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6.3.2 Using DAF-2 antibodies to detect processing defects

El nombre de Sara, mujer de Abraham, no aparece en el Corán, pero se hace alusión a ella cuando los ángeles comunicaron a Abraham que tendría un hijo (cf. Cor. 11,71- 72). Tampoco aparece el nombre de Agar, su esclava, pero la tradición sí la cita por la relación que tuvo con aquél y por ser la madre de Ismael. Esta palabra, Agar, aparece en árabe, con el significado de «emigración» (Hå®ar) o con el de «recompensa» (A®r). El primer significado (Hå®ar), deriva de la raíz árabe ha®ara que significa emigrar, porque «emigró» a al-Haram, como se verá más adelante. El segundo (A®r), de la raíz A®ara tiene, entre otras acepciones, el sentido de «recompensa», según la interpretación que le dan algunos textos 54. Esto es debido a que durante la estancia de Sara, mujer de Abraham, en Egipto, como ya hemos mencionado, el Faraón la conoció y la quiso para sí, pero cuando éste se acercó a ella, Dios cegó sus ojos y secó sus manos y sus pies. Al advertir el Faraón que esto era motivado por acercarse a Sara, le rogó que pidiera a Dios que alejara aquel mal que le había ocasionado a cambio de lo que ella quisiera. Dios escuchó su plegaria y el Faraón le dio a Sara una joven 55 que se llamó

A®r,«recompensa», diciéndole: «ésta es mi recompensa por lo que te perjudiqué». Y

por esto fue llamada A®ar 56, haciendo un juego de palabras entre Hå®ar y A®r.

53 Sobre esto puede verse C. CASTILLO CASTILLO, «Abraham, Agar e Ismael en la

Tradición musulmana», pp. 11-15 y EL-BOKHARI, Les traditions islamiques, V. II, pp.

477 y ss.

54 Cf. supra, «Abraham en la tradición judía», pp. 98-99. 55 En algunos textos es su hija la que le da como esclava. 56 T

A‘LABI, Qisas, p. 81. Este texto, con diferencias, se encuentra en la literatura judaica:

Los Capítulos de Rabbí Eliezer, pp. 189-190.

La palabra Agar ha dado en español el nombre de «agareno», aplicado a los descendientes de Ismael, por ser Agar su madre. La importancia que esta mujer egipcia tiene para los musulmanes se debe a que de su hijo Ismael descendería el Profeta Mahoma:

Gabriel se dirigió hacia Abraham y le anunció que Dios le daría de Sara un hijo, del que saldrían muchos profetas; y de Agar, otro, del que saldría un profeta llamado Muhammad, el sello de los profetas 57.

La relación de Abraham con Agar se establece porque Sara, su mujer, no podía tener descendencia y le ofrece a su esclava para que cohabite con ella y le dé un hijo. De esta unión nació Ismael, «que era como la luna, y en su rostro [brillaba] la luz del Profeta Mahoma

–Dios lo bendiga y lo salve–» 58. Sara, por celos, no soportaba ver a Abraham con Agar, igual que se cuenta en las tradiciones judaicas 59, y le pide que la expulse con su hijo de la casa. Los textos consultados no nos dicen que «los lleve al desierto» sino que emplean la palabra al-Haram para indicar el lugar donde hoy se encuentra La Meca. Abraham los acompaña y después los abandona a su suerte:

Sara, que estaba triste porque no le había dado un hijo [a Abraham] ni soportaba verlo con Agar, sufrió un ataque de celos y le dijo: «Oh Profeta de Dios, no quiero que Agar esté conmigo en la casa; por consiguiente, trasládala a donde quieras». Dios le inspiró a Abraham que llevara a Agar y a Ismael a la tierra de al-Haram 60.

Relatos acerca de la relación entre Sara y Agar abundan en la literatura de tradición, pero vamos a presentar uno del tradicionista Qatada*, más completo e ilustrativo recogido por al-Hanafi, en el que se destaca no sólo la postura celosa de Sara, como en el relato anterior, sino la actitud irascible de Agar, que se cree superior a su señora. Esta situación da lugar, por un lado, a que Sara jure tirarle un bocado para afearla y, por otro, a que Abraham los lleve a al-Haram:

57 KISAI, Qisas, p. 142. 58 Ibíd.

59 Cf. M. P

ÉREZ FERNÁNDEZ, «La tradición targúmica de Agar e Ismael».

Cuando Ismael creció, Agar fue altiva con Sara y llegó a contradecirla en lo que decía. Sara, entonces, hizo el juramento solemne de tirarle un bocado a Agar, pero cuando se tranquilizó, se quedó perpleja por lo del juramento y se lo contó a Abraham. Éste le aconsejó: «Perfora sus orejas» 61. Y así lo hizo. Más tarde, Sara rogó a su marido: «No quiero que vivamos Agar y yo en el mismo lugar». Dios inspiró a Abraham que no contrariara a Sara y le ordenó que marchara con Agar e Ismael, siendo éste todavía un niño de pecho, al lugar de alHaram. A continuación, Ismael y su madre subieron a un camello, llevando consigo una vasija con agua y un saco con harina, y se marcharon a La Meca. Los hizo bajar en al-Haram, que entonces era una colina roja, donde Abraham les hizo una choza y les dejó la vasija y el saco lleno de harina. Cuando se iba a separar de ellos, Agar le preguntó: «¿A dónde vas?». Contestó: «A Siria». Volvió a preguntar: «¿Cómo te vas y nos dejas en este lugar en el que no hay plantas, ni agua, ni personas?». Y se lo recalcó varias veces, pero él no se volvió. Tras esto, Agar le preguntó: «¿Dios te lo ordenó?». Contestó: «Sí». Ella afirmó: «En tal caso, no nos extraviará». A continuación partió Abraham diciendo: «¡Señor! He establecido parte de

mi descendencia en un valle sin cultivar junto a tu Casa Sagrada. ¡Señor! Para que hagan la azalá ¡Haz que los corazones de algunos hombres sean afectuosos con ellos! ¡Provéeles de frutos! Quizá, así, sean agradecidos. ¡Señor! Tú sabes bien lo que ocultamos y lo que manifestamos (Cor. 14,37-38)» 62.

61 Según la Biblia (Ex 21,6; Dt 15,17), «perforar las orejas» es señal de esclavitud y

de humillación. Se dice que la primera mujer que adoptó el cinturón fue la madre de Ismael que se lo puso como signo de inferioridad, de servidumbre y de humillación. Así

lo vemos también en al-Turtusi donde se dice que «el cinturón tenía por objeto sujetar el vestido de las mujeres para elevar la parte inferior del mismo e impedir de este modo que sus bordes fueran pisados cuando las mujeres se dedicaban a sus faenas domésticas». Cf. Siray al-Muluk, trad. española de M. ALARCÓN, La lámpara de los príncipes, II, p.

256.

62 H

ANAFI, Bada’i, pp. 69 y ss. Como se puede apreciar, en este texto hay

contradicción, pues al comienzo dice cuando «creció Ismael» y al final dice «que Ismael era todavía un niño de pecho». A veces, un mismo autor, recoge varias tradiciones incluso contradictorias, debido a que muchas son de procedencia oral y las repite sin advertir las incongruencias que comete.

Agar permaneció allí sola con su hijo, pero cuando se le terminaron el agua y la harina, desesperada porque tenían sed, subió a al-Safà, que era una colina, para ver si había agua o podía encontrar a alguien. Luego fue a al-Marwà, que era otra colina, e hizo lo mismo y así estuvo yendo, de una colina a otra, siete veces suplicando a Dios y buscando a alguien para que le diera agua. Esta desesperación dio lugar a uno de los ritos de la peregrinación a La Meca que se conoce con el nombre de sa‘y, es decir, ir de una colina a otra [al-Safà y al-Marwà] siete veces para conmemorar esta angustia de Agar.

Mientras que estaba en este estado de desesperación, oyó de repente una voz que decía: «Vuelve, pues ya hizo surgir Dios para ti agua». Así lo hizo y vio que manaba agua abundantemente entre los pies de Ismael. Agar se asustó y dijo: «zmzm, oh

Bendito». Con esta expresión se contuvo su curso y por esto, fue llamado zamzam. Esta

palabra, que no se encuentra en el Corán, pero sí en la tradición, procede de la raíz árabe

zmzm que significa «abundante» [que brota abundantemente la fuente]. Esta fuente brotó

para dar agua a Agar y a su hijo por la desesperación de su madre al oír el llanto de Ismael. También se le conoce como el «impulso de Gabriel».

Recojo dos leyendas acerca de la fuente de zamzam: en una Ismael, con sus dedos, hace manar la fuente:

Agar marchó hacia Ismael, que estaba escarbando la tierra con sus dedos y manó la fuente de zamzam. Después cayó prosternada ante Dios Altísimo. Luego colocó guijarros alrededor de la fuente para que no se expandiera el agua y la llamó zamzam. Fue llamado así, porque si ella no hubiera hecho eso, correría el agua sobre la superficie de la tierra, por oriente y occidente 63.

En la otra leyenda 64, es Gabriel quien, tras entablar un diálogo con Agar, le proporciona el agua:

Gabriel –sobre él sea la paz– vino hacia Agar cuando iba entre alSafà y al-Marwà y le preguntó: «¿Quién eres?». Contestó: «Soy la esclava de Abraham, al-Jalil, el Amigo del Misericordioso, que me dejó aquí». Gabriel le preguntó: «¿A quién os encomendó?». Agar contestó: «A Dios Altísimo». Gabriel manifestó: «Con eso os basta, pues Dios Altísimo dijo ¿No basta Dios a Su siervo? (Cor. 39,36)». A continuación, Gabriel fue a

zamzam, lo golpeó con su pie y fluyó el agua. Por esto, se llama a zamzam el «impulso»

servía, con Su bendición, de alimento y bebida 65.

63 K

ISA’I, Qisas, p. 143. 64 Manuscrito, fol. 43r.

Estando Agar y su hijo allí vieron una caravana de la tribu árabe de los yurhum, procedente del Yemen, que se dirigía a Siria. Este grupo de gente había observado que unos pájaros daban vueltas por ese entorno y se asombraron porque éstos no se refugian sino donde hay agua y población. Animados por la actuación de estas aves, decidieron ir hacia aquel lugar donde se encontraron con Agar y su hijo:

Vinieron y encontraron a Agar e Ismael en la fuente de agua dulce y le interrogaron: «Qué eres ¿humana o genio?». Contestó: «Soy Agar, la esclava de Abraham, el Amigo de Dios; éste es el hijo que tuve con él y esta fuente la hizo manar Dios para mi hijo». Preguntaron: «¿Si nos personamos con nuestra gente y permanecemos aquí cortesmente contigo, nos dejas beber agua?». Agar contestó: «El agua es de Dios, que la beba quien Dios creó». Tras esto, se marcharon para regresar con su gente y con su ganado y se hospedaron en al-Haram 66.

Esta petición de los yurhum agradó a Agar y convivieron con estas gentes, entre las que creció Ismael, aprendiendo su lengua, el árabe, y, más tarde, casándose con una mujer de esta tribu.

65 Algunos musulmanes, de los que van a hacer la peregrinación a La Meca, suelen

empapar el sudario en el agua del Zamzam. Cf. F. M. PAREJA, Islamología, p. 550. Es

más, los peregrinos beben de esta agua sagrada «por sus propiedades salutíferas, llevándose botellas de agua a sus casas» cf. P. K. HITTI, El Islam, modo de vida, p. 73. 66 K

ISA’I, Qisas, p. 143.

La tradición recoge varias leyendas que muestran las veces que Abraham visitó a su hijo 67 para informarse de la suerte que habían corrido aquellas personas que él anteriormente había abandonado. La fantasía de al-Kisa’i 68 queda reflejada en el siguiente texto cuando Abraham quiso visitar a su hijo no sin haber pedido antes autorización a Sara: viajó en una cabalgadura, igual que Mahoma lo haría después desde La Meca a Jerusalén y desde aquí al cielo 69. La mujer de Ismael no lo recibió bien y Abraham le dijo a su hijo, por medio de ella misma, que la abandonara:

Abraham sintió nostalgia de Ismael y, con el permiso de Sara, fue a visitarlo. Para ello, Gabriel bajó con un caballo del paraíso, lo montó Abraham y marchó hasta llegar a

al-Haram. Entró a la casa de su hijo Ismael y saludó: «La paz sea sobre vosotros, oh

gente de esta casa». La mujer no contestó al saludo, solamente dijo: «¿Qué necesitas, pues el dueño de la casa está ausente?». Abraham le respondió: «Cuando venga tu esposo, dile que cambie el umbral de tu casa», y Abraham regresó a Siria. Al volver Ismael de cazar se lo refirió su mujer y éste le dijo: «Vete con tu gente». Y así lo hizo.

Ismael interpretó que el «umbral» era su mujer y que debía despedirla pues Abraham no la consideraba buena por no haberle devuelto el saludo ni haberse portado bien con él. No era digna de ser su mujer por su falta de hospitalidad. Tras haberla rechazado, Ismael se casó con otra mujer de los yurhum, que se llamaba Hala, con la que tuvo doce hijos en seis embarazos y ésta sí gustó a Abraham, por su recibimiento y su hospitalidad:

Abraham deseó ver a su hijo Ismael, por segunda vez, y Gabriel bajó con un caballo, lo montó y, con permiso de Sara, se marchó dirigiéndose a al-Haram. Entró a la casa de Ismael y saludó: «La paz sea

67 EL-BOKHARI, Les traditions islamiques, II, p. 480. Estas leyendas sobre las visitas

de Abraham a Ismael pasaron a las tradiciones judías (supra, pp. 114-116). Cf. M. PÉREZ FERNÁNDEZ, Los Capítulos de Rabbí Eliezer, pp. 211-212.

68 K

ISA’I, Qisas, p. 144.

69 Esto es lo que se conoce como el Mi‘ray, o Ascensión de Mahoma al cielo.

sobre vosotros, oh gente de la casa». La mujer contestó: «Sobre ti sea la paz, oh hombre hermoso, entra, pues aunque el dueño de la casa está ausente, volverá pronto». Él le preguntó: «¿Tienes comida?». Contestó: «Sí». Y le trajo pan con filetes de carne y una jarra con agua; luego, carne asada de aves y se la comió. Después, lavó su cabeza y la ungió 70. Entonces Abraham le dijo: «Cuando venga el dueño de la casa, dale saludos de mi parte y dile que se aferre al umbral de tu puerta», y se marchó. En el momento en el que Ismael volvió, su mujer le informó de lo que le había ocurrido y éste le explicó: «Ahora te quiero más por la acogida hospitalaria que has tenido con Abraham y tú eres el umbral» 71.

Hubo una tercera visita de Abraham a su hijo que, como de costumbre, estaba de caza cuando llegó. Mientras tanto Abraham se lavó con el agua de zamzam y lo esperó. Cuando Ismael regresó de la caza encontró allí a su padre, lo abrazó, cogió su mano, la estrechó y le ofreció comida. A continuación, Abraham le comunicó que Dios le había ordenado que Le construyera una Casa en esta colina roja 72.

5. La construcción de la Casa

El Corán considera a Abraham y a su hijo Ismael como los constructores de la Casa, según vemos, entre otras, en las siguientes azoras:

70 Ungir con óleo la cabeza es un signo de hospitalidad y respeto hacia la persona que

viene de camino. El protocolo semítico de la hospitalidad incluía el lavado de los pies, el beso de la paz, la unción de la cabeza, etc. El texto más claro lo tenemos en el Nuevo Testamento, Lc 7,44-46: «[Jesús] dijo a Simón [el anfitrión]: ¿Ves a esa mujer? Entré en tu casa, no me diste agua para los pies; mas ésta bañó mis pies con lágrimas y los enjugó con sus cabellos. No me diste ósculo; mas ésta, desde que entré, no cesó de besar fuertemente mis pies. No ungiste con óleo mi cabeza; mas ésta ungió mis pies con perfume». Este uso de la unción entró en el protocolo de la hospitalidad con un fin higiénico, como perfumar al huésped que venía sudoroso de un largo camino.

71 K

ISA’I, Qisas, p. 144. En la Biblia y en la tradición judía se resalta la hospitalidad

como virtud ejercida eminentemente por Abraham (supra, «Abraham en la tradición judía»», pp. 90-94).

72 T

A‘LABI, Qisas, p. 90.

Y cuando preparamos para Abraham el emplazamiento de la Casa (22,26). Y cuando Abraham (e Ismael) levantaban los cimientos de la Casa (Cor. 2,127).

Y concertamos una alianza con Abraham e Ismael: que purificaran Mi Casa para los que dieran las vueltas (Cor. 2,125).

La tradición ha ampliado considerablemente estos datos que han dado lugar a numerosos relatos cuya base son los versículos coránicos que mencionan la Casa. Cuando Abraham fue a La Meca para ver a su hijo por tercera vez, recibió el mensaje de Dios para que construyera la Ka‘ba 73, y juntamente con Ismael la edificó y también establecieron los ritos de la peregrinación.

No se ponen de acuerdo los tradicionistas acerca de cómo supo Abraham el lugar en que se debía construir la Casa ni las medidas que debía de tener. Al-Ta‘labi 74 recoge varias opiniones: Una de ellas es que Dios envió el sakina, que es un viento recio con dos cabezas, una iba tras otra hasta llegar a La Meca, cercaron el lugar de la Casa y mandó a Abraham que la construyera donde se estableció el sakina» 75. Otra es que Dios envió una nube con la forma de la Ka‘ba y Abraham se puso a marchar a la misma vez con ella hasta que llegó a La Meca, deteniéndose en el lugar de la Casa y se le llamó: «Oh Abraham, construye bajo su sombra y no aumentes ni disminuyas nada». Y una tercera opinión es que fue Gabriel quien salió con Abraham desde Siria para mostrarle el lugar de la Casa. Es más, también se dice que Dios ordenó a una araña que tejiera su tela sobre el lugar de los cimientos de la Casa para que Abraham lo supiera y los excavara allí

76.

73 La Ka‘ba es una construcción paralelepípeda situada en el centro de la gran

mezquita de La Meca que se le conoce también con el nombre de Casa o de Casa de Dios Sagrada (Bayt allah al-Haram). Por esta razón utilizaremos estos nombres indistintamente para referirnos a la misma construcción. La construcción de la Casa/Ka‘ba se le atribuye también a Adán así como el establecimiento de los ritos de la peregrinación.

74 T

A‘LABI, Qisas, p. 89. 75 Ibíd.

Sin embargo, según un relato del tradicionista Wahb b. Munabbih*, esta Casa, ya estaba edificada, pues cuando Adán bajó a la tierra y no vio a nadie ni nada, pidió a Dios que creara a alguien para que Lo adorara. Dios contestó afirmativamente a su petición y puso en ella a sus descendientes y levantó también casas, entre las que estaba la Ka‘ba. Ésta estuvo resguardada del Diluvio: Dios ordenó a Gabriel que pusiera la Piedra Negra en la montaña de Abu Qubays, salvándola así de aquella inundación 77.

El tradicionista Ibn ‘Abbas*, nos informa ampliamente del origen de esta Casa, de otra similar que hay en el cielo, del envío de una nube para que conociera los cimientos, etc.:

Cuando Dios Altísimo inundó al pueblo de Noé, elevó la Casa frecuentada, que existía en la época de Set y después en la de Noé, al cielo, y es la Casa frecuentada que mencionó Dios Altísimo cuando dijo: La Casa frecuentada (Cor. 52,4), que es un espacio como la Casa Sagrada y es el lugar de peregrinación de los ángeles 78. Cerca del

lugar de la Ka‘ba había una colina roja que visitaba la gente y daban vueltas alrededor de ella hasta la época de Abraham –sobre él sea la paz–. Dios Altísimo mandó que se construyera sobre estos cimientos, que se decía que Set los había construido, y Abraham profundizó en el lugar de éstos hasta llegar a los primeros cimientos de la construcción de Set. Dios Altísimo envió una nube que se colocó frente al lugar de la Casa. Entonces le hizo sombra y supo Abraham que aquél era el lugar. Y se le dijo: «Cava ahí». Y