conocimiento correcto de los elementos patógenos que están en el origen de su psiconeurosis.

- Premisa 2: El conocimiento correcto por el psicoa­ nálisis de la etiología de su enfermedad y de la diná­ mica inconsciente de su personalidad es causal­ m ente necesario para obtener el efecto terapéutico buscado.

- Conclusión 1: Las interpretaciones psicoanalíticas de las causas escondidas del comportamiento de P que le son propuestas por su analista, son efectivamente correctas y por eso -com o dice F reud- estas inter­ pretaciones “concuerdan con lo que es real” en P - Conclusión 2: Sólo el tratamiento psicoanalítico pue­

de permitir a P triunfar sobre su psiconeurosis (cfr. ibíd., pp. 139-140).

Freud recuerda que “la relación analítica reposa sobre el amor a la verdad, es decir sobre el reconocimiento de la rea­ lidad, y excluye toda falsa apariencia y todo engaño” (“Die endliche und die unendliche Analyse” -1 9 3 7 -, en Studien-

ausgabe, XI, pp. 387-388). Es la confianza que tiene en la

aptitud de su método para desvelar aquello que, cualquie­ ra que sea la opinión del interesado sobre este punto, “con­ cuerda con la realidad”, lo que le conduce a declaraciones como éstas: “El camino que parte de la construcción del analista debería conducir a la rememoración del paciente; no siempre llega tan lejos: A m enudo ocurre que no con­

duce al paciente a la rememoración de lo reprimido. En lugar de esto, se introduce en él, si el análisis está correctamente ejecutado, una convicción segura de la verdad de la cons­ trucción, que produce, desde el punto de vista terapéutico, el mismo efecto que un recuerdo recobrado” (Konstruktio-

nen in derAnalyse -1 9 3 7 -, XI, p. 403). Es el mismo tipo de

convicción que le lleva en ciertos momentos a presentar los hechos vueltos accesibles por la interpretación analítica como si fuesen directamente rememorados en el proceso mismo, y a afirmar, por ejemplo, que el propio sueño es otra forma de reminiscencia, lo que podría dar la impresión a un lec­ tor malevolente de que la reminiscencia efectiva del pacien­ te, que en principio constituye la meta del análisis, es, des­ pués de todo, algo de lo que el analista puede perfectamente prescindir67. El hecho de que las escenas infantiles no pue­ dan siempre ser realmente recordadas no significa que no lo sean de otra manera:

[...] No soy del parecer de que estas escenas sean necesariamente fantasmas por el solo hecho de que no reaparezcan sino bajo la forma de recuerdos. El hecho de que sean reemplazadas -com o en nuestro caso- por sueños en los que el analizado vuelve regularmente a la misma escena, y que reproducen cada parte de su contenido en una inagotable variedad de formas nue­ vas, me parece absolutamente equivalente al recuer­ do. Soñar constituye, en efecto, un recordar, aunque éste deba plegarse a las condiciones que rigen la noche y a las de la formación del sueño. Es este retomo obs­ tinado en los sueños lo que explica, según creo, que el paciente mismo se forma poco a poco una convic­ ción profunda de la realidad de esas escenas primiti­ vas, convicción que no es en nada inferior a una con­ vicción basada sobre un recuerdo (Cinq psychanalyses, p. 361).

67 Sobre este punto, cfr. F. Cioffi, “Freud and the Idea of a Pseudo-