• No results found

Chapter 4 Methodology

4.5 Vector autoregression model (VAR) and Structural VAR

La diarrea aguda constituye un gran problema de salud pública en la mayoría de los países en desarrollo y es causa de importante morbimortalidad durante la infancia, especialmente por su relación con la desnutrición y los altos costos que implica para los sistemas de salud por su alta demanda de atenciones ambulatorias y hospitalizaciones; los niños menores de un año sufren, en promedio, tres episodios de diarrea al año. Cada episodio priva al niño de nutrientes necesarios para su crecimiento (OMS, 2000).

En el proceso de vigilancia de las enfermedades diarreicas agudas no sólo es importante saber cuál es el nivel (magnitud, tendencia) de ésta, sino también entender porque la padecen estos niños, por lo que es necesario tomar en cuenta factores maternos que contribuyan a obtener datos e información que permitan realizar el análisis adecuado de las enfermedades diarreicas agudas en niños menores de un año.

En el cuadro 1: En relación a la EDAD de las madres, se observa la distribución numérica y porcentual de 49 madres de niños menores de 1 año del Hospital de Apoyo Chepén, donde el mayor porcentaje 51.0 por ciento tiene de 20 a 39 años, seguido por un 49.0 por ciento de madres que son menores de 19 años.

Los resultados del estudio nos da a conocer que la mayoría de las madres de niños menores de 1 año tienen entre 20 a 39 años de edad, los

50

cuales obedecen a que dicho grupo atareo se encuentra en edad fértil, además según las características de la población de Chepén es en su mayoría adulta y de sexo femenino (Plan Operativo Institucional del Hospital Apoyo Chepén, 2009).

Se considera que la edad materna es un factor que se asocia significativamente con la posibilidad de daño del hijo (mortalidad) durante el primer año de vida y permite identificar y cuantificar dónde y de qué dimensión es el riesgo a que está sometido ese niño, así mismo es un factor ligado a la vida de los niños ya que es ella la que se ocupa mayormente de la crianza de su hijo; pero no sólo basta la edad cronológica, sino también la maduración emocional estable, ya que a través de ella la madre toma conciencia de las responsabilidades, de adoptar mejores actitudes y decisiones firmes en la práctica preventiva de salud de su hijo. (Álvarez, 2003).

En relación al NIVEL ECONÓMICO, se observa la distribución numérica y porcentual de 49 madres de niños menores de 1 año del Hospital de Apoyo Chepén, donde el mayor porcentaje 71.4 por ciento de madres tienen un nivel económico regular, seguido por un 28.6 por ciento con nivel económico malo.

Estos resultados se deberían a que en los hogares de estas madres el ingreso económico es sólo por parte de uno de los conyugues en especial el

51

padre de familia y que en su mayoría estos cuentan con trabajos eventuales recibiendo salarios muy bajos.

Según MCLOYD (1989), un aspecto importante que repercute en el desarrollo de los niños es el nivel económico de los padres. Cuando el principal mantenedor de la familia tanto si es el padre como la madre se queda sin trabajo, la vida familiar cambia de modo predecible, afectando a menudo el curso del desarrollo. Aunque el desempleo afecta a todas las capas sociales, son más graves en las poblaciones urbanomarginales y rurales, donde el nivel económico es de regular a malo. Algo similar estaría ocurriendo en las familias del poblado de Chepén, pues cuenta con una amplia zona urbano marginal, donde la solvencia económica es insuficiente para solventar sus gastos primordiales y atender las necesidades de salud (BECERRA, 2009).

Las familias de bajo nivel económico encuentran con frecuencia que el tratar de sobrevivir agota sus recursos personales. Muchos padres de familia trabajan en dos a tres empleos para poder proveer a sus familias. Viviendas sobrepobladas, en malas condiciones, nutrición inadecuada y la carencia de servicios de atención en Salud a los niños pequeños (Oliva, A. y Palacios, J. 1997).

En cuanto al GRADO DE INSTRUCCIÓN, se observa la distribución numérica y porcentual de 49 madres de niños menores de 1 año del Hospital de Apoyo Chepén, donde el mayor porcentaje 53.1 por ciento de madres

52

tienen grado de instrucción secundaria, seguido por un 34.7 por ciento de madres que tienen grado de instrucción primaria y un 12.2 por ciento de madres que tienen grado de instrucción superior.

Estos resultados evidencian, que la mayoría de madres que alcanzaron un grado de instrucción secundaria, muy pronto deciden formar un hogar y muchas veces no cuentan con el apoyo de la familia para seguir con estudios superiores.

MINSA (2007), guiado de los Principios y Recomendaciones para un Sistema de Estadísticas Vitales, recomienda categorizar el Nivel de Instrucción Materno en siete grupos: Analfabeta, Primaria Incompleta y Completa, Secundaria Incompleta y Completa y Terciaria o Universitaria Incompleta y Completa. Además sostiene que el nivel de instrucción materno es un factor de riesgo para el hijo en cuanto a la probabilidad de sufrir un daño (muerte, enfermedad y/o secuela), agrega que el mayor riesgo corresponde a niños de madres con bajo nivel de instrucción y el menor riesgo a niños de madres con alto nivel de instrucción.

Según ALIMENTACIÓN COMPLEMENTARIA, se observa la distribución numérica y porcentual de 49 madres de niños menores de 1 año del Hospital de Apoyo Chepén, donde el mayor porcentaje 61.2 por ciento de las madres proporcionan una alimentación complementaria inadecuada, seguido por un 38.8 por ciento de madres que proporcionan una alimentación complementaria adecuada.

53

Estos resultados se deberían a que un alto porcentaje de madres son menores de 19 años e inician tempranamente la ingesta de alimentos en sus niños (menos de 6 meses), por desconocimiento tanto de los nutrientes, cantidades e inadecuada preparación de éstos.

Para asegurar un comienzo sano de la vida la OMS, UNICEF y otras organizaciones de salud mundiales recomiendan: “6 meses de lactancia exclusiva e incorporación de alimentos complementarios continuando con la lactancia por dos años o más”. Después de los 6 meses de edad, los/as niños/as necesitan otros alimentos, además de la leche materna, para cubrir sus necesidades alimenticias. Denominan “alimentación complementaria” a la incorporación de otros alimentos y bebidas que complementan a la leche materna. Estos nuevos alimentos deberán complementar los nutrientes de la leche materna. Una alimentación complementaria óptima debe ser: Oportuna;

iniciada en el momento justo, de tal manera que no disminuya los beneficios del amamantamiento, Nutricionalmente adecuada; que provea la energía y nutrientes adecuados para lactantes de más de 6 meses de vida, Segura; ofrecida y preparada higiénicamente por la madre, Perceptiva; brindada con afecto, respetando las necesidades de el niño y la niña (UNICEF, 2002).

El cuidado con las prácticas de higiene durante la preparación de los alimentos es crítico para la prevención de enfermedades gastrointestinales. La incidencia más elevada de enfermedades diarreicas ocurre durante la segunda mitad del primer año de vida, puesto que la ingesta de alimentos complementarios aumenta (OMS, 2003).

54

En cuanto a las PRÁCTICAS DE SANEAMIENTO BÁSICO, se observa la distribución numérica y porcentual de 49 madres de niños menores de 1 año del Hospital de Apoyo Chepén, donde el mayor porcentaje 81.6 por ciento de madres poseen prácticas de saneamiento básico inadecuadas, seguido por un 18.4 por ciento de madres que realizan prácticas de saneamiento básico adecuadas.

Dichos resultados obedecerían a que la mayoría de las madres viven en zonas urbano marginales y rurales, con estatus económicamente deprimido donde es muy limitado el acceso a estos servicios, pudiendo generar enfermedades infecciosas como es el caso de las EDAS.

Saneamiento Básico Adecuado es el mejoramiento y la preservación de las condiciones sanitarias óptimas de: fuentes y sistemas de abastecimiento de agua para uso y consumo humano. Disposición sanitaria de excrementos y orina, ya sean en letrinas o baños. Manejo sanitario de los residuos sólidos, conocidos como basura. Control de la fauna nociva, como ratas, cucarachas, pulgas. Mejoramiento de las condiciones sanitarias y limpieza de la vivienda (MARTÍNEZ, 2003).

Las Prácticas de Saneamiento Básico dadas por las madres tienen como fin la conservación de la salud del niño y juega un papel importante en la prevención de las enfermedades diarreicas cuyo origen está vinculado con deficiencias en la limpieza (MARTÍNEZ, 2003).

55

La estrategia de saneamiento básico permite conocer las alternativas más comunes para la identificación y solución de los problemas de saneamiento en las comunidades rurales de difícil acceso (MARTÍNEZ, 2003).

Según la PRÁCTICA DE LAVADO DE MANOS, se observa la distribución numérica y porcentual de 49 madres de niños menores de 1 año del Hospital de Apoyo Chepén, donde el mayor porcentaje 81.6 por ciento de madres realizan malas prácticas de lavado de manos, seguido por un 18.4 por ciento de madres con buenas prácticas de lavado de manos.

Estos resultados se deberían a que un porcentaje regular de madres tienen solo educación primaria, carecen de saneamiento adecuado en su hogar por las características de la población en estudio. Así mismo el personal de salud muchas veces no brinda una educación integral y personalizada a la madre por lo que genera en ella el desconocimiento de buenas prácticas de lavado de manos.

Se asume que las múltiples tareas de la ama de casa que compite con su dedicación y control de la limpieza del niño, se debe a la carencia o poca disponibilidad de recursos tanto de agua como de jabón, vistas más estas dificultades en las zonas rurales y periurbanas.

Es conocido el efecto protector del lavado de manos en momentos óptimos, el que se multiplica cuando se usa jabón. Se resalta su importancia

56

como barrera para la transmisión fecal de persona a persona o para la contaminación de agua y comida (PRISMA, 2004).

La madre es considerada como público objetivo primario, tanto por el rol que le toca cumplir socialmente como encargada del cuidado de los niños como por su influencia en la limpieza.

En el cuadro 2: Se observa la distribución numérica y porcentual de 49 madres de niños menores de 1 año del Hospital de Apoyo Chepén, según la frecuencia de enfermedades diarreicas, el 73.5 por ciento de madres manifestaron que sus niños presentaron más de 2 episodios diarreicos, y el 26.5 por ciento de madres manifestaron que sus niños presentaron 1 sólo episodio.

Resultados similares al presente estudio encontraron Coutin y Cols (2006), donde la mayor prevalencia de enfermedades diarreicas lo obtuvo el grupo menor de 1 año (46.1%), seguidos del grupo de 1 a 4 años (26%). Colombia.

La OMS, mencionada en el estudio de Espinoza (2010), afirma que las enfermedades infecciosas intestinales es una de las causas de morbilidad y mortalidad en el mundo extendiéndose de 17 millones de casos de diarreas al año además que cerca de 3.5 billones de personas mueren por infecciones intestinales.

57

La diarrea es la tercera causa de muerte en el Perú, principalmente en niños menores de 5 años de zonas rurales y periurbanos. Estas complicaciones se ven magnificadas en la infancia, siendo este el factor que hace peligrar la vida del niño. Se estima que la diarrea afecta aproximadamente al 15% de los niños menores de 5 años, sobre todo en las áreas rurales, estás ocurren hasta 10 veces al año, afectando el crecimiento, debilitándolos y produciendo desnutrición y anemia. Las condiciones de hacinamiento, falta de servicios agua y desagüe, y falta de alimentación saludable, son factores que predisponen la aparición de enfermedades diarreicas agudas, con predominio en la infancia (Espinoza, 2010).

En el cuadro 3: Al relacionar las variables de edad y frecuencia de enfermedades diarreicas agudas en niños menores de 1 año del hospital de apoyo chepén, se observa que los mayores porcentajes 87.5 por ciento y el 60 por ciento de madres que tienen menos de 19 años y de 20 a 39 años respectivamente, sus niños presentaron más de 2 episodios diarreicos, y el 12.5 por ciento y 40 por ciento de madres que sus niños presentaron 1 sólo episodio de diarrea tienen menos de 19 años y de 20 a 39 años de edad respectivamente. Al someter las variables a la prueba estadística Chi cuadrado se observa que existe relación significativa.

Los resultados obtenidos evidencian que mientras menos sea la edad de la madre menos conocimientos tendrán para realizar adecuados cuidados con sus niños, ya que estos son vulnerables exponiéndolos a la prevalencia de las enfermedades diarreicas.

58

PRISMA (2004), refiere que la madre es el eje articulador tanto al nivel de práctica como de las motivaciones, activando conocimientos y actitudes para ejercer su rol como madre y cuidadora, a través de conocimientos en relación con la salud de la familia sobre todo de los niños, estos conocimientos están muy ligados al grado de maduración que es definido por la edad así como las experiencias vividas.

Según el MINSA (2007), la edad materna es un factor que se asocia significativamente con la posibilidad de daño del hijo (enfermedad o mortalidad) durante el primer año de vida y permite identificar y cuantificar dónde y de qué dimensión es el riesgo a que está sometido el niño menor de 1 año a la frecuencia de enfermedades diarreicas.

El resultado obtenido en la presente investigación difiere a lo encontrado por Ponce (2002) realizado en el distrito del Porvenir donde el mayor porcentaje 72.3 por ciento de niños con menor prevalencia de EDAS corresponde a madres mayores de 20 años edad.

Este tipo de estudio, nos permite cuantificar los grupos de riesgo, o sea aquellos grupos que tengan mayor posibilidad de daño (Alto Riesgo) o menor (Bajo Riesgo) para dichas enfermedades en el menor de 1año, teniendo en cuenta las características propias de la población chepenana.

En el cuadro 4: Al relacionar las variables nivel económico y frecuencia de enfermedades diarreicas agudas, se observan los mayores

59

porcentajes 78.6 por ciento y 71.4 por ciento de madres que tienen un nivel económico malo y regular respectivamente, sus niños presentaron más de 2 episodios diarreicos y sólo el 21.4 por ciento y 28.6 por ciento de madres que sus niños presentaron 1 sólo episodio de diarrea tienen un nivel económico malo y regular respectivamente. Al someter las variables a la prueba estadística chi cuadrado se observa que no existe relación significativa entre variables.

Estos resultados se deberían probablemente a que los niños de madres con ingreso económico menor de 300.00 nuevos soles mensuales, presentaron mayor frecuencia de enfermedades diarreicas agudas y que además de pertenecer a zonas urbano marginales se le añade una deficiencia de conocimientos, influyendo de esta manera a que los niños adquieran diferentes enfermedades siendo las enfermedades diarreicas agudas las más atribuibles a esta edad.

RAWLS, J. (2002), refiere que existe una evidente relación entre la pobreza estructural expresada por las necesidades básicas insatisfechas por los pueblos, y las enfermedades transmisibles, enfermedades diarreicas, etc., asociación que queda claramente evidenciada por el vínculo con la morbi- mortalidad infantil, por lo que se definen como pueblos excluidos.

Cabe destacar la diferencia de estos resultados, con lo que sucede en las grandes ciudades donde las enfermedades de la pobreza del desarrollo y las sociales (WHO, 1989) afectan más a los pobres urbano-marginales, tal

60

como lo evidencian los estudios hechos en Barquisimeto, Venezuela, en donde se encuentra una correlación entre condiciones de vida caracterizado por pobreza estructural, desempleo, mala calidad de vivienda, bajos ingresos, etc.; y los perfiles de mortalidad infantil (LUDEWIG y COLS, 1993).

Resultados similares al presente estudio encontraron Calderón y Vásquez (2006), quiénes reportaron un 68.6% de familias con ingreso económico bajo contribuyendo a mayor prevalencia de EDAS. Trujillo – Perú.

En el cuadro 5: Al relacionar las variables grado de instrucción y frecuencia de enfermedades diarreicas agudas se observa los mayores porcentajes el 76.5 por ciento y 76.9 por ciento de madres que tienen educación primaria y secundaria respectivamente, sus niños presentaron más de 2 episodios diarreicos, seguido del 50 por ciento de madres con educación superior que sus niños presentaron 1 y 2 episodios de diarrea. Al someter las variables a la prueba estadística chi cuadrado se observa que no existe relación significativa entre ambas variables.

Los resultados obtenidos en el presente estudio evidencian que las madres con nivel primario y secundario sus hijos tienen mayor frecuencia de enfermedades diarreicas agudas, dado que posiblemente la mayoría de ellas adquieren conocimientos de los familiares más cercanos (madres y abuelas) para el cuidado de sus niños y no se informan o buscan atención oportuna de los profesionales de la salud para el cuidado de sus hijos.

61

MARTÍNEZ (2003), sostiene que el nivel de conocimiento que tenga la madre sobre enfermedades diarreicas agudas, es muy importante ya que ellas brindarán su cuidado al niño, el que puede ser mejorado con la experiencia y dentro de un contexto, de una forma general o personal; esto ayudará a modificar el conocimiento de las madres, generando un elemento clave para la realización de prácticas sanitarias adecuadas para sus hijos.

ORTIZ (1999) Señala que las madres sin ningún grado de instrucción y aquellas que no tuvieron acceso a ningún sistema educativo, su conocimiento es limitado y son renuentes al cambio por lo que el aprendizaje es lento, así mismo refiere que aquellas madres que tengan un nivel de instrucción bajo como lo es primaria y secundaria o con cierto déficit educacional, pueden influir en forma negativa o inadecuada en la salud de sus hijos, poniendo en un gran riesgo de padecer EDAS, no sólo por no saber leer ni escribir, sino porque el analfabetismo es la expresión de un estilo de vida deficiente y de privación socioeconómica.

Resultados casi similares a la presente investigación obtuvo De La Cruz (1999), en un estudio realizado en Lima, en el que encontró que todas las madres que estudiaron hasta la primaria sus hijos presentaron un alto nivel de prevalencia de EDAS, mientras que las madres con el nivel secundario y superior la prevalencia es menor.

Así mismo Luna y Malaver (2000), en su estudio encontraron que el 55.2 por ciento de las madres presentó un nivel de información inadecuado y

62

que sólo un 44.8 por ciento tiene un buen nivel de información sobre la prevención de enfermedades diarreicas. Chocope – Trujillo.

En el cuadro 6: Al relacionar las variables alimentación complementaria y frecuencia de enfermedades diarreicas agudas se observan que los mayores porcentajes 76.7 por ciento y 68.4 por ciento de madres donde sus niños tienen alimentación complementaria inadecuada y adecuada respectivamente, sus niños presentaron más de 2 episodios diarreicos y el 23.3 por ciento y 31.6 por ciento de madres que sus niños presentaron 1 sólo episodio de diarrea tienen alimentación complementaria inadecuada y adecuada respectivamente. Al someter las variables de estudio a la prueba estadística chi cuadrado se observa que no existe relación significativa entre variables.

En los resultados obtenidos se aprecia que las madres con niños que tuvieron una alimentación complementaria inadecuada presentaron mayor frecuencia de enfermedades diarreicas agudas, la cual estaría obedeciendo a malas prácticas de manipulación de los alimentos como consecuencia de vivir en zonas urbano marginales y desconocimiento sobre el inicio y contenido apropiado de ésta.

Así mismo llama la atención que un porcentaje considerable de madres que dan a sus niños una alimentación complementaria adecuada también presentan sus niños más de 2 episodios de diarrea, lo que quizás podría

63

deberse a factores como deficiente saneamiento básico y/o inadecuados hábitos de limpieza entre otros.

La conducta materna en el área alimentaria e higiénica es decisiva en la salud del niño y puede depender de factores externos como la disponibilidad y acceso a los alimentos, pero también de recursos internos que afectan el comportamiento, como son sus creencias, nivel educativo y patrones culturales tanto individuales como comunitarios. En el medio rural, frecuentemente coexisten niños eutróficos con mal nutrición; niños con y sin infecciones gastrointestinales, sugiriendo la posibilidad de que existan factores, generados por las madres perjudicando el estado de salud y nutrición de sus niños (HURTADO y COLS, 2004).