El análisis de la manera en que los textos presentan los eventos que componen la historia colombiana permite llegar a una serie de conclusiones parciales. En primer lugar, la diferencia de tiempos históricos en los que se narran la Conquista y la Independencia, por un lado, y la Colonia y la República, por el otro, manifiesta una particularidad en los dos primeros períodos. Se trata del carácter fundacional de la Conquista y la Independencia, de la posición de estos momentos como nacimientos, el primero de la hispanización del territorio colombiano y el segundo de la “colombianización” del mismo. Aunque este punto, central para la comprensión de los manuales y de su discurso respecto a la nación, será retomado hacia el final de la monografía, vale la pena subrayar que la densidad narrativa de estos momentos (es decir, la gran cantidad de eventos que
128 se presentan y, por ende, su extensión en el texto, poco proporcional al tiempo que efectivamente tomaron) busca que los pequeños tengan más “recuerdos” académicos de estos períodos, lo que incide en la imagen que tienen de la nación. De hecho, se trata de dos momentos sucesivos, que si bien podrían parecer contradictorios (¿cómo justificar el carácter hispánico de una nación que se separó de España?) son vistos como etapas sucesivas de un proceso que, a la larga, lleva a que la nación colombiana se reconozca como tal y se embarque en la correcta senda de la vida independiente y republicana.
Dentro de este cuadro, la presencia de componentes católicos, más o menos evidentes según el manual, lega esta característica religiosa a la nación en su totalidad. Todo esto es así, puesto que los manuales representan la historia de Colombia, “nuestra” historia, como dice el texto de los Hermanos Maristas, con lo que su contenido refleja el pasado común, el pasado que nos crea recuerdos comunes, imágenes que nos identifican. No en vano los momentos fundacionales son aquellos que otorgan clásicos caracteres fundamentales de la nacionalidad, como son la religión católica (“Llegaron misioneros que enseñaban la doctrina cristiana”, resalta Forero en su lección 8) , la lengua (Forero dice que “Los españoles que vinieron aquí trasladaron sus costumbres y enseñaron el idioma castellano”, lección 8) o la valentía (“Durante la guerra de la Independencia hubo muchos actos de heroísmo”, recuerdan los Hermanos Maristas a los pequeños en la lección 45). El texto de los Hermanos Maristas lo explica de forma concisa: “La Nueva Granada estaba sometida a España porque esta nación la había conquistado, había fundado las ciudades y le había dado su lengua, su religión y su civilización” (lección 38). Se trata, ni más ni menos, que del surgimiento de ese colectivo nacional.
Sin embargo, la diferenciación entre el texto de los Hermanos Maristas y los de Bermúdez y Ortega, y de Forero que se anotó al aplicar la tipología de
129 Braslavsky (el primero respondería a un uso utilitarista nacionalista coyunturalista de la historia, en tanto que los otros dos a una nueva categoría denominada
utilitarismo nacionalista republicano), no debe borrar la constatación de una serie
de características compartidas, empezando por el origen historiográfico común de la historia llamada académica. De forma concreta, debe ser resaltada la importancia que el catolicismo y los grandes hombres tienen en la historia de Colombia, de acuerdo a los tres textos. En última instancia, esta confluencia se encuentra en el sentido mismo de los tres manuales, que es la labor de configuración de una identidad nacional a través del manejo de la memoria de los pequeños en un mismo registro. En efecto, los tres manuales siguen ideas conservadoras, en el sentido de que la historia que presentan justifica el statu quo del momento en que fueron escritos, pues
El avance del país en los años que han transcurrido del presente siglo [siglo XX], ha sido muy intenso; todas las clases sociales y los grupos o núcleos de ciudadanos trabajan con ardor por dar prosperidad a Colombia; el Ejército es guardián de la seguridad nacional, la Iglesia y sus miembros colaboran con entusiasmo en la educación y la instrucción de los ciudadanos, y todos ellos ayudan al adelanto de la Patria
como dice Forero en su lección 58, y los Hermanos Maristas, en la lección 73, no dudan en explicar a los niños que “[Colombia] se encuentra ahora en uno de los períodos más prósperos de su historia”. Esto justifica, a su vez, el liderazgo que tienen las élites partidistas: “Cada uno de los gobernantes mencionados ha sido defensor de las instituciones republicanas y de la democracia, ha trabajado con eficacia en la prosperidad de los colombianos, ha realizado acciones dignas del aplauso y de la gratitud de todos, y ha puesto bases nuevas para el adelanto de Colombia en el porvenir”, recuerda Forero en su lección 59, en tanto que Bermúdez y Ortega explican a sus lectores que “Debemos (...) admirar a los hombres que dedicaron su vida al servicio de la patria”.
130 Lo anterior indica que estos libros son tributarios del ideal de nación establecido por la Constitución de 1886: la nación blanca, católica e hispánica, como lo demuestra la importancia clave de los legados aportados por la Conquista española (lengua, raza, religión). Los primeros atisbos de una apertura respecto a este modelo se hallan en el manual de los Hermanos Maristas, que enseñan a los pequeños de la existencia de tres razas básicas en la historia de Colombia (lección 32), aunque no profundizan en este punto.
Ahora bien, hemos visto que los manuales no son un conjunto monolítico, pese a estos puntos de encuentro. En efecto, el mayor o menor énfasis en algunos hechos y el tono más o menos laudatorio respecto a otros acontecimientos, son aspectos de esta diversidad, como se vio en los análisis de cada uno de los libros. Las discrepancias son evidentes: Forero ignora la constitución de 1863, en tanto que los Hermanos Maristas la mencionan en términos negativos y Bermúdez y Ortega apenas la mencionan. En otro ejemplo, éstos últimos presentan la sublevación de los comuneros como poco vinculada con las guerras de independencia, mientras que de acuerdo a Forero la primera es un antecedente evidente de las segundas. No es sólo que los tres manuales pertenezcan a categorías distintas dentro del conjunto de posibilidades ofrecidas por Braslavsky y parcialmente modificado en esta ocasión, sino que sus contenidos difieren de forma significativa, en estos y otros puntos. La pregunta final es hasta dónde se puede hablar de un discurso homogéneo en los manuales, es decir, si es posible entender estos tres libros de texto como ejemplos de una misma visión ideológica y de un mismo manejo político de la memoria de los pequeños. Para lograr una respuesta completa a ello es necesario analizar quiénes son y cómo se presentan los actores de estas historias.
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