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VARIABLE TUNING Introduction

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VARIABLE TUNING Introduction

El amor al prójimo prohíbe ciertos pecados capaces de causar el infortunio de otros o de infligirles algún daño espiritual o temporal. En ese daño espiritual están incluidos el escándalo y la cooperación al pecado.

Se considera escándalo cualquier obra, palabra u omisión malas en sí mismas o que tienen apariencia de maldad y pueden ocasionar a otro un daño espiritual. Unos padres, por ejemplo, que por negligencia no asisten a la misa dominical son motivo de escándalo para sus hijos, porque les están enseñando a no temer cometer un pecado mortal incumpliendo el precepto.

EL ESCÁNDALO DIRECTO INDUCE DELIBERADAMENTE A OTROS A PECAR

Comete un escándalo directo quien deliberadamente induce a otros a pecar. Cuando alguien insta, aconseja, convence u ordena a otro pecar gravemente, es culpable de un pecado mortal de escándalo, tenga o no éxito en su intento.

Estos son algunos ejemplos de escándalo grave o directo: la esposa que instiga al marido a practicar la contracepción, o viceversa; los parientes o amigos que animan a un católico válidamente casado y luego divorciado a convivir de manera estable con alguien, e incluso a volver a casarse; el que vende, presta o distribuye libros lascivos, folletos obscenos o imágenes impuras que, por su naturaleza, incitan poderosamente a quienes los leen o los ven a malos pensamientos, deseos y obras; las mujeres que se muestran en público con tan escasa modestia que saben que atraerán las miradas o los deseos lujuriosos de los hombres que las miran; quien ataca ante otros las verdades de la fe, o habla de ellas en términos despectivos o desdeñosos, o bien critica y condena a sacerdotes y obispos con tanto resentimiento que provoca en los demás la fuerte tentación de desobedecer a la autoridad legítima; y el marido que ridiculiza o pone obstáculos a los intentos de su esposa de cumplir con importantes deberes religiosos.

EL MAL EJEMPLO ES UNA FORMA DE ESCÁNDALO

directamente a cometer un pecado, pero sabe que sus palabras, obras u omisiones pueden producir fácilmente ese efecto.

La mayoría de las formas de escándalo indirecto vienen precedidas del mal ejemplo que da alguien siendo consciente del daño espiritual que puede causar a otros. Es fácil que se convierta en escándalo grave. El mal ejemplo de cualquiera que posea autoridad sobre los demás tiene siempre unas consecuencias especialmente dañinas, como el de quien calumnia gravemente a otros o maldice en presencia de un niño.

La persona que bebe en exceso tal vez induzca a otros a cometer el mismo pecado que él. El que cuenta un relato obsceno puede dar pie a otras muchas historias de este tipo. Es posible que quien inicia una conversación sobre el pecado grave y secreto de alguien a sus espaldas arrastre a otros a todo tipo de maledicencia.

EL ESCÁNDALO ES ENEMIGO DE LA CARIDAD

El peor pecado contra el amor fraterno es el escándalo, ya que contribuye a la mayor tragedia que le puede suceder a un ser humano: la pérdida de su alma inmortal. También en este mundo es contrario a la caridad infligir un dolor innecesario a alguien.

El Señor condena tajantemente a los culpables de este pecado: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y lo hundieran en el fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que vengan los escándalos. Sin embargo, ¡ay del hombre por cuya culpa se produce el escándalo!»[1].

Escandalizar puede ser un pecado mortal o venial, según el grado del daño espiritual que las palabras, obras u omisiones puedan causar en los demás. Arrastrar a otros a chismorrear con malicia, pero no gravemente, sobre quien no está presente es un pecado venial de escándalo. Animar e instar a otros o bien darles un ejemplo capaz de conducirlos a pecar gravemente es en sí mismo un pecado mortal de escándalo.

Al mal producido por nuestras acciones, palabras u omisiones, el escándalo viene a sumarle la culpa de cooperar a que otros pierdan su alma y ofendan a Dios. Por eso, si has cometido un pecado en el que estén involucradas otras personas o que les haya empujado a pecar, tienes obligación de hacer saber al confesor no solo tu pecado, sino el escándalo que te consta que has provocado. Cuando te confiesas de un pecado que implica el mutuo consentimiento de otro, no hace falta que menciones el escándalo, porque el confesor lo da por hecho.

Después de haberte confesado, tu deber es hacer todo lo posible por evitar que el escándalo persista y reparar cualquier daño espiritual que hayas causado a otros, porque la caridad te obliga a intentar salvar del pecado a los demás.

Si con tu mal ejemplo has sido motivo de escándalo, puedes enmendar mediante el buen ejemplo y la oración la desafortunada impresión que has causado. Por ejemplo, el chico que ha inducido a una muchacha a pecar debe manifestarle claramente su

arrepentimiento, su deseo de que también ella obtenga el perdón y su determinación de no volver a ser para ella ocasión de pecado.

PARA EVITAR EL ESCÁNDALO, OBRA CON DELICADEZA

Santo Tomás enseña que no debemos omitir las cosas necesarias para la salvación, pero que la posibilidad de escandalizar al débil nos obliga a omitir, o al menos a diferir, palabras u obras que generalmente estarían permitidas, hasta que una explicación adecuada elimine el motivo de escándalo.

Evita cuidadosamente cualquier cosa que, aun siendo lícita o indiferente, pueda en determinadas circunstancias convertirse en ocasión de pecado para otros. Esta es la norma impuesta por san Pablo con respecto a la comida ofrecida a los dioses. Puesto que los ídolos no eran nada, dicha comida no estaba prohibida; pero muchos cristianos creían lo contrario y el apóstol pide a quienes están bien informados que tengan en cuenta los escrúpulos de sus hermanos: «Por eso, si una comida escandaliza a mi hermano, no comeré carne jamás, para no escandalizar a mi hermano»[2].

Hay quienes se permiten conversaciones, lecturas, modas o bailes que no son impropios con la excusa de que carecen de efectos perniciosos sobre ellos. ¡Con qué facilidad se engañan! No piensan en el escándalo que provocan en los que ven su conducta y se escudan en ella para permitirse placeres más peligrosos.

Procura cultivar un delicado sentido de la caridad, que puede considerarse el auténtico refinamiento de la virtud. Esta es la delicadeza que propone san Pablo. Así estarás dominado por el espíritu de Cristo y tu alma será sensible al bien espiritual de las personas con las que convives. Las advertencias solemnes, los puyazos infligidos a los demás para que «se porten bien» o las órdenes impartidas con intención de presionarlos harán ingrata la virtud a ojos de aquellos cuyo bien crees buscar. Si no estás vigilante, hasta tus obras buenas y lícitas pueden convertirse en piedra de escándalo para quienes tienen menos formación que tú.

No adoptes lo que se conoce como una actitud abierta. Otros menos instruidos y demasiado inclinados a sortear lo que consideran restricciones innecesarias emplean esa mentalidad abierta en circunstancias similares para justificar las desviaciones del camino que lleva directamente a la virtud. Razonan así: «Si esto lo pueden hacer los buenos cristianos, ¿por qué no voy a hacerlo yo?». La desafortunada consecuencia es el pecado, del cual quizá sea responsable esa actitud abierta.

Si tienes el espíritu de Cristo, te darás cuenta de que tus conocimientos en materia de moral, especialmente allí donde puedan ser fácilmente malinterpretados por personas menos formadas, deben ser utilizados con discreción. Entonces estarás dispuesto a renunciar a lo justamente permitido con tal de no convertirte en obstáculo para otros. Tu amor a Cristo debe ser tan delicado y auténtico que no des pie a nadie a que le ofenda y le prive así del fruto de su Pasión y muerte. «Y por tu saber se perderá el débil, el

hermano por el que murió Cristo»[3], dice san Pablo.

Pídele a Jesús un amor lo suficientemente firme para olvidar los beneficios personales antes de poner a los demás en ocasión de pecar. Pídele también la gracia especial de serle fiel cuando, en caso necesario, debas ser motivo de supuesto escándalo, como lo fue en el Calvario Cristo en la Cruz.

[1] Mt 18, 6-7.

[2] 1Co 8, 13.