4 Results
4.5 Characterisation of steel microstructures using texture analysis
4.5.5 Variation of the separation
MEDITAMOS EN TORNO A:
LA PE R M A N E N C I A
Porque, el que es “excedente” –aquél con el que se hace una excep- ción- no desaparece, sino que, por el contrario, se le busca… y se le per- mite esa excepción; esa excedencia. Se le… “dispensa”… de una serie de obligaciones o… o fundamentos –en este caso- para que adquiera otra posición, y para que pueda –dadas sus circunstancias- adquirir otra “per- fomance”, es decir, otro “charme”, es decir, otra “voie”. “Voie, ¡voie!, ¡voie!”, o sea, otra vía, otra... “voiture”, otro vehículo, otra... ¡otra! Es de- cir, que ha de permanecer, pero de otra forma.
Es como cuando una persona se convierte en fantasma, por ejemplo, ¿verdad? Que no es igual que cuando desaparece en Argentina o en Pa- raguay. No. Es distinto. Quizás los ejemplos que hemos puesto no sean
ME D I T A C I Ó N
Sitúense en una posición de quietud, y guarden silencio.
Dispónganse con las manos abiertas, de tal forma que la derecha es- tá encima de la izquierda, y junten los extremos de ambos pulgares.
Respiren despacio, y tomen como referencia “la Fusión con el So- plo”, “la Puerta del Palacio de las Emociones”.
Y
DENTRO DEL PERIODO ORANTE DE LA“
EXCEDENCIA”,
MEDITAMOS EN TORNO A:
LA PE R M A N E N C I A
Porque, el que es “excedente” –aquél con el que se hace una excep- ción- no desaparece, sino que, por el contrario, se le busca… y se le per- mite esa excepción; esa excedencia. Se le… “dispensa”… de una serie de obligaciones o… o fundamentos –en este caso- para que adquiera otra posición, y para que pueda –dadas sus circunstancias- adquirir otra “per- fomance”, es decir, otro “charme”, es decir, otra “voie”. “Voie, ¡voie!, ¡voie!”, o sea, otra vía, otra... “voiture”, otro vehículo, otra... ¡otra! Es de- cir, que ha de permanecer, pero de otra forma.
Es como cuando una persona se convierte en fantasma, por ejemplo, ¿verdad? Que no es igual que cuando desaparece en Argentina o en Pa- raguay. No. Es distinto. Quizás los ejemplos que hemos puesto no sean
Argentina o a Paraguay... ¡Bueno!, a América. Era un lugar muy socorrido para desaparecer.
PERMANECER.
Sí. Los seres permanecen –¿verdad?- a lo largo de la historia, para hacer historia. ¡Qué asco! ¡Qué asco! ¡Qué Ascot!
“Ascot” es un hipódromo inglés, en donde corren los caballos. No corren los jinetes. ¡Qué pena! Porque si corrieran los jinetes, así, chiquiti- llos todos, ¡cha... cha... cha... chahchahah...!, otro gallo cantaría. Sería muy divertido. Y los caballos detrás, ¡tacratán, tacratán, tacratán...! ¡Un espectáculo! Un espectáculo.
Entonces, a lo largo de la “life”, ¿verdad?, la permanencia…
Por eso digo “¡qué asco!”, porque... porque hace historia. Me expli- co. Me explico. Sí. La historia surge como consecuencia de que la perma- nencia del sujeto culmina con la desaparición.
¡Aaaahhh! ¡Porca miseria! “Porca miseria” es: “puerca miseria”. No porque los puercos sean miserables, no, sino porque para el hombre en sí, no es su hábitat habitual una porqueriza, ¿no? Aunque la gente está muy equivocada, cree que al cerdo le gusta estar hecho un guarro, hecho un asqueroso.
No, no. No es verdad. Al cerdo le gusta la limpieza, como a cual- quiera. Además, con lo parecido que es a nosotros... ¡Porca miseria! En- tonces, el “trastueque”… Quiero decir:
¡La historia es consecuencia de una permanencia fallida en este bello planeta!
¿A qué llamamos “fallido”? A que a la gente le da por morirse. Bue- no, a la gente, o a la biología, o a la ciencia, o a quien sea. Y... y... en cualquier caso, cambian de residencia y no comunican dónde están. Te- nemos una residencia virtual –virtual, ¿eh?– en los cementerios-que, para el caso, poco sirven-.
Argentina o a Paraguay... ¡Bueno!, a América. Era un lugar muy socorrido para desaparecer.
PERMANECER.
Sí. Los seres permanecen –¿verdad?- a lo largo de la historia, para hacer historia. ¡Qué asco! ¡Qué asco! ¡Qué Ascot!
“Ascot” es un hipódromo inglés, en donde corren los caballos. No corren los jinetes. ¡Qué pena! Porque si corrieran los jinetes, así, chiquiti- llos todos, ¡cha... cha... cha... chahchahah...!, otro gallo cantaría. Sería muy divertido. Y los caballos detrás, ¡tacratán, tacratán, tacratán...! ¡Un espectáculo! Un espectáculo.
Entonces, a lo largo de la “life”, ¿verdad?, la permanencia…
Por eso digo “¡qué asco!”, porque... porque hace historia. Me expli- co. Me explico. Sí. La historia surge como consecuencia de que la perma- nencia del sujeto culmina con la desaparición.
¡Aaaahhh! ¡Porca miseria! “Porca miseria” es: “puerca miseria”. No porque los puercos sean miserables, no, sino porque para el hombre en sí, no es su hábitat habitual una porqueriza, ¿no? Aunque la gente está muy equivocada, cree que al cerdo le gusta estar hecho un guarro, hecho un asqueroso.
No, no. No es verdad. Al cerdo le gusta la limpieza, como a cual- quiera. Además, con lo parecido que es a nosotros... ¡Porca miseria! En- tonces, el “trastueque”… Quiero decir:
¡La historia es consecuencia de una permanencia fallida en este bello planeta!
¿A qué llamamos “fallido”? A que a la gente le da por morirse. Bue- no, a la gente, o a la biología, o a la ciencia, o a quien sea. Y... y... en cualquier caso, cambian de residencia y no comunican dónde están. Te- nemos una residencia virtual –virtual, ¿eh?– en los cementerios-que, para el caso, poco sirven-.
Entonces, fíjense bien. Si la permanencia se hace resurreccional, se hace inmortal, se hace cambiante, se hace transfigurante…, en- tonces no hay historia que contar, ¿eh? Se queda la historia como las que malamente quedaban:
-Se fue a la América... Se fue a la Argentina... -¿Y qué se sabe de él?
-¡Ah! ¡Desaparecido! ¡Missing! ¡Está desaparecido! ¡Ha desapareci- do!
-Entonces, lo damos por desaparecido.
-¡Pues dale por donde quieras! Total, no se va a enterar, ¿eh? Si te quedas a gusto, coge una foto y machácala.
¡Ah! ¡Qué interesante! Y entonces... ¿no tendríamos que estudiar historia?
No, ¿p’a qué? ¿P’a qué, si todo... todo está ahí? Habría, en todo ca- so, periódicos; más periódicos. “Diario de la Mañana”, de los transfigura- dos; “Diario del Mediodía”, de los resucitados; “Diario de la Noche”, de los inmortales; “Diario de la Madrugada”, de los indefinidos. ¡Así! O sea, tendríamos diarios. Diríamos:
-¿Qué ha pasado hoy?
-Hemos hecho dos mundos, un cuarto y mitad de océano, y un edi- ficio torcido de treinta y seis plantas.
-¡Hala! ¡Te habrás quedado a gusto!, ¿no? -Sí, muy a gusto.
¡Ah! ¡Fíjense además! La permanencia garantiza... garantiza –c’est très important pour la vie...- garantiza… –y esto es très... es muy impor- tante para la vida- garantiza el pleomorfismo, la “pleomorfosis” existen-
Entonces, fíjense bien. Si la permanencia se hace resurreccional, se hace inmortal, se hace cambiante, se hace transfigurante…, en- tonces no hay historia que contar, ¿eh? Se queda la historia como las que malamente quedaban:
-Se fue a la América... Se fue a la Argentina... -¿Y qué se sabe de él?
-¡Ah! ¡Desaparecido! ¡Missing! ¡Está desaparecido! ¡Ha desapareci- do!
-Entonces, lo damos por desaparecido.
-¡Pues dale por donde quieras! Total, no se va a enterar, ¿eh? Si te quedas a gusto, coge una foto y machácala.
¡Ah! ¡Qué interesante! Y entonces... ¿no tendríamos que estudiar historia?
No, ¿p’a qué? ¿P’a qué, si todo... todo está ahí? Habría, en todo ca- so, periódicos; más periódicos. “Diario de la Mañana”, de los transfigura- dos; “Diario del Mediodía”, de los resucitados; “Diario de la Noche”, de los inmortales; “Diario de la Madrugada”, de los indefinidos. ¡Así! O sea, tendríamos diarios. Diríamos:
-¿Qué ha pasado hoy?
-Hemos hecho dos mundos, un cuarto y mitad de océano, y un edi- ficio torcido de treinta y seis plantas.
-¡Hala! ¡Te habrás quedado a gusto!, ¿no? -Sí, muy a gusto.
¡Ah! ¡Fíjense además! La permanencia garantiza... garantiza –c’est très important pour la vie...- garantiza… –y esto es très... es muy impor- tante para la vida- garantiza el pleomorfismo, la “pleomorfosis” existen-
¡Hombre!, es más caro –¿verdad?- porque tienes que comprar la ro- pa, o te la tienen que arreglar, ¿no? Todo menos seguir el modelo exis- tencial de, bueno, de los tenis a las babuchas, ¿no? ¡Qué horror!
¡Qué historia! ¡Qué historia! ¡Si es que la historia es malísima! ¡Ma- lísima! ¡Malísima!
Y, es más, es más, es más. Fíjense si será mala la historia, ¿verdad?, que... que... –esto es como las autopsias- si será mala que, encima, se hacen las nuevas historias en base a las historias, es decir, a lo que ya no existe. ¡Malísimo! ¡Malísimo! Es decir, pues eso: las conclusiones de un cadáver... llevarlas a uno vivo. ¡Pero si es que éste está vivo!
“No importa. Muerto eres, y en muerto te has de convertir” –dice la historia-. Y dice la historia natural de la vida que: “Se nace, se crece, se desarrolla y se muere. Es ley de vida”...
Y uno dice, cuando ya entra en la locura: “Y esa ley, ¿quién la ha puesto? ¿Y esa ley de dónde sale? ¿Y esa ley de dónde viene? ¡Yo no leo las esquelas de todos! ¿Qué pasa? ¿Dónde está el resto?... Bueno, no im- porta. Se pierden en los océanos. Vale”.
Pero lo que nos interesa es cómo aprovechar la excedencia, cómo aprovechar la licencia, cómo aprovechar la situación orante de esta sema- na, ¿verdad?, como la hemos estado aprovechando cada día con una es-
tancia meditativa, que empezó por REPARAR –¿recuerdan?-. Luego siguió
con el “SÍ”: SÍ A LA EXISTENCIA PROPIA, al idealismo programático de cada
uno. Siguió con LA CAPACITACIÓN: o sea, aumentar las capacidades, darles
diversidad. Continuó, en su cuarta estancia, con esa columna que nos lle- vaba a las diferentes estancias de amores, y nos situaba el “coqui" de los
afectos en el sitio perfecto. Y hoy, quinto, va a culminar con LA
PERMANENCIA.
¡Bueno! ¡Más bonito no podía quedar! ¡Si lo llegamos a pensar, no nos sale así!
Claro, imagínense. Si dominan todo lo que acabamos de decir,
¡Hombre!, es más caro –¿verdad?- porque tienes que comprar la ro- pa, o te la tienen que arreglar, ¿no? Todo menos seguir el modelo exis- tencial de, bueno, de los tenis a las babuchas, ¿no? ¡Qué horror!
¡Qué historia! ¡Qué historia! ¡Si es que la historia es malísima! ¡Ma- lísima! ¡Malísima!
Y, es más, es más, es más. Fíjense si será mala la historia, ¿verdad?, que... que... –esto es como las autopsias- si será mala que, encima, se hacen las nuevas historias en base a las historias, es decir, a lo que ya no existe. ¡Malísimo! ¡Malísimo! Es decir, pues eso: las conclusiones de un cadáver... llevarlas a uno vivo. ¡Pero si es que éste está vivo!
“No importa. Muerto eres, y en muerto te has de convertir” –dice la historia-. Y dice la historia natural de la vida que: “Se nace, se crece, se desarrolla y se muere. Es ley de vida”...
Y uno dice, cuando ya entra en la locura: “Y esa ley, ¿quién la ha puesto? ¿Y esa ley de dónde sale? ¿Y esa ley de dónde viene? ¡Yo no leo las esquelas de todos! ¿Qué pasa? ¿Dónde está el resto?... Bueno, no im- porta. Se pierden en los océanos. Vale”.
Pero lo que nos interesa es cómo aprovechar la excedencia, cómo aprovechar la licencia, cómo aprovechar la situación orante de esta sema- na, ¿verdad?, como la hemos estado aprovechando cada día con una es-
tancia meditativa, que empezó por REPARAR –¿recuerdan?-. Luego siguió
con el “SÍ”: SÍ A LA EXISTENCIA PROPIA, al idealismo programático de cada
uno. Siguió con LA CAPACITACIÓN: o sea, aumentar las capacidades, darles
diversidad. Continuó, en su cuarta estancia, con esa columna que nos lle- vaba a las diferentes estancias de amores, y nos situaba el “coqui" de los
afectos en el sitio perfecto. Y hoy, quinto, va a culminar con LA
PERMANENCIA.
¡Bueno! ¡Más bonito no podía quedar! ¡Si lo llegamos a pensar, no nos sale así!
¡Ah! ¡La PERMANENCiA!
-Pero... pero... pero... pero bueno... ¿y entonces...? Bien. Eso está muy bien, pero a ver... a ver... a ver... ¿cómo te diría yo? ¿Cómo vamos a permanecer si...? ¡Si es que es ley de vida!
-¡Otra vez con la ley de vida! Mira, Boby, mira chati, verás... ¿cómo te diría yo? La ley es una coartada represiva.
Entonces, LA PERMANENCIA es muy importante. Y de “ley de life”,
nada, ¿verdad? Eso son cosas de abogados, de juristas, que tienen que ordenar el mundo a su gusto: de forma capitalista, de forma comunista, de forma socialista, de forma de democracia cristiana, de forma republi- cana, de forma “reyista”... –digo: monárquica-, de forma parlamentaria... ¡Bueno, todas esas variables de bollos, bollitos y bolletes!, ¿eh?
Ya les he dicho que puede permanecer el sujeto de varias formas, ¿mm?... O bien se transfigura, se transforma –¡transfigurarse!-, o bien re- sucita, o bien se inmortaliza.
Como ven, hemos añadido, sutilmente, lo transfigurado, como una forma de existencia sin historia. Y volvemos a insistir en que la historia surge como consecuencia de una concepción “permanicista terminal”.
Y todos los periódicos que se precien tienen ya montada la esquela de determinados personajes que, bueno, ya llevan un tiempito largo por aquí. Lo cual no deja de ser triste, ¿no?, que vayas al periódico y resulte que ya está escrita tu esquela y tu reportaje bibliográfico.
PERMANENCiA. Y... ¿Y eso... y eso... y eso para qué? Pues para mu- chas cosas. Sobre todo, sobre todo, sobre todo para una situación double, o doble. Double, doble. ¡Eso! Y es para una situación de carácter “intuiti- vo preventivo materno filial” –intuitivo-preventivo-materno-filial-. Y es, bueno, ¡para estar en forma!, ¿eh? Como la Jane Fonda, ¡pero mejor! ¡Fí- jate que estaba buena esa señora hace tiempo!, ¿eh? Ya no, ya... Digo
¡Ah! ¡La PERMANENCiA!
-Pero... pero... pero... pero bueno... ¿y entonces...? Bien. Eso está muy bien, pero a ver... a ver... a ver... ¿cómo te diría yo? ¿Cómo vamos a permanecer si...? ¡Si es que es ley de vida!
-¡Otra vez con la ley de vida! Mira, Boby, mira chati, verás... ¿cómo te diría yo? La ley es una coartada represiva.
Entonces, LA PERMANENCIA es muy importante. Y de “ley de life”,
nada, ¿verdad? Eso son cosas de abogados, de juristas, que tienen que ordenar el mundo a su gusto: de forma capitalista, de forma comunista, de forma socialista, de forma de democracia cristiana, de forma republi- cana, de forma “reyista”... –digo: monárquica-, de forma parlamentaria... ¡Bueno, todas esas variables de bollos, bollitos y bolletes!, ¿eh?
Ya les he dicho que puede permanecer el sujeto de varias formas, ¿mm?... O bien se transfigura, se transforma –¡transfigurarse!-, o bien re- sucita, o bien se inmortaliza.
Como ven, hemos añadido, sutilmente, lo transfigurado, como una forma de existencia sin historia. Y volvemos a insistir en que la historia surge como consecuencia de una concepción “permanicista terminal”.
Y todos los periódicos que se precien tienen ya montada la esquela de determinados personajes que, bueno, ya llevan un tiempito largo por aquí. Lo cual no deja de ser triste, ¿no?, que vayas al periódico y resulte que ya está escrita tu esquela y tu reportaje bibliográfico.
PERMANENCiA. Y... ¿Y eso... y eso... y eso para qué? Pues para mu- chas cosas. Sobre todo, sobre todo, sobre todo para una situación double, o doble. Double, doble. ¡Eso! Y es para una situación de carácter “intuiti- vo preventivo materno filial” –intuitivo-preventivo-materno-filial-. Y es, bueno, ¡para estar en forma!, ¿eh? Como la Jane Fonda, ¡pero mejor! ¡Fí- jate que estaba buena esa señora hace tiempo!, ¿eh? Ya no, ya... Digo
Eso por una parte. Y por otra, aparte de la prevención, tenemos la situación de la... –¿cómo diríamos?- de “la tercera e interesante edad”.
-Tercera edad. ¡Aaahhh! A partir de los treinta, ¿no?
-Sí, ¡je, je, je! Eso quisieran los de ochenta. Sí, más o menos, sí, pero un poco más, ¿vale? Es decir, toda la trouppe de ancianos –o en vías de ancianidad- que son... y empiezan a constituir la mayoría de los habitan- tes de los habitáculos más desarrollados.
Es decir, la gente no quiere multiplicarse. En la medida en que el de- sarrollo del ser se hace mayor, la replicación se hace menor.
“¡Ah! Quizás se multiplican de otra manera”.
Puede ser. Pero de momento, de momento, es la invasión de la ter- cera edad, a la que –en principio, en teoría, manejando el mundo tal y como se conceptualiza- están abocados la mayoría de los seres. Y verán ustedes cómo se les presentan, por supuesto, una serie de afecciones, al- teraciones, etc., que llaman “propias de la edad” –que es mentira-. Es mentira. No es que haya afecciones propias de una edad. Eso no es cierto. Lo que ocurre es que... –vamos a hablar con propiedad- lo que ocurre es que, en determinados espacios de tiempo, de permanencia, de carácter histórico, son más frecuentes determinadas alteraciones. Nada más. Es decir, un anciano no tiene por qué ser artrósico. No. Y, de hecho, hay an- cianos que no son artrósicos y, en cambio, hay jóvenes que son artrósicos.
-No es lo más propio.
-No. También hay jóvenes que se vuelven locos, y ancianos que no, y ancianos que sí, y jóvenes que no.
Es decir, que sí hay una prevalencia. O preocupación, ¿verdad? Pasa como con los tumores. Los tumores, en la teoría y en la prácti- ca, en número, son más frecuentes a partir de edades maduras. Sí, claro. Lo cual es una contradicción, ¿verdad? Si se está envejeciendo el cuerpo y ya apenas se reproducen las células, y tal, ¿por qué, encima, va a tener un
Eso por una parte. Y por otra, aparte de la prevención, tenemos la situación de la... –¿cómo diríamos?- de “la tercera e interesante edad”.
-Tercera edad. ¡Aaahhh! A partir de los treinta, ¿no?
-Sí, ¡je, je, je! Eso quisieran los de ochenta. Sí, más o menos, sí, pero un poco más, ¿vale? Es decir, toda la trouppe de ancianos –o en vías de ancianidad- que son... y empiezan a constituir la mayoría de los habitan- tes de los habitáculos más desarrollados.
Es decir, la gente no quiere multiplicarse. En la medida en que el de- sarrollo del ser se hace mayor, la replicación se hace menor.
“¡Ah! Quizás se multiplican de otra manera”.
Puede ser. Pero de momento, de momento, es la invasión de la ter- cera edad, a la que –en principio, en teoría, manejando el mundo tal y como se conceptualiza- están abocados la mayoría de los seres. Y verán ustedes cómo se les presentan, por supuesto, una serie de afecciones, al- teraciones, etc., que llaman “propias de la edad” –que es mentira-. Es mentira. No es que haya afecciones propias de una edad. Eso no es cierto. Lo que ocurre es que... –vamos a hablar con propiedad- lo que ocurre es que, en determinados espacios de tiempo, de permanencia, de carácter histórico, son más frecuentes determinadas alteraciones. Nada más. Es decir, un anciano no tiene por qué ser artrósico. No. Y, de hecho, hay an- cianos que no son artrósicos y, en cambio, hay jóvenes que son artrósicos.
-No es lo más propio.
-No. También hay jóvenes que se vuelven locos, y ancianos que no, y ancianos que sí, y jóvenes que no.
Es decir, que sí hay una prevalencia. O preocupación, ¿verdad? Pasa como con los tumores. Los tumores, en la teoría y en la prácti-