• No results found

4.2 Estimation Strategy

4.2.3 The variables

Nuevamente armemos una “serie”. Una “hermana” de Gretel —otra sacrificada/ salvadora del abanico arquetipal que asume el rol de Justiciera— es Bella, no la que duerme sino la que acepta por esposo a Bestia. Recordemos el cuento: el padre de Bella ha perdido su fortuna y debe mudar a toda la familia al campo. La niña en medio del cambio de situación activa su arquetipo de Salvadora. Mientras tanto, las hermanas no asumen la nueva realidad y reprochan el cambio de estatus. No aceptan la derrota al bienestar y ahondan la herida. Entonces, ¿cuál es el justo equilibrio? ¿Ser insensible y negar lo real, mantenerse en la misma situación aunque las condiciones hayan cambiado o asumir la responsabilidad? Ambas actitudes forman las dos caras de la misma moneda: la luz y la sombra.

La desmentida ante la impotencia, la borradura de la realidad, el sentimiento hostil que ciega es una “sombra” que debe vencerse con intensidad: eso mismo que potencia una actitud de confianza y nos hace

sentir que somos “todopoderosos” puede hundirnos en la oscuridad. En esa batalla interior, el regalo solicitado por Bella —una rosa blanca— a su padre, que sale de viaje para solucionar los asuntos financieros de la familia, resulta tener un alto precio. La rosa blanca es el símbolo que condensa “la comodidad” del padre, que se cree asistido por hadas bondadosas y se aprovecha de la hospitalidad de la Bestia cuando este le ofrece descanso, confort y comida sabrosa. Sin embargo, el hombre regresa vencido porque no apela a su costado femenino, no deja resurgir el ánima y transgrede las normas del Dador que representa la Bestia. Pero volvamos la mirada a nuestra protagonista: Bella se muestra en extremo femenina, pide a su padre que al regresar le traiga una flor. La niña todavía no se ha enfrentado a su parte masculina, instintiva y bestial. La “sombra” es una entelequia en su vida y —ya sabemos— representa lo reprimido en el ego que puja por salir. El mundo en sus aspectos hostiles y rechazados no ha hecho su aparición y la tormenta de crecimiento interior se avecina.

El padre pacta con la Bestia y se salvará de las garras del monstruo si entrega a una de sus hijas para morir en su lugar. La Bestia —que es ahora la imagen de la Justicia que duerme en la Bella— exige movimiento interior, transformación. Da al viejo afligido por su error de cortar la rosa del jardín un cofre con monedas a cambio de que regrese en tres meses o envíe en su lugar a una de las hijas. Es preciso pagar la transgresión con la muerte.

A esta altura de nuestras páginas sabemos que “morir” significa dejar una etapa atrás y recomenzar otra en la ruta del aprendizaje con una nueva conciencia. Bestia es la “sombra” de Bella. Las hermanas codiciosas son otra máscara de la “sombra”.

Nuevamente, como en el personaje de Caperucita y su arquetipo de Curiosa en busca de la identidad, Bella tiene que integrar los opuestos, hacer convivir ánima y ánimus. La Justiciera se pone en marcha, sensible a las necesidades del grupo y compasiva, decidida a afrontar la adversidad. Como la Bestia en su faceta bondadosa, ahora es la etapa en la que Bella brinda su energía sin medir las consecuencias: debe atravesar las pruebas para llegar al nivel más profundo de su psiquis, metaforizado en el castillo del agresor.

El periplo iniciático ha comenzado y debe aceptar la boda con el monstruo. Maridaje perfecto de luz y oscuridad. Ese es “el bosque impenetrable y amenazante” de quien busca justicia a toda costa. Ya no la naturaleza cruda en medio de la noche y el desamparo. Su “bosque” tiene tapices de terciopelo y manjares en la residencia de la Bestia. Sentimientos de hostilidad, miedo, tristeza por su padre son los que invaden a la joven. Son pruebas que necesita vivir.

Una vez más la ecuación de la conciencia nueva se corresponde con cruzar el umbral de las experiencias temidas pero necesarias: transformar e integrar. Metamorfosis de la conciencia y lo inconsciente integrado al sujeto.

Ya no es ni puro ego (ella y su familia) ni todo temor al castillo bestial. Algo de Bella se ha repartido entre dos niveles de conciencia y ha empezado a tender puentes entre ambas zonas de su individuación.

La conmoción, la empatía, la inteligencia emocional y la compasión le dicen que no puede dejar morir de dolor a la Bestia por incumplir su palabra y abandonar el castillo para regresar al apego del hogar. Concluye su viaje interior. Acepta la unión con la Bestia y madura como ser humano.

Como Gretel, que ha integrado los dulces y las joyas de la bruja a su ser más inocente, Bella deja habitar a la Bestia en su subjetividad, que es como su castillo interior. Ambas niñas asumen sus sombras y completan su periplo. El paradigma de la Justiciera que la representa proviene de la responsabilidad de adultos inmaduros que la sobrecargaron con una misión muy difícil. Estas heroínas han hecho su recorrido y han impregnado la subjetividad del personaje.

¿Serás siempre quien salga al bosque o entre al castillo bestial para encontrar las soluciones de los demás? Si en cada situación de la vida debemos hallar recursos propios en las experiencias vividas como en un buen reservorio, buscar esas herramientas internas para accionar por los demás, sin medir las consecuencias, podría ser una trampa.

Cuando desoímos el deseo personal porque el aullido de los lobos o los cantos de sirenas nos aturden con voces ajenas, nos perdemos sin encontrar la propia voz.

Related documents