• No results found

La inteligencia de las emociones

Tus emociones amplían claramente tu inteligencia. El miedo te dice que estás en peligro, la tristeza que has perdido algo im- portante, y la alegría que has alcanzado una meta. Las emocio- nes te aportan información relacionada con tu bienestar. Te in- forman de si estás satisfaciendo o frustrando tus metas o necesi- dades. Los sentimientos instintivos guían tus decisiones redu- ciendo rápidamente las alternativas a considerar. Por ejemplo, al decidir sobre las vacaciones te dicen, de inmediato, que prefie- res la playa a la montaña. De esta manera, limitan las opciones que consideras y evitan que te sientas abrumado.

Definitivamente, tú eres más inteligente de lo que es tu inte- lecto por sí solo. Al comprender rápidamente patrones del mun- do, mucho más rápido de lo que puedes analizarlos consciente- mente según su significado, las emociones guían tu razona- miento. Las emociones no son, simplemente, interrupciones del

curso de tu vida que hace falta controlar. Más bien, son procesos organizadores a los que es necesario prestar atención. En com- binación con la razón, contribuyen a hacernos seres más eficaces en entornos siempre cambiantes. Te ayudan a adaptarte rápida- mente al mundo y a resolver problemas. Esto significa que las emociones te ayudan inmensamente a conducir tu vida. No po- dríamos tener vidas satisfactorias sin ellas.

Las emociones forman parte de la información primordial de tu existencia. Como ocurre con el tacto y el olfato, las emociones recorren todo tu cuerpo. Constituyen información íntima, inter- na, que penetra la conciencia, refiriéndose a cosas muy privadas. Te dicen que te sientes orgulloso, humillado, enojado o agotado, te hablan de las experiencias determinadas que tienes en tu vida. Casi siempre, las emociones simplemente ocurren. Te llevan a la acción en el proceso sin pausa de vivir momento a momento. Constantemente actúas sin pensar, te levantas, te mueves, abra- zas, sonríes y te rascas sin mucho esfuerzo consciente.

En el siguiente nivel de conciencia, prestar atención a tus sentimientos da a la vida color, significado y valor. Si no eres ca- paz de atender a este nivel de experiencia, te faltará orientación en el mundo y perderás la sensación de lo que es personalmen- te significativo.

Además, para experienciar tus sentimientos conscientemen- te es necesario, también, que seas capaz de reflexionar acerca de algunos de ellos, para darle sentido a tu experiencia en particu- lar. De esta forma, integras todo tu aprendizaje cultural y social con tu sensación emocional de ser. Así, es como creas un signifi- cado personal. Cuando te levantas por la mañana con alegría e interés, estas emociones te indican que todo va bien. Te orientan

para que empieces a abordar tus proyectos con entusiasmo y, al darte cuenta de que todo va bien, procedes a la acción. Sin em- bargo, si te despiertas con miedo o tristeza, tus emociones indi- can que tienes un problema. Se te plantea un problema que de- bes enfrentar. Esas emociones señalan que algo está saliendo mal en la forma en que estás conduciendo tu vida o que algo ha sucedido que requiere tu atención. Cuando recibes un mensaje emocional indicador de que hay un problema, tienes que actuar con conciencia, reflexionar acerca de lo que está ocurriendo, y crear soluciones a esas circunstancias que han producido el sen- timiento de malestar. Tienes que comenzar el proceso de reorga- nizar tu mundo conscientemente. Las emociones, pues, exponen los problemas para que la razón los resuelva.

En los capítulos que siguen verás cómo las emociones pue- den ayudarte a conducir tu vida y cómo emplearlas para dar re- alce a esa vida. Sobre todo, verás que las emociones contienen información, tal como ocurre con el pensamiento y la imagina- ción. Y verás que puedes “leer” esa información y usarla inteli- gentemente. La inteligencia emocional implica utilizar tus emo- ciones, sentimientos y estados de ánimo con habilidad, para ayudarte a enfrentar la vida.

Emoción y tiempo

Presente. Por su naturaleza, las emociones se centran en el presente. Colorean el presente y guían tus acciones hacia metas inmediatas. Tradiciones como el Zen y la terapia Gestalt han puesto de manifiesto la importancia de vivir en el presente. Algunas personas están en desacuerdo y no creen que vivir en el presente sea saludable, porque piensan que les induciría a lle-

var una vida impulsiva. Su argumento es que utilizar las emo- ciones como guía puede llevarte a ignorar futuras consecuencias de tus acciones. Su fallo consiste en no distinguir entre vivir en el presente y vivir para el presente.

Vivir en el presente es saludable y es un proceso de tipo me- ditativo. En ese estado, eres consciente de tus reacciones emo- cionales inmediatas al entorno. Puedes decirte: “Inspiro, estoy calmado. Expiro, siento gozo”. Puedes sentirte en paz existien- do en el momento presente. Sin embargo, vivir para el momen- to es el equivalente a una impulsividad temeraria, es hacer algo que resulta agradable, sin considerar las consecuencias. Para los críticos, vivir en el presente (entendido como vivir para el pre- sente) parece ser un enemigo de la posición ética de “trabaja ahora, recoge los beneficios después”. Esta ética ha llevado a muchos a considerar la emoción como el enemigo del logro y la aplicación, y a la creencia de que la emoción debe ser controla- da. Sin embargo, vivir en el presente emocional proporciona orientación y energía.

Pasado y futuro. Las emociones se basan en el presente, pe- ro están influenciadas por el pasado y ejercen influencia sobre el futuro. Todas las emociones presentes en los adultos tienen un fuerte influjo del pasado. El pasado vive en el presente, hasta tal punto de que influye en tu experiencia de los sucesos presentes. Tus reacciones actuales a las circunstancias y a las relaciones se han forjado, principalmente, en tu historia emocional. Yo, por ejemplo, siento temor de que cosas terribles les vayan a ocurrir a aquellos a los que amo. Este temor se basa en mi historia pa- sada, en la que eso me ha sucedido repetidamente, rompiendo mi sensación de seguridad.

A menudo, las emociones se generan por el recuerdo. Las lecciones que has aprendido desde la infancia hasta la edad adulta residen en la memoria emocional. Gran parte de la infor- mación desagradable surge como una intrusión del pasado. Por ejemplo, un sentimiento de tristeza puede manar cuando ves una foto que te recuerda la pérdida de tu padre. Tus experien- cias presentes pueden estar rasgadas por escenas emocionales del pasado, por recuerdos que se entrometen con rudeza en el presente. Muchas veces, esto sucede de una manera incontrola- ble. Así que, frecuentemente, el sentimiento presente está rela- cionado con la experiencia pasada. Las emociones referentes a cosas que ya han ocurrido difieren de las respuestas emociona- les vitales del presente. Las emociones del pasado que se re- cuerda suelen ser fuente de problemas emocionales. Por eso, una primera distinción que es importante realizar es que resul- ta necesario considerar como diferentes las emociones sin resol- ver acerca de sucesos pasados, de las respuestas emocionales a situaciones presentes.

Las emociones se producen por el recuerdo de acontecimien- tos pasados, pero también pueden producirse por la anticipación de eventos futuros. Frecuentemente, las emociones que son más difíciles de manejar son aquellas que están relacionadas con su- cesos que pueden ocurrir en el futuro. Aunque el pasado ya no está, continúa viviendo en los recuerdos, y las emociones que tu- viste en el pasado fueron, por lo menos, respuestas a circunstan- cias reales. Hay algo real en las emociones del pasado. Con res- pecto al futuro, la emoción está simplemente al servicio del pen- samiento, solamente te provee de reacciones a ensayos de esce- nas futuras que se representan en el teatro interno de tu mente.

Sin embargo, imaginar y pensar en los sucesos futuros pue- de ayudarte a anticipar cómo responder a ellos. De esta manera, puedes generar “ensayos” de experiencias emocionales en el presente. Si te imaginas cómo sería tu vida sin tu cónyuge, pue- de que te des cuenta de lo solo que te sentirías. Esto alimentará tu decisión de seguir siendo fiel. Sólo cuando tu mente invoca futuros anticipados, que tú tratas como si fueran reales, empie- zas a sentir emociones relacionadas con el futuro. Puedes consi- derar esos sentimientos como sentimientos virtuales, que son re- acciones a realidades virtuales. El problema surge cuando con- fundes tus fantasías acerca del futuro con la realidad y reaccio- nas como si el futuro estuviera ocurriendo ahora. Así es como te haces un verdadero lío. Huyes de fantasmas, lloras por la pérdi- da de una persona mientras él o ella todavía está contigo, y te enfureces por insultos que aún no han sido proferidos. Imaginar reacciones emocionales a eventos futuros resulta saludable, en la medida en que las fantasías acerca del futuro motivan la pla- nificación y la acción para evitar problemas futuros. En la medi- da en que te enfureces y te preocupas por sucesos que ni siquie- ra han ocurrido todavía, estropeas los momentos, demasiado breves, que tienes en el presente.

Existe un segundo problema de la emoción en relación con el futuro. Aunque las emociones son respuestas útiles para el presente, no tienen mucho que decir con respecto a las futuras consecuencias de las acciones. Por ejemplo, el miedo a la cirugía no toma en cuenta, en absoluto, las consecuencias de no recibir tratamiento. La emoción te informa de la presencia de un pro- blema o preocupación y sugiere una respuesta inmediata útil, hasta donde es capaz de ver. Pero la emoción no puede asomar-

se al futuro y hablarte acerca de las consecuencias de las accio- nes que está sugiriendo. Se requiere del pensamiento y de la imaginación para esta anticipación de efectos futuros.

Tu habilidad para imaginar escenarios futuros, para evaluar los posibles rumbos de acción, para pensar y razonar, amplía in- mensamente tu capacidad de sobrevivir y desarrollarte. Para actuar de una forma saludable es necesario, no sólo que estés impulsado por la emoción, sino que consideres las posibles con- secuencias futuras de tus acciones. Cada vez que decides utili- zar un preservativo para mantener relaciones sexuales, la razón y la emoción están actuado conjuntamente para asegurarte una vida saludable. Si sólo respondieras a la emoción, podrías tener sexo sin protección sin pensar en las consecuencias. La habili- dad para proyectar las consecuencias futuras de tus acciones y de integrar esto con la experiencia presente, te conduce a accio- nes más sanas. Con todo, estás interesado en tu satisfacción pre- sente, pero puedes tener en cuenta futuras consecuencias. Por lo tanto, resulta importante distinguir entre la emoción como res- puesta a circunstancias presentes y la emoción como respuesta a escenarios anticipados, porque cada una tiene un propósito distinto en tu vida.

Integrar pasado, presente y futuro

Hace falta que reconozcas con cuanta profundidad la emo- ción gobierna el presente y te orienta en tu mundo. Los senti- mientos te proporcionan información constante de tus reaccio- nes presentes a los sucesos que van ocurriendo. Tus sentimien- tos declaran quién eres al inicio de cualquier momento dado. Antes de que se transforme tu ser primario en el ser más com-

plicado en el que te conviertes, los sentimientos te informan de los efectos del primer contacto. Estas son tus emociones prima- rias. Te dicen cómo estás reaccionando, no cómo deberías o te gustaría reaccionar, sino cómo el ser, que de verdad eres, está re- accionando. Tus emociones, cargadas con la sabiduría de tu bio- logía, están forjadas en el crisol de tu experiencia vivida, en tu ser actual. Si te sientes bien tratado, el mundo es un lugar segu- ro y te encuentras bien. Si sientes que te tratan mal, comienzas a construir una sensación de que el mundo y los demás son peli- grosos, una sensación de estar atemorizado. Tu ser reacciona con esta sabiduría incorporada, sintiendo las cosas. Tienes mie- do cuando comprendes que esa mirada en la cara del otro indi- ca peligro, o que la tensión en el aire señala un conflicto inmi- nente. Te sientes complacido cuando la persona con quien has salido se inclina hacia ti, de manera prácticamente impercepti- ble, indicando un interés no declarado hasta ahora. Sin esta orientación sentida del mundo irías dando traspiés por la vida, tropezando torpemente con tus circunstancias debido a la ca- rencia de cualquier orientación intuitiva. Esta sabiduría de las emociones-corporalmente-sentidas sirve como un giroscopio vi- vo que te mantiene sin grandes oscilaciones.

Sin embargo, si vives sólo según tus emociones presentes, deslizándote simplemente en las corrientes de la próxima emo- ción que emerja, te privas a ti mismo de todo lo que los huma- nos han aprendido acerca de la vida adaptativa, desde que em- pezaron a depender del lenguaje y pudieron trasmitir su apren- dizaje culturalmente. El conocimiento basado en el lenguaje, además de la biología y la experiencia, se ha convertido en cru- cial en la transmisión de todo el saber humano. De manera que

es necesario que integres siempre tu conocimiento biológico, ba- sado en lo emocional, con tu conocimiento personal y cultural, adquirido por aprendizaje. Como sabes, hacer algo porque te re- sulta agradable, no es siempre la mejor guía para la acción. Necesitas tener en cuenta el contexto social y el futuro. Gran parte del comportamiento que es aceptable y eficaz en un con- texto particular es aprendido, y resulta necesario integrarlo con tu experiencia emocional primaria basada en lo biológico. Gritar inmediatamente a otras personas porque te enojan, o hacer el amor con alguien porque lo encuentras atractivo no toma en cuenta la información pertinente suficiente. Por otra parte, ig- norar que te sientes enojado o atraído te despojará de una pro- funda fuente de conocimiento, disfrute y vitalidad. Pero depen- der solamente de eso no produce una acción sabia. El senti- miento presente debe integrarse con la conciencia de las futuras consecuencias y con la información del aprendizaje pasado. Vivir sólo para el presente e ignorar las consecuencias no es sa- bio. El mañana llegará y lo que has hecho hoy afecta a lo que ocurrirá mañana.

El presente en el cuerpo

Tu experiencia del mundo tiene lugar en el presente, en tu cuerpo. De ti manan a borbotones sentimientos y sensaciones antes de que cualquier palabra proporcione recipientes para tus sentimientos. Así es como ocurre y no puede ser de otra mane- ra. Para ejercitar tu inteligencia emocional tienes que reconocer el torrente de adrenalina presente en tu cuerpo cuando enfren- tas una amenaza y necesitas ser consciente de los cambios hor- monales que afectan tu cuerpo cuando una persona atractiva

sexualmente entra en tu campo de visión. Hace falta que reco- nozcas la ferocidad con la que vives el amor, el deseo, la lealtad y el sufrimiento emocional. Es necesario que inicies este proce- so de reconocimiento de atender a tu cuerpo proclamando lo que sientes, primero a ti mismo y, luego, cuando sea apropiado, expresándolo a los demás. Tienes que ser capaz de decirte “yo siento”. Al hacer esta declaración de experiencia emocional es preciso, entonces, que comprendas la fuente de sentimiento que fluye dentro de ti. Para poder hacerlo, tienes que “usar tu cabe- za” para darle sentido a tu experiencia. Tu mente necesita sim- bolizar la experiencia en palabras, para sintetizar las cascadas de neuroquímicos que te arrastran hacia la experiencia cons- ciente, y simbolizarlas en significados personales. Para vivir in- teligentemente tienes que integrar la cabeza y el corazón. Es a esta tarea, a darle sentido a tus sentimientos, a la que se consa- gra este libro.

Emoción y pensamiento

La emoción en sí misma, como puedes verificar si atiendes a tu próxima emoción es, por lo general, una combinación de sen- timientos corporales y pensamientos. Además de las sensacio- nes corporales, la emoción incluye, casi siempre, procesamiento mental. En cualquier momento que experiencies una emoción te descubrirás impregnado por la sensación, así como inundado con pensamientos relacionados. A veces, enfadarse implica una sensación abrasadora que estalla como un cañón en el estómago y se esparce al centro del pecho. Se acompaña con el pensa- miento de recibir un trato injusto y de protestas del tipo “no voy a seguir aceptando esto” o “¿cómo se atreve?”. También pueden

atravesar tu pantalla mental vívidamente, como una ráfaga, imágenes de la otra persona como un ser frío y sin corazón, ca- rente de amor y crítico.

La tristeza, en ocasiones, se presenta como un ardor detrás de los ojos que baja como una cascada hasta el resto de tu cuer- po, especialmente a tu estómago. Hace que queramos acurru- carnos en un ovillo y se tienen pensamientos como “me rindo” o “me siento tan solo”. Imágenes de estar solo y ser pequeño en un vasto universo acompañan, a veces, a estos pensamientos. Esa sinfonía de sensaciones corporales, pensamientos mentales e imágenes es la emoción. Tienes que aprender a focalizarte en ella, para entender sus movimientos y aprovechar su mensaje.

Todos somos emocionalmente muy parecidos

Aquello que evoca las emociones varía mucho de persona a persona y de una cultura a otra pero, incluso así, hay algo co- mún que nos vincula y nos hace humanos. Eso se puede ver ob- servando a los bebés acostados en sus cunas, mostrando todo un alarde de expresión emocional, sus cejas, frentes, bocas y barbi- llas se contraen y contornean para iluminar sus rostros con mue- cas y sonrisas de vida, que nos resultan muy fácilmente recono- cibles. Con estas representaciones faciales empiezan a comuni- car irritación, desconcierto, calma, felicidad y enfado. Es como si estuvieran practicando para lo que está por venir. Las personas reconocen estas expresiones inmediatamente y se inicia la co- municación. Nunca podrías entender los sentimientos de otra persona a menos que hubieras sentido algo similar a lo que está expresando. Afortunadamente, con independencia del lugar en que uno ha nacido, en América, China, África, Europa, India o

Australia, entiende este lenguaje de la emoción. Ni siquiera im- porta si una persona ha nacido antes o después de Cristo, en el presente o pasado mañana, viene al mundo con el mismo siste- ma emocional. Este sistema emocional sirve como base común de la humanidad.

Sí, es cierto que la experiencia idiosincrásica imprimirá un sello indeleble en la emotividad, a veces incluso tergiversándo- la y distorsionándola en algo que con el tiempo ya no se reco- noce como humano. La cultura nos entrena para ocultar la cara de las emociones o, alternativamente, para expresarlas de for- mas particulares. Dependiendo de lo que tu cultura considere natural o aceptable, puede que te expreses abandonándote a la furia con fervor emocional, o bailando gozosamente en las calles el martes de carnaval. La cultura ejerce influencia sobre cómo experiencias y expresas tus emociones. No obstante, a pesar de lo variada que pueda ser tu experiencia y entrenamiento, en el fondo todos somos muy parecidos. Debajo de la humildad japo- nesa que pretende no llamar la atención y de la descarada aser-