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Como señalamos más arriba, la constitución de la mónada extraña es el primer paso de la constitución del mundo objetivo. Quisiéramos terminar este último capítulo mostrando que hablar de comunización de las mónadas equivale a hablar de la constitución del mundo objetivo. Empecemos preguntándonos cómo puede surgir una comunidad entre mónadas si, aparentemente, lo que tenemos es un abismo entre mi mónada primordial y la extraña. ¿No son acaso mi esfera primordial, experimentada desde la originalidad de mi soma, y la esfera primordial del otro, la que yo presentifico, dos esferas aisladas?

Creemos que la clave para disolver el malentendido anterior es, nuevamente, la intencionalidad implicativa de horizonte, el tercer sentido de inmanencia. Como señala Husserl en el § 55337, toda percepción es trascendente en el sentido de que pone más de lo que ahí es dado. En el caso de la percepción del cuerpo físico extraño allí, éste motiva la apresentación del gobierno del otro yo en su cuerpo físico- orgánico y, por medio de éste, su gobierno en la naturaleza que él percibe. Lo apresentado no es, pues, algo “separado” de lo presentado; por el contrario, lo presente implica lo apresentado. Así, en el correlato noemático tenemos un núcleo de presentación, lo realmente percibido, que anticipa un excedente que, si bien no es percibido, es copresente y coexistente. Se trata nuevamente de lo dado y lo potencialmente copresente aunque, como sabemos, en este caso lo potencialmente

337 MC, § 55, p. 161. Este parágrafo, Husserl desarrolla especialmente el primer nivel de

comunización o monadización. En los §§ 56 y 58 se dedica a los niveles superiores de comunización. Al respecto, cf. supra la sección 2.4 Niveles de intersubjetividad.

copresente adquiere validez sólo con nuevas apresentaciones en las que el comportamiento del otro se da en síntesis continuas y concordantes.

Ahora bien, lo fundamental aquí es que la implicación funda una unidad. Desde el punto de vista noemático, lo presente, lo retenido y lo anticipado no son elementos aislados sino unidos en una síntesis. Desde el punto de vista noético, la percepción del cuerpo físico allí está ligada a la presentificación de la vida trascendental encarnada ajena. De manera que, pese a la multiplicidad aquí implicada, surge la conciencia de un mismo acto cuyo correlato es un mismo objeto intencional experimentado “él mismo ahí”. Por eso, decimos que percibimos sin más al otro como otro hombre “en carne y hueso”.

En la medida en que la apresentación sólo es posible sobre la base de la presentación y que toda presentación implica una apresentación, ambas están en “comunidad funcional”. La unidad entre la presentificación y la percepción del otro funda una copercepción que, a la vez, presenta y apresenta, y produce, así, una síntesis de identificación. El cuerpo físico que se presenta en mi primordialidad, que es ahí para mí, y el cuerpo físico que es aquí para el otro, que yo apresento en mi esfera primordial, no son dos objetos intencionales separados. Se trata del mismo objeto intencional que experimento en dos modos de aparecer y que sintetizo como pertenencientes al mismo objeto. Esto se extiende mediatamente a la naturaleza. La naturaleza primordial en la que el otro gobierna a partir del su cuerpo físico-orgánico como punto cero es también mi naturaleza primordial. Nuevamente, se trata tan sólo de distintas perspectivas: mientras yo la experimento somáticamente en múltiples

modos de aparecer en torno de mi aquí absoluto, para mí el otro la experimenta como modificación intencional, en el modo de aparición “como si yo estuviera allí, en el lugar del cuerpo físico-orgánico del otro“338.

El problema no es, entonces, como señala Husserl, que la empatía en tanto acto posicional establece la coexistencia de un segundo cuerpo orgánico y una segunda naturaleza primordial y que, luego, nos preguntamos cómo los aprehendemos en tanto apariciones de una única naturaleza objetiva339. Planteado de otro modo, yo no tengo un cuerpo físico que se presenta allí en mi naturaleza primordial y otro cuerpo físico aquí en la naturaleza primordial del otro que luego debo identificar como el mismo cuerpo y la misma naturaleza. La naturaleza común surge de las síntesis de identificación entre sus infinitos modos de aparecer. De modo específico, esta identidad, motivada por la unidad de la presentación y apresentación constitutivas de la experiencia de lo extraño, es producto de la síntesis entre el modo de darse de la naturaleza desde mi aquí y desde la experiencia “si yo estuviera allí”, que es el aquí del otro. Mi naturaleza primordial y la naturaleza primordial ajena son identificadas como “una naturaleza constituida en mí como constituida por otro”340, con lo cual mi propia esfera primordial es ya trascendida desde sí misma. Ahora es más claro por qué Husserl se refiere a cada naturaleza primordial como un modo de aparición individual de la misma naturaleza. Esto mismo ocurre con el tiempo objetivo. Con la coexistencia de mi corriente de vivencias, siempre temporales, y la del otro, cada

338 MC, § 55, p. 162. 339 MC, § 55, p. 163. 340 MC, § 55, p. 166.

tiempo inmanente se experimentará como modo de aparición individualizado del tiempo común y objetivo341.

Así pues, el primer grado de constitución del sentido “naturaleza objetiva” es el estrato primordial cuya descripción sólo es posible en el marco de la reducción solipsista. En este estrato, todo objeto es correlato de mis vivencias primordiales, específicamente de mi experiencia somática, incluido el cuerpo físico allí. A partir de este estrato primordial, se levanta un estrato más amplio: el estrato apresentativo. En él se constituye el cuerpo físico-orgánico del otro y el “hombre en sí primero”342, el otro. A partir de este segundo estrato, la experiencia primordial de un objeto implicará los modos de aparecer de éste en el modo del otro:

Pertenece a la esencia de la impatía como constitución monadizante que mi ‘cuerpo propio del otro’ primordial y su para él cuerpo propio primordial son sintéticamente identificados y a partir de ahí mis objetos naturales ‘externos’ y los suyos coincidan en un núcleo dado ahí y allá perceptivamente y coincidan en el horizonte externo mundano aquí y allá.343

Los sentidos constituidos adquieren, así, el carácter de objetivos porque son también experimentados por otros. Se trata del mismo objeto desde diferentes modos de aparecer. Husserl extiende esto a los objetos mundanos superiores del mundo de la cultura. Se incluyen también las objetividades ideales científicas. Éstas se producen en una síntesis de identificación en una corriente de vivencias y pueden reproducirse e identificarse como las mismas infinitamente gracias al recuerdo. Una vez constituidas, la posibilidad de iteración a voluntad de cualquiera, de volverlas a hacer

341 “La monadización, la constitución monádica, es esencialmente tal que ella implica la

naturalización de cada mónada, la temporalización de la misma en la espacio-temporalidad” (Husserl, Edmund, “Temporalización monádica y temporalización mundana”, o.c., p. 374).

342 MC, § 55, p. 164.

evidentes, les confiere el carácter de supratemporalidad. La objetividad de estas idealidades depende no sólo de mis síntesis, reales y posibles, constitutivas de sentido, sino de las síntesis reales y posibles de todos los egos trascendentales.

Hay que precisar, sin embargo, que sí existe un tipo de “separación” entre las mónadas. Ellas están separadas realmente (reell) en el sentido de que no existe una conexión entre mi corriente de vivencias y la ajena, entre lo que para mí es propio y lo propio del otro. Esta separación nace de la separación real (real) entre mónadas en virtud de la encarnación en sus respectivos somas. Sin embargo, existe una “penetración intencional irreal (irreale) de los otros en mi primordialidad”344 y un “mutuo ser uno para el otro”345 en los que se basa la comunidad de las mónadas. Finalmente, desde el plano trascendental a la comunidad de mónadas corresponde la intersubjetividad o monadología trascendental que constituye el sentido del mundo objetivo y común.