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The value of preventing a suicide and why this is not

La naturaleza no ha previsto, por cierto, la cocción, y los hombres son los únicos seres vivientes que modifican o alteran su alimentación por ese procedimiento.

La cocción esteriliza, o dicho de otro modo, mata bacterias y otros parásitos que pueden encontrarse en los alimentos. Por otro lado, aumenta la gama de las sustancias utilizables, pero al mismo tiempo destruye elementos frágiles y beneficiosos, tales como ciertas vitaminas, hormonas vegetales, enzimas, sustancia > aromáticas y lisozimas, desinfectantes naturales presentes en todas las células vivas. La alteración de estas sustancias preciosas por el calentamiento depende, por una parte, de la duración de la cocción, y por la otra, de la temperatura a la cual ésta se efectúa. Una cocción muy breve en una olla de presión a ' 10-120 grados, es preferible a la cocción demasiado prolongada en una olla común. Si la cocción es prolongada, debe hacerse a una temperatura más baja. Acerca de lo correcto del procedimiento empleado nos informa el mejor sabor, más aromático, de los alimentos preparados. Las legumbres deben ser cocidas al vapor. La peor manera de prepararlas es hervirlas durante mucho tiempo en abundante agua y luego desechar esta agua junto con los minerales disueltos y que son preciosos para nosotros.

Los crudistas y el crudismo

¿Es posible vivir alimentándose únicamente de alimentos crudos? No cabe duda. Los hombres de las cavernas, de los cuales descendemos, lo hacían antes de la invención del fuego. En nuestros días, ciertas personas, gravemente afectadas en su salud, han buscado salvación convirtiéndose en crudívoras, y para algunas de ellas, con éxito. Lograron adeptos, pero no resulta fácil seguir su ejemplo. Para determinar la elección de los alimentos, algunos promotores de este método recomiendan remitirse al instinto, y hablan de instintoterapia.

Para practicar el crudismo, entonces, se trata de volver a encontrar y reeducar el instinto, aguzar ese sentido olfativo que usan con éxito todos los seres vivientes salvajes para la elección de sus alimentos. Ello parece ser más fácil para los niños que para los adultos, y sobre todo para las personas de edad avanzada. Estas no llegan a asimilar en grado suficiente los alimentos crudos y a menudo no pueden realizar el gran esfuerzo de masticación que exigen. En todos, y en este modo de alimentación, la sensación de saciedad aparece mucho antes que con los alimentos cocidos, y al comienzo se produce un adelgazamiento de 2 a 3 kilos. Pero entre las personas de edad ese adelgazamiento continúa, a veces en forma catastrófica y peligrosa, sin que desaparezcan, sin embargo, sus trastornos de la salud.

Resulta innegable que los crudistas han logrado la remisión en ciertos casos de leucemia considerados perdidos por la medicina oficial o hacer regresar tumores malignos, pero ello está lejos de constituir la regla. Mi método, menos radical, es más fácil de seguir; sin embargo recomiendo a mis pacientes que ingieran la mayor cantidad de alimentos crudos posible. El desayuno que propongo se compone de alimentos naturales frescos y crudos. Las otras comidas deben contener por lo menos un 10 por ciento de elementos crudos (nueces, frutas, legumbres, aceites, carne).

Lo que hace que el método de los crudistas sea tan difícil de seguir es el hecho de que se oponen a cualquier mezcla de alimentos, y no instruyen lo suficiente a sus adeptos respecto de las necesidades fundamentales del organismo y de la naturaleza complementaria de los distintos alimentos. Además, eliminan de sus comidas por completo o casi por completo los cereales, las leguminosas y los productos lácteos.

Me parece que nuestro camino es el del justo medio. Por temor a la intolerancia intestinal, los médicos suprimen en forma permanente todos los alimentos crudos en los regímenes prescritos para los casos de diarrea crónica, de colitis ulcerosa, de enfermedad de Crohn, etc., ¡procedimiento que desvitaliza el organismo y dificulta la curación! La alimentación que preconizo da mejores resultados, con algunas enmiendas adaptadas al estado particular de cada paciente. La crema Budwig, tan rica en vitaminas, es perfectamente tolerada por ellos.

Sin embargo, hacer una cura de desintoxicación de una a tres semanas siguiendo los principios de Burger puede ser muy saludable, sobre todo para aquellos que necesitan reducir de peso. Burger cita en su libro (pág. 194) el caso de un teratoma trofoblástico del testículo -tumor sumamente maligno- tratado en forma clásica y recidivado, después de un año en un pulmón. Este paciente se convirtió en uno de sus discípulos más fieles: gracias a la instintoterapia, las metástasis pulmonares desaparecieron y tuvo una remisión de siete años; la enfermedad reapareció luego, con culminación mortal en seis meses.

La estabilización que yo he obtenido en casos análogos fue más perdurable (véase pág. 391, casos 61 y 62). Me parece erróneo confiar sólo en el instinto, sin recurrir a la inteligencia ni a los aportes de la ciencia actual.

Lo que llama la atención en las observaciones descritas por Burger es la fragilidad de quienes se alimentan como él. En cuanto realizan el menor desvío y comen algunos emparedados, por ejemplo, aparecen en ellos infecciones triviales, como si su sistema inmunitario no recibiera lo necesario para volverse resistente. No es este el caso con la técnica que yo empleo. Es posible que los crudistas padezcan de un déficit de vitamina F y de sus derivados vitales. Sin duda, se podrían obtener mejores resultados con menos fanatismo, mostrándose menos absolutos en la aplicación del crudismo.

He aquí dos casos que constituyen un buen ejemplo de lo que acabamos de afirmar. CASO 13. F. (1910) 62 AÑOS

Desde la infancia, ha padecido de catarros muy frecuentes, a menudo acompañados de bronquitis y otitis. Su estreñimiento era crónico, y luego, á los 13 años, tuvo una apendicitis complicada con peritonitis; dos amigdalectomías a los 19 y 21 años; a los 22 años, urticaria; a los 30 años, dolores en todas las articulaciones; de los 29 a los 61 años, cistitis de repetición y continuo dolor de cabeza. A los 60 años se siente siempre "floja", con dolores de estómago y de cabeza; se acatarra con facilidad... Entonces se atiene al régimen totalmente crudo preconizado por Burger. Los dolores de cabeza y de vientre así como la constipación se atenúan, pero comienza a adelgazar. En dos años pierde 6 kilos y se siente débil. Los dolores reumáticos persisten.

La recibo por primera vez el 7 de junio de 1972. Pesa 39,5 kilos para una talla de 1,57 metros. La tasa de bilirrubina sérica es de 1,7 miligramos por ciento (normal = 0,6), la de hierro sérico 28 gammas por ciento (normal = 120) y la de hemoglobina 102 por ciento.

Corrijo su régimen alimenticio, prescribo inyecciones intravenosas de vitaminas, de extracto de hígado y de hierro, y un anabolizante.

Tres semanas después, por primera vez desde hace años, sus deposiciones son espontáneas, ¡en tanto que, aun con el régimen Burger, debía provocarlas con supositorios de glicerina! En agosto el hierro sérico es normal (139 gammas por ciento). El peso ha aumentado en 2 kilos. Se siente cada vez mejor. El 12 de octubre de 1973 está muy bien. Su peso llega a los 43,5 kilos. Encuentra inaudito que sus intestinos, que se negaban a funcionar desde hacía decenas de años, se hayan normalizado a partir del momento en que aceptó la alimentación que consideramos perfecta. No cabe duda de que el aporte de aceites ricos en vitaminas F contribuyó mucho. El régimen de Burger contiene muy pocos de ellos.

CASO 14. F. (1922) 48 AÑOS. Melanoma

Dos tías maternas y su madre fallecieron de cáncer, esta última a los 73 años. Casada a los 22 años, dio a luz tres niños: el primero murió a los 10 meses de neumonía y el segundo a los 4 años como consecuencia de una anomalía cardíaca. Sólo el tercero, nacido en 1953, logró sobrevivir. Padece -es una niña- en forma crónica de estreñimiento, aerofagia, inflamaciones, urticaria, hemicránea, várices y hemorroides. Sus mamas presentan numerosos nodulos duros. Fuma alrededor de cinco cigarrillos por día.

En febrero de 1969, es decir, a los 47 años, es operada de un melanoma en la pantorrilla izquierda, tumor altamente maligno. Se le administra radioterapia en los ganglios inguinales y la región operada. En diciembre de 1969, inquietada por la presencia de ganglios palpables en las ingles, adopta el régimen preconizado por Burger. Come por la mañana frutas crudas, miel, arroz integral crudo y granos de girasol; al mediodía y por la noche, legumbres, carne (ternero, cordero, cerdo), huevos crudos, oleaginosas, frutos exóticos (aguacates, ananás, naranjas).

Yo la recibo por primera vez el 8 de abril de 1970. Su concentración de hierro sérico es de 77 gammas por ciento (normal = 120) y la de hemoglobina de 94 por ciento. Desde el comienzo del régimen totalmente crudo, la aerofagia, que duraba desde hacía cuatro años, así como los otros trastornos, han desaparecido. A partir del tercer mes abandonó sus cinco cigarrillos cotidianos, porque ya no sentía deseos de ellos. Las deposiciones, antes malolientes, han perdido esta característica.

El 16 de octubre de 1970 se siente muy bien. Sus períodos menstruales se han espaciado a seis semanas. Come crema Budwig todas las mañanas; al mediodía, atún, pejesapo o almejas, alternados con carnes, todo ello crudo; por la noche, consume tres yemas de huevo; no emplea azúcar, ni sal, ni especias, y declara que ya no le sería posible alimentarse de otro modo, hasta tal punto le sienta esa alimentación cruda. Una vez ingirió pasas tratadas y reaccionó con vómitos y dolores en las mamas. El 11 de noviembre de 1970 su hierro sérico está en 67 gammas por ciento; se eleva a 116 gammas por ciento el 25 de marzo de 1971, sin medicamento alguno, sino gracias

al consumo de 20 yemas de huevos crudos por semana. Se encuentra en perfecto estado de salud tres años después de la extirpación de su melanoma.

Su hija, de 17 años, era fláccida y demasiado obesa, y sigue muy bien con el mismo régimen que ella; sus reglas, antes muy abundantes, dolorosas y acompañadas de náuseas, cesaron durante cinco meses, pero luego se reanudaron normalmente.

La técnica alimenticia empleada en estos dos casos fue, pues, la de Burger, atenuada con un aporte de crema Budwig rica en vitamina F.

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