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RESEARCH DESIGN AND METHODOLOGY 3.1 INTRODUCTION

3.6 DATA ORGANIZATION AND ANALYSIS

3.6.1 Validity and reliability

G eneralm ente se ha venido conside­ rando al m undo fenicio com o u n a ci­ vilización de carácter fu n d a m e n tal­ m ente pragm ático y de realizaciones eclécticas, incapaz de crear algo que no revierta en una utilidad in m ed ia­ ta. Ello no constituye m ás que u na verdad a m edias, pues si bien es cier­ to que los fenicio-cananeos se d istin ­ guieron en m uchos cam pos p o r un pragm atism o que les llevaría en oca­ siones a realizar descubrim ientos de carácter extraordinario, com o ocurrió con el alfabeto, no p o r ello h a n care­ cido de creatividad y em peño en acti­ vidades que poco tienen que ver con el com ún utilitarism o. Así el a m b ien ­ te de din am ism o y el carácter cosm o­ polita que desde siem pre h ab ía im ­ pregnado a las capas u rb a n as de la sociedad fenicia fue el m edio m ás adecuado para la aparición de la que con el tiem po habría de revelarse co­ mo una de las filosofías m ás extendi­ das y practicadas d urante la A ntigüe­ dad: el estoicismo, in sp irad a p o r Ze- n ó n , a sc e ta fe n ic io o r ig in a r io de K itión (C hipre) y que fue, sin lugar a dudas, el hom bre m ás notable de su época. Esta vitalidad intelectual se re­ conoce igu alm en te en la figura de Porfirio de Tiro, filósofo neoplatonis- ta, que en c a rn a parte de la últim a reacción de la A ntigüedad contra el cristianism o. T rasladado a R om a en el 262 fue recibido p or la escuela neo- platónica de Plotino. A ntipater y Apo- lonio, am bos igualm ente de Tiro, fue­ ron tam bién en su calidad de filósofos estoicos m erecedores de ser recorda­ dos por la tradición (E strabón, XVI, 2, 24). Pero no sólo en el cam po de la filo so fía s o b re sa lie ro n in te le c tu a l- m en te los fenicios; la h isto ria fue cultivada p o r A spasio de Tiro y Filón de Biblos, y M arino, otro tirio que vi­ vió en la prim era m itad del siglo se­ gundo de nuestra era, fue ya conside­ rado en su m om ento com o el p rim er

geógrafo digno de recibir el apelativo de científico (Ptolom eo, Geografía, 1, 7). En C artago M agón se distinguió p o r sus conocim ientos de agrim en su ­ ra in co rp o rad o s m ás tarde a Italia p o r los rom anos.

¿Cómo es posible calificar a un pue­ blo que ha proporcionado tales m ues­ tras de vigor intelectual de esterilidad creativa y falta de im aginación? Lo que ocurre es que se h an obviado fre­ cuentemente las im portantísim as apor­ taciones de los fenicios al desarrollo cultural de la h u m an id ad , y cuando, p o r el contrario, h an sido tenidas en cuenta, h an sido m in im izadas sobre la base ficticia de u n a pro fun da in ­ fluencia procedente del en torno cu l­ tural griego. C om o ya se ha visto, la p erv iv en d a hasta bien entrados los tiem pos rom anos de claras m anifes­ taciones que revelan, tan to en O riente com o en O ccidente, la fuerte presen ­ cia de la vieja civilización canan ea no aboga precisam ente en favor de la hipótesis de una p rofu nda heleniza- ción de ésta, sino m ás bien de un am ­ plio cosm opolitism o. Y la invención del alfabeto, perfeccionado d u ra n te todo el II m ilenio nad a tiene que ver con ello.

La aparición de la escritura alfabé­ tica, inventada p o r los fenicios en fe­ chas m uy tem p ra n as que podem os rem o n tar a los inicios de la Edad del Bronce Medio, constituye, sin duda alguna, su co n trib ución m ás im por­ tante a la historia de la cultura, y da fe, al m ism o tiem po, de su fam iliari­ d ad con u n razo nam iento abstracto s u m am en te sofisticado . La u tiliz a ­ ción de unos pocos signos co m b in a­ bles, en lugar de los extensísim os re­ pertorios característicos de los otros sistem as de escritu ras co n te m p o rá ­ neos —el ideográfico y el cuneiform e— tendrá en el futuro u na im p ortantísi­ m a repercusión en la d em o cratiza­ ción de la cultura, al no ser necesario u n conocim iento especializado, p ro ­ pio al escriba, para acceder a los ru d i­ m entos del lenguaje escrito. N o pare-

ce necesario insistir en que los p ro ­ pios griegos así com o los etruscos ado p taro n este sistem a tom ándolo de los fenicios.

N o parece existir m ucha base para afirm ar la inferioridad de la civiliza­ ción fenicia frente al m undo greco- rom ano, y todo este tipo de conside­ raciones d esc an san las m ás de las veces, con scientem ente o no, com o alguien ha puesto de relieve (Sznycer, 1978, 46), sobre la base de presupues­ tos culturales e ideológicos más que de investigaciones históricas racio n a­ les. Así, an alizad as desde la óptica clásica tradicional de la cultura greco- rom ana, m uchas de las m anifestacio­ nes culturales de los fenicios y p ú n i­ cos p u ed e n p arece r in sig n ific an tes cu an d o en realidad no son más que distintas. Es de esta form a que sus creaciones plásticas pueden parecer- nos inferiores si se ju zg an desde la perspectiva deform ada p or los cán o ­ nes clasicistas del ám bito griego y ro­ m ano, si bien las realizaciones artísti­ cas de estos fenicios co n se rv an la ingenua frescura de una concepción vitalista y existencial del arte, propia del pensam iento oriental, en las que el arte p or el arte y la pura inquietud estética apenas significan nada, y las m anifestaciones artísticas raram ente se disocian de aquéllas otras propias de la ex isten cia c o tid ia n a . Y si el m undo fenicio no desarrolló nunca una gran estatuaria que pudiera com ­ petir con las de otras civilizaciones m editerráneas no fue p or falta de co­ nocim ientos, sino porque sus in q u ie­ tudes responden a u na concepción distinta de la realidad y se m ueven por m otivaciones diferentes de aq u é­ llas que son propias del entorno cul­ tural greco-rom ano.

Ya se ha insistido suficientem ente en la calidad y reputación que carac­ terizaron al artesanado fenicio, p o r lo que no es conveniente pecar de reite­ rativos. Pero, al igual que el arte san a­ do, la ingeniería fenicia se destacó p o r un elevado nivel de conocim ien-

«La Libia (Africa) se presenta a los ojos en verdad como rodeada de mar, menos por aquel trecho por donde linda con el Asia. Este descubrimiento se debe a Necao, rey de Egipto, que fue el primero, a lo que yo sepa, en mandar hacer la averiguación, pues habiendo alzado mano de aquel ca­ nal que empezó a abrir desde el Nilo hasta el seno arábigo, despachó en unas naves a ciertos fenicios, dándoles orden que vol­ viesen por las Columnas de Heracles al mar Boreal o Mediterráneo, hasta llegar al Egipto. Saliendo pues los fenicios del mar Erithreo, iban navegando por el mar del Noto: durante el tiempo de su navegación, así que venía el otoño salían a tierra en cualquier costa de Libia que les cogiese, y allí hacían sus sementeras y esperaban hasta la siega. Recogida su cosecha, na­ vegaban otra vez; de suerte que, pasados así dos años, al tercero, doblando por las Columnas de Heracles, llegaron a Egipto, y referían lo que a mí no se me hará creí­ ble, aunque acaso lo sea para algún otro, a saber, que navegando alrededor de la Li­ bia tenían el sol a mano derecha. Este fue el modo como la primera vez se hizo tal descubrimiento.»

(Heródoto, IV, 42) «Y además, conviene señalar, ante todo, lo que tenemos por más importante, que, de los más antiguos bárbaros, los fenicios en primer término y los egipcios, de quie­ nes los demás pueblos posteriormente to­ maron aquella costumbre, tuviesen en el lugar reservado a los dioses supremos to­ do aquello que proporcionase lo necesario para la vida, que confiriese de este modo beneficio al género humano.»

(Filón de Biblos en Eusebio, Proeganatio

Evangélica, I, 9, 32)

tos técnicos. La construcción en altu ­ ra, en casas de hasta seis pisos, era co­ rriente en las ciudades, do tad as de m agníficas obras de defensa y acon­ dicionam iento. Los ingenieros feni­ cios, tanto en el aspecto civil com o en el m ilita r, e s ta b a n e x tra o rd in a ria ­ m ente preparado s y parecen haberse d istin guid o com o m agníficos co n s­ tructores de puertos, diques y p u en ­ tes. Tanto es así, que en m ás de una ocasión los persas echaron m ano de

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sus conocim ientos, hasta el pun to de que el puente que Jerjes ordenó con s­ tru ir a través de los estrechos del He- lesponto fue obra co njunta de feni­ cios y egipcios (H eródoto, VII, 34-6). Pero fue sobre todo en el cam po de la construcción naval d onde los fenicio- ca naneo s se m ostraron m ás p ro nto innovadores, fabricando em barcacio ­ nes m ás resistentes gracias al reforza­ m iento de la carena p o r u n a carlinga perm itiendo de este m odo d a r un per­ fil más alargado a sus cascos de sóli­ das cuadernas. F ueron estos navios esbeltos, calafatead o s con el b etú n que aseguraba su estanqueidad —de ahí la com ún alusión a las «negras naves fenicias»— y provistos de dos filas de remeros superpuestas, los que perm itieron realizar los largos p eri­ plos de sus m arineros en el curso de los que d ifu n d iero n la civilización p o r las costas del M editerráneo. Y si en otras civilizaciones vecinas fue la necesidad de establecer un ca le n d a­ rio que fijara la sucesión estacional de cara a un aprovecham iento m ás racionalizado de las posibilidades de

la vida agrícola lo que estim uló la o b ­ servación y los estudios astro n ó m i­ cos, en Fenicia fueron los im perativos de la navegación n o ctu rn a los que consolidaro n unos conocim ientos de los astros iniciados con el descub ri­ m iento de la posición fija de la Estre­ lla P olar (D ussaud, 1936, 60), lo que u nido a la observación de la O sa M e­ nor, significativam ente conocida co­ mo la «fenicia» entre los griegos, per­ mitía con facilidad establecer la orien­ tación adecuada.

Por últim o, debem os señ alar que, au n q u e la práctica totalidad de la li­ teratura fenicio-cananea se ha p erd i­ do salvo escasas excepciones, hoy es­ tam os en condiciones de afirm ar que b u ena parte de la literatura y del p en ­ sam iento hebreo obedecen a la p ro ­ fu n d a in flu e n c ia c u ltu ra l q ue C a ­ n a á n ejerció sobre la po blación israe­ lita, lo que es lo m ism o que decir que parte de las que se con sideran raíces de nuestra civilización occidental se las debem os a los fenicios, que de esta forma se situán históricamente en nues­ tros m ás rem otos orígenes culturales.

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HISTORIA

■^MVNDO

A

ntïgvo

rias universidades españolas, pretende ofrecer el último estado de las investigaciones y, a la vez, ser accesible a lectores de di­ versos niveles culturales. Una cuidada selección de textos de au­ tores antiguos, mapas, ilustraciones, cuadros cronológicos y orientaciones bibliográficas hacen que cada libro se presente con un doble valor, de modo que puede funcionar como un capítulo del conjunto más amplio en el que está inserto o bien como una monografía. Cada texto ha sido redactado por el especialista del tema, lo que asegura la calidad científica del proyecto.

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